Historia

BEAUFORT, HENRY († 1447)

Henry Beaufort, obispo de Winchester y cardenal, nació en el castillo de Beaufort, en Anjou, y murió en 1447.

Henry Beaufort, efigie yacente del siglo XVIIsobre su tumba en la catedral de Winchester
Henry Beaufort, efigie yacente del siglo XVII
sobre su tumba en la catedral de Winchester
Primera etapa y ascenso al obispado.
Era el segundo e ilegítimo hijo de Juan de Gante y Catalina, viuda de Sir Hugh Swynford. Al casarse sus padres en 1396, sus hijos fueron declarados al año siguiente legítimos por Ricardo II, siendo la patente de legitimación del rey confirmada por el parlamento. Al igual que su hermano John, conde de Somerset, y Thomas, duque de Exeter, Henry tomó su nombre del castillo de Beaufort, lugar de su nacimiento. Se dice que estudió en Oxford, pero pasó la mayor parte de su juventud en Aquisgrán, donde estudió derecho civil y canónico. Fue hecho prebendario de Thame en 1389 y de Sutton en 1391, ambos en la diócesis de Lincoln. Ocupó el deanato de Wells en 1397 y habiendo sido nombrado obispo de Lincoln por provisión papal, fue consagrado el 14 de julio de 1398, después de la muerte de John Bokyngham. Al año siguiente se convirtió en canciller de la universidad de Oxford. La elección de su hermanastro Henry de Lancaster al trono, dio al obispo de Lincoln un lugar prominente en el reino. Formando una especie de facción constitucional en la corte, él y su hermano sostuvieron de manera constante la dinastía de Lancaster, mientras que al mismo tiempo se oponían a la dominante política del arzobispo Arundel. El obispo Beaufort fue hecho canciller en 1403 y en el mismo año fue nombrado miembro del 'gran y permanente consejo' del rey. A la muerte de William de Wykeham en 1404, fue propuesto para el obispado de Winchester por disposición del papa y en la primavera del año siguiente recibió las espiritualidades de la sede. Renunció a la cancillería al trasladarse a Winchester. Se dice que fue el tutor del príncipe de Gales. Desde luego, ejerció una influencia considerable sobre él. Mientras que el rey estaba en gran medida guiado por Arundel, el príncipe se apegó a la más joven y popular facción, de la que el obispo de Winchester era cabeza. En 1407 el arzobispo, que era entonces canciller, obtuvo un triunfo sobre los Beaufort, pues cuando en ese año el rey ejemplificó y confirmó la patente de legitimación concedida por Ricardo, insertó en ella las palabras ('excepta regali dignitate'), que les excluía expresamente de la sucesión. Pero como estas palabras no se encontraban en el documento confirmado por el parlamento en el reinado precedente, no tenían ningún valor legal, aunque probablemente este hecho no fue reconocido en el momento. La fuerza del obispo Beaufort y la debilidad del arzobispo se dejaron ver en el parlamento. Arundel se sintió incapaz de continuar en el cargo y en 1410 Thomas Beaufort fue hecho canciller. Como el nuevo canciller no fue instalado cuando el parlamento se reunió, su hermano el obispo declaró la causa de la convocatoria. Tomando como texto de su discurso 'Nos conviene cumplir toda justicia', se centró en las relaciones de Inglaterra con Francia y Escocia, y en el deber de lealtad a la corona. El doctor Stubbs, quien en su Constitutional History (iii. c. 18), ha presentado un esbozo magistral de la carrera del obispo Beaufort como político inglés, ha señalado la probabilidad de que durante la administración de Thomas Beaufort el prícipe de Gales gobernara en nombre de su padre, pues durante este período de enfermedad de Enrique IV parece haber sido incapaz de ejercer las funciones de la realeza. El gobierno del príncipe supuso el predominio del obispo de Winchester en el consejo. La divergencia de las facciones de Beaufort y Arundel llegó a su punto culminante en 1411. Una disputa familiar probablemente aceleró la cuestión del enfrentamiento. A la muerte de John Beaufort, conde de Somerset, hermano del obispo, en 1410, Thomas de Lancaster, sobrino del conde, se casó con su viuda, y exigió que el obispo de Beaufort le entregara parte de una suma de 30.000 marcos, que había recibido como albacea del conde. El obispo se negó a la demanda y en la disputa que siguió el príncipe de Gales sostuvo a su tío contra su hermano. El príncipe Enrique y el obispo estaban igualemente ansiosos por asegurar la continuidad de su poder. Con el asentimiento de los numerosos señores de su facción, intentaron prevalecer sobre el rey para que renunciara a la corona y permitiera al príncipe reinar en su lugar. El rey se enfureció ante esta solicitud y echó al príncipe del consejo. El obispo Beaufort y su facción compartieron la caída en desgracia del príncipe, pues en noviembre los Comunes pidieron al rey que agradeciera al príncipe de Gales, al obispo de Winchester y a otros señores por su tarea y diligencia durante el tiempo que estuvieron en el consejo. El arzobispo sucedió a Thomas Beaufort como canciller en 1412. El cambio en la administración trajo consigo un cambio en la política extranjera. El obispo de Winchester concordó con el príncipe en la defensa de la causa del duque de Borgoña y en 1411 las fuerzas unidas de ingleses y borgoñones obtuvieron una brillante victoria sobre los armañacs en St. Cloud. Con el ascenso de Arundel al poder, la alianza con los borgoñones quedó repentinamente rota, siendo enviada una expedición para ayudar a los armañacs.

Enrique VIlustración de Cassell's Illustrated History of England
Enrique V
Ilustración de Cassell's Illustrated History of England
Canciller de Inglaterra.
Cuando, en 1413, el príncipe sucedió a su padre como Enrique V, inmediatamente dio al obispo Beaufort la cancillería, inaugurando el 15 de mayo de 1413 el primer parlamento del reino. El 23 de septiembre se sentó entre los asesores del arzobispo en el juicio de Sir John Oldcastle. En la inauguración del parlamento celebrada en Leicester en abril del año siguiente, se refirió al peligroso levantamiento que siguió a la fuga de Oldcastle. Predicando sobre las palabras 'Él ha aplicado su corazón a entender las leyes', describió cómo la fe cristiana estaba en peligro de terminar en nada por la confederación lolarda y la paz del reino por los disturbios, llamando a los estados a ayudar a la corona en el gobierno con sus buenos consejos. El obispo fue enviado ese año a Francia junto con otros embajadores, para proponer términos que eran demasiado duros para ser aceptados en el trastornado estado de ese reino. En la apertura del parlamento el 4 de diciembre de 1415, el canciller subrayó las nobles hazañas del rey en la guerra con Francia, e hizo un llamamiento a la gratitud del pueblo, que fue respondido con una generosa donación. Pero la guerra tenía al rey en constante necesidad de dinero y Henry tuvo a su tío el canciller siempre dispuesto a prestar. Como Beaufort no podía haber heredado grandes propiedades y como los ingresos de su sede, considerables como eran, en ninguna manera eran lo suficientemente grandes como para suministrarle las grandes cantidades que prestaba a la corona de tiempo en tiempo, así como para proporcionarle los medios de satisfacer su gusto por la magnificencia, es probable que su constante poder para tener dinero disponible fuera resultado de una singular capacidad financiera, combinada con una gran integridad de carácter. Sabiendo cómo usar el dinero y usándolo con confianza, cuidando de mantener su crédito y no teniendo miedo de hacer que su crédito le sirviera, Beaufort obtuvo una inmensa riqueza. Aunque guardaba cuidadosamente esta riqueza, nunca se negó a prestarla para el apoyo de la corona. En 1416 prestó al rey 14.000 libras, recibiendo una corona de oro en prenda del pago. Habiendo sido liberado de su cargo en julio de 1417, el obispo dejó Inglaterra, nominalmente como peregrino. El objeto real de su viaje era asistir al concilio reunido entonces en Constanza. Su llegada al concilio coincidió, y difícilmente no estuvo relacionada, con un importante cambio en la posición de las facciones. Hasta ese momento, ingleses y alemanes trabajaron juntos para intentar obligar al concilio que llevara a cabo la reforma de la Iglesia. En alianza con el emperador Segismundo, Enrique, mediante los representantes ingleses, se opuso a la elección de un papa hasta que se hubieran tomado medidas que llevaran a cabo esta reforma. Por otra parte, las naciones latinas se alinearon con los cardenales, exigiendo que el concilio debería proceder inmediatamente a la elección de un papa y dejarle la reforma a él. Pero Enrique había sufrido de los reformadores en su propio reino. Cualesquiera que fueran las razones del rey para el cambio de su política, no puede haber ninguna duda de que el obispo de Winchester llevó a cabo ese cambio. Él efectuó un compromiso con el que el emperador se vio obligado a estar de acuerdo. Por su sugerencia el concilio se comprometió a que una reforma fuera efectuada después de la elección de un papa. El cónclave se formó, creyéndose en Inglaterra que el obispo de Winchester, entre muchos otros, sería el futuro papa. La elección del cónclave recayó en el cardenal Colonna, que tomó el título de Martín V. El nuevo papa no fue inconsciente del buen servicio que le rindió Beaufort y el 28 de diciembre lo nombró cardenal, sin especificar ningún título. Alegando el derecho universal de representación e intentando poner a la Iglesia inglesa en sumisión a la sede de Roma, Martín esperaba encontrar en Beaufort un instrumento para conseguir sus planes de agresión. Intentó que el rey permitiera al obispo mantener la sede de Winchester in commendam y le aceptara como legado a latere, ocupando el puesto vitaliciamente. Pero se equivocó con el rey. Cuando el arzobispo Chichele, que había sucedido a Arundel en 1414, supo del plan, escribió a Enrique, que estaba entonces en Francia, y protestó contra semejante atropello de las libertades del reino y de los derechos de su propia sede. Enrique se negó a permitir que el obispo aceptara el cargo de cardenal. Grande como debe haber sido la decepción del obispo, el rechazo del rey no le impidió su cercanía a la corona; pues cuando en 1421 Enrique volvió a Inglaterra para recaudar dinero para una nueva expedición, Beaufort, que hasta el momento sólo había recibido una parte del préstamo, le prestó una suma adicional de 14.000 libras, sumando la deuda un total de 22.306 libras y 18 chelines, recibiendo de nuevo de manos del tesorero una corona de oro como garantía de pago. En diciembre del mismo año fue padrino del hijo del rey, Enrique de Winchester. Y al año siguiente el rey, cuando estaba en su lecho de muerte, le mostró su confianza al nombrarlo uno de los custodios del infante príncipe.

Su papel durante la regencia.
En los debates sobre la regencia, que siguieron a la muerte de Enrique V, Beaufort se opuso a las ambiciosas pretensiones del duque de Gloucester, hermano menor del difunto rey. Durante la larga y amarga disputa que sobrevino entre tío y sobrino, la política sabia y leal de Beaufort contrasta fuertemente con el plan por el cual Gloucester, como protector en ausencia de su hermano, Bedford, buscó su propio engrandecimiento en el país y en el extranjero. En diciembre de 1422, Beaufort fue nombrado miembro del consejo y se otorgaron poderes a ese organismo que limitaba estrictamente la autoridad del protector. Cuando en 1424 Gloucester estaba a punto de salir de Inglaterra en su inútil expedición contra Hainault, el obispo fue nuevamente nombrado canciller. En ausencia de Bedford y Gloucester, todo el peso del gobierno descansaba en él y en consideración a su añadida tarea recibió otras 2.000 libras más a su salario. Su administración fue impopular en Londres, donde los ciudadanos se unieron al duque de Gloucester. El favor que el canciller mostró a los flamencos enfureció a los comerciantes y algunas ordenanzas que restringían el empleo de jornaleros, hechas por el alcalde y concejales, y fueron aprobados por el consejo, pusieron a las clases trabajadoras contra el gobierno. Pasquines amenazantes fueron colocados en las puertas del palacio del obispo y una reunión tumultuosa de hombres 'de baja condición' se celebró 'en el Crane de la Vintry', en la que algunos en voz alta afirmaron que el obispo tenía que estar allí, para tirarlo al Támesis. Beaufort tomó la precaución de colocar una guarnición en la Torre, compuesta de hombres del ducado de Lancaster. Mientras los asuntos estaban revueltos, el duque de Gloucester volvió a Inglaterra. Las restricciones del consejo sobre su loca expedición, ayudaron sin duda a avivar la discordia entre él y el canciller. El 30 de octubre de 1425, el duque persuadió al alcalde para cerrar el puente de Londres al obispo y así le impidió entrar en la ciudad. Los hombres del obispo y del duque poco menos que llegaron a las manos. Todas las tiendas en Londres se cerraron, los ciudadanos abarrotaron el puente para apoyar a su alcalde y si no hubiera sido por la intervención del arzobispo y el duque de Coimbra, se hubieran producido peligrosos disturbios. El canciller escribió con urgencia a Bedford rogándole, por el bienestar del rey, su seguridad y la seguridad del reino, que regresara a Inglaterra apresuradamente. A la vuelta de Bedford, el consejo trató de resolver la disputa. Pero las cosas seguían igual cuando el parlamento, llamado el Parlamento de los Murciélagos, se reunió en Leicester el 18 de febrero de 1426. Ante la petición de los Comunes, Bedford y los Lores llevaron a cabo un arbitraje. Gloucester acusó al canciller de negarse a admitirlo en la Torre, con el propósito de matarlo en el puente de Londres, con la idea de apoderarse del rey. También declaró que había conspirado contra la vida de Enrique V cuando era príncipe de Gales y le había aconsejado tomar la corona de su padre. Beaufort respondió a esas acusaciones. Los Lores ordenaron que tenía que realizar una negación categórica de la verdad de los cargos de traición contra Enrique IV, Enrique V y Enrique VI, que Bedford le debería declarar acto seguido 'hombre fiel al rey, su padre, y su abuelo' y que él y Gloucester debían darse la mano. El obispo debe haber sentido la pacificación, que se efectuó el 12 de marzo, como una clara derrota. Renunció a la cancillería y solicitó la licencia para realizar un voto de peregrinación por el cual estaba obligado. Pero no parece haber salido de Inglaterra y su nombre aparece dos veces en los procedimientos del consejo durante el resto del año.

Elevado a cardenal.
Animado por el estado del gobierno en Inglaterra, el papa renovó su plan de hacer cardenal al obispo de Winchester, que había sido frustrado por la vigorosa política de Enrique V. Su objetivo especial para conferir este cargo a Beaufort en ese momento era tener su ayuda contra los husitas. El obispo fue propuesto cardenal-sacerdote de San Eusebio el 24 de mayo de 1426. Salió de Inglaterra en compañía del duque de Bedford, en marzo del siguiente año, y el 25 de ese mes, día de la Anunciación, recibió el capelo de manos del duque en la iglesia de Santa María en Calais. Al aceptar el cardenalato Beaufort dio un paso en falso, que lo puso en muchos problemas. La comisión de legado que acompañaba a su nueva dignidad disminuyó su popularidad y dio ocasión a sus enemigos de atacarlo. Sus energías quedaron en cierta medida desviadas del servicio a su país, al considerarse que se identificaba con la política papal, que, bajo Martín V, era antagónica a las libertades eclesiásticas de Inglaterra. El nuevo cardenal no tardó en obedecer al llamamiento de ayuda de la sede papal en la guerra husita. Con el pleno apoyo del emperador aceptó el cargo de legado en Alemania, Hungría y Bohemia. En el momento de su entrada en Bohemia se efectuaba un ataque combinado de tres ejércitos de los cruzados contra los husitas en Mies. El ataque fracasó y en Tachau el cardenal encontró a la hueste alemana en plena huida. El cardenal en vano les pidió que se detuvieran y se enfrentaran a sus enemigos. En su indignación rasgó la bandera del imperio y la tiró a los pies de los príncipes alemanes. Sus esfuerzos fueron infructuosos y la proximidad del ejército de Bohemia le obligó a compartir la huida de los alemanes. El papa le escribió una carta animándole a perseverar en la cruzada. Lo exhortó a restablecer la disciplina eclesiástica en Alemania y poner fin a la disputa entre los arzobispos de Colonia y Maintz, para que los eclesiásticos alemanes estuvieran más comprometidos en la cruzada.

El cardenal volvió a Inglaterra para recaudar dinero para continuar la guerra y al entrar en Londres el 1 de septiembre de 1428 fue recibido con gran pompa por el alcalde y concejales. Sin embargo, cuando presentó su comisión como legado, el duque de Gloucester se negó a reconocerla, al ser contraria a las costumbres del reino, y Richard Caudray, representante del rey, argumentó en su contra. Beaufort se comprometió a no ejercer su función de legado sin el permiso del rey y la cuestión quedó en el aire de momento. En febrero de 1429 el cardenal fue a Escocia por asuntos civiles y eclesiásticos, teniendo una entrevista con Jacobo y con su sobrina, la reina Juana. A su regreso, Gloucester hizo un esfuerzo para privarlo de su sede al exponer ante el consejo la cuestión de si él, como cardenal, podía legalmente oficiar en el capítulo de la Orden de la Liga en el día de St. George, un derecho que le pertenecía como obispo de Winchester. La cuestión quedó sin respuesta; pero el consejo le pidió que no asistiera al servicio. En años posteriores él ofició en estas ocasiones sin ponerse ninguna objeción. A pesar de la actitud un tanto dudosa del consejo, obtuvo permiso para reclutar tropas para la guerra de Bohemia y para publicar la cruzada. El 22 de junio partió de nuevo para Bohemia. Pero los desastres en Francia hicieron que el consejo le presionara para que permitiera a sus tropas servir seis meses con el regente. Beaufort aceptó y se quedó con el regente en Francia. Se disculpó ante el papa, declarando que se vio obligado a obedecer la orden del rey y que sus tropas se habrían negado a seguirlo si no lo hubiera hecho. La muerte de Martín V, en febrero de 1431, puso fin al legado de Beaufort y a su participación en la guerra de Bohemia.

Enrique VIIlustración de Cassell's Illustrated History of England
Enrique VI
Ilustración de Cassell's Illustrated History of England
Enfrentado al duque de Gloucester.
Al término de 1429 recibió Beaufort 1.000 libras para sufragar los gastos de una misión que iba a emprender a la corte de Felipe, duque de Borgoña, que se acababa de casar con su sobrina, Isabel de Portugal. Al regresar con las tropas que había reclutado para la cruzada, fortaleció su posición en Inglaterra, pues un intento de Gloucester realizado en diciembre siguiente para dejarle fuera del consejo, porque era cardenal, fue respondido por un voto de que su pertenencia era legal, siendo requerida en todas las ocasiones excepto cuando cuestiones entre el rey y el papado estuvieran en debate. Alarmado por el aumento de su poder, Gloucester le persuadió para que acompañara al rey a Francia en abril de 1430, quedando constantemente empleado durante 1430-1 en los asuntos de ese reino. En noviembre de 1430 prestó al rey 2.815 libras y 13 chelines, emitiéndose una orden por el consejo al año siguiente para la amortización de esta y de otras sumas que se le debían. El 17 de diciembre de 1431 coronó a Enrique VI como rey de Francia en París. Mientras tanto, Gloucester aprovechó su ausencia para hacer otro intento de privarle de su sede. Este ataque parece haber sido hecho en nombre de la corona, pues en un consejo general, celebrado el 6 de noviembre, los sargentos y abogado del rey argumentaron que él no podía, como cardenal, continuar detentando un obispado inglés. En este consejo, el obispo de Worcester, en respuesta a una pregunta de Gloucester, quien afirmó que había oído al obispo de Lichfield, que actuaba como supervisor de Beaufort, decir que el cardenal había comprado una exención de la jurisdicción de Canterbury para sí y su sede. El obispo de Lichfield, que estaba presente, no parece haber confirmado ni negado esa declaración. El consejo no estaba dispuesto a proceder con prisa en una cuestión de tal importancia, e hizo que los documentos fueran buscados, posponiéndose la cuestión hasta el regreso del rey. Pero tres semanas después, Gloucester tuvo más éxito en el consejo privado, donde el número de obispos era más grande en proporción a los consejeros laicos, que en el consejo general. Esta preponderancia del elemento clerical era contraria a los intereses de Beaufort; el arzobispo de Chichele naturalmente no le otorgó ninguna buena voluntad y la posibilidad de una vacante de la sede de Winchester suscitó las esperanzas de los otros obispos. Por consiguiente, en este consejo se sellaron escritos de præmunire, asociados al estatuto contra el cardenal. Algunas valiosas joyas que le pertenecían fueron incautadas en Sandwich. El cardenal se enfrentó con valentía al peligro. Volvió a Inglaterra y asistió al parlamento, que se reunió en mayo de 1432. Allí, en presencia del rey y del duque de Gloucester, exigió conocer las acusaciones que fueron presentadas contra él. Había venido, dijo, porque la defensa de su nombre y la fama y el honor eran más importantes para él que las riquezas terrenas. Gloucester se vio chasqueado por este llamamiento al parlamento y al cardenal se le aseguró, en respuesta a su demanda, que el rey lo consideraba leal. También exigió que esta respuesta debía ser registrada bajo el gran sello, lo cual se hizo. El parlamento procedió luego a considerar la incautación de sus joyas. Para obtener inmeditamente su posesión, el cardenal depositó la suma de 6.000 libras y como en 1434 se dictó que se le devolviera este dinero, es evidente que la incautación fue un acto ilegal. También prestó a la corona la suma de 6.000 libras y prorrogó una deuda de 13.000 marcos. Beaufort debió su victoria en este momento, el más difícil de su vida, al apoyo del parlamento y a propuesta de los Comunes se elaboró un estatuto exonerándolo de cualquier delito que pudiera haber cometido contra el estatuto de Provisiones o en la ejecución de cualquier bula papal.

El 16 de febrero de 1433, el cardenal obtuvo permiso para asistir al concilio de Basilea. Al recibir la licencia tomó consigo la considerable suma de 20.000 libras, probablemente para promocionarse a sí mismo en la esperanza de que en algún momento futuro podía ser escogido papa. Aunque no le aprovechaba este permiso de asistir al concilio, no abandonó su intención de hacerlo y en el mes de junio del año siguiente presentó una serie de 'demandas' al rey, en las que, después de pedir garantías para sus préstamos, indicaba que estaba obligado por ciertos votos, y ya que sería peligroso para él que el tiempo o destino de su viaje fueran conocidos, deseaba licencia para ir cuándo y dónde él quisiera, con tanto dinero como quisiera llevar. En respuesta a esta petición se le dijo que podría asistir al concilio y que llevara la suma permitida en el año anterior. Mientras tanto, al regreso de Bedford en 1433, el cardenal le defendió contra Gloucester, y, en común con otros Lores, estuvo de acuerdo con la solicitud hecha por los Comunes de que el duque se quedara en Inglaterra y ayudara a llevar a cabo cambios en el gobierno. El cambio en la administración fue seguido de un vigoroso intento de introducir el ahorro en las desordenadas finanzas del reino, y el cardenal, junto con otros miembros del consejo, siguiendo el ejemplo establecido por Bedford, acordó renunciar a su salario como consejero.

En 1435 el cardenal estuvo presente en el famoso congreso europeo, celebrado en Arras, con el propósito, si fuera posible, de hacer la paz. Junto con los otros embajadores de Inglaterra, tenía poder para tratar del matrimonio entre el rey y la hija mayor u otra hija de su adversario de Francia. Se unió a sus colegas el 19 de agosto. Al fracasar en sus negociaciones preliminares con los franceses y convencidos de que el duque de Borgoña estaba a punto de abandonar su alianza, los embajadores ingleses regresaron el 6 de septiembre. La muerte del duque de Bedford, que tuvo lugar pocos días después, tuvo un considerable efecto sobre la posición del cardenal. Con Bedford la casa de Lancaster perdía casi todo lo que quedaba de la fuerza de los días de Enrique V. Dese ese tiempo la casa de York comenzó a ocupar un lugar prominente y al hacerlo entró de forma natural en rivalidad con los Beauforts, que no tenían otras esperanzas más que en la suerte de la casa reinante. Al morir Bedford, el cardenal era el único inglés 'que tenía alguna pretensión de ser llamado político.' Su política estaba ahora claramente delimitada y desde entonces comenzó a trabajar denodadamente por la paz. Gloucester, que en los últimos tiempos hizo de su hermano Bedford el objeto principal de su oposición, ahora revertió toda su fuerza para frustrar la política de su tío, incluso, como parece, tratando de utilizar en su contra el interés de la hostil familia de la casa de York.

Capilla de Henry Beaufort en la catedral de WestminsterIlustración de Cassell's Illustrated History of England
Capilla de Henry Beaufort en la catedral de Westminster
Ilustración de Cassell's Illustrated History of England
Misiones diplomáticas.
Aunque por la decisión del consejo en 1429 la asistencia del cardenal no fue requerida cuando cuestiones entre el rey y el papado estaban en debate, tomó parte en la resolución de una disputa que surgió de un intento realizado por el consejo en 1434 para poner fin a la pretensión del papa de proponer para los obispados ingleses. La cuestión inmediata, que se refería al nombramiento para la sede de Worcester, fue resuelta por un compromiso propuesto en una carta del consejo a Eugenio IV, a la que está suscrito el nombre del cardenal. Los celos surgidos por la interferencia papal por esta controversia se pueden discernir cuando, en abril de 1437, el cardenal pidió licencia para ir a Roma, recomendando el consejo que no se le permitiera salir del reino, alegando su temor de que el mal le alcanzara en el camino y por la importancia de su presencia en las negociaciones de paz que estaban en marcha. Al año siguiente se aconsejó además al rey que no le permitiera asistir al concilio de Basilea, una determinación que Sir Harris Nicolas considera (Ordinances of the Privy Council, v. pref. xxx) que había surgido 'del temor de su intriga con los cardenales y otros eclesiásticos influyentes en el concilio por la tiara, sacrificando los intereses de su país.' En ese año Beaufort obtuvo del rey un perdón completo de todos los delitos 'desde el principio del mundo hasta este tiempo.' Este perdón hacía evidentemente referencia a sus tratos con las garantías. Pero tomado en relación con el rechazo a su viaje, parece indicar que su influencia estaba debilitada. Si esto fue así, no pasó mucho tiempo antes de que su importancia como financiero lo restaurara plenamente al poder. Tras la inútil campaña de Gloucester en Flandes y la continua demanda de dinero de Francia, después de haber agotado el tesoro, prestó al rey 10.000 marcos, extendió el tiempo de reembolso de otra suma de 14.000 marcos y le dio la posesión de algunas joyas que le habían sido prometidas. Cada año la desesperanza de la guerra se hacía más evidente. En enero de 1439 el cardenal tuvo una conferencia con la duquesa de Borgoña en Calais, acordándose que los embajadores fueran enviados para tratar la paz. Durante las negociaciones que siguieron, el cardenal tuvo plenos y secretos poderes del rey, y en unión con la duquesa actuó como mediador entre los embajadores de las dos partes. Desembarcó en Calais el 26 de junio. Como era el defensor de la paz y esperaba conseguirla por medio de la intervención del cautivo duque de Orleáns, mientras que, por otro lado, Gloucester quería continuar la guerra y mantener prisionero al duque, los poderes discrecionales confiados al cardenal y la parte tomada por Orleáns en las negociaciones, muestran que Beaufort había en ese momento recuperado totalmente su influencia en el consejo. Pero en su ausencia, el duque de Gloucester quedó sin control y el consejo envió instrucciones a los embajadores de rechazar las demandas franceses, que eran de hecho de tal naturaleza como para asegurar el fracaso de las negociaciones. El 2 de noviembre el cardenal y los embajadores regresaron a Inglaterra. Otro intento de llevar a cabo la paz lo hicieron el cardenal y la duquesa de Borgoña en enero de 1440. Los embajadores fueron nombrados de nuevo y el consejo decidió la liberación del duque de Orleáns. Gloucester hizo una violenta protesta contra esta decisión ante el rey. Incorporó en un largo documento todas las causas de queja en contra de Beaufort. Comenzaba con su aceptación del capelo cardenalicio y su retención de la sede de Winchester. Lo acusaba de defraudar a la corona, de perseguir los intereses de su familia en perjuicio del rey, alegando diversos ejemplos, y entre ellos el hecho de que mientras Beaufort fue canciller, parte del rescate de Jacobo de Escocia fue remitido por su matrimonio con su sobrina. Declaró además que había sido culpable de despilfarro y mala gestión en el congreso de Arras y en el posterior encuentro de embajadores en Calais y que ahora intentaba destruir el reino del rey de Francia por la liberación del duque de Orleáns. A este manifiesto, que estaba lleno de amargura e intención maliciosa, el consejo contestó con una respuesta moderadamente redactada. Poderoso como era Gloucester para hacer mal mediante la calumnia a los que se esforzaban por la paz y por maldisponer las mentes de los hombres, tuvo, en comparación con el cardenal, poco peso real en la dirección de los asuntos. Su debilidad se manifestó al año siguiente por el juicio de su esposa, Eleanor Cobham, que fue acusada de brujería ante el arzobispo y el cardenal.

A pesar de que Beaufort estaba ansiosamente deseoso de la paz, nunca desalentó ningún esfuerzo que se hiciera para proseguir la guerra con vigor. En un debate en el consejo el 6 de febrero de 1443, cuando se propuso la cuestión de si un ejército debía ser enviado para el alivio de Normandía o de Guienne, ya que había pocas esperanzas de enviar tropas a ambos lugares, el cardenal, después de que otros habían hablado, unos en favor de un plan y otros de otro, declaró que 'a él le parecían ambos justamente necesarios', sugiriendo que el tesorero declarara qué fondos tenía disponibles 'para poner en marcha dichos ejércitos.' Y cuando su sobrino, el duque de Somerset, fue persuadido a tomar el mando de la expedición que estaba lista en ese año, el cardenal prometió prestar 20.000 libras para equiparlo, pero insistiendo, al mismo tiempo que la patente garantizando el pago de esta suma debía contener las palabras exactas que él escogiera, 'de otro modo no prestaría el dinero.' Cuando el escrito fue leído ante los Lores del consejo, el duque de Gloucester dijo que tal lectura era innecesaria, ya que su tío la había aprobado así y no con otras palabras. Aunque la afirmación era amarga, era bastante expresiva, ya que sin la ayuda del cardenal la expedición habría quedado en nada. En ese año Beaufort obtuvo otro perdón general y la liberación de todas las multas y castigos por cualquier cosa que hubiera hecho. En el matrimonio del rey con Margarita de Anjou, en 1445, el cardenal debe haber creído que vio la promesa de esa paz que había buscado con tanta intensidad, y por ello es interesante notar que el anillo de boda de la reina fue hecho con un 'bello rubí' que el cardenal había presentado al rey en el día de su coronación. En la misteriosa muerte del duque de Gloucester, que tuvo lugar el 23 de febrero de 1447, el cardenal Beaufort ciertamente no tuvo parte. Por más enemistad que tuviera contra el duque, nunca habría hecho algo que fuera tan contrario a los intereses de la dinastía de Lancaster y que abriera el camino para los planes de la ambiciosa casa rival.

Muerte de Henry BeaufortIlustración de Cassell's Illustrated History of England
Muerte de Henry Beaufort
Ilustración de Cassell's Illustrated History of England
Muerte.
Unas semanas más tarde, el 11 de abril, el gran cardenal murió. La escena en la que Shakespeare describe 'la negra desesperación' de su muerte no tiene base histórica. Hall registra algunas palabras de queja y el arrepentimiento que, le dijo el doctor John Baker, capellán del cardenal, pronunció su maestro en su lecho de muerte. Pero a pesar de esta autoridad, hay buena razón para dudar de la veracidad de la historia. Un breve relato de los últimos días del cardenal lo dio un testigo ocular. Mientras yacía en el palacio Wolveey en Winchester, había muchos hombres, monjes y clérigos y laicos, reunidos en la gran cámara donde él estaba, y allí hizo que el servicio fúnebre y la misa de réquiem fuera cantada. Durante los últimos días de su vida estuvo ocupado con su testamento y añadió el segundo de sus dos codicilos el 9 de abril. La tarde antes de morir se le leyó el testamento a él y a todos los que estaban en la cámara y mientras se leía hizo adiciones y correcciones, según estimaba necesario. A la mañana del día siguiente lo confirmó con voz audible. Después se despidió de todos y así murió. Fue sepultado, según sus indicaciones, en su catedral de Winchester. Una gran parte de su riqueza fue a parar a fines benéficos. Cuando sus albaceas ofrecieron al rey 2.000 libras del resto de sus bienes, Juan se negó, diciendo: 'Mi tío era muy querido y me hizo mucha bondad mientras vivió; ¡que el Señor le recompense! Haced con sus bienes lo que estáis obligados a hacer; yo no los tomaré.'

Valoración.
Beaufort terminó la recostrucción de la catedral de Winchester y refundó y amplió el hospital de St. Cross, cerca de la ciudad, dándole el nombre de Nova Domus Eleemosynaria Nobilis Paupertatis. Ocupado en los asuntos del mundo, vivió una vida secular. Al principio de su carrera fue amante de Lady Fitzalan Alice, hija de Richard, conde de Arundel, y con ella tuvo una hija llamada Joan, que se casó con Sir Edward Stradling, caballero, de St. Donat, en el condado de Glamorgan. Beaufort era ambicioso, arrogante e impetuoso. Rico y acaparador de riqueza, ha sido continuamente acusado de avaricia. Ciertamente parece haberse apegado indebidamente a su cargo de administrador de las posesiones familiares de la casa de Lancaster, que le deben haber dado acceso a considerables sumas de dinero. Sus discursos en el parlamento están marcados por un deseo constitucional de sostener la corona mediante el consejo y apoyo de los estamentos del reino. Era incansable en los asuntos de Estado, teniendo visión de futuro y siendo patriótico en sus consejos. Las relaciones familiares con cortes extranjeras, así como su posición como cardenal, le dieron un lugar en Europa que no tuvo ningún otro estadista, haciéndolo el representante más idóneo de su país en el extranjero. Los acontecimientos que siguieron tras su muerte son la mejor prueba de la sabiduría de su política y de su lealtad, tanto a la corona como a los intereses más genuinos de Inglaterra.