Historia

BAYMA, JOSEPH (1816-1892)

Joseph Bayma, jesuita, matemático y físico italiano, nació en Ciriè, a 20 kilómetros al noroeste de Turín, el 9 de noviembre de 1816 y murió en Santa Clara, California, el 7 de febrero de 1892. Durante su infancia sus padres se mudaron a Turín, para que tuviera una mejor educación. Tras terminar sus primeros estudios en el colegio jesuita de esa ciudad, se matriculó en la academia real de Turín, para especializarse en medicina, la profesión de su padre. Sin embargo, poco después abandonó esa idea para ingresar en el noviciado jesuita en Chieti en febrero de 1832. Con una combinación inusual de talentos literarios y científicos, escribió hacia ese tiempo una épica sobre Colón en ottava rima y poemas en latín. Cuando terminó sus dos años de probación, su bienio de filosofía, los años prescritos de profesorado en colegios jesuitas y su curso de teología, fue ordenado para el sacerdocio en 1847. Luego pasó un año en obra misionera en Argel, ministrando a los enfermos en el hospital militar. Al ser llamado a Roma por sus superiores, ejerció durante corto tiempo como ayudante del destacado astrónomo fray Angelo Secchi, director del observatorio del Colegio Romano. Dejó ese puesto para colaborar con fray Enrico Vasco en la edición de la monumental obra Il Ratio Studiorum adattato ai tempi presenti. En 1852 fue designado rector del seminario episcopal de Bertinoro en la Romaña. Durante ese año publicó De studio religiosæ perfectionis excitando en tres volúmenes. Trasladado a Inglaterra en 1858, dado que la intolerancia religiosa estaba en su apogeo en Italia, ocupó la cátedra de filosofía en Stonyhurst College durante once años.

En 1861 imprimió para circulación privada tres volúmenes titulados Philosophia Realis. Hasta pocos años antes de su muerte persistió en complementar esta obra con adiciones y correcciones. La copia revisada nunca pasó de forma manuscrita. Su principal obra, Elements of Molecular Mechanics, apareció en 1866. El profesor Morgan, el matemático, declaró que el tratado 'se adelantaba un siglo a su tiempo', afirmando que 'no había siete científicos ingleses capacitados para entenderlo.' Bayma siguió los principios de Ruggiero Boscovich, padre del moderno dinamismo, manteniendo que la materia física es reductible a puntos sin extensión, material y matemáticamente discontinuos. Esas estructuras, algunas atrayentes, otras repelentes, actúan entre sí, estando organizadas en moléculas y éstas a su vez en cuerpos. Pero mientras Boscovich enseñó que si la distancia entre esos puntos es infinitesimal, son repelentes, mientras que si la distancia es pequeña, la fuerza repelente inicialmente disminuye, luego se anula y luego en un aumento de la distancia se trasforma en una fuerza de atracción. Bayma, en cambio, esgrimió que los elementos simples no pueden ser a la vez atrayentes en distancias mayores y repelentes en menores. Si un elemento dado es atrayente en cualquier distancia, debe serlo en todas las distancias y si es repelente en una distancia dada, lo será en todas. De ahí que algunos de los puntos deben ser inherentemente atrayentes o repelentes. Al objetar de este sistema de Bayma, los metafísicos afirman que no puede explicar la extensión e inercia de la materia.

En 1860 se ordenó a Bayma que fuera a California para ayudar en la misión recién fundada. Al llegar a San Francisco fue hecho presidente de St. Ignatius College, cargo que mantuvo durante tres años, siendo luego profesor de matemáticas en esa misma institución. Pero su mala salud le obligó a descansar en Santa Clara Valley en 1880, donde se dedicó, como entretenimiento, a una nueva obra sobre funciones cicloidales. Incapaz de terminar esos cálculos, los confió a Smithsonian Institution en Washington, que los mandó al entonces director de Georgetown University Observatory. Hacia ese tiempo Bayma elaboró varios libros de texto elementales de matemáticas. Fue un hombre de imponente aspecto físico, profundo pensador, pero sencillo y cándido como un niño.