Historia
BEK, ANTONY († 1310)
Antony Bek fue un prelado de tipo secular y político. Fue uno de los más magníficos magnates en Inglaterra y superó a sus colegas en profusos gastos. Su séquito ordinario consistía de ciento cuarenta caballeros y trató a los barones y condes con superioridad altanera. Además de los ingresos de su obispado, tenía una gran fortuna privada y aunque gastó dinero abundantemente, murió rico. Le gustaba hacer ostentación de su riqueza. Una vez en Londres pagó cuarenta chelines por tantos arenques, porque oyó que nadie más los compraría. En otra ocasión, al oír que un trozo de tela era 'demasiado caro incluso para el obispo de Durham', lo compró y lo adaptó para sus caballos. Sin embargo, era un hombre extremadamente templado, no importándole nada el placer. Fue famoso por su castidad, diciéndose que nunca miró a una mujer a la cara. Al trasladarse las reliquias de William de York fue el único prelado que se sintió lo suficientemente puro como para tocar los huesos del santo. Era un hombre activo, que necesitaba poco sueño. Solía decir que no podía entender cómo un hombre podía volverse en su cama o buscar un segundo sueño. Pasaba su tiempo montando a caballo, con un espléndido séquito, de señorío en señorío y era un gran cazador, que se deleitaba con caballos, halcones y perros de caza.

Ilustración de British Battles on Land and Sea
Poco después de su regreso de esta campaña, Antony Bek parece haber perdido el favor del rey, viéndose envuelto en disputas eclesiásticas que duraron el resto de su vida. En 1300 se propuso efectuar una visitación del convento de Durham, donde algunos de los monjes estaban insatisfechos con su prior, Richard de Hoton. El prior Richard se negó a admitir al obispo como visitador a menos que viniera desasistido. Temía admitir al séquito del obispo, que prácticamente le permitiría imponer sus decisiones. Bek suspendió al prior y por su continuada contumacia lo depuso y excomulgó. La disputa provocó un contienda, interviniendo el rey como mediador. Decidió que el prior continuara en el cargo y que el obispo visitara el convento acompañado por unos capellanes, declarando que iría contra la facción que se opusiera a su decisión. El altanero obispo no quiso ceder. Se negó a retirar su destitución del prior Richard y pidió a los monjes que hicieran una nueva elección. Cuando protestaron, él nombró a Henry de Luceby, prior de Lindisfarne, para el cargo. Para imponer a su candidato llamó a los hombres de Tynedale y Weardale para que asediaran la abadía, que quedó reducida por el hambre. Luego capturó al prior Richard y lo puso en prisión, de donde logró escapar y presentó sus quejas ante el rey y el parlamento, que estaba reunido en Lincoln. Hubo muchos que se unieron a sus quejas por la arrogancia del obispo. Los barones del palatinado no lamentaron ver a Bek ser llamado para rendir cuentas. Los hombres del obispado se quejaron de que habían sido obligados a servir en la guerra escocesa, en contra de su 'haliwere', u obligación de luchar solo en defensa del patrimonio de St. Cuthbert. Eduardo estaba irritado por la adhesión del arzobispo Winchelsey a la política papal y se inclinaba a mirar con desprecio las pretensiones clericales. Le preguntó a Bek si había estado con él en 1297 contra el conde mariscal y el conde de Hereford. Le contestó que había estado del lado de ellos, porque creía que buscaban el honor del rey y su reino. Desde ese momento en adelante, Eduardo I fue enemigo de Bek.

ilustración de Cassell's Illustrated History of England
Cuando Bek regresó a Inglaterra, se presentó ante el rey y recuperó las posesiones de su sede. Pero no pudo soportar ser derrotado por el prior Richard y a la muerte de Bonifacio VIII lo acusó nuevamente ante Benedicto XI, quien murió antes de que tuviera tiempo de decidir el caso. Aun así, Bek renovó sus quejas ante Clemente V, quien privó a Richard del cargo de prior y le otorgó a Bek una señal de su especial favor al nombrarlo patriarca de Jerusalén en 1305. Sin embargo, el prior Richard no desmayó, haciendo otro viaje a la corte papal y con mil marcos que llevó consigo logró revertir la sentencia. Le fue de poca utilidad, porque murió antes de que pudiera partir de regreso y sus posesiones fueron tomadas por la tesorería del papa. Bek ya se había librado de esta problemática disputa, pero Eduardo I no lo iba a dejar en paz. En vista de que había obtenido medios de Roma que eran perjudiciales para los derechos de la corona, el rey lo privó de los ingresos del castillo de Barnard y de Hartlepool, que le habían sido conferidos tras las confiscaciones de Baliol y Bruce. Por el ascenso de Eduardo II, Bek nuevamente recuperó el favor real. En 1307 el joven rey le concedió la soberanía de la Isla de Man. A partir de entonces, Bek estuvo en libertad de llevar a cabo su venganza sobre los amigos del prior anterior. En 1308 visitó el convento de Durham y suspendió durante diez años a aquellos monjes que se habían puesto en su contra. Su orgullo herido lo llevó a cometer una acción deshonrosa que tuvo efectos trascendentales en la historia del norte de Inglaterra. William de Vesci, señor de la baronía de Alnwick, murió en 1297 sin descendencia legítima y dejó su castillo y la baronía de Alnwick a Bek, mientras un hijo ilegítimo llegaba a la mayoría de edad. Herido por algunas palabras irrespetuosas del muchacho que llegaron a sus oídos, Bek vendió la baronía de Alnwick a Henry Percy en 1309, aumentando así la importancia de la casa de Percy, que luego se hizo tan poderosa. Bek fue enterrado en la catedral de Durham. Fue el primero a quien se le concedió este honor; sin embargo, por reverencia a St. Cuthbert, no se permitió que su cadáver entrara por la puerta, sino a través de una abertura hecha en el muro.
Bek fue un hombre de gran generosidad y gastó mucho dinero en construir. Convirtió las iglesias de Chester-le-Street y Lanchester en iglesias colegiatas y las dotó de un deán y siete prebendas cada una. Fundó el priorato de Alvingham en Lincolnshire y construyó el castillo de Somerton, cerca de Lincoln. Convirtió la casa señorial de Auckland en un castillo. Construyó el castillo de Eltham y se lo dio a la reina, mientras que de manera similar le dio Somerton al rey. En todos los aspectos fue una de las figuras más características de su tiempo.