Historia

BENEDICTO XII († 1342)

Benedicto XII (Jacques Fournier) nació en Saverdun, cerca de Toulouse, y murió el 25 de abril de 1342 en Aviñón. Fue papa entre 1334 y 1342. Nació en el Languedoc, de humilde origen, entrando cuando era muchacho en el monasterio cisterciense de Bolbone, en la diócesis de Mirepoix, trasladándose más tarde al de Fontfroide en la diócesis de Narbonnea, en el que su tío era abad. Éste le envió a la universidad de París. El papa Juan XXII le otorgó el obispado de Pamiers y después el de Mirepoix, nombrándolo cardenal en 1327. Inesperadamente fue elegido papa el 20 de diciembre de 1334 y comenzó su pontificado con medidas reformadoras. Los obispos y abades que estaban en la corte de Aviñón fueron enviados a sus diócesis y monasterios, regulándose el sistema de peticiones y tomándose cuidado para seleccionar hombres valiosos para los beneficios vacantes. Benedicto planeó restaurar la disciplina estricta de los benedictinos y cistercienses, así como la de las órdenes mendicantes y evitó totalmente la acusación de nepotismo. Poco después de su elevación los romanos le pidieron que regresara a Roma, prometiendo él hacerlo, pero se lo impidió la mayoría de los cardenales franceses del sagrado colegio. Más tarde pensó trasladarse a Bolonia, pero finalmente se quedó en Aviñón y comenzó a construir un magnífico palacio. Su actitud hacia las controversias teológicas y eclesiásticas fue pacífica. Condenó la opinión, tan fuertemente sostenida por su predecesor, de que las almas de los justos no gozan de la visión beatífica hasta después del juicio final. Hubo negociaciones con la Iglesia oriental para la reunión; en 1339 el emperador Andrónico envió embajadores a Aviñón, con la idea real de obtener ayuda militar contra los turcos, aunque presentando asuntos de acomodación eclesiástica, que, sin embargo, se quedaron cortos. Obtuvo un triunfo moral en España al inducir a Alfonso XI de Castilla a romper su adúltera relación con Eleonora de Guzmán, prestando no flaco servicio a la causa cristiana en la península Ibérica al hacer la paz entre Castilla y Portugal, capacitando a las fuerzas cristianas para unirse contra los musulmanes y derrotarlos completamente en Tarifa.

El problema difícil fue el trato con Luis de Baviera. Benedicto se mostró conciliador y Luis envió una embajada a Aviñón (1335), pero Felipe VI, contra cuyo interés se había efectuado esa reconciliación, la impidió entonces y una segunda vez en el otoño del año siguiente. Esto provocó la alianza de Luis con Eduardo III de Inglaterra contra Francia. Los príncipes electores ejercieron sus derechos y el 15 de julio de 1338 juraron defender las costumbres y libertades del imperio e impedir cualquier infracción de sus prerrogativas electorales; al día siguiente declararon que el rey de los romanos escogido por ellos no necesitaba confirmación papal, notificando a Benedicto su actitud. En la dieta celebrada en Francfort (8 de agosto de 1338), Luis fue más lejos, negando cualquier relación entre la coronación del papa y el derecho a llevar el título de emperador, afirmando al mismo tiempo la invalidez de todas las censuras pronunciadas contra él y el imperio por Juan XXII. Al año siguiente reabrió las negociaciones con Benedicto y cuando tuvo una oportunidad de sellar la paz con Felipe VI abandonó a su aliado inglés, esperando ganar el apoyo de Felipe con el papa. Sin embargo, arruinó su propia causa al interferir en la ley matrimonial de la Iglesia y su poder en tal materia. Para casar a su hijo Luis, margrave de Brandeburgo, con Margarita, heredera del Tirol, declaró su previo matrimonio con el príncipe Juan de Bohemia nulo y vacío (siguiendo la opinión de Occam) y el 10 de febrero de 1342, a pesar del impedimento de consanguinidad en el tercer grado entre la pareja, se realizó el matrimonio. Benedicto no tuvo oportunidad de condenar el acto, porque murió poco después.