Antony Bek,
obispo de Norwich, nació el 5 de agosto de 1279 y murió en Heveringham el 19 de diciembre de 1343. Era el segundo de los tres hijos de Walter Bek de Luceby, condestable del castillo de Lincoln, que murió el 25 de agosto de 1291, dejando a sus hijos en minoría de edad. Fue educado en
Oxford, y, como su hermano menor,
Thomas, posterior obispo de Lincoln, recibió las
órdenes sagradas y por sus influyentes relaciones, tanto en la Iglesia como en el Estado, rápidamente obtuvo lucrativas promociones. Durante el
episcopado de John de Dalderby fue nombrado para la
prebenda de Ketton en
catedral de Lincoln, que cambió en 1313 por la de Thorngate, a la que renunció nuevamente por su elevación a la cancillería de la catedral, junto con la prebenda de North Kelsev, el 4 de septiembre de 1316. Mientras era canciller intercambió la residencia anexa a su cargo al noroeste de la iglesia, por una en el lado este, a la que hizo grandes adiciones. A la
muerte del obispo Dalderby, el
deán, Henry de Mansfield, que había sido la primera opción del
capítulo, al declinar el cargo, fue elegido para llenar la
sede vacante 'per viam scrutinii', el 3 de febrero de 1320. El consentimiento real a su elección se dio el 20 de febrero. Pero el
papa,
Juan XXI (o XXII), afirmó que él ya había 'provisto' para la sede y anuló la elección, nombrando a
Henry de Burghersh. En 1329 se convirtió en deán de Lincoln. Su temperamento arbitrario pronto le puso en disputas con su capítulo. El deán apeló al papa y, sin esperar la licencia real, recurrió a
Aviñón para impulsar el asunto personalmente. Se congració con el papa, quien le hizo su
capellán y oficial de la
curia romana. A principios de 1335 fue convocado por Eduardo III, entonces en Newcastle-on-Tyne, para encontrarse en Nottingham el siguiente
domingo de
Cuaresma para tratar diversos asuntos difíciles y urgentes, dejando a un lado todos los demás compromisos. A la muerte del obispo
Ayreminne de Norwich (1336), fue de nuevo a Aviñón y se aseguró la sede vacante, a la que fue consagrado el 30 de marzo de 1337, cuando casi tenía setenta y dos años, siendo obligado a una iglesia renuente 'reluctantibus monachis' por
bula papal. Al morir el obispo Ayreminne, los monjes de Norwich habían elegido a uno de entre ellos, Thomas de Hemenhall, pero la elección fue desechada por
Benedicto XI, igual que la propia elección de Bek había sido previamente anulada por Juan XXI por la misma razón, a saber, un nombramiento previo por 'provisión'. La queja personal de Hemenhall al papa mismo en Aviñón no estaba fuera de propósito, en cuanto a la sede de Norwich se refiere. Pero fue inducido a renunciar a toda pretensión a la sede y en recompensa por su aceptación fue nombrado por el papa para el
obispado de Worcester, vacante por la promoción de Simon Montacute a
Ely. Las protestas de Eduardo III resultaron igualmente infructuosas como las del obispo electo y de sus electores, no siendo el estatuto de 'provisiones' suficiente barrera contra la usurpación papal.
El episcopado de Bek duró poco más de siete años, casi la totalidad de los cuales los pasó en juicios y disputas, en las que su disposición agresiva, temperamento arbitrario, y arrogancia aristocrática lo dominaban. Comenzó su episcopado demandando a los albaceas de su predecesor por dilapidar la propiedad de la sede, para la cual recuperó daños muy grandes. Resistió firmemente la visitación metropolitana de su diócesis por el arzobispo Stratford y agitó a los ciudadanos de Norwich para que hicieran causa común con él. En la intervención del rey en favor del primado, 29 de noviembre de 1342, los ciudadanos cedieron, pero el anciano siguió obstinado y apeló contra el arzobispo al papa. Se hizo detestable para los monjes de su catedral por su decidido intento de introducir un sistema más estricto de disciplina y reducir el convento a mayor subordinación al obispo, 'no dejándolos hacer nada en su casa sino lo que a él le gustaba, desechando y prefiriendo entre ellos a quienes quería, tratándolos tan rigurosamente que excitó el odio de todos, lo que resultó en su destrucción.' Su muerte fue atribuida popularmente al veneno administrado por sus siervos a instancias de sus monjes. Tales sospechas eran muy comunes en la Edad Media y no parece haber base para la acusación, aparte del rumor en el vulgo. La muerte de un anciano de setenta y nueve años no requiere tal explicación. Con todas sus faltas de temperamento y carácter, Bek es descrito como 'un hombre de saber y principios, valiente e inflexible al defender lo que creía que era correcto.' Parece haber promovido el saber, 'siendo su mejor promoción otorgada a los graduados de las universidades.' Rara vez abandonó su diócesis durante su episcopado, pero su duración fue demasiado corta y sus propios años demasiado avanzados, como para permitir que pudiera efectuar las reformas necesarias por la escandalosa negligencia de su antecesor.