Historia
BAXTER, RICHARD (1615-1691)
- Primera etapa
- Preparación deficiente
- Primeras impresiones espirituales
- Viaje a la corte y vuelta al hogar
- Tendencia hacia la no conformidad
- Ruptura con la Iglesia anglicana
- Invitación y ministerio en Kidderminster
- Capellán en la guerra
- De vuelta en Kidderminster
- Ministerio en Londres
- Problemas con la justicia
- Últimos años
- Su teología
- Obras

Era hijo de Richard Baxter, de Eaton-Constantine, cerca de Shrewsbury, en Shropshire, y de su esposa Beatrice, hija de Richard Adeney, de Rowton, cerca de High Ercall, en el mismo condado. En el Breviate de la vida de su esposa, Baxter describe a su padre como 'un pobre propietario, llamado caballero por su ascendencia familiar', lo cual indica una decadente posición económica paterna. La genealogía retrocede a los Baxters de Shrewsbury en el reinado de Enrique VI. En su juventud el padre había 'perdido en el juego' su propiedad, metiéndose en deudas y dificultades, por lo que la joven madre y esposa quedó en difícil situación. Pero un gran cambio, decisivo y permanente, iba a sucederle. Por la 'investigación de las Escrituras' se dio cuenta del desorden de su conducta. En ese tiempo nació su hijo Richard, mostrando el padre en su vida diaria el profundo y auténtico cambio que había ocurrido en su vida. Reliquiæ Baxterianæ proporciona tristes pinceladas de la condición de Eaton-Constantine y de High Ercall. En el segundo lugar hubo 'cuatro lectores' en el curso de seis años, todos ellos toscamente ignorantes y dos inmorales. En Eaton-Constantine había un 'lector' de ochenta años, Sir (es decir, reverendo) William Rogers, quien nunca predicaba y tenía dos beneficios a 32 kilómetros. Al fallarle la vista, repetía las oraciones 'sin libro', pero empleó un trillador o jornalero un año y otro un sastre para las lecturas y al final a su propio hijo, 'el mejor comediante y jugador de todo el país', que recibió las órdenes y suplió uno de sus puestos. En unos kilómetros a la redonda había casi una docena de clérigos del mismo carácter, lectores ignorantes y disolutos. Con característico valor e integridad, Baxter en su Third Defence of the Cause of Peace proporciona los nombres de esos clérigos y lectores, con flagrantes detalles que nunca fueron impugnados. Para irritación de la familia se levantó un árbol de mayo enfrente de la vivienda de los Baxters. Esos iletrados y desacreditados lectores y maestros fueron sus instructores en sus primeros años. Desde que tuvo seis años hasta los diez fue puesto bajo cuatro sucesivos coadjutores de la parroquia de High Ercall, dos de los cuales bebían para mendigar. A los diez años fue trasladado del cuidado de sus abuelos maternos a Eaton-Constantine. Allí uno de los coadjutores de 'Sir' William Rogers, a quien se descubrió que oficiaba con órdenes falsificadas, era el director de la escuela. Había estado en un despacho de abogados, quedando arruinado por el alcohol y logrando la coadjuditoría por 'un trozo de pan.' Sólo predicó una vez mientras enseñó a Baxter, ocasión en la que estaba borracho. En su Apology for the Nonconformist Ministry Baxter habla favorablemente de la capacidad y carácter moral de su nuevo maestro. Dice que era 'un hombre eminente y serio, esperando que fuera obispo.' Pero también le decepcionó; durante más de dos años no le enseñó ni una hora cada vez. Era un severo enemigo de las 'facciones puritanas.'
Preparación deficiente.
Posteriormente Baxter fue trasladado a la escuela en Wroxeter, con John Owen como maestro. Allí estaban como alumnos dos hijos de Sir Richard Newport (posterior Lord Newport) y un muchacho, Richard Allestree, que sería preboste de Eton College y profesor regius de griego en Oxford. Su educación hasta entonces la resume así Sir James Stephen: 'Los tres años restantes de sus estudios... los pasó en la escuela en Wroxeter, que dejó tras nueve años, desprovisto de toda ciencia matemática y física, ignorante del hebreo, con meros rudimentos de griego y con un latín que sólo le permitió posteriormente usarlo con temeraria facilidad.'
Richard Baxter deploraría durante toda su vida su falta de preparación académica y recursos literarios. En Reliquiæ Baxterianæ y en sus poemas autobiográficos se lamenta humilde y apasionadamente por su falta de aprendizaje en su juventud, lo cual se aprecia en su respuesta a la pregunta de Anthony à Wood sobre si era Oxoniano (de Oxford): 'En cuanto a mí, mis faltas no desacreditan a ninguna universidad, pues no fui a ninguna. Tengo poco, salvo lo que saqué de libros y la ayuda de tutores rurales. La debilidad y el sufrimiento me ayudaron a estudiar cómo morir, lo que me impulsó a estudiar cómo vivir... Comenzando con necesidades avancé en graduaciones y ahora voy a ver aquello por lo que he vivido y estudiado.'
Cuando podía ir a Oxford, su maestro, John Owen, le recomendó que se pusiera bajo la tutoría de Richard Wickstead, capellán del consejo en Ludlow, a quien el rey le permitió tener un solo alumno. Baxter aceptó, con la expectativa de que al ser el único alumno del tutor recibiría una enseñanza completa. Pero la esperanza quedó decepcionada. Wickstead se olvidó de su alumno y la única ventaja obtenida en Ludlow Castle fue que Baxter tuvo a su disposición una gran biblioteca. Mientras Wickstead adulaba a sus superiores y buscaba ascensos, su único alumno enriquecía su vigoroso y ágil intelecto con toda clase de lecturas variadas. Sólo una vez fue tentado a apartarse de sus amados libros y estudios. Ocurrió al ser picado de curiosidad con el juego y ganar oro con facilidad, pero escapó por una resuelta obediencia a su acusadora conciencia.
Primeras impresiones espirituales.
Baxter se concentraba en la instrucción en la cosas divinas y en el ejemplo que le dio su padre, pues éste le dijo al doctor Bates cómo su hijo desde muy temprano era serio cuando la conversación era religiosa, si bien el hijo mismo modifica la alabanza paterna, reconociendo su atracción por las manzanas y peras que le arrastraba a unirse a sus compañeros en robar huertos y otras andanzas parecidas. Al cumplir catorce años quedó grandemente 'impedido' por la manera en la que él y otros muchachos fueron admitidos a la confirmación por el obispo Morton. 'No hizo preguntas, no exigió certificado y rápidamente dijo, según pasaba, tres o cuatro palabras de una oración que no entendí.' A pesar de ello, estaba frecuentemente preocupado por la salvación de su alma. A los quince años de edad un 'viejo libro roto' que un hombre pobre le prestó a su padre 'le afectó poderosamente.' El libro era uno católico adaptado, titulado Bunny's Resolution, al que siguió Bruised Reed de Richard Sibbes; luego otros libros puritanos prácticos ahondaron sus primeras impresiones, como On repentance de Perkins, On Living and Dying Well, On Governmnet of the Tongue, On Faith y otros.
Viaje a la corte y vuelta al hogar.
Al dejar Ludlow Castle en 1633, su tutor le aconsejó que se olvidara de cualquier intención de prepararse para el ministerio. Wickstead describió ante su vívida imaginación la divertida vida de la corte, en la que nada impedía que Baxter ascendiera en ella. Persuadido fue a la corte con una carta de presentación para Sir Henry Herbert, que era maestro de fiestas y celebraciones, pero aunque fue cordialmente bienvenido bastó un mes en Whitehall con la corte para que esa clase de vida le disgustara.
La partida de la corte probablemente se apresuró al recibir un mensaje sobre la enfermedad de su madre. Llegó a Eaton-Constatine, tras escapar milagrosamente de un gran peligro, encontrándola en extremo sufrimiento. Ella resistió el invierno y la primavera pero murió el 10 de mayo de 1634. Al regresar a su hogar encontró también a su antiguo maestro (Owen) muriendo de tuberculosis. Por petición de Lord Newport se hizo cargo de la escuela hasta que se supiera el curso que tomaba la enfermedad. A los tres meses Owen murió y Baxter, sintiéndose libre, se fue a vivir con su padre. Un año después éste se casó con Mary, hija de Sir Thomas Hunks. Demostró ser una verdadera ayuda, viviendo hasta los 96 años y sobreviviendo a su marido e hijastro.
Como era inevitable, su salida de la corte y la muerte de su madre reavivaron su intención original de ser ministro del evangelio. Para ello se puso bajo la instrucción en teología del reverendo Francis Garbet, clérigo parroquial de Wroxeter. Allí sus estudios se vieron interrumpidos por su mala salud (tos violenta y esputos de sangre), pero continuó perseverando en su curso y exámenes teológicos. Su fino intelecto se agudizó más por la familiaridad con los escolásticos, especialmente Tomás de Aquino y Duns Escoto, Durando y Occam, e innumerables volúmenes a los que posteriormente saturó sus márgenes.
Hasta entonces había sido un incuestionable conformista. Sus padres y parientes de ambos lados, y su segunda madre, fueron todos conformistas. Su círculo de amigos y asociados también lo eran. Sus lecturas, voraces, iban en la misma dirección. Su tutor teológico (Garbet) era un firme eclesiástico, supliéndole con las grandes defensas de la Iglesia de Hooker y Downham, Sprint y Burgess, y otros que se oponían a la no conformidad. También coincidió que el único ministro no conformista que Baxter conocía (Barnell de Uppington), aunque hombre intachable, no era un erudito.
Tendencia hacia la no conformidad.
Pero en su vigésimo año de edad conoció a dos eminentes no conformistas, Joseph Symonds, ayudante de Gataker, en Rotherhithe, Londres, y Walter Cradock, uno de los primeros silenciados y expulsados (1634) y sus asociados que se reunían en Shrewsbury y sus alrededores. Su ferviente piedad y fiel predicación atrajeron grandemente a Baxter. Pero lo que determinó el examen detallado de sus bases para permanecer fuera de la Iglesia anglicana era el incansable 'silenciamiento' y persecución contra los no conformistas, que ejercían unos obispos que eran cualquier cosa menos apostólicos. Todavía no tenía escrúpulos para suscribir el asunto de la ordenación.
En 1638 Foley de Stourbridge recuperó algunas tierras en Dudley que habían sido dejadas para propósitos benéficos y añadiendo algunas propias, construyó una nueva escuela. Luego le ofreció a Baxter que se hiciera cargo de ella, lo cual aceptó. Acompañado por su amigo Foley y James Berry, fue a Worcester, siendo ordenado por el obispo Thornborough, recibiendo una licencia para enseñar en la escuela en Dudley. Su primer sermón público lo predicó en Upper Church de Dudley. Rápidamente recorrió las localidades vecinas, aunque no afirma que causara gran impresión en sus oyentes. Su entonces empalagoso estilo posiblemente debilitó su 'agradable y vibrante voz.' Cuando se hizo famoso, el pueblo de Dudley estaba orgulloso de la inauguración de tan maravilloso ministerio entre ellos.
Mientras estuvo en Dudley los no conformistas evangélicos del lugar fueron sus amigos íntimos 'más internos.' Le proporcionaron un número de libros y manuscritos sobre las materias en debate entre ellos y la Iglesia anglicana, o del episcopado primitivo contra el de esa Iglesia. El resultado de examinar esa literatura de ambos lados fue que, en parte, Baxter quedó establecido en la conformidad, pero en parte tendía a la no conformidad. Pensaba que el arrodillarse era legítimo, llevar la sobrepelliz dudoso, signar la cruz en el bautismo ilegítimo; una liturgia legítima, que podía ser impuesta legítimamente, pero la liturgia de su propia Iglesia era confusa y defectuosa.
Lo que más ofendía a su conciencia era la falta de disciplina, mostrada en el dar 'promiscuamente la Cena a borrachos, blasfemos y todos aquellos no excomulgados por un obispo.' También le irritaba la precipitación en la suscripción, pues aunque todavía aprobaba los obispos y la liturgia, 'sucribir ex animo que no había nada en los Artículos, Homilías y la liturgia contrario a la palabra de Dios' era algo que no podía hacer.
Cuando fue aprobado el juramento 'et cætera' en 1640, Baxter estaba en Bridgnorth, Shropshire, donde ejercía como ministro ayudante del reverendo William Madstard, a quien describe como 'un serio y severo teólogo, muy honesto y concienzudo; un excelente predicador, aunque afligido por falta de mantenimiento, pero mucho más por una congregación mortecina sin provecho.' En este cargo el ayudante de ministro tuvo una gran congregación a la que predicar, siendo liberado de todo por lo que sentía escrúpulos o que consideraba ilegítimo. A veces leía el Libro de Oración Común antes de predicar; pero nunca administró la Cena ni bautizó a un niño signándole con la cruz, ni vistió la sobrepelliz y nunca apareció en la corte de ningún obispo. El pueblo era grandemente ignorante. 'Yo estaba entonces en el fervor de mis afectos y nunca prediqué con más vehemencia sobre la conversión.'
Ruptura con la Iglesia anglicana.
El clero de Salop fijó una fecha para considerar el juramento 'et cætera'. Christopher Cartwright lo defendió; Baxter lo condenó. Las objeciones al juramento, preparadas e impuestas por el ministro ayudante, fueron estimadas de más peso que satisfactorias las respuestas. La reunión se rompió en un ambiente de consternación. Orme no es demasiado severo cuando afirma: 'Un juramento que obliga a hombres falibles a nunca cambiar ni dar su consentimiento a alteraciones, aunque sean necesarias, e incluye un "et cætera" que nadie sabe lo que es, está entre los más grandes ejemplos de despotismo y necedad eclesiástica registrados.' Baxter resolvió no suscribirlo. Y eso, característicamente, le hizo examinar de nuevo sus libros para comprobar lo que había sido escrito sobre el episcopado, cuyo yugo estaba comenzando a comprobar que era insoportable. Enumera una biblioteca de tratados, nacionales y foráneos, que examinó. El resultado final fue una convicción clara y plena de que el episcopado de la Iglesia anglicana era de una clase totalmente diferente a la del episcopado primitivo.
Los problemas escoceses habían comenzado (1639). El conde de Bridgewater, lord presidente de las marcas de Gales, al pasar por Bridgenorth para unirse al rey en Newcastle, fue informado el sábado por la tarde que ni Madstard ni Baxter habían signado la cruz y que tampoco llevaban la sobrepelliz ni oraban contra los escoceses. El conde le dijo a su informante que estaría en la iglesia por la mañana y lo comprobaría por sí mismo. El anciano ministro huyó y dejó a Baxter ante el peligro. Pero Bridgewater el domingo cambió de plan y se fue a Lichfield, por lo que nada sucedió. 'De ese modo continué', dice Baxter, 'en mi libertad de predicar el evangelio en Bridgnorth casi dos años, lo que consideré una gran misericordia en esos revueltos tiempos.'
Invitación y ministerio en Kidderminster.
Desde Kidderminster, Worcestershire, se hizo una demanda contra su clérigo, llamado Dance. Decía que era un 'hombre débil e ignorante, que no predicaba más que una vez cada tres meses, frecuentador de tabernas y borracho', mientras que su coadjutor era 'un vulgar borrachín, que trapicheaba con matrimonios ilegales.' El vicario, consciente de su incompetencia e indignidad, se ofreció a negociar con la ciudad. Propuso destinar sesenta libras anuales para un predicador, a quien escogiera el comité que ellos nombraran, en lugar del coadjutor actual. Este predicador podría predicar cuando quisiera, leyendo las oraciones él mismo y desempeñando otras funciones parroquiales. La ciudad aceptó la propuesta y retiró su demanda. Tras invitar a Mr. Lapthorn, el comité de Kidderminster invitó a Baxter el 9 de marzo de 1641, acompañando la invitación afectuosas e insistentes cartas. Baxter sintió que era su deber ir a Kidderminster. Tras predicar la primera vez fue escogido por los electores nemine contradicente.
La obra de Baxter en Kidderminster ha pasado a la historia. Mientras al principio los morales (por no hablar de los piadosos) se podían contar con los dedos de la mano, no pasó mucho tiempo sin que un viajero pasando por las calles de la ciudad a una determinada hora, no escuchara las oraciones y alabanzas en cada casa. De la evidencia de su poder en la predicación, Reliquiæ Baxterianæ y Account de Edmund Calamy y otras autoridades dan testimonio sobrado. Baxter llevaba sólo dos años en su puesto en Kidderminster cuando estalló la guerra civil. Todo Worcestershire se puso del lado del rey, mientras que Richard Baxter, aunque leal a la monarquía, se alineó con el parlamento y recomendó la 'protesta', lo cual le atrajo las malas lenguas de los monárquicos. Se retiró temporalmente a Gloucester, predicando en Alcester, el 23 de octubre de 1642, durante la batalla de Edgehill. Regresó, pero sólo para salir rápidamente de nuevo.
Capellán en la guerra.
Hacia finales de 1642, con ocasión de la lectura de la 'declaración' del rey en la plaza del mercado de Kidderminster, alguien vio a Baxter pasar y gritó 'Ahí va un traidor.' Entonces se trasladó a Coventry, donde había no menos de treinta ministros del evangelio fugitivos, entre los que estaban Richard Vines, Anthony Burgess y los doctores Bryan y Grew. Ofició como capellán de la guarnición, predicando cada domingo a los soldados y una vez a la gente del pueblo y extranjeros distinguidos, incluyendo a Sir Richard Skeffignton, el coronel Godfrey Bosville, George Abbot, el erudito laico, y muchos otros. Por todos sus servicios sólo recibió 'cama y hospedaje.'
Sus facultades nunca fueron más vigorosamente demostradas que en Coventry. Los anabaptistas y otros de diversas facciones abundaban en el ejército, oponiéndose Baxter a ellos con eficacia benéfica. Cromwell y el ejército estuvieron generalmente dudosamente dispuestos hacia Baxter. Al Lord Protector le disgustaba su locuacidad. 'Él [Cromwell] no disputó de ninguna manera conmigo; pero se volcó en un discurso muy fluido sobre el encomio de la libre gracia, que fue agradable a quienes tenían rectos principios, si bien él tiene algunos malos entendidos de la gracia.' Pero, con cada deducción, Baxter mereció el respeto de su interlocutor, aunque las ideas de Cromwell contrastaban en algunos aspectos con el más estrecho dogmatismo de Baxter.
Tras Naseby, en cuyo campo de batalla estuvo, fue capellán del regimiento del coronel Whalley por consejo de los ministros reunidos en Coventry. Estuvo presente en varios asedios, pero nunca tomó parte en ningún hecho de armas. Su actitud durante la guerra civil la resumió él mismo así: 'No tengo duda de que ambas partes fueron culpables, como ocurre en la mayoría de las guerras y contenciones, y no seré yo quien justifique ninguna de ellas... No tengo duda de que apareció mucha indiscreción y peor que indiscreción en los tumultuosos demandantes y mucho pecado se cometió al deshonrar al rey y en el lenguaje incívico contra los obispos y la liturgia de la Iglesia. Pero todo eso procedió principalmente de los espíritus sectarios y separatistas, que avivaron los rescoldos entre los insensatos aprendices. Y al aumentar los sectarios, también aumentó la insolencia. Uno o dos en la cámara y cinco o seis ministros que vinieron de Holanda y unas pocas reliquias de los brownistas que estaban dispersos por la ciudad, arrastraron a otros, sembrando las semillas que luego se esparcieron por todo el país.'
En 1647 vivió retirado entre varios amigos y finalmente con Lady Rouse de Rouse-Lench (de Sir Thomas Rouse). Una violenta y 'enorme hemorragia en la nariz' le dejó en una lastimosa condición varios meses. Este súbito parón de su actividad fue extremadamente probatorio; había multiplicado los planes en su activo cerebro para vencer la corrupción del ejército y beneficiar a la nación. Pero en su ancianidad pudo ver que todo había sido ordenado sabiamente. Así escribió: 'Ellos [Cromwell y sus asociados] entraron en su compromiso en Triploe Heath. Tal como lo percibí era la voluntad de Dios permitirles continuar, por lo que hallé que posteriormente esa gran aflicción fue un consuelo para mí, pues eran tan fuertes y activos que poco hubiera podido yo hacer [para apartarles], y hubiera perdido mi vida entre ellos en su furia. De este modo me separé finalmente del ejército.'
De vuelta en Kidderminster.
Al recuperarse, todavía en gran debilidad, regresó a Kidderminster. Incluso en medio de las tempestuosas escenas de la guerra civil se esforzó en escribir su libro titulado Aphorisms of Justification (1649), que prácticamente reproducía su trato con antinomianos y otras facciones. Su gran libro, Saint's Everlasting Rest (1650), fue en parte escrito bajo similares condiciones y en parte bajo el hospitalario techo de Lady Rouse. El título lleva estas memorables palabras: 'Escrito por el autor para su propio uso en el tiempo de su languidez, cuando Dios le apartó de su empleo público.' El primer libro citado le envolvió en multitud de controversias, públicas y privadas, pero el segundo conserva todavía su fama duradera. Al considerar la fecundidad de su publicación con el agobiante ministerio que ocupaba sus principales energía, se hace manifiesto que Richard Baxter fue un hombre extraordinario. Con un físico naturalmente débil y mancillado desde el principio, con tendencias tísicas y posteriormente desgastado, pudo llevar a cabo la tarea de una veintena de hombres. Baxter poseía más allá de toda disputa, una mente penetradora, casi mórbidamente aguda. Fue el creador de una literatura popular cristiana. Contemplados intrínsecamente sus libros no tienen comparación con los contemporáneos.
Mientras estuvo en Kidderminster, Richard Baxter fue un prominente dirigente político igual que un ministro del evangelio. Se puso en favor de la nación y de los derechos del pueblo, aunque consideró a la antigua monarquía de Inglaterra. Se opuso a la Liga y Pacto Solemne con no menos intrepidez que precipitadamente la había firmado en Coventry, incurriendo en el enfado de los presbiterianos. Se opuso al Engagement, por lo que ofendió a los independientes. Se opuso a la extirpación en la raíz y ramas del episcopado y por eso exasperó a los escoceses. Se opuso a dejar de lado a Carlos II y habló contra los regicidas a riesgo de su propia vida. No se cuidada de amigos ni temores, siendo obediente sólo a su propia conciencia, si bien debe concederse que dicha conciencia era sutil y compleja.
Ministerio en Londres.
En 1660 dejó Kidderminster y se marchó a Londres. Publicó Farewell Sermon explicando las circunstancias bajo las cuales no le fue permitido predicar. Pero era indudable que tenía la confianza de quienes planeaban la restauración de Carlos II al trono. De ahí que Baxter pensara que su lugar estaba en la capital del reino. Predicó ante la Cámara de los Comunes en St. Margaret, Westminster (30 de abril de 1660). Al día siguiente el parlamento votó la restauración. Predicó ante el alcalde y concejales y todo Londres en San Pablo el día de acción de gracias por el éxito de Monk (10 de mayo de 1660). No fue a Holanda con Calamy, Manton, Bowles y otros, pero se unió en la bienvenida al rey. Poco después fue nombrado entre los capellanes y Carlos mismo le obsequió con sostenida cortesía y más que eso. Clarendon le ofreció el obispado de Hereford, que rechazó. Tomó parte prominente en la conferencia de Savoy. Incluso el doctor Johnson mostró su admiración por Reformed Liturgy que Baxter preparó para la conferencia. Orme caracteriza sucintamente la conducta de Baxter en este tiempo: 'Su conducta durante los diversos cambios mencionados acredita su escrupulosidad más que su sabiduría. Actuó con el parlamento, pero mantuvo los derechos del rey; disfrutó de los beneficios del protectorado, pero habló y razonó contra el Protector; saludó el regreso de Carlos, pero dudó si estaba libre de lealtad hacia Richard. Principios abstractos y refinadas distinciones, en esas y otras materias, influyeron en su juicio más que los hechos mismos. Las especulaciones, de jure y de facto, ocupaban y distraían su mente y aprisionaban su conducta, mientras que otro hombre habría formado sus opiniones sobre unos pocos principios y hechos obvios, haciendo, como súbdito y como cristiano todo lo que las circunstancias y Escrituras requerían.'

Cuando pasó la convulsión de la Restauración y tras rehusar la mitra que le fue ofrecida, solicitó volver a su puesto (60 libras al año) en su amado Kidderminster, que no le fue concedido. El obispo y Sir Ralph Clare se opusieron. Decepcionado, predicó ocasionalmente en las iglesias de Londres bajo licencia de Sheldon. Tres días antes de que el Acta de Uniformidad fuera aprobada, 16 de mayo de 1662, se despidió de la Iglesia anglicana en la gran iglesia de Blackfriars. Luego se retiró quietamente y sin ostentación a Acton en Middlesex. En 1665, durante la peste, fue huésped de Richard Hampden en Buckinghamshire. Cuando acabó la peste se marchó de nuevo a Acton, donde permaneció hasta que el Conventicle Act estuvo en vigor, escribiendo muchos libros y predicando, según se le invitaba. Pero los ojos de los monárquicos estaban sobre él, sufriendo con los no conformistas la expulsión por el Acta de St. Bartholomew. En cierta ocasión las autoridades arremetieron contra él en su odio, pues mientras predicaba fue detenido y encarcelado durante seis meses por una orden judicial de dos jueces, pero tras lograr un hábeas corpus fue liberado, trasladándose a Totteridge, cerca de Barnet. Si malo fue el trato que recibó bajo Carlos II, fue peor bajo Jacobo II. La narración de Macaulay de su juicio ante Jeffreys se convirtió en una de las citas clásicas de la literatura histórica. Baxter fue encarcelado el 28 de febrero de 1685 por difamar a la Iglesia anglicana en su Paraphrase of the New Testament (1685). Su juicio tuvo lugar el 30 de mayo, tras una apelación de demora hecha el 18 de mayo. Jeffreys le insultó groseramente en ambas ocasiones. La sentencia fue una multa de 500 marcos y encarcelamiento hasta que la pagara. Estuvo preso durante año y medio en buenas condiciones, como la visita de Matthew Henry muestra. Entonces ocurrieron cambios. 'La corte', dice Macaulay, 'comenzó a pensar en ganarse a los no conformistas. Baxter no sólo fue puesto en libertad sino que se le invitó a residir en Londres si quería, sin temor a que el Five Miles Act se usara contra él. El gobierno probablemente esperaba que la reflexión en los sufrimientos pasados y la conciencia de la comodidad presente hiciera el mismo efecto en él que en Rosewall y Lobb. Pero la esperanza quedó frustrada. Se negó a unirse en cualquier gratitud por la indulgencia y ejerció toda su influencia para promover buenos sentimientos entre la Iglesia y los presbiterianos.'
Últimos años.
Liberado el 24 de noviembre de 1686, siéndole anulada la multa, Baxter estaba ahora solo. Su amada esposa, Margaret, hija de Francis Charlton, de Shropshire, veinticuatro años más joven que él y quien poseía riqueza y posición social, había muerto el 14 de junio de 1681. Fue una abnegada esposa que le acompañó en el exilio y la cárcel y empleó su dinero pródigamente en la liberación de los compañeros menos afortunados y de quien escribió en su Breviate (1681). Predicó según tuvo oportunidad y siempre con concurridas audiencias. Siguió escribiendo su Reliquiæ Baxterianæ, haciendo un repaso muy triste de su larga vida. En 1688, fiel a sus principios, se entregó de lleno a lo que se llamó coalición de los disientes protestantes con el clero de la Iglesia anglicana contra el católico rey Jacobo II. Incluso la Iglesia de Inglaterra tenía memoria de lo que Baxter, Howe y Bates mantenían. Se felicitó por el Acta de Tolerancia bajo Guillermo y María, manteniéndose alerta hasta el final. Cuando alguien le susurró el bien que había hecho por sus libros, lacónicamente respondió: 'Yo no era más que una pluma ¿y qué alabanza se debe a una pluma?'. Cuando Mather le visitó recibió como saludo 'casi bien', al sentir el avanzado enfriamiento del que murió. Fue enterrado al lado de su esposa y su madre en Christ Church, Londres. William Bates predicó su sermón fúnebre con inusitado poder y sentimiento. Nunca fue visto tal funeral privado en Inglaterra. La mejor y breve caracterización de este fiel, justo y reputado maestro está en su monumento en Kidderminster, erigido por eclesiásticos y no conformistas el 28 de julio de 1875, que dice así: 'Entre los años 1641 y 1660 esta localidad fue el escenario de los trabajos de Richard Baxter, renombrado a partes iguales por su saber cristiano y fidelidad pastoral. En una época tormentosa y dividida defendió la unidad y comprensión, señalando el camino al descanso eterno.'
Su teología.
La teología de Baxter se muestra principalmente en Latin Methodus theologiæ Chriatianæ (Londres, 1681); Christian Directory (1673) contiene la parte práctica de su sistema y Catholic Theology (1675) es una exposición inglesa. Su teología le hizo muy impopular entre sus contemporáneos, originando una división entre los disidentes del siglo XVIII. Tal como resume Thomas W. Jenkyn, difiere del calvinismo del tiempo de Baxter en cuatro puntos: (1) La expiación de Cristo no consistió en sufrir un castigo idéntico sino el equivalente (es decir, uno que tiene el mismo efecto ante el gobierno moral) que merecía la humanidad, por quebrantar la ley. Cristo murió por los pecados, no por las personas. Mientras que los beneficios de la expiación vicaria son accesibles y disponibles a todos los hombres para su salvación, tienen una especial referencia en el propósito divino con los sujetos de la elección personal. (2) Los elegidos son un número fijo determinado por el decreto, sin ninguna referencia a su fe como base de su elección; ese decreto no contempla la reprobación, sino la redención de todos los que aceptan a Cristo como su Salvador. (3) Lo que se imputa al pecador en la obra de justificación no es la justicia de Cristo, sino la fe del pecador mismo en la justicia de Cristo. (4) Cada pecador tiene una participación propia distintiva en el ejercicio del proceso de su conversión. La teoría de Baxter, con modificaciones, fue adoptada por muchos presbiterianos y congregacionales posteriores en Inglaterra, Escocia y América, tales como Isaac Watts, Philip Doddridge y otros.

Una lista de sus obras más importantes sería la siguiente: The Right method for Peace of Conscience and Spiritual Comfort (1653); Making Light of Christ (1655); Gildas Salvianus; or the Reformed Pastor (1656); The Safe Religion; or Three Disputations for the Reformed Religion against Popery (1657); A Treatise of Conversion (1657); A Call to the Unconverted (1657); The Crucifying of the World by the Cross of Christ (1658); Directions and Persuasions to a Sound Conversion (1658); A Treatise of Self-Denial (1659); The Vain Religion of the Formal Hypocrite (1659); The Fool's Prosperity (1659); The Last Walk of a Believer (1659); The Mischief of Self-ignorance and the Benefits of Self-acquaintance (1662); A Saint or a Brute (1662); Now or Never (1663); Divine Life (1664); Two Sheets for Poor Families (1665); A Sheet for the Instruction of the Sick during the Plague (1665); Directions to the Converted for their Establishment, Growth, and Perseverance (1669); The Life of Faith (1670); The Divine Appointment of the Lord's Day (1671); The Duty of Heavenly Meditation revived (1671); How far Holiness is de Design of Christianity (1671); God's Goodness Vindicated (1671); More Reasons for the Christian Religion and no Reason against it (1672); Full and Easy Satisfaction which is the True and Safe Religion (1674); The Poor Man's Family Book (1674); Reasons for Ministerial Plainness and Fidelity (1676); A Sermon for the Cure of Melancholy (1682); Compassionate Counsel to Young Men (1682); How to do Good to many (1682); Family Catechism (1683); Obedient Patience (1683); Farewell Sermon prepared to have been preached to his Hearers at Kidderminster at his departure, but forbidden (1683); Dying Thoughts (1683); Unum Necessarium (1685); The Scripture Gospel defended (1690); A Defence of Christ and Free Grace (1690); Monthly Preparations for the Holy Communion (1699); The Mother's Catechism (1701); What we must do to be saved (1692). Además de esta lista hay un centenar de libros suyos. Su Holy Commonwealth fue quemado en Oxford junto con los libros de Milton y John Goodwin.
El siguiente texto procede del comienzo de The Reformed Pastor:
'Ten cuidado de ti mismo, no sea que te encuentres desprovisto de la gracia salvadora de Dios que ofreces a otros y seas ajeno a la obra eficaz del evangelio que predicas... Ten cuidado de ti mismo no sea que estés perdido mientras exhortas a otros a que no se pierdan; que desfallezcas de hambre mientras preparas alimento para los demás... Muchos han alertado a otros para que no vayan a ese lugar de tormento, mientras que ellos mismos se apresuran a ir allí; muchos predicadores, que están ahora en el infierno, hicieron cientos de llamamientos a sus oyentes a tener el mayor cuidado y diligencia para escapar del mismo. ¿Puede alguien razonable creer que Dios salvará a los hombres por ofrecer salvación a otros, mientras que ellos mismos la rehúsan y por decir a otros aquellas verdades que ellos olvidan y abusan? Hay muchos sastres que van en harapos mientras que hacen costosos trajes para otros y hay muchos cocineros que apenas pueden lamerse los dedos mientras preparan suculentos platos para otros. Creedme hermanos, Dios nunca salvó a nadie por ser predicador ni por ser un buen predicador, sino por haber sido justificado, santificado y consecuentemente ser fiel en la obra de su Señor. Ten cuidado, por tanto, de ser lo que persuades a tus oyentes que sean y a creer lo que les persuades que crean y a considerar sinceramente a ese Salvador que tú les ofreces. El que te mandó que amaras a tu prójimo como a ti mismo, dio a entender que debías amarte a ti mismo y no odiarte y destruirte a ti y a los demás.'