Historia

BEGG, JAMES (1808-1883)

James Begg, ministro de la Iglesia libre de Escocia, nació en New Monkland, cerca de Airdrie, a 16 kilómetros al este de Glasgow, el 31 de octubre de 1808 y murió en Edimburgo el 29 de septiembre de 1883.

James Begg, por Daniel Macnee
James Begg, por Daniel Macnee
Estudió en la escuela parroquial y luego ingresó en la universidad de Glasgow, donde obtuvo su maestría. Después de pasar por el currículo teológico, fue licenciado como predicador en junio de 1829 y después de una corta estancia en North Leith, fue ordenado al ministerio en Maxwelltown, Dumfries, el 18 de mayo de 1830. Tras una breve titularidad allí fue llamado para ser colega del doctor Jones en la capilla de Lady Glenorchy, Edimburgo, y en 1831 fue de Edimburgo a Paisley como ministro de la iglesia Middle. En 1835 fue llamado a Liberton, en los alrededores de Edimburgo, donde permaneció hasta la escisión en 1843. Dejando Liberton por Newington, suburbio vecino de Edimburgo, pasó los últimos cuarenta años de su vida como ministro de Newington Free Church, estando desempeñando los deberes de ese puesto cuando fue atacado por su última enfermedad. El doctorado en teología le fue conferido por Lafayette College, Pensilvania, en 1847.

El padre de Begg y un círculo de amigos con quien estaba relacionado, eran muy ardientes partidarios del lado evangélico o popular en la iglesia, en oposición al comúnmente conocido como moderado. Fueron vehementes opositores de la política que Robertson, el doctor Blair y otros habían defendido tan triunfalmente a finales del siglo XVIII. Mantuvieron los derechos del pueblo en la elección de ministros y todas las tradiciones de la facción evangélica en Escocia desde los días de Knox, en la línea de reformadores, covenanters y mártires, que apreciaban con singular reverencia. Tan pronto como James Begg se aseguró una posición en la iglesia, levantó su voz a favor de las medidas de la facción evangélica. El movimiento voluntarista despertó su hostilidad, mientras que apoyó cordialmente al doctor Chalmers. Cuando se produjo la colisión entre los tribunales eclesiásticos y civiles en Escocia, Begg apoyó fuertemente a la Iglesia, yendo a Strathbogie, y predicando allí a pesar de una prohibición del tribunal. Como el conflicto se agravó, Begg aconsejó su aplazamiento. Finalmente se retiró de su relación con el Estado, con sus 470 feligreses, en 1843.

Además de trabajar para avanzar en la causa y principios de la Iglesia libre, Begg tomó un intenso y práctico interés en la causa del protestantismo. Consideraba de suprema importancia vigilar y denunciar los esfuerzos de la Iglesia católica y ​​en 1850, cuando se hizo un intento de formar una jerarquía católica en Inglaterra, atacó con vehemencia al papado en discursos, sermones, panfletos, publicaciones periódicas y manuales, algunos de los cuales tuvieron amplia circulación.

Begg también fue un entusiasta defensor del mantenimiento del antiguo domingo escocés. También trabajó duro por la educación popular y se interesó mucho en cuestiones sociales, especialmente en los esfuerzos para mejorar las casas de los trabajadores. Pero su influencia se mostró principalmente en sus últimos años, al resistir la propuesta de unión entre las Iglesias libres y presbiteriana unida. Begg se aferró a la idea de que acuerdos entre la Iglesia libre y el Estado podrían algún día alcanzarse y él no entraría en ninguna unión que virtualmente abandonara esa esperanza. Aunque fue apoyado solo por una minoría, su influencia fue lo suficientemente poderosa como para impedir la unión. Como la principal oposición de la Iglesia libre a la unión estaba en la parte de las tierras altas, Begg se identificó más y más con esa sección. Con ellos se opuso al uso de himnos en el culto público; denunció la música instrumental en las iglesias; resistió todas las propuestas para hacer la suscripción más fácil a los oficiales de la iglesia; mientras que la afirmación de sus oponentes, de que era un obstáculo en el camino a todo progreso, la consideró más bien un cumplido que lo contrario, pues se deleitaba en proclamar que aunque otros hombres podían cambiar, él permanecería donde estaba en 1843.

Begg poseyó muchas de las cualidades de un dirigente popular. Tenía una presencia imponente, espléndida voz y pronunciación, con un estilo de elocuencia popular que incluso sus enemigos no podían dejar de admirar. Siempre fue autocontrolado y preparado, generalmente radiante y feliz en su tono y maneras, sabiendo instintivamente cómo cautivar a su audiencia y atraerla hacia él. Sin embargo, se observó que Begg tenía poco control sobre los sentimientos más profundos de los hombres y que rara vez trataba de moverlos. Por poderoso que fuera, solo una porción de su iglesia se adhirió a sus puntos de vista. En la mayor parte de las cuestiones eclesiásticas con las que él especialmente se identificaba, estaba en minoría.

Begg fue moderador de la asamblea general de la Iglesia libre en 1865. En el invierno de 1844-5 fue enviado por su iglesia a Canadá y mientras estaba de visita en Estados Unidos, tuvo el honor de predicar ante el congreso. En 1874 realizó un largo viaje y vistó la India, Nueva Zelanda, Australia y Ceilán. A su regreso le fue presentada una suma de 4.600 libras por sus amigos, en señal de aprecio por sus servicios públicos.

Begg se casó dos veces y dejó una numerosa familia. Por lo general, disfrutó de excelente salud; su última enfermedad fue la congestión de los pulmones, acompañada de un trastorno cardíaco.

Escribió mucho para los periódicos y editó varios en diferentes momentos (The Bulwark, para el mantenimiento del protestantismo; The Watchword, contra la unión con los presbiterianos unidos; The Signal, contra la música instrumental en la adoración). Entre sus publicaciones más extensas estuvieron A Handbook of Popery (Edimburgo, 1852); Happy Homes for Workingmen and How to Get Them (Londres, 1866); Free Church Principles (Edimburgo, 1869) y The Principles, Position, and Prospects of the Free Church of Scotland (1875).