Berenguela, esposa de Ricardo I e hija de Sancho VI de Navarra y Blanca de Castilla, murió después de 1230.
Berenguela
Destacable por su sabiduría, belleza y elegantes modales, conquistó el corazón de Ricardo cuando era conde de Poitou. Poco después de llegar al trono, envió a su madre, Leonor, a que la trajera a él en Messina, adonde había ido de camino a la cruzada, para poderla hacer su esposa. Leonor y Berenguela pasaron a Italia por el Gran San Bernardo y en febrero de 1191 llegaron a Nápoles, donde encontraron los barcos enviados por Ricardo para reunirse con ellas. Una gran escolta acompañaba a las damas, pero los siervos de Tancredo de Sicilia les prohibieron entrar en Messina. En consecuencia, fueron a Brindisi y mientras estaban allí, Ricardo tuvo una disputa con Felipe de Francia sobre el planeado matrimonio, porque se había comprometido a casarse con la hermana del rey francés, Alicia. Felipe exigió que Ricardo debería zarpar con él de inmediato, y después podría casarse con Berenguela en Acre; si no, debería casarse con su hermana. Ricardo dijo que no haría ni lo uno ni lo otro. La historia de que declaró que Berenguela ya era su esposa es manifiestamente falsa. Después de que la disputa se hubo arreglado, Ricardo fue a Reggio, trayendo a su madre y a Berenguela a Messina el 30 de marzo, partiendo Felipe el mismo día. Cuando Ricardo zarpó de Messina el 10 de abril, envió a Berenguela y su hermana Juana, viuda reina de Sicilia, delante de la flota en una fuerte nave construida llamada dromond, o buss, al cargo de Roberto de Tornham. Una violenta tormenta dispersó la flota. El rey desembarcó en Creta y luego en Rodas, mientras que la nave en la que iban las damas fondeó en Limasol el 1 de mayo. Isaac, el emperador de Chipre, intentó que las damas bajaran a tierra, pero ellas parece que conocían la crueldad con que los chipriotas habían tratado a las tripulaciones de los barcos que habían sido destruidos y rechazaron su invitación. Finalmente, el 5 de mayo prometieron desembarcar al día siguiente. Apenas habían hecho esta promesa, cuando la nave de Ricardo apareció a la vista. Al día siguiente la derrota de los chipriotas permitió a Berenguela entrar en Limasol. El 12 de mayo se casó con Ricardo, oficiando su capellán Nicolás, posterior obispo de Le Mans, y en el mismo día fue coronada reina por el arzobispo de Burdeos y los obispos de Evreux y Bayona. Cuando Ricardo completó la conquista de Chipre y obligó al emperador a rendirse el 31 de mayo, entregó a la hija de Isaac al cuidado de la reina, para que la criara. El 1 de junio Berenguela, Juana y su séquito partieron de Chipre para Acre, y el rey, que partió unos días después, se les unió allí el 8 de junio. Cuando la ciudad se rindió, fue repartida entre Ricardo y Felipe, y como el palacio estaba en la parte que cayó a Ricardo, alojó a su esposa, a su hermana y a la hija de Isaac allí. Cuando el 21 de agosto Ricardo marchó hacia el sur, Berenguela se quedó en Acre bajo el cuidado de Stephen de Longchamp y Bertram de Verdún. Ella y las otras damas permanecieron en Palestina hasta el regreso de Ricardo a Acre en septiembre de 1192. Luego se embarcaron a finales de ese mes y, con más fortuna que el rey, llegaron sanas y salvas a Sicilia. De allí fueron a Roma, donde fueron honorablemente recibidas por Celestino III. En Roma se quedaron durante seis meses, al estar contentas con la protección del papa contra el emperador. Cuando se fueron, Celestino las puso al cargo de un cardenal, quien las condujo por Pisa y Génova a Marsella, donde fueron recibidas por Alfonso II de Aragón, quien las llevó hasta las fronteras de su reino, haciéndose cargo de ellas Raimundo de St. Gilles, conde de Toulouse, que las llevó a Poitou.
Ricardo no se unió a su esposa durante un tiempo tras su liberación. Parece que cayó en una vida desordenada, pues en 1195 fue agudamente reprobado por un ermitaño, quien le advirtió: 'Esto memor subversionis Sodomae, & etc.' Después de una grave enfermedad declaró que tomaría a Berenguela de nuevo, pues no había vivido con ella durante algunos años, probablemente desde que se separaron en Acre. Sin duda se encontraron en Poitiers en Navidad de 1195. Es posible que ella haya estado con el rey cuando recibió su herida mortal. Después de la muerte de Ricardo vivió mucho tiempo en Le Mans, porque había recibido esa ciudad y el condado de Bigorre como dote. Juan la engañó sobre sus pertenencias. En 1201 fue a Chinon a reunirse con él y allí le prometió Bayeux, dos castillos en Anjou y 1.000 marcos anuales. Pero no cumplió su palabra y en enero de 1204 Inocencio III le escribió diciéndole que la pobreza la obligaba a vivir como una mendiga con su hermana Blanca, condesa de Champagne. El papa le escribió otra carta urgente sobre la misma cuestión y otra demanda la hizo en 1213, cuando Juan se sometió. Finalmente en 1215 se llegó a un arreglo que el papa aprobó. La muerte del rey impidió el pago de los atrasos. Al principio del reinado de Enrique III ella reclamó 4.040 libras. Los templarios fueron sus protectores, quienes la libraron de una mayor pérdida. Vivió en Le Mans como condesa, pues el 23 de agosto de 1216 presidió un juicio por combate. En 1226 heredó una parte del patrimonio de su pariente lejano William, obispo de Châlons. Fundó el monasterio cisterciense llamado 'Pietas Dei' en Espan en Maine en 1230. Murió poco después, siendo enterrada en la iglesia que ella había construido.