Historia
BENEDICTO XIV (1675-1758)

Museo de la Ciudad, Roma
Relaciones amistosas con otros gobernantes.
Benedicto fue hombre de gran saber y piedad, haciendo mucho por el bienestar de los Estados Pontificios, por la promoción de la agricultura, comercio y manufacturas y por bajar los impuestos. Su taxativo principio de que en él 'el papa debe tener precedencia sobre el gobernador temporal' fue llevado a cabo, tanto en los denodados esfuerzos que hizo para elevar el tono del clero como en su tarea para remover todos los malos entendidos que habían existido entre la curia y las potencias europeas, incluso al coste de considerables concesiones. No fue capaz de eliminar enteramente el antagonismo entre el espíritu del siglo XVIII y la religión, pero apaciguó más de una diferencia temporalmente. Aplacó a Juan V de Portugal por el privilegio de tener los ingresos de los obispados y abadías vacantes en su reino, otorgándole el título de Rex fidelissimus. En un concordato con Nápoles (1741) fue más allá de las concesiones que Benedicto XIII había hecho, realizando otro con el rey de Cerdeña que era todavía menos favorable a las pretensiones máximas de la Iglesia católica. Firmó otro con España en 1753, que permitió al rey Fernando VI el derecho de propuesta para todos los beneficios eclesiásticos en su reino, salvo cincuenta y dos. También mantuvo amistosas relaciones con el imperio, observando una estricta neutralidad en la Guerra de Sucesión, aunque los ejércitos contendientes cruzaron no pocas veces los Estados papales. Cuando Alberto de Baviera fue elegido emperador como Carlos VII y solicitó la confirmación de Benedicto, éste le mandó sus mejores deseos, pero rechazó al principio reconocer a su sucesor, Francisco I, quien no había observado esta formalidad. No obstante, abandonó su oposición y se hizo aliado de Austria en la lucha con Venecia sobre Aquileya. Como medida de compromiso, finalmente dividió el patriarcado en dos diócesis, la de Görz, que era de Austria, y la de Udine, de Venecia. Aunque rechazó confirmar las garantías que el landgrave de Hesse-Cassel, al hacerse católico, se vio obligado a otorgar para la preservación de los derechos de sus súbditos evangélicos, Benedicto no mostró una actitud hostil, teniendo relaciones personales amistosas con muchos protestantes. Fue el primer papa que concedió el título de rey de Prusia al gobernante a quien la curia previamente había denominado margrave de Brandeburgo; se sometió a los deseos de Federico el Grande para permitir al obispo de Breslau decidir en todas las causas en Prusia, prohibiendo las apelaciones al papa. En la controversia galicana tomó una actitud sabia y tolerante, contrariando una decisión de De Beaumont, arzobispo de París, que hizo del consentimiento formal a la constitución Unigenitus condición para recibir los sacramentos; en una encíclica del 16 de octubre de 1756 estableció la norma de que las ministraciones de la Iglesia deberían ser rehusadas solo a quienes habían condenado públicamente la bula.

El temperamento conciliador de Benedicto no estaba en sintonía con los jesuitas, con quienes trató desde el principio de su pontificado en una forma que no les agradó, decidiendo contra ellos en la controversia sobre los 'ritos chinos', una cuestión en la que estaba en juego hasta dónde podían acomodarse los principios católicos con el fin de apresurar las conversiones entre los paganos, en dos bulas: Ex quo singulari de 1742 y Omnium sollicitudinum de 1744. Aunque no era partidario de los jesuitas, no fue hasta poco antes de su muerte que acometió (1758) la largamente planeada reforma de la orden, al menos en Portugal, confiando su ejecución a Salanha, patriarca de Lisboa.
En 1750 Benedicto preparó con gran pompa un jubileo e incitó a los protestantes a asistir, pero con el resultado de provocar varias réplicas polémicas. Al final de su vida halló su principal esparcimiento en la compañía de hombres de saber, de los cuales un círculo se reunía con él una vez a la semana. Durante su pontificado compuso su obra más importante, De synodo diœcesana. Obtuvo un catálogo de la biblioteca Vaticana elaborado por el erudito Assemani, fundando sociedades para el estudio de las antigüedades romana y cristiana y de la historia de la Iglesia y cooperando en la fundación de la academia arqueológica con Winckelmann, quien llegó a Roma en 1755.