Historia

BEK, ANTONY († 1310)

Antony Bek, obispo de Durham, murió en Eltham el 3 de marzo de 1310. Era hijo de Walter, barón de Eresby, en Lincolnshire. Cuando era joven atrajo la atención de Eduardo I, quien le nombró obispo de Durham en 1283. Ya estaba bien provisto de promociones eclesiásticas, pues tenía cinco beneficios en la provincia de Canterbury y era archidiácono de Durham. En el momento de su propuesta para la sede, los monjes de Durham estaban en desacuerdo con el arzobispo de York sobre sus derechos de visitación. Ellos sabían que el arzobispo no aceptaría a nadie a menos que fuera apoyado por el rey y en consecuencia eligieron al candidato del rey sin oposición el 9 de julio de 1283. Bek fue consagrado en York el 9 de enero de 1284-5, e inmediatamente después de su consagración el arzobispo, John Romanus, le ordenó excomulgar a los monjes rebeldes. Bek se negó, diciendo: 'Ayer fui consagrado como su obispo, ¿los voy a excomulgar hoy?' En la entronización de Bek las pretensiones del arzobispo de York llevaron a otra disputa. El funcionario de York impugnó el derecho del prior de Durham a instalar, y Bek, en aras de la paz, los puso a ambos a un lado, siendo instalado por su hermano Thomas, obispo de St. David.

Antony Bek fue un prelado de tipo secular y político. Fue uno de los más magníficos magnates en Inglaterra y superó a sus colegas en profusos gastos. Su séquito ordinario consistía de ciento cuarenta caballeros y trató a los barones y condes con superioridad altanera. Además de los ingresos de su obispado, tenía una gran fortuna privada y aunque gastó dinero abundantemente, murió rico. Le gustaba hacer ostentación de su riqueza. Una vez en Londres pagó cuarenta chelines por tantos arenques, porque oyó que nadie más los compraría. En otra ocasión, al oír que un trozo de tela era 'demasiado caro incluso para el obispo de Durham', lo compró y lo adaptó para sus caballos. Sin embargo, era un hombre extremadamente templado, no importándole nada el placer. Fue famoso por su castidad, diciéndose que nunca miró a una mujer a la cara. Al trasladarse las reliquias de William de York fue el único prelado que se sintió lo suficientemente puro como para tocar los huesos del santo. Era un hombre activo, que necesitaba poco sueño. Solía decir que no podía entender cómo un hombre podía volverse en su cama o buscar un segundo sueño. Pasaba su tiempo montando a caballo, con un espléndido séquito, de señorío en señorío y era un gran cazador, que se deleitaba con caballos, halcones y perros de caza.

Antony Bek carga en FalkirkIlustración de British Battles on Land and Sea
Antony Bek carga en Falkirk
Ilustración de British Battles on Land and Sea
Tal hombre era seguro que encontraría un empleo político y Eduardo lo usó para sus negociaciones con Escocia. En 1290 fue uno de los comisionados reales en Brigham para arreglar el matrimonio del hijo del rey Eduardo con Margaret, la reina infanta de Escocia. Cuando se hizo el acuerdo, Bek fue hecho lugarteniente de Margaret y su marido; pero este cargo pronto llegó a su fin por la muerte de Margaret. El año siguiente Bek acompañó a Eduardo a Norham, y, a causa de su elocuencia, fue uno de los oradores ante los escoceses. En todos los procedimientos que llevaron al reconocimiento de Baliol como rey de Escocia, Antony Bek fue uno de los principales asesores de Eduardo I. En 1294 fue enviado como embajador a Adolfo de Nassau, para concertar una alianza con Alemania contra Francia. En 1296 Bek se unió a Eduardo I en su expedición contra Escocia. Mandó a mil de infantería y quinientos de caballería, siendo portado delante él el sagrado estandarte de St. Cuthbert. Baliol estaba indefenso ante el ejército de Eduardo y a Bek se le encomendó recibir la sumisión de Baliol en el castillo de Brechin. Cuando estalló la guerra de independencia escocesa, Bek se unió nuevamente a Eduardo I en su segunda expedición a Escocia en 1298. Su primera hazaña fue el asedio del castillo de Dirleton, que tuvo dificultad para tomarlo. En la batalla de Falkirk, Bek mandaba la segunda división de las fuerzas inglesas, y, cuando se acercó al enemigo, ordenó a su caballería que aguardara refuerzos antes de cargar. 'A tu misa, obispo', le gritó un caballero 'y no nos enseñes cómo luchar contra el enemigo.' Él espoleó su caballo, siendo seguido por el resto y derrotó al enemigo.

Poco después de su regreso de esta campaña, Antony Bek parece haber perdido el favor del rey, viéndose envuelto en disputas eclesiásticas que duraron el resto de su vida. En 1300 se propuso efectuar una visitación del convento de Durham, donde algunos de los monjes estaban insatisfechos con su prior, Richard de Hoton. El prior Richard se negó a admitir al obispo como visitador a menos que viniera desasistido. Temía admitir al séquito del obispo, que prácticamente le permitiría imponer sus decisiones. Bek suspendió al prior y por su continuada contumacia lo depuso y excomulgó. La disputa provocó un contienda, interviniendo el rey como mediador. Decidió que el prior continuara en el cargo y que el obispo visitara el convento acompañado por unos capellanes, declarando que iría contra la facción que se opusiera a su decisión. El altanero obispo no quiso ceder. Se negó a retirar su destitución del prior Richard y pidió a los monjes que hicieran una nueva elección. Cuando protestaron, él nombró a Henry de Luceby, prior de Lindisfarne, para el cargo. Para imponer a su candidato llamó a los hombres de Tynedale y Weardale para que asediaran la abadía, que quedó reducida por el hambre. Luego capturó al prior Richard y lo puso en prisión, de donde logró escapar y presentó sus quejas ante el rey y el parlamento, que estaba reunido en Lincoln. Hubo muchos que se unieron a sus quejas por la arrogancia del obispo. Los barones del palatinado no lamentaron ver a Bek ser llamado para rendir cuentas. Los hombres del obispado se quejaron de que habían sido obligados a servir en la guerra escocesa, en contra de su 'haliwere', u obligación de luchar solo en defensa del patrimonio de St. Cuthbert. Eduardo estaba irritado por la adhesión del arzobispo Winchelsey a la política papal y se inclinaba a mirar con desprecio las pretensiones clericales. Le preguntó a Bek si había estado con él en 1297 contra el conde mariscal y el conde de Hereford. Le contestó que había estado del lado de ellos, porque creía que buscaban el honor del rey y su reino. Desde ese momento en adelante, Eduardo I fue enemigo de Bek.

Eduardo Iilustración de Cassell's Illustrated History of England
Eduardo I
ilustración de Cassell's Illustrated History of England
La decisión del parlamento fue favorable al prior desposeído, quien fue a Roma con cartas del rey a su favor. El papa Bonifacio VIII lo reincorporó a su cargo y llamó a Bek para que respondiera por sus acciones. Bek no prestó atención al aviso papal y Bonifacio VIII lo amenazó con destituirlo. Entonces Bek se dirigió a Roma, sin pedir permiso al rey, en 1302, por lo que al violar el decoro, Eduardo tomó las temporalidades de su sede y las administró a través de sus propios funcionarios. En Roma, Bek mostró su magnificencia habitual ante el asombro de la gente. '¿Quién es éste?' preguntó un ciudadano cuando vio el séquito del obispo. 'Un enemigo del dinero' fue la respuesta. Bek se ganó a los cardenales por sus espléndidos regalos. Uno admiraba sus caballos, por lo que Bek le envió dos de los mejores, para que pudiera elegir cuál prefería. El cardenal conservó ambos. 'No ha fallado en elegir el mejor', dijo Bek. Bek demostró que no respetaba a las personas. Dio la bendición cuando un cardenal estaba presente. Se divertía jugando con sus halcones, incluso durante sus entrevistas con el papa. Bonifacio VIII admiró un temperamento tan parecido al suyo y desestimó las quejas del prior contra Bek. En su viaje, Bek se encontró en medio de un tumulto que surgió en una ciudad del norte de Italia entre sus sirvientes y los ciudadanos. La muchedumbre asaltó la casa en la que él se encontraba e irrumpió en su habitación, exclamando '¡Ríndete, ríndete.' 'No decís a quién debo rendirme', dijo el obispo; 'ciertamente a ninguno de vosotros.' Su intrépida disposición disipó el altercado.

Cuando Bek regresó a Inglaterra, se presentó ante el rey y recuperó las posesiones de su sede. Pero no pudo soportar ser derrotado por el prior Richard y a la muerte de Bonifacio VIII lo acusó nuevamente ante Benedicto XI, quien murió antes de que tuviera tiempo de decidir el caso. Aun así, Bek renovó sus quejas ante Clemente V, quien privó a Richard del cargo de prior y le otorgó a Bek una señal de su especial favor al nombrarlo patriarca de Jerusalén en 1305. Sin embargo, el prior Richard no desmayó, haciendo otro viaje a la corte papal y con mil marcos que llevó consigo logró revertir la sentencia. Le fue de poca utilidad, porque murió antes de que pudiera partir de regreso y sus posesiones fueron tomadas por la tesorería del papa. Bek ya se había librado de esta problemática disputa, pero Eduardo I no lo iba a dejar en paz. En vista de que había obtenido medios de Roma que eran perjudiciales para los derechos de la corona, el rey lo privó de los ingresos del castillo de Barnard y de Hartlepool, que le habían sido conferidos tras las confiscaciones de Baliol y Bruce. Por el ascenso de Eduardo II, Bek nuevamente recuperó el favor real. En 1307 el joven rey le concedió la soberanía de la Isla de Man. A partir de entonces, Bek estuvo en libertad de llevar a cabo su venganza sobre los amigos del prior anterior. En 1308 visitó el convento de Durham y suspendió durante diez años a aquellos monjes que se habían puesto en su contra. Su orgullo herido lo llevó a cometer una acción deshonrosa que tuvo efectos trascendentales en la historia del norte de Inglaterra. William de Vesci, señor de la baronía de Alnwick, murió en 1297 sin descendencia legítima y dejó su castillo y la baronía de Alnwick a Bek, mientras un hijo ilegítimo llegaba a la mayoría de edad. Herido por algunas palabras irrespetuosas del muchacho que llegaron a sus oídos, Bek vendió la baronía de Alnwick a Henry Percy en 1309, aumentando así la importancia de la casa de Percy, que luego se hizo tan poderosa. Bek fue enterrado en la catedral de Durham. Fue el primero a quien se le concedió este honor; sin embargo, por reverencia a St. Cuthbert, no se permitió que su cadáver entrara por la puerta, sino a través de una abertura hecha en el muro.

Bek fue un hombre de gran generosidad y gastó mucho dinero en construir. Convirtió las iglesias de Chester-le-Street y Lanchester en iglesias colegiatas y las dotó de un deán y siete prebendas cada una. Fundó el priorato de Alvingham en Lincolnshire y construyó el castillo de Somerton, cerca de Lincoln. Convirtió la casa señorial de Auckland en un castillo. Construyó el castillo de Eltham y se lo dio a la reina, mientras que de manera similar le dio Somerton al rey. En todos los aspectos fue una de las figuras más características de su tiempo.