Historia

BERENGARIO DE POITIERS

Berengario de Poitiers fue un contemporáneo y celoso adherente de Abelardo. Prácticamente nada se sabe de su vida salvo lo que se puede deducir de sus pocos y breves escritos. No obstante, éstos no carecen de interés, parcialmente porque (a pesar de no ser totalmente confiables) están entre las autoridades para la historia del concilio de Sens en 1141 y parcialmente por la luz que arrojan sobre la actitud mental y tono literario que prevalecía entre los discípulos de Abelardo y oponentes del concilio instigado por Bernardo hacia mediados del siglo XII. Existen tres de ellos: Apologeticus contra Bernardo, Epistola contra Carthusienses y Epistola ad episcopum Mimatensem, para el obispo de Mende. El primero fue escrito no mucho después del concilio de Sens, pero no hasta que la sentencia de Inocencio II contra Abelardo fue conocida. Hacia el final del escrito Berengario señala que otros maestros, tales como Jerónimo e Hilario de Poitiers, habían cometido errores sin ser destituidos; pero una gran parte del tratado es un ataque personal contra Bernardo, acusándolo de haber compuesto canciones frívolas en su juventud, enseñado la pre-existencia del alma y haber elaborado su comentario sobre el Cantar de los cantares a partir de un material heterogéneo, parcialmente tomado de Ambrosio. Especialmente enconadas son sus acusaciones de duplicidad e injusticia en relación con el concilio de Sens. En la más corta pero igualmente maliciosa carta contra los cartujos, que se habían posicionado contra Abelardo, los acusa de romper su voto de silencio para difundir calumnias y, aunque se abstienen de la carne de las bestias, devoran las de sus colegas. La tercera carta está escrita en un tono diferente. El atrevimiento de Berengario había despertado tal hostilidad que temía por su seguridad, por lo que tuvo que buscar asilo en los Cévennes, desde donde escribió para solicitar la protección del obispo, no exactamente como penitente, aunque hace ver que ahora estaba más cerca de la posición de Bernardo. No se sabe nada más de su vida posterior ni si cambió de actitud.