Historia
BEDA (c. 672-735)

Beda
Huérfano de ambos padres a temprana edad, fue puesto por sus parientes cuando tenía siete años bajo el cuidado de Benedict Biscop, abad de Wearmouth. Poco antes de su nacimiento un gran renacimiento eclesiástico había comenzado en Inglaterra. El matrimonio de Oswin de Northumbria con Eanfled condujo al triunfo de la Iglesia romana sobre la Iglesia celta en el norte, y Wilfrith, el campeón de Roma, fue nombrado obispo. El arzobispo Teodoro comenzó a reformar el episcopado según el modelo romano y en un sínodo nacional celebrado en Hertford en 673 se puso fin a las prácticas no sistemáticas de la Iglesia celta. Los obispos ingleses tendrían en adelante que cuidar sus propias diócesis y no deambular por donde quisieran, como los obispos misioneros celtas. La introducción de la regla benedictina en lugar de la primitiva monástica de los celtas fue un movimiento de naturaleza similar. En esta obra Benedict Biscop, el guardián de Beda, tomó parte prominente. Cuando, en 674, fundó San Pedro en Wearmouth, pidió colaboradores de la Galia, que construyeran su monasterio según el estilo romano. En 682 fundó el otro hogar de Beda, el monasterio de San Pablo en Jarrow. Artífices extranjeros cubrieron las ventanas de sus dos grandes casas con vidrio. Las formas representadas de santos y las escenas de la historia sagrada adornaban las paredes de sus iglesias. Sobre todo, proveyó a sus monjes con una noble colección de libros, que él consideraba necesarios para su instrucción. Trajo a Juan, el cantor de San Pedro, de Roma, quien les enseñó el ritual de la iglesia romana. Y por sus constantes viajes al extranjero, Benedict puso sus casas en la relación más cercana con la vida eclesiástica del continente. Al mismo tiempo hay evidencia de que no había un espíritu estrecho en la fraternidad que él fundó y que su relación con la Iglesia celta no fue inamistosa. Tales fueron las influencias en la juventud de Beda, que tuvieron un marcado efecto en su carácter y obra.
Cuando Ceolfrith fue designado para presidir la nueva fundación en Jarrow, Beda parece haber ido con él. Apenas puede decirse que cambió de hogar, porque los dos monasterios eran en verdad uno, siendo tan estrecha la relación entre ellos, que después de la muerte de Benedict, Ceolfrith gobernó sobre ambos por igual. Es posible quedarse sobre la niñez de Beda con una historia contada por uno de sus contemporáneos. Una peste asoló tanto la fraternidad en Jarrow, que no quedó ni un monje que pudiera leer o responder los responsos salvo Ceolfrith y un niño pequeño a quien había criado. Por eso el abad se vio obligado a que los servicios fueran cantados sin responsos, excepto en maitines y vísperas. Durante una semana se continuó así, hasta que el abad no pudo soportar más la tristeza, tras lo cual él y el niño participaron día a día en todos los servicios, cantando cada uno en su turno, hasta que los otros aprendieron su parte.
Ordenación.
En su decimonoveno año Beda fue ordenado diácono. La temprana edad en la que le fue permitida la ordenación implica que se distinguió por su santidad y competencia. Ingresó al sacerdocio a la edad canónica de treinta años. En ambos casos fue presentado por su abad, Ceolfrith, y recibió las órdenes de manos del obispo Juan de Beverley. Una tradición en el tiempo de William de Malmesbury afirma que Beda visitó Roma. Malmesbury también aduce una carta del papa Sergio a Ceolfrith, diciéndole que necesitaba un hombre instruido para ayudarlo en ciertos asuntos de derecho eclesiástico y pidiéndole que le enviara a Beda: 'Dei famulum Bedam venerabilis tui monasterii presbyterum.' Pero como Sergio murió en 701, Beda no pudo haber sido sacerdote en el momento de esa invitación. La carta de Sergio, sin embargo, existe en un manuscrito que es dos siglos más antiguo que el tiempo de Malmesbury. Este manuscrito, en lugar de 'Bedam', tiene 'N' = nomen, lo que significa que hay que suplir un nombre, y la palabra 'presbyterum' está al margen. Ambas están interlineadas por una mano posterior. Sin embargo, es posible que Beda haya sido especialmente invitado a Roma, ya que Malmesbury pudo haber copiado de un manuscrito más reciente y la omisión de su nombre en el MS. Cotton puede haber sido por descuido. Como este manuscrito está (sin 'presbyterum'), parece como si alguna palabra hubiera sido omitida, y 'presbyterum' podría haber sido escrita en la carta papal original, por ignorancia de que Beda no había recibido las órdenes sacerdotales. Sergio, que necesitaba ayuda, bien pudo haber preguntado por Beda. Difícilmente le habría pedido a Ceolfrith uno de sus internos sin nombrar a nadie en particular. Tampoco es sorprendente que el papa hubiera oído hablar del saber del monje de Northumbria, porque las visitas de Benedict a Roma habían hecho que sus monasterios estuvieran estrechamente relacionados con la sede papal, y la carta, cualquiera sea el modo en que la leamos, ilustra la alta posición que las casas de Harmouth y Jarrow ya tenían en la cristiandad. Algunos de los compañeros monjes de Beda fueron enviados por Ceolfrith a Roma en 701 y regresaron con un privilegio papal para su casa. Beda no fue con ellos. Las varias leyendas que le relacionan con su supuesta visita a Roma pueden pasarse por alto. La historia que lo lleva a Cambridge no requiere refutación, aunque una vez fue tema de discusión.

Fotografía de Wenceslao Calvo
Con la excepción de unas pocas visitas a amigos, Beda pasó toda su vida en Jarrow desde el momento en que se mudó allí cuando era niño. Estudió las Escrituras con todas sus fuerzas, y aunque fue diligente en observar la disciplina de su orden y en participar en los servicios diarios de la iglesia, le gustaba estar siempre aprendiendo, enseñando o escribiendo. Su carácter e ideas se deben recoger principalmente de sus libros. Era un hombre de sentimientos suaves y cultivados, lleno de bondadosas simpatías y con una singular frescura de mente, que daba vida y belleza a sus historias. El capítulo sobre la conversión de Northumbria, la historia de cómo la inspiración poética llegó a Caedmon y de cómo murió, y toda la Life of Cuthbert no son más que ejemplos de su exquisito poder para contar historias. Con este poder se combinó el amor por la verdad y la justicia. Su condena de la cruel y necia guerra emprendida por Ecgfrith, el benefactor de su casa, contra los escoceses irlandeses y su generoso registro de las buenas obras de Wilfrith, son pruebas convincentes de su libertad de prejuicios. Como fue criado desde sus primeros años tanto bajo las influencias de Iona, Roma, Galia y Canterbury, tuvo amplias simpatías eclesiásticas. Aunque condenó y escribió contra las costumbres celtas relativas a la fecha de la Pascua y la forma de tonsura, enalteció mucho la santidad de Aidan y escribió Life of Cuthbert tanto en prosa como en verso. Su amor por la profesión monástica le hizo considerar con evidente admiración la poderosa posición sostenida por el abad de Iona y el monaquismo universal de la iglesia de Lindisfarne, aunque, como partidario entusiasta de la orden benedictina, que se había abierto camino desde las grandes casas del continente hasta las nuevas fundaciones de Northumbria, desaprobó la laxitud de la regla celta. Lleno del deseo de ver un aumento del episcopado, consideró la posibilidad de proporcionar nuevos obispos de las posesiones de esas casas religiosas que eran infieles a su profesión, un plan que tendía a purificar los monasterios al reducir sus medios de lujo y exaltarlas al relacionarlas con el episcopado. Con ideas de largo alcance y católicas, Beda podría haber tenido poca simpatía con el activo y estrecho de miras Wilfrith. Las circunstancias de su vida hicieron que Wilfrith mirara a Cuthbert y a Juan de Beverley como intrusos. Para Beda eran santos y registra con evidente desaprobación cómo Eata y Cuthbert y sus compañeros salieron de Ripon para hacerle sitio a Wilfrith.
Los nombres de varios amigos de Beda son bien conocidos. La mayoría de sus obras están dedicadas a ellos y algunas fueron escritas por su solicitud. Entre ellos se encontraban Nothelm, posterior arzobispo de Canterbury, y un eclesiástico llamado Albinus. Ambos ayudaron a Beda en su Historia Ecclesiastica y Albinus más que nadie lo instó a emprender la obra. Ecgberht, arzobispo de York, y Acca y Frithhere, obispos de Hexham y Sherborne, también fueron sus amigos. A Acca le dedicó la mayor parte de sus obras teológicas. De este obispo, que también fue uno de los amigos más fieles de Wilfrith, Beda probablemente obtuvo la completa información que tuvo sobre las buenas obras de Wilfrith. Incluso Beda tenía algunos enemigos que parecían celosos de su preeminencia literaria. En una fiesta celebrada por Wilfrith, obispo de York († 732), algunos de los invitados le acusaron de haber expresado opiniones heréticas en su De Temporibus liber minor. La escandalosa acusación fue escuchada sin reproche por el obispo y probablemente fue diseminada por uno de su casa. Beda le respondió por una carta a un amigo (Ep. Ad ad Plegwinum), que escribió con la intención expresa de que se la mostrara a Wilfrith. En ella habla claramente de la fiesta indecorosa episcopal y esta referencia muestra que el obispo en cuestión era el segundo de ese nombre y no el más famoso Wilfrith.
A Beda le gustaba meditar y tomar notas de las Escrituras. Simeón de Durham († 1130) registra (Hist. de Dunelm. Eccl. c. 14) que se le solía ver en una choza de piedra (mansiuncula), donde, libre de toda interrupción, solía meditar y trabajar. En la época de Leland (Collect, iv. p. 42, edición 1720), los tres monjes de Jarrow, todos los que habían quedado de lo que una vez fuera la famosa congregación, enseñaban lo que se describe como su oratorio. El niño que trabajó tan duro con su abad para mantener el canto antifonal cuando toda la carga del canto recayó solo en ellos, se regocijó toda su vida por participar en los servicios de la iglesia del monasterio. Alcuino, escribiendo después de la muerte de Beda a los monjes de Wearmouth, les dice (Alc. Ep. 16, edición de Migne), que le encantaba decir: 'Sé que los ángeles visitan la congregación de los hermanos en las horas canónicas, y ¿qué pasaría si no me encuentran entre los hermanos? ¿No dirían, "¿Dónde está Beda? ¿Por qué no está con sus hermanos para las oraciones?".' Los logros de Beda muestran que debe haber sido un estudiante diligente. Ha registrado el nombre de otro de sus maestros además del abad Ceolfrith. Trumberht, nos dice, solía instruirlo en las Escrituras. Había sido alumno de Ceadda y solía contarle a su alumno muchas cosas sobre su antiguo maestro. De él, sin duda, Beda aprendió a venerar a los santos hombres de la Iglesia celta. Folcard dice que Juan de Beverley también fue su maestro. Puede haber sido así, pero, como Folcard vivió a mediados del siglo XI, no debe ser considerado como una autoridad en este asunto. No es improbable que Beda recibiera ayuda de algunos de los discípulos de Teodoro y Adriano, de quienes habla con admiración, y ciertamente debe haber estado bajo la instrucción de Juan, cantor. Además de conocer el latín, entendía el griego y tenía algún conocimiento del hebreo. Cita a Homero, Lucrecio, Virgilio, Ovidio, Horacio, Terencio y muchos otros escritores clásicos de menos fama. Estaba familiarizado con la literatura patrística, siendo un diligente traductor y compilador de extractos de ese gran arsenal. Como la mayoría de sus compatriotas de ese tiempo, fue cantor. Su mente estaba bien adiestrada con los cantos de su tierra natal y tenía el don de la improvisación, que entonces era en Inglaterra común. Además de sus facultades como historiador y biógrafo, conocía todo el saber de su tiempo, gramática, retórica, matemáticas y ciencia física. Todos sus talentos los empleó en la causa de su iglesia y en la instrucción de otros. Fue un maestro diligente, y tuvo muchos alumnos entre los seiscientos monjes que en sus días atestaron las casas hermanas de San Pedro y San Pablo. Algunos de estos alumnos, como Nothelm que ya ha sido mencionado, Huaetberht y Cuthbert, dos abades sucesivos de Wearmouth, y Constantino, fueron amigos después de años, y se cuentan entre aquellos a quienes Beda dedicó sus obras.

Una frase en Ep. ad Wicredum de Paschae Celebratione, que habla de 776 como el año actual, dio lugar a la creencia de que Beda vivió al menos hasta esa fecha. Mabillon, sin embargo, señaló que la frase es una interpolación hecha por otra mano. Se sabe que el día de su muerte fue la fiesta de la Ascensión, 26 de mayo de 735, por una carta escrita por uno de sus alumnos llamado Cuthbert a Cuthwine, su compañero de clase. Beda, dice Cuthbert, sufrió una dificultad para respirar que creció rápidamente durante el mes de abril. Sin embargo, hasta el 26 de mayo continuó sus clases y durante las muchas horas de insomnio de la noche todavía estaba alegre, unas veces dando gracias a Dios, otras cantando palabras de la Sagrada Escritura o líneas de versos en inglés; o cantaba las antífonas, esperando consolar los corazones de sus alumnos, pero cuando llegó a las palabras: 'No nos dejes huérfanos', lloró mucho y lloraron con él. Y así continuaron los días y, a pesar de su enfermedad, trabajó duro para terminar su traducción al inglés del evangelio de San Juan, porque sabía que sería de utilidad para la iglesia, y también de algunos extractos del obispo Isidoro, pues 'No quiero que mis muchachos', dijo, 'lean lo que es falso, o que tengan que trabajar en esto sin provecho cuando yo muera.' El día de su muerte, cuando el resto se había ido a la procesión celebrada en la festividad, su ayudante se quedó solo con él. 'Querido maestro', dijo, 'falta un capítulo, y es difícil para ti concentrarte.' 'No, es fácil', le dijo; 'toma tu pluma y escribe rápidamente.' Pasó el día dando sus pequeños tesoros de especias e incienso a los sacerdotes de la casa, pidiendo sus oraciones y despidiéndose. Llegó la noche y su joven escriba le dijo: 'Todavía hay una frase más, querido maestro, por escribir.' Él contestó, 'Escribe rápidamente.' Después de un rato, el joven dijo: 'Ahora está terminado'. 'Bien', dijo, 'has dicho verdad. "Está acabado".' Entonces, pidió a sus amigos que lo pusieran en el sitio donde podía mirar el lugar en el que solía arrodillarse para orar. Y puesto sobre el pavimento de su celda, cantó el Gloria Patri y mientras pronunciaba las palabras 'Espíritu Santo' exhaló su último suspiro y 'así pasó al reino en el cielo.'

Fotografía de Wenceslao Calvo
Escritos.
Los escritos de Beda se clasifican en científicos, históricos y teológicos. Los científicos incluyen tratados sobre gramática, escritos para sus alumnos, una obra sobre fenómenos naturales (De rerum natura) y dos sobre cronología (De temporibus y De temporum ratione). Según la lista que Beda adjuntó a su Historia Ecclesiastica los que había escrito hasta el año 731, cuando acabó esa obra, fueron: Sobre la primera parte del libro del Génesis, cuatro libros. Sobre el tabernáculo, sus vasos, etc. tres libros. Sobre la primera parte de Samuel hasta la muerte de Saúl, tres libros. Sobre una exposición alegórica sobre el templo, dos libros. Sobre treinta preguntas sobre el libro de Reyes. Sobre los proverbios de Salomón, tres libros. Sobre el Cantar de Salomón, siete libros. Extractos de Jerónimo sobre las divisiones de los capítulos en Isaías, Daniel, los doce Profetas, y parte de Jeremías. Sobre Esdras y Nehemías, tres libros. Sobre Habacuc, un libro. Exposición alegórica del libro de Tobías, un libro. Capítulos para las lecturas en el Pentateuco, Josué y Jueces. Sobre los libros de Reyes y Crónicas. Sobre el Libro de Job. Sobre Proverbios, Eclesiastés y el Cantar de Salomón. Sobre Isaías, Esdras y Nehemías. Sobre Marcos, cuatro libros. Sobre Lucas, seis libros. Dos libros de homilías sobre el evangelio. Extractos de San Agustín sobre el apóstol (Pablo). Sobre Hechos, dos libros. Un libro sobre cada una de las Epístolas Generales. Sobre Apocalipsis, tres libros. Capítulos para las lecturas en el Nuevo Testamento, excepto los evangelios. Un libro de cartas, en el cual se encuentran: Of the Six Ages, Of the Resting Places of Israel, Of the Words of Is. xxiv. 22, De Bissextile, Of Anatolius on the Equinox. Sobre las Historias de los Santos, sobre la Vida y Pasión de San Félix. Una traducción más correcta del griego de la Vida y Pasión de San Anastasio. Vida de St. Cuthbert en verso, la misma en prosa. Historia de los abades, Benedict, Ceolfrith y Husetberht. Ecclesiastical History of our island and people, cinco libros. Un Martirologio. Un libro de himnos. Un libro de epigramas. Dos libros sobre Nature of Things y Chronology. Un libro más grande sobre cronología. Sobre ortografía. Sobre el arte métrico, al que se agregó un pequeño libro sobre las figuras y modos de hablar en la Sagrada Escritura. A esta lista debe agregarse indudablemente las cartas a Albinus y Ecgberh y las Retractaciones que fueron escritas más allá de 731, el libro sobre los Lugares Santos escrito antes de ese año, pero dejado fuera por Beda probablemente por olvido, y Poenitentiale.
Como todos los hombres de su tiempo estaba entregado al método alegórico de interpretación, siendo un poco crédulo sobre los milagros, pero en la mayoría de los asuntos muestra sentido común, tierna y amplia simpatía, amor por la verdad y la justicia, piedad no fingida y devoción al servicio de otros, de modo que su personalidad es extremadamente atractiva. Sus obras se esparcieron tanto por toda Europa, que fue conocido como 'el maestro de la Edad Media'. Muestra un erudición que sobrepuja a la de todos los escritores de su tiempo, y, lo mismo que Isidoro de Sevilla, influyó con el carácter enciclopédico de sus producciones en la educación de los autores de la Edad Media. Subordinó todo su saber a la interpretación de las Sagradas Escrituras. Alcuino y Amalario le llamaron el venerable. El concilio de Aquisgrán de 835 le llama venerabilis y doctor admirabilis.
La más conocida e importante de sus obras es Historia ecclesiastica gentis Anglorum, que consta de cinco libros sobre la historia de Inglaterra, tanto eclesiástica como política, desde el tiempo de César hasta la fecha de su terminación (731). Los primeros veintiún capítulos, que tratan del periodo antes de la misión de Agustín, son compilaciones de escritores antiguos, como Orosio, Gildas, Próspero de Aquitania y otros, con la inserción de leyendas y tradiciones. Después del año 596 usa fuentes documentales, que Beda sufrió para conseguir, y testimonios orales, que emplea no sin consideración crítica.
En el siguiente pasaje de la obra describe la llegada de Agustín entre los anglosajones:
'[...] Tranquilizados por el ánimo del santo padre Gregorio, Agustín con sus compañeros siervos de Cristo reanudó su trabajo en la palabra de Dios, y llegó a Bretaña. En ese tiempo el más poderoso rey era Etelberto, quien reinaba en Kent y cuyos dominios se extendían hacia el norte hasta el río Humber, el cual forma la frontera entre los anglos del norte y del sur. Al este de Kent se encuentra la gran isla de Tanatos, la cual por el cálculo inglés tiene seiscientas «familias» de extensión; está separada de tierra firme por un canal de aproximadamente tres estadios de anchura, llamado Uautsumu, el cual se une al mar en cada extremo y es vadeable sólo en dos lugares. Fue aquí donde el siervo de Dios Agustín desembarcó con sus compañeros, de los que se dice haber sido cuarenta en número. Por indicación del santo papa Gregorio, ellos habían traído intérpretes de entre los francos, y los enviaron a Etelberto, diciendo que venían de Roma portando noticias muy gozosas, las cuales infaliblemente asegurarían a todo el que las recibiese eterno gozo en el cielo y un perpetuo reino con el Dios vivo y verdadero. Al recibir este mensaje, el rey les ordenó que permaneciesen en la isla donde habían desembarcado, y dio indicaciones de que fuesen provistos con todo lo necesario hasta que tomase una decisión. Pues él ya había oído hablar del cristianismo, pues tenía una esposa cristiana de la casa real franca llamada Berta, a la que había recibido de sus padres a condición de que ella tuviese libertad para mantener y practicar su fe sin ser molestada, con el obispo Liudardo, a quien ellos habían enviado como su asistente en la fe. Después de algunos días el rey vino a la isla y, sentándose al aire libre, convocó a Agustín y sus compañeros a una audiencia. Pero tomó precauciones para que no se aproximasen a él en una casa; porque tenía una antigua superstición de que, si ellos fuesen practicantes de artes mágicas, podrían tener la oportunidad de engañarlo y dominarlo. Pero los monjes estaban investidos con el poder de Dios, no del diablo, y se aproximaron al rey portando una cruz de plata como estandarte y la imagen de nuestro Señor y Salvador pintada sobre una tabla. En primer lugar, ofrecieron oraciones a Dios, cantando una letanía por la eterna salvación tanto de ellos mismos como de aquellos a quienes, y por cuya consideración, habían venido. Y cuando, a la orden del rey, se hubieron sentado y predicado la palabra de vida al rey y su corte, el rey dijo: «Vuestras palabras y promesas son realmente bellas; pero son nuevas e inciertas, y yo no puedo aceptarlas y abandonar las ideas antiguas que yo he compartido con todo el pueblo inglés. Pero como vosotros habéis viajado desde lejos, y puedo ver que sois sinceros en vuestro deseo de impartirnos lo que creéis ser verdadero y excelente, nosotros no os haremos daño. Os recibiremos hospitalariamente y cuidaremos de suministraros todo lo que necesitéis; tampoco os prohibiremos que prediquéis y os ganéis a toda la gente que podáis para vuestra religión». El rey entonces les concedió una vivienda en la ciudad de Canterbury, que era la ciudad principal de sus dominios, y de acuerdo con sus promesas les proporcionó provisiones y no les retiró su libertad de predicar. [...] Ellos practicaban lo que predicaban, y estaban dispuestos a soportar cualquier adversidad, incluso a morir por la verdad que ellos proclamaban. Sin transcurrir mucho tiempo un número de paganos, admirando la simplicidad de sus santas vidas y el consuelo de su mensaje celestial, creyeron y fueron bautizados. Al este de la ciudad se levantaba una vieja iglesia, construida en honor de San Martín durante la ocupación romana de Bretaña, donde la reina cristiana de la que yo he hablado iba a rezar. Aquí se reunían al principio a cantar los salmos, rezar, decir misa, predicar y bautizar, hasta que la propia conversión del rey a la fe les dio mayor libertad de predicar, construir y reparar iglesias por todas partes.'
(Beda el Venerable, Historia ecclesiastica gentis Anglorum 1,25-26).