Historia

BEATO DE LIÉBANA († 798)

Beato, abad y escritor español, vivió en la segunda mitad del siglo VIII y murió en 798.

Miniatura de los comentarios del Apocalipsis del Beato de Liébana. Biblioteca Morgan, Nueva York
Miniatura de los comentarios del Apocalipsis del
Beato de Liébana. Biblioteca Morgan, Nueva York
Nació en Liébana, Asturias, y fue también llamado Beco, Obeco, Beyo, Bieyo y Bieco. Era tartamudo, según Ambrosio de Morales. Presbítero, junto con su amigo y discípulo Heterio, obispo de Osma, atacó duramente el error del recién aparecido adopcionismo con un muy celebrado escrito que mereció de Elipando una carta de insultos contra Beato, dirigida al abad Fidel, y que influyó grandemente en que dicho error fuera condenado por los papas Adriano I y León III y los concilios de Francfort (794) y Roma. Más tarde se retiró al monasterio de Valcavado, del cual fue abad, en donde murió. El mencionado escrito lo constituyen unas controversias que sostuvo contra Elipando y otros adopcionistas, que son una vigorosa apología de la verdad católica. Dos manuscritos de la obra se guardaban en la Biblioteca Toledana, uno de los cuales aprovechó P. Stevart para la primera edición de la obra en Ingolstadt (1596). Otra obra de Beato es un Comentario al Apocalipsis, de importancia capital para la interpretación de ese libro, y que durante seis siglos gozó de gran autoridad. La publicó Enrique Flórez, agustino, con el título de Sancti Beati presbyteri hispani Liebanensis in Apocalypsis (Madrid, 1770). Se han hecho muchos estudios sobre esta obra desde entonces.

De la obra Apologético de Beato es el siguiente pasaje:

'Quiere el Señor reunir a los hijos de los herejes para llevarlos a la unidad de la fe, pero no los reúne porque, enfrentados entre sí, al opinar cosas distintas, no se ponen de acuerdo [...] Pues éstos, al no temer interpretar de forma perversa la administración de los misterios del Señor, arrastran en realidad a las gentes que los obedecen, no por el camino que es Cristo, sino por donde no hay camino. También se dice con razón que se suscitó una contienda entre ellos, porque a veces se contradicen con sus alegatos. Arrio, por ejemplo, aceptando tres personas en la divinidad, creyó también en tres dioses. En contra de él, Sabelio, aceptando un solo Dios, creyó que había una única persona. Y contra ambos, la santa Iglesia, manteniendo de forma inflexible el recto camino de su predicación, y predicando que hay un solo Dios, afirma en contra de Sabelio que son tres personas. Y afirmando que son tres personas, confiesa en contra de Arrio que es un solo Dios.
Elipando, obispo de la sede toledana, no sé con qué vértigo de unidad, confunde a las tres personas en una sola naturaleza divina; y cree que Cristo, nacido de la Virgen, no es Dios, sino sólo un hombre.
El maniqueo, en cambio, que conoció en la Sagrada Escritura que era alabada la virginidad, condenó el matrimonio.
Por el contrario, Joviniano, que conoció que el matrimonio es algo permitido, despreció la limpieza de la virginidad. De donde resulta siempre que, confundidos los herejes por su malvado entendimiento, su maldad a veces les hace estar de acuerdo entre sí en la culpa y discrepar en las opiniones.'