Historia

BENTLEY, RICHARD (1662-1742)

Richard Bentley, teólogo y erudito inglés, nació en Oulton, cerca de Wakefield, a 40 kilómetros al sudoeste de York, el 27 de enero de 1662 y murió en Cambridge el 14 de julio de 1742.

Richard Bentley
Primeros años.
Era hijo de Thomas Bentley y de su segunda esposa, Sarah Willie. Los Bentleys fueron una familia de clase acomodada, quedando algo empobrecida por la guerra civil, en la que el abuelo de Bentley sirvió como capitán monárquico; pero su padre todavía tuvo una pequeña posesión en Woodlesford cerca de Oulton. Bentley se llamó Richard por su abuelo materno, Richard Willie, un constructor acomodado, de quien se dice que tuvo una comisión de alcalde por parte del rey. Habiendo aprendido los rudimentos de gramática latina de su madre, Bentley fue enviado primero a una escuela en Methley, cerca de Oulton, y luego, cuando tenía once años a la de Wakefield. El director en ese momento era John Baskervile, de Emmanuel College, Cambridge, y la escuela tenía buena reputación. Entre los contemporáneos más jóvenes de Bentley estuvo John Potter, el distinguido erudito clásico, que después sería arzobispo de Canterbury. En su vejez Bentley solía contar vívidos y humorísticos relatos de sus días escolares a su nieto, Richard Cumberland. Describía las peculiaridades de sus maestros y los injustos castigos que a veces soportó por el supuesto abandono de sus tareas, 'cuando los zopencos', decía, 'no podían entender que estaba sopesándolas en mi mente y fijándolas más firmemente en mi memoria que si hubiera estado berreando entre el resto de mis compañeros de escuela.'

Estudiante en Cambridge.
Cuando el muchacho tenía trece años su padre murió, dejando su pequeña posesión a un hijo de su primer matrimonio, decidiendo su abuelo Willie que Richard a la edad de catorce años entrara en la universidad. Es un error común suponer que esa era una edad ordinaria en ese período para principiantes de pregrado. La edad ordinaria, en la última parte del siglo XVII era diecisiete o dieciocho años; pero, cuando las circunstancias especiales lo requerían, se hacían fácilmente excepciones, ya que no había un examen previo. Un muchacho matriculado a los catorce años no tendría examen universitario hasta por lo menos los diecisiete años. El contemporáneo de Bentley, William Wotton, fue admitido en St. Catharine cuando tenía menos de diez años ('infra decem annos', como registra el libro); no siendo sorprendente del todo tal prodigio de precocidad, ya que Wotton sería bachiller de artes a la edad de catorce años. El 24 de mayo de 1676 'Ricardus Bentley de Oulton' fue inscrito en St. John College, Cambridge, donde algunas becas que habían sido fundadas por Sir Marmaduke Constable estaban reservadas para los nativos de Yorkshire. St. John College era entonces el colegio más grande de la universidad y ningún otro podría haber ofrecido mayores ventajas. Como Isaac Newton en Trinity y tantos talentos en Cambridge antes y después, Bentley entró como becario, pero nunca fue miembro, porque cuando se graduó dos puestos de St. John ya estaban en manos de hombres de Yorkshire, no siendo admisible un tercero. Nada se sabe de la vida de estudiante de Bentley en Cambridge. El único resto literario es un conjunto desigual y pedante de versos ingleses sobre la Conspiración de la Pólvora. No hay registro de una competición para la beca universitaria Craven (fundada en 1647) entre 1670 y 1681, para la que probablemente Bentley no tuvo oportunidad de intentar el galardón clásico entonces en existencia. Lógica, ética, filosofía natural y matemáticas eran los estudios reinantes, en los que Bentley alcanzó gran distinción. Su puesto en la primera clase de su año (1680) fue nominalmente el sexto, pero realmente fue el tercero, ya que, según un uso absurdo del tiempo, tres de los grados superiores a los suyos eran meramente honorarios.

Bajo la influencia de Stillingfleet.
En 1682, siendo todavía laico y licenciado, fue nombrado por St. John College para la rectoría de la escuela Spalding en Lincolnshire, que tuvo sólo durante corto tiempo. Hacia finales de año fue elegido por el doctor Stillingfleet, entonces deán de San Pablo y anteriormente miembro de St. John College, como tutor de su segundo hijo, James. Stillingfleet gozaba de la más alta reputación como sabio defensor del cristianismo contra la incredulidad y sobre todo como campeón de la Iglesia anglicana contra supuestos peligros surgidos de la Restauración. La tendencia general de su apologética era histórica y sus muy amplias investigaciones en historia eclesiástica le habían llevado a formar una de las mejores bibliotecas privadas en Inglaterra. 'Era alto, agraciado y bien proporcionado', dice un biógrafo contemporáneo; 'su semblante atractivo e imponente; su conducta alegre y discreta, servicial y muy instructiva.' Bajo su techo Bentley tenía la doble ventaja de acceso a una biblioteca de primer orden y de relaciones con la mejor sociedad literaria de Londres. Un fervoroso estudiante de veintiún años difícilmente podía ser más afortunado.

Durante los siguientes seis años (1683-9) Bentley vivió en la casa del doctor Stillingfleet. Alguna idea de la laboriosidad con la que aprovechó sus oportunidades se puede deducir de su propia anotación de una tarea que había terminado en 1686, es decir, dentro de los cuatro años posteriores a su llegada a la familia de Stillingfleet. 'Escribí, antes de los veinticuatro años, una especie de Hexapla, un grueso volumen en cuarto, en cuya primera columna inserté cada palabra de la Biblia hebrea en orden alfabético; y en otras cinco columnas todas las diversas interpretaciones de esas palabras en caldeo, siríaco, Vulgata, Septuaginta, Aquila, Símaco y Teodoción, que aparecen en toda la Biblia.' También se dedicó a estudios críticos del Nuevo Testamento. Durante esos mismos años también estuvo trabajando en los clásicos. Es característico de su primer impulso, que ampliara el dominio de la erudición haciendo listas, para su uso propio, de autores citados por los gramáticos latinos y griegos.

Poco después del ascenso de Guillermo y María (1689) Stillingfleet se convirtió en obispo de Worcester y Bentley, habiendo recibido las órdenes en 1690, fue nombrado capellán. En 1689 James Stillingfleet había entrado en Wadham College, Oxford, y Bentley, habiendo acompañado a su alumno hasta allí, continuó residiendo en Oxford hasta finales de 1690. Los tesoros de la biblioteca Bodleian estimularon poderosamente su entusiasmo por el estudio de los clásicos. Se le encuentra formando vastos proyectos, interesado por el enorme apetito en la obra que cautivó la mente que los concibió. También estuvo interesado en algunos estudios especiales, que luego resultaron fructíferos y, sobre todo, en el estudio de la métrica antigua, un terreno en el que luego superó a todos sus predecesores. Hasta entonces Bentley no había publicado nada, siendo la presión de un amigo lo que causó su primera publicación. En 1690 los curadores de la imprenta Sheldonian resolvieron imprimir una crónica griega de Juan de Antioquía (de fecha incierta entre 600 y 1000 A.D.), comúnmente llamado Juan Malalas ('Juan el retórico'), un bosquejo cronológico de la historia universal hasta el año 560 d. C.

Primera obra de importancia.
Aunque de pequeño valor intrínseco, la crónica tiene algún valor indirecto, ya que contiene referencias perdidas a escritores en prosa y verso. De ahí su interés para los eruditos del siglo XVII, que estaban trabajando para reconstruir la cronología antigua. El doctor John Mill, rector de St. Edmund Hall, bien conocido por su edición del Nuevo Testamento, iba a supervisar la edición y consintió en que Bentley la viera antes de su publicación, a condición de que comunicara cualquier observación. Bentley envió sus comentarios en forma de carta latina dirigida al doctor Mill. En junio de 1691 la Crónica de Malalas fue publicada en la imprenta Sheldonian, con Letter to Mill de Bentley en un apéndice de noventa y ocho páginas. Corrige e ilustra las referencias del cronista a los clásicos griegos y latinos en una serie de brillantes críticas, que se extienden a lo largo de casi todo el campo de la literatura antigua. En esos días no existían los diccionarios de Smith ni los léxicos de Liddell y Scott. Bentley dependía del cúmulo de sus propias lecturas. Letter to Mill es una obra maestra precoz de erudición precisa y agudeza innata. Es asombroso que fuera escrita por un estudioso de veintiocho años en 1690. El vívido estilo, a menudo combativo o burlón, es el que rezuma la obra de Bentley a lo largo de su vida. El cronista, Juan Malalas, fue, como Bentley muestra, un incorregible descuidado y habiéndolo culpado de un grave error en geografía, Bentley exclama: 'Euge vero, ho Ioannidion' ('Bien hecho, Johnny'). El doctor Monk, excelente biógrafo de Bentley, pensaba que lo dijo del doctor John Mill, reprendiéndolo por 'un indecoro que ni la familiaridad de la amistad, ni la licencia de una lengua muerta, puede justificar la dignificada cabeza de una casa.' El error fue señalado por un revisor de la primera edición de Monk (1830) y está ausente de la segunda (1833). Letter to Mill impresionó grandemente a los estudiosos continentales que la leyeron. 'Una nueva y ya brillante estrella' de las letras inglesas es el título con el que Bentley fue saludado por John George Graevius y Ezechiel Spanheim. Mucho después de la muerte de Bentley, David Ruhnken habló de la carta demostrando la superioridad de su autor al tímido prejuicio. 'Bentley se sacudió el yugo servil y presentó esa famosa Letter to Mill, un maravilloso monumento de genio y saber, tal como podía proceder sólo del primer crítico de su tiempo.'

Conferenciante Boyle.
En el año que siguió a la publicación de Letter to Mill, Bentley encontró una oportunidad de distinción en un campo diferente. Fue nombrado para impartir el primer curso de las conferencias Boyle. Robert Boyle (1627-1691), eminente por sus estudios en varias ramas de la ciencia física, había legado un estipendio anual de 50 libras 'para que algún teólogo o predicador impartiera ocho sermones al año para demostrar la religión cristiana contra los infieles notorios... no descendiendo a ninguna controversia que esté entre los mismos cristianos.' John Evelyn, autor de Sylva y Diary, fue uno de los cuatro fideicomisarios a los que se confirió la elección. 'Elegimos a un tal señor Bentley', dice, 'capellán del obispo de Worcester.' Bentley tomó como tema A Confutation of Atheism, y pronunció la primera de sus ocho conferencias desde el púlpito de la iglesia de St. Martin el 7 de marzo de 1692. En los primeros cinco discursos discute la existencia de una Deidad a partir del alma y cuerpo del ser humano y en los últimos tres del 'origen y estructura del mundo.' Los tres últimos tienen un interés peculiar. En 1692 habían transcurrido cinco años desde que Newton dio al mundo, en su Principia, las pruebas de la ley de la gravitación; pero, excepto para unos pocos, el sistema cartesiano estaba todavía en boga. Bentley, en la sexta, séptima y octava de sus conferencias Boyle, retomó el gran descubrimiento de Newton y lo usó para probar la existencia de un Creador inteligente y omnipotente. Antes de publicar las dos últimas conferencias, Bentley quiso estar seguro de que su aplicación de los principios de Newton era tal como la aprobaría el mismo Newton, quien vivía entonces en Trinity College, Cambridge. Los autógrafos de sus cuatro cartas se conservan en respuesta a las preguntas de Bentley en la biblioteca del colegio. La primera está fechada el 10 de diciembre de 1692, la última el 25 de febrero de 1693. 'Cuando escribí mi tratado sobre nuestro sistema', le dice Newton a Bentley, 'tuve en cuenta que los principios pudieran obrar en la consideración de los hombres para la creencia de una Deidad, y nada me puede alegrar más que ver que es útil para ese propósito. Pero si he hecho al público algún servicio de esta manera, se debe nada más que a la laboriosidad y al pensamiento paciente.' Confirma casi todos los argumentos de Bentley, pero objeta a su concesión de que la gravedad pueda ser esencial e inherente a la materia. 'Ruego', escribe Newton, 'que no se me atribuya esa noción a mí; pues no pretendo conocer la causa de la gravedad.' En una carta posterior, Newton habla más positivamente y declara que la noción de la gravedad como inherente a la materia le parece un 'absurdo'. 'La gravedad debe ser causada por un agente que actúa constantemente según ciertas leyes; pero si ese agente es material o inmaterial lo dejo a la consideración de mis lectores.' Tomadas en su conjunto, las conferencias Boyle de Bentley, muestran una señal de su vigorosa capacidad para captar un tema complejo y de su originalidad para tratarlo. El vívido estilo combativo de muchos pasajes nos recuerda que, en opinión de Bentley, el 'ateísmo' no era un peligro abstracto, sino un enemigo presente en todas partes, en 'tabernas y cafés, también en Westminster Hall y en las mismas iglesias.' El oponente contra quien los argumentos de Bentley van especialmente dirigidos es Hobbes, a quien considera un ateo disfrazado de deísta. En el poder del razonamiento directo y vivo, en diligencia de réplica y en aptitud de ilustración, las conferencias muestran a Bentley como un maestro de la controversia. Evelyn, quien escuchó la segunda conferencia, la describe en su Diary (4 de abril de 1692) como 'uno de los discursos más entendidos y convincentes que yo haya escuchado.' Las conferencias fueron publicadas en una versión latina en Berlín y luego en una versión holandesa en Utrecht.

Bibliotecario real.
En 1692 (año de sus conferencias Boyle) Bentley fue nombrado para una prebenda en Worcester; en 1694 recibió su patente como custodio de las bibliotecas reales. Hasta entonces, desde 1682, había residido con el obispo Stillingfleet. Fue a principios de 1696 cuando tomó posesión de los alojamientos en el palacio de St. James que se le asignaron como bibliotecario real. Aquí, según consta en una carta fechada el 21 de octubre de 1697, un pequeño grupo de amigos tenía el hábito de reunirse una o dos veces por semana: John Evelyn, Sir Christopher Wren, John Locke, Isaac Newton y Bentley. Durante estos prósperos años Bentley logró al menos un considerable objetivo. Hizo una colección de Fragments of Callimachus, para una edición del poeta griego que publicó John George Graevius en Utrecht en 1697. Esta colección puede ser considerada como el primer ejemplo de un método realmente crítico aplicado a tal obra. Bentley también impulsó la obtención de suscripciones para la renovación de la imprenta universitaria de Cambridge y recibió autoridad para solicitar nuevas fuentes de tipos de Holanda. Evelyn en su Diary (17 de agosto de 1696) alude a 'esa noble imprenta que mi muy digno y entendido amigo... está con gran costo y trabajo erigiendo ahora en Cambridge.'

Disputa con Boyle.
La famosa controversia sobre Letters of Phalaris surgió de la discusión, tan popular en la última parte del siglo XVII, sobre los méritos relativos de los autores antiguos y modernos. Sir William Temple, en su ensayo sobre Ancient and Modern Learning (1692), había sostenido que los antiguos superaban a los modernos en cada rama de la literatura, ciencia y arte. Letters of Phalaris, por ejemplo, dijo, 'tienen más brío, más espíritu, más fuerza de agudeza y genio', que cualquier otra carta en existencia. 'Conozco a varios hombres sabios (o que por lo general pasan por tales, bajo el nombre de críticos) que no las estimaban genuinas'; pero genuinas, agregó Sir William, deben ser; 'tal diversidad de pasiones... no podrían nunca ser expuestas sino por el que las poseía.' Tal panegírico, de un hombre de la reputación de Temple, llamó la atención sobre Letters y en enero de 1695 una edición la publicó un joven de Oxford, el honorable Charles Boyle, a quien el doctor Aldrich, deán de Christ Church, había inducido a acometerla. En el curso de la preparación de su edición, Boyle había deseado consultar un manuscrito que estaba en la biblioteca del rey en St. James y había escrito a un bibliotecario en Londres para que consiguiera su cotejo. Bentley, tanto pronto como estuvo al cargo de la biblioteca (mayo de 1694), concedió el préstamo del manuscrito para tal efecto, y permitió el tiempo suficiente para el cotejo. Pero la persona empleada falló en completar su tarea antes del tiempo señalado y el bibliotecario injustamente le dijo a Boyle que Bentley se había comportado indebidamente en el asunto. Basándose en el argumento del bibliotecario, y sin preguntar a Bentley si era verdad, Boyle escribió en el prefacio de su libro: 'He procurado un cotejo, hasta la carta xl., de un manuscrito en la Biblioteca Real; el bibliotecario, con esa cortesía que lo distingue [pro singulari sua humanitate], se negó a que lo siguiera utilizando.' El mal sabor insolente de esta referencia hacia un erudito eminente, era notable incluso en un hombre tan joven. Tres semanas después de que el libro hubiera sido impreso, Bentley pudo ver una copia de presentación. La mayor parte de la edición no había sido publicada. Todavía habría sido posible eliminar la ofensiva declaración. Bentley le escribió esa misma noche a Boyle, explicándole que la declaración era incorrecta y le contó los hechos verdaderos. Boyle envió una respuesta evasiva y dejó inalterada la falsa declaración en su prefacio. Algunos de los amigos de Bentley lo instaron a que modificara la calumnia públicamente, pero él permaneció en silencio. 'Por una aversión natural a todas las disputas y embrollos, y por causa del editor mismo, resolví no prestarle atención, sino dejar que el asunto se olvidara.'

Aproximadamente dos años después (1697), el viejo amigo de Bentley, William Wotton, sacó una segunda edición de Reflections on Ancient and Modern Learning, en la que había tomado parte en favor de los modernos contra Temple. En cumplimiento de una promesa hecha a Wotton antes de que apareciera el libro de Boyle, Bentley contribuyó con un ensayo para esta segunda edición. Señaló que Letters of Phalaris, aclamadas por Temple como las producciones de un príncipe que vivió alrededor del año 600 a. C., eran torpes falsificaciones de un retórico griego de la era cristiana. Mientras hablaba de Phalaris, respondió, ya que estaba completamente justificado a hacerlo, a la calumnia de Boyle. Entonces procedió a revisar la edición de Boyle, quien había agregado al texto griego solo una corta biografía de Phalaris, una versión latina evidentemente basada en la de Naogeorgus (1558) y unas pocas páginas de escasas y débiles notas. Al criticar el libro, Bentley habló de 'nuestros editores' como si, aunque solo el nombre de Boyle apareciera en la página del título, hubiera sido una producción conjunta. Esta fue la 'afrenta pública' que, como Boyle alegó, le impulsó a responder. El libro conocido popularmente como 'Boyle contra Bentley' apareció en enero de 1698, bajo el título Dr. Bentley's Dissertations on the months after Boyle's attack. The immortal Epistles of Phalaris and the Fables of Dissertation on the Letters of Phalaris is, examin'd by the Honourable Charles not merely the most crushing blow that was Boyle, Esq. Para producir esta sátira, varios de los mejores amigos en Oxford de Boyle habían explotado sus recursos. Francis Atterbury (que entonces tenía treinta y seis años) le había dedicado medio año, como él mismo dice, y al menos otras cinco personas parecen haberle ayudado. La vulgaridad de los insultos que los agudos de Christ Church amontonan sobre el bibliotecario real hacen que la obra sea una curiosidad de la literatura. Dos veces, por ejemplo, se insinúa que Bentley podría haber sido sobornado para prolongar el tiempo por el que el manuscrito se había prestado a Boyle. El 'aire dogmático' de Bentley, 'su ingeniosidad en la transcripción y el saqueo de notas y prefacios del Sr. Boyle', 'su modestia y decencia al contradecir a los grandes hombres' están entre los temas de esta elegante composición. No hay excusa para Bentley, declarando los caballeros de Christ Church que 'nació en un pueblo alejado de la ciudad y se crió entre campesinos cuando era joven', aunque había tenido la oportunidad de adquirir un poco de instrucción de la propia buena crianza de ellos al haber sido 'tutor de un joven caballero.' Garth se empicotó para siempre por el pareado en el que celebró el supuesto triunfo de Boyle:

'So diamonds take a lustre from their foil,
And to a Bentley 'tis we owe a Boyle.'

La pomposa voz de Temple se elevó instantáneamente en homenaje a 'los agradables giros de ingenio y facilidad de estilo' con el que su joven y aristocrático amigo había aplastado al pedante plebeyo. En general, si Bentley hubiera sido un hombre débil lo habría pasado mal. La mayoría de sus conocidos lo dejaron a un lado. Era un hombre muy sensible, pero también valiente y fuerte. Un día, por casualidad, se encontró con un amigo que le dijo que no debía desanimarse. 'De hecho', dijo Bentley, 'no me duele el asunto; porque para mí es una máxima que ningún hombre ha perdido su reputación, sino por sí mismo.' La respuesta de Bentley a Boyle, una ampliación del ensayo en el libro de Wotton, la escribió en algo más de siete meses, durante los cuales el autor tuvo otros y urgentes deberes. Apareció en marzo de 1699, unos catorce meses después del ataque de Boyle. La inmortal Dissertation on the Letters of Phalaris no es simplemente el golpe más definitivo que se haya asestado a la falsa e insolente erudición. Se eleva muy por encima del terreno en el que los aliados de Boyle habían mostrado su incapacidad y adquiere rango de obra maestra permanente de la literatura. Es el primer modelo de una nueva crítica, que, mediante un método científico específico, iba a poner el conocimiento lógico en relación con la investigación histórica. Es un arsenal de erudición exacta y penetrante, abarcando varias monografías sobre temas especiales, que hasta hoy conservan su valor intrínseco. Es un monumento del genio polémico; no de nimiedades sino del ingenio más agudo que aletea alrededor del argumento más estricto y lúcido.

Rector de Trinity College.
En cuanto a la recepción que Disertation experimentó, generalmente se ha asumido que la victoria completa de Bentley fue inmediatamente reconocida, lo cual es un error, como se mostró por primera vez en la biografía de Bentley contribuida a la serie English Men of Letters del profesor Jebb. A Short Review de la controversia, por Atterbury, que salió anónimamente en 1701, dice de Bentley: 'Los ladrones comunes seguirán en su comercio, incluso después de que hayan sufrido por ello.' En 1749 un distinguido erudito de Cambridge, Thomas Francklin, publicó una traducción de Letters of Phalaris, en las que argumentó que las críticas de Bentley pueden tocar puntos especiales, 'y sin embargo ser auténtico el libro en lo principal, y un original todavía.' La rectoría de Trinity College, Cambridge, quedó vacante a finales de 1699, unos ocho meses después de que apareciera Disertation, aceptando el doctor Mountague el deanato de Durham. La propuesta descansó en seis comisionados de Guillermo, a saber, los dos arzobispos (Tenison y Sharp) y los obispos Lloyd, Burnet, Patrick y Moore, siendo Moore el sucesor del antiguo patrono de Bentley, Stillingfleet, que había muerto en abril de 1699. Fueron unánimes al recomendar a Bentley, que fue nombrado por la corona. Bentley siguió siendo el bibliotecario del rey; pero a partir de entonces su hogar estuvo en Trinity College. El 1 de febrero de 1700 Bentley fue admitido como rector.

Conflictos en Cambridge.
De 1700 a 1738 Bentley estuvo en constante contienda, más o menos, con los miembros de la universidad. Pero durante todo este período, desde los 38 a los 76 años de edad, llevó a cabo una serie casi ininterrumpida de obras literarias. Se debe distinguir netamente entre su vida oficial y su vida doméstica. Sería un error suponer que los embrollos externos en los que se vio envuelto fueron sus principales ocupaciones o que interrumpieron seriamente sus estudios. Era un hombre de nervio extraordinario, con raro poder de concentración. Las guerras del colegio probablemente nos parezcan más importantes a nosotros que, salvo en crisis, lo fueron para él. Brevemente, la historia es la siguiente. Entre 1700 y 1709 el nuevo rector emprendió una serie de intrusiones menores en los privilegios de los miembros, que excitaron gran irritación. A principios de 1710, a instigación de Edmund Miller (un abogado miembro del colegio), los miembros apelaron al obispo de Ely (Moore) como visitador general, argumentando que, en virtud del estatuto isabelino 46 para el colegio, Bentley era susceptible de ser destituido de la rectoría. Después de largos retrasos, Bentley fue llevado a juicio ante el obispo de Ely, el doctor Moore, en Ely House en Londres en 1714. El juicio duró seis semanas, terminando el 15 de junio. Antes de que la sentencia fuera emitida, el obispo Moore murió el 31 de julio. Al día siguiente, 1 de agosto de 1714, Londres supo que la reina Ana había fallecido. La excitación política desplazó los asuntos menores fuera de la consideración general. Después de la muerte del doctor Moore, se encontró la sentencia que había redactado entre sus papeles: 'Por esta nuestra sentencia definitiva, destituimos a Richard Bentley de su cargo de rector del colegio.'

Durante los siguientes diez años (1714-24) Bentley gobernó el colegio con un poder prácticamente despótico, mientras que los miembros, dirigidos por Miller hasta 1719, le resistieron intermitentemente. El incidente más notable de la década fue en 1718, cuando Bentley fue privado de sus títulos por la universidad. Fue una especie de castigo por no haber comparecido ante la corte del vicecanciller, que había emitido una orden para su arresto en el caso de Conyers Middleton. Middleton (el biógrafo de Cicerón) había recibido un doctorado en teología y Bentley, como profesor regius de teología, había exigido una tarifa que Middleton procuró recuperar. El 26 de marzo de 1724 la universidad, por obligación legal, restauró los grados a Bentley.

Luego siguieron tres años (1725-7) de comparativa paz. Y después una segunda guerra de diez años (1728-38), en la que el doctor Colbatch, miembro de Trinity, fue dirigente de la oposición. En 1733, teniendo setenta y un años, Bentley fue por segunda vez llevado a juicio en Ely House ante el obispo de Ely, el doctor Greene. El 27 de abril de 1734 el obispo Greene sentenció a Bentley a ser privado de la rectoría. Pero un inesperado giro se produjo. El estatuto del colegio prescribía que el rector, si era condenado, debía ser privado por la intervención del vicerrector. Al vicerrector, el doctor Hacket, le avisó Bentley que se abstuviera de actuar, y, al renunciar en mayo de 1734, fue sucedido como vicerrector por el doctor Richard Walker, amigo de Bentley. Durante los siguientes cuatro años (1734-8) se usó cada recurso legal y moral en vano, con la esperanza de obligar al doctor Walker a que ejecutara la sentencia contra Bentley. El rector no pudo ser destituido porque el vicerrector se negó a destituirlo y nadie más tenía el poder de hacerlo. Tres iniciativas diferentes se tomaron en el tribunal del rey: (1) por un escrito se obligaba al doctor Walker a intervenir; (2) por un escrito se obligaba al obispo de Ely a que obligara al doctor Walker a intervenir; (3) por un escrito se obligaba al obispo de Ely a intervenir. El 22 de abril de 1738 la última de estas iniciativas fue rechazada. Ese día señala la victoria final de Bentley en la lucha que comenzó en 1710. Durante los cuatro restantes años de su vida no fue perturbado en la rectoría, aunque, en opinión de quienes aceptaron el juicio del obispo Greene, ya no tenía derecho legal a ella.

¿De qué lado hubo más culpa en esta controversia, que duró un año más que la guerra del Peloponeso, del de Bentley o del de los miembros? En primer lugar hay que distinguir el aspecto legal y el moral del caso. El argumento de los miembros fue que Bentley había incurrido en la pena de destitución, porque había infringido los estatutos. Parece que no hay duda de que los había infringido. Esa fue la conclusión de un tribunal competente, después de una cuidadosa investigación, tanto en 1714 como en 1733. Desde el punto de vista moral hubo mucho en el temperamento y en la táctica de los adversarios de Bentley en varias ocasiones que no puede ser excusado. Por otro lado, la arrogancia de Bentley originalmente provocó la enemistad. Los miembros eran sufridos; pero sus repetidos actos de absolutismo insolente al final los obligaron a una resistencia activa. La idea de colegio de Bentley era más alta que la de ellos; pero eso no puede paliar su infracción de sus derechos.

Esfuerzos en favor de Trinity College.
Nunca debe olvidarse que la rectoría de Bentley en Trinity fue memorable por otros asuntos además de sus problemas. Fue el primer rector que estableció una competición adecuada para los grandes galardones de ese ilustre colegio. Las becas y membresías habían sido dadas previamente mediante un examen puramente oral. Bentley introdujo exámenes escritos; también hizo que la concesión de becas fuera anual en lugar de bienal, admitiendo a alumnos del primer año a que compitieran por ellas. Hizo de Trinity College, el primer hogar de una escuela newtoniana al proporcionarle un observatorio, bajo la dirección del discípulo y amigo de Newton, destinado a una muerte temprana, Roger Cotes. Preparó un laboratorio químico en Trinity para Vigani de Verona, el profesor de química. Trajo a Trinity al eminente orientalista, Sike de Bremen, posterior profesor de hebreo. Fiel al espíritu del fundador real, Bentley quiso que Trinity College fuera una casa 'de todo tipo de buenas letras' y en un momento en que en Inglaterra los ideales académicos estaban lejos de ser elevados, él hizo mucho para convertirlo no solo en un gran colegio sino también en una universidad en miniatura.

Vida familiar.
Los destellos que hay de la vida doméstica de Bentley son agradables. Pertenecen principalmente a sus últimos años, debidos especialmente a Memoirs de su nieto, Richard Cumberland. En 1701 (al año siguiente de su instalación en Trinity) se casó (en la capilla de Eton College) con Joanna, hija de Sir John Bernard, de Brampton, Huntingdonshire. Con ella tuvo cuatro hijos: Elizabeth, quien se casó con Humphrey Ridge, un caballero de Hampshire; Joanna, que se convirtió en la esposa de Denison Cumberland, y madre de Richard, el autor de Memoirs; William, que murió en la infancia; y Richard, el más joven (nacido en 1708), un hombre de talento pero excéntrico, que no consiguió nada significativo en la vida. De la casa en Trinity Lodge, Richard Cumberland dice que 'el establecimiento de Bentley era respetable y su mesa generosa y hospitalariamente servida.' Bentley solía desayunar solo en su biblioteca y rara vez era visible hasta la hora de la cena. Después de las oraciones de la tarde a las diez, la familia se retiraba, y Bentley, 'con su bata', volvía a sus libros. Los niños le solían leer el Spectator en voz alta según salía cada número y él 'se divertía particularmente con el personaje de Sir Roger de Coverley.' 'Su estilo ordinario de conversación era naturalmente elevado', dice su nieto, y mediante el abundante uso de 'usía' y 'usted', a veces le daba un tono dictatorial a su charla; 'pero el candor nativo y ternura inherente de su corazón no podía ser velado durante mucho tiempo de la observación, pues sus sentimientos y afectos eran a la vez demasiado impulsivos para ser largamente reprimidos.' Richard Cumberland a menudo pasó sus vacaciones escolares en Trinity Lodge, atestiguando de la buena naturaleza de Bentley hacia él mismo y su hermanita. 'Le he interrumpido muchas veces en sus horas de estudio, cuando ponía su libro a un lado, tocaba su campanilla a su criado, y me llevaba a sus estantes para tomar un libro de ilustraciones para mi diversión. No digo que su buena naturaleza siempre lograra su objetivo, ya que las imágenes que sus libros en general me proporcionaban eran dibujos anatómicos de cuerpos disecados... Pero no tenía nada mejor que darme.' Una vez, y solo una vez, Bentley reprobó al chico 'por hacer mucho ruido' en la habitación sobre su biblioteca, 'jugando con el maestro Gooch, hijo del obispo de Ely.' (El obispo, cuando el vicecanciller de Cambridge había suspendido a Bentley de sus títulos.) Parece que a Bentley nunca le importó la sociedad en general. En Cambridge, como antes en Londres, su relación fue principalmente con un pequeño círculo de amigos, que incluía a los conocidos eruditos, Jeremiah Markland y John Taylor. Con setenta años de edad, Bentley adquirió el hábito de fumar. La alusión de Pope:

'His hat, which never vail'd to human pride,
Walker with rev'rence took, and laid aside.'

se refiere a un cierto sombrero de ala ancha que Cumberland recordaba estar colgado de una clavija en la parte posterior del sillón de Bentley y que a veces se lo ponía en su estudio para que protegiera sus ojos, habiendo una historia al respecto, cuando Bentley, muy irritado por un visitante, en una ocasión en que el doctor Richard Walker estaba presente, exclamó: '¡Walker, mi sombrero!' y salió de la habitación. En 1739 tuvo un ligero ataque de parálisis y desde entonces no se pudo mover fácilmente sin ayuda, pero no pasó de ahí. En junio de 1742 fue capaz de examinar para las becas Craven y ayudó a premiar para una de ellas a Christopher Smart. Poco después contrajo una fiebre pleurítica. Fue enterrado en la capilla de Trinity College. Una pequeña losa cuadrada en el pavimento en el lado norte de la mesa de comunión, lleva las palabras: 'H. S. E. Richardus Bentley, S.T.P.R. Obiit xiv. Jul. 1742. Ætatis 80.'

Otras obras.
Desde 1700, cuando asumió el cargo en Trinity, hasta 1738, el reposo de Bentley raramente estuvo sin perturbaciones. Él mismo había hablado de 'deberes oficiales y preocupaciones cargantes' que se 'abalanzaban diariamente' sobre él. Pero parece que sus estudios rara vez fueron interrumpidos. En 1709 sus notas críticas sobre las disputaciones tusculanas aparecieron en la edición de John Davies. En 1710 escribió sus enmiendas sobre Menandro y Filemón. Su Horace se publicó a finales de 1711, un libro en el que se puede sentir lo que él dice, que fue arrojado 'en el primer ímpetu y resplandor' de sus pensamientos, impetuosos y sin sabor en muchas de sus conjeturas, maravillosamente agudos en algunas otras; en conjunto es una prueba de su saber, ingenio y poder argumentativo. Dos años después (1713) Remarks on a late Discourse of Free-thinking (en respuesta a Anthony Collins) es digno de mención por un pasaje sobre los poemas homéricos, respaldando la antigua tradición de que habían sido en primer lugar puestos juntos, a partir de baladas dispersas, en el tiempo de Pisístrato. Su Terence (1726) abrió nuevos caminos en el tratamiento de las cuestiones métricas planteadas por su comedia latina. Su Manilius, publicado cuando tenía setenta y siete años (1739), es menos valioso como edición crítica que por el saber y los agudos comentarios contenidos en muchas de las notas.

Facsímil de la carta de Bentley (número 70) sobre la autenticidad de
Facsímil de la carta de Bentley (número 70) sobre la autenticidad de Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo, y estos tres son uno. Y tres son los que dan testimonio en la tierra:[…]1 Juan 5:7
En 1720 había publicado Proposals para imprimir una edición del Nuevo Testamento. Su idea fue reconstruir desde los manuscritos latinos más antiguos el texto latino de la Vulgata como la elaboró Jerónimo (c. 383), comparándola con los manuscritos griegos más antiguos. Por este método Bentley creyó que podría restaurar el texto griego generalmente recibido por la Iglesia en el tiempo del concilio de Nicea (325). Durante muchos años mantuvo este proyecto en mente, desconociéndose por qué lo abandonó finalmente; tal vez una visión más clara de la dificultad de la tarea y la presión de los problemas externos hayan contribuido al abandono. La edición de Paradise Lost (1732) se basa en el supuesto de que el ciego poeta empleó un amanuense, que incurrió en numerosos errores involuntarios, y un editor, que no solo hizo lo mismo, sino también deliberadamente interpoló malos versos propios. Tiene los fallos de las críticas clásicas de Bentley en una forma senil, mientras que, a partir de la naturaleza del caso, no puede tener ninguno de sus méritos, aunque a menudo muestra agudeza intelectual. Pope, en su copia del libro, escribió notas de aprobación frente a algunas de las mejoras de Bentley a Milton. Quizás la razón principal para lamentar la edición de Bentley de Paradise Lost es que hace olvidar que era un digno merecedor de su lengua materna. Dryden y Temple eran los maestros aceptados de la prosa inglesa en la primera mitad de la vida de Bentley; en la segunda mitad lo fue el canónigo Addison. El estilo inglés de Bentley tiene poco en común con cualquier fase de las suyas, pero tiene mucho en común con el simple y vigoroso de Pilgrim's Progress. Su sello peculiar es el reflejo del carácter de Bentley. En su caso, el estilo es el hombre. Es agudo y directo, pues procuraba ir directamente a la verdad. A menudo muestra un deleite irónico en imágenes y frases hogareñas, porque como erudito sabía cuán fácilmente los charlatanes hallaban refugio en la escritura bella o difusa. Es mordaz con una fuerza completamente inglesa y humorístico en una vena puramente inglesa.

Valoración.
La restauración del saber clásico en Europa fue efectuada por unos pocos grandes eruditos de varios países. Entre ellos Bentley representa a Inglaterra y con él comienza un nuevo período. A finales del siglo XV y principios del XVI estudiosos como Poggio y Politian se habían dedicado a la reproducción literaria de las formas antiguas y con ellos puede ser clasificado Erasmo, aunque su alcance en algunos aspectos fue más grande que el de ellos. En la segunda mitad del siglo XVI Joseph Scaliger e Isaac Casaubon se volvieron de la forma a la materia de la literatura clásica; Scaliger procuró reconstruir la cronología; Casaubon, recuperar el conocimiento de la vida antigua. Entonces vino Bentley y vio que antes de que la obra pudiese ir más allá, la base misma debía sanearse. Los textos clásicos, llenos de errores, debían ser enmendados. Celoso en esta tarea, abarcó la literatura griega y latina. Su genio es más elevado que cualquiera de sus libros; su mérito es mayor que todos ellos juntos. La manera más importante en la que su influencia ha obrado es inspirando nuevas perspectivas, sugiriendo métodos más científicos y sembrando ideas que se han vuelto fructíferas en otras mentes. Se debe mirar su vida-obra en conjunto, recordando el momento en que se hizo y sintiendo el ímpetu y resplandor que la impregna. Tanto en crítica textual como en la 'alta crítica' de la literatura y la historia, puso ejemplos que todavía tienen una fuerza vivificante.