Historia
BENZO († c. 1085)
Benzo, obispo de Alba y ardiente partidario de Enrique IV, nació a comienzos del siglo XI y murió no antes de 1085 o 1086. Sobre su vida hay poco que esté definitivamente atestiguado, pero se puede razonablemente conjeturar que procedía originalmente del sur de Italia, que obtuvo alguna clase de posición en la corte alemana, posiblemente como uno de los capellanes de Enrique III, y que antes de 1059 fue elevado al obispado de Alba por influencia de Enrique. Fue uno de los más devotos sostenedores de las pretensiones italianas de los reyes alemanes y un enconado oponente de la facción de Hildebrando. Sus días más prósperos estuvieron en el período del cisma entre Honorio II y Alejandro II, cuando fue a Roma (a finales de 1061) encargado por la emperatriz Inés con la misión de apoyar al primero, que era el candidato imperial para el papado, a quien permaneció fiel incluso una vez que la supremacía de Alejandro quedó asegurada. Posteriormente, fue víctima del movimiento patarino, cuando en 1076 o 1077 los disturbios populares lo echaron de su sede. Durante el resto de su vida la desgracia le persiguió. Aunque pudo haber tomado parte en la primera expedición de Enrique IV a Roma, nunca se le encuentra de nuevo en una posición política importante y las últimas indicaciones recogidas de sus escritos nos proporcionan la descripción de un hombre quebrantado por la pobreza y la enfermedad y esperando todavía que el emperador lo recompensara por sus largos y fieles servicios. Su Libri vii ad Henricum IV no constituye una simple obra, sino una colección de escritos separados en prosa y verso que puso juntos en una especie de mosaico poco antes de su muerte. Su especial interés yace en el hecho de que proporciona una admirable percepción de las ideas de los imperialistas extremos, que fueron alimentadas por el odio sin extremo de Gregorio VII. Benzo expone ideas originales sobre la constitución del Estado y sobre la política eclesiástica, desde el punto de vista de un convencido defensor del imperio. Su Panegyricus, desde que el tiempo y forma de la composición de sus diversos libros han sido definitivamente determinados, es ahora más grandemente apreciado como una autoridad sobre el periodo del cisma.