Historia

BEMAN, NATHAN SIDNEY SMITH (1785-1871)

Nathan Sidney Smith Beman, clérigo presbiteriano americano y presidente de colegio, nació en New Lebanon, Nueva York, el 26 de noviembre de 1785 y murió en Carbondale, Illinois, el 6 de agosto de 1871. Era hijo de Samuel y Silence (Douglass) Beman, de ascendencia alemana y escocesa, de quienes adquirió un gusto por el saber e interés por la teología. Se matriculó en Williams College en 1803, retirándose al final del segundo curso e ingresando en Middlebury College un año después. Durante el transcurso enseñó en Fairhaven, Vermont; al graduarse, en 1807, fue preceptor en Lincoln Academy, Newcastle, Maine. En 1809 aceptó una tutoría en Middlebury. Fue pastor de la primera iglesia presbiteriana, Portland, Maine, durante 1810-12. Luego fundó una escuela en Mount Zion, Georgia, donde, con la excepción de un año (1818) que pasó como presidente de Franklin College, permaneció hasta que fue llamado a Troy, Nueva York, en 1823, como ministro de la primera iglesia presbiteriana. Allí se asoció con el Instituto Politécnico Rensselaer. En 1842 fue elegido vicepresidente y, en 1845, presidente, puesto que ocupó hasta 1865. Aunque fue profesor de filosofía hasta su retiro, y aunque sirvió como director durante 1859-60, sucediendo a Benjamin Franklin Greene, no parece haberle ayudado en la reorganización vinculada con su nombre. Sin embargo, en la ciudad fue una influencia durante los cuarenta años de su ministerio. Su primera publicación independiente, reimpresa en Inglaterra, fue Four Sermons on the Doctrine of the Atonement (1825). Aunque publicó otras alocuciones, su influencia se debió principalmente a su poder en el púlpito. Reservado e incluso arrogante, sin embargo mantuvo sus congregaciones mediante una elocuencia forjada de emoción, así como de intelecto. Muchos de sus discursos, especialmente sus alocuciones de Acción de Gracias, eran agudamente controvertidos. Atacó implacablemente la doctrina de la sucesión apostólica, mantenida por la Iglesia episcopal protestante. Aún más mordaces fueron sus ataques contra las pretensiones de la jerarquía católica, que desafió en sus cartas al reverendo John Hughes (1851). Sin embargo, su principal campo de batalla fue la Iglesia presbiteriana. En 1826 inició una serie de avivamientos que despertaron el antagonismo de clérigos conservadores. A pesar de que fue reprendido por una convención convocada en ese mismo año, fue elegido moderador de la Asamblea General en 1831. Pero en 1837 se había convertido en la cabeza del movimiento de la Nueva Escuela y como tal fue en gran parte responsable de la división de 1838. Sin menospreciar sus deberes pastorales, adquirió reputación como publicista que fue más que local. Especialmente en su defensa de la abolición incurrió en la enemistad de muchos, que es lo que acompaña a todo reformista.