Stephen Berksted, Birksted o Burghsted,
obispo de Chichester, murió el 30 de octubre de 1287. Fue
capellán de Richard Wych, obispo de Chichester († 1253), siendo consagrado a la misma sede el 24 de septiembre de 1262. Era más pobre que los otros
canónigos de la iglesia y se dice que su elección se debió a influencia privada. En el primer año del episcopado de Berksted, la iglesia de Chichester envió una delegación a Roma, que consiguió la
canonización del obispo Richard. A Berksted se le describe como un hombre extremadamente simple e inocente. Fue un fuerte partidario del conde de Leicester. En la víspera de la batalla de Lewes el conde le envió para hacer un último intento de llegar a un acuerdo con el rey, pidiéndole, se dice, que escogiera hombres entendidos en la
fe y en el
derecho canónico para resolver las condiciones de paz. Las propuestas del obispo fueron rechazadas con desprecio y al día siguiente, 14 de mayo de 1264, los dos ejércitos se enfrentaron en batalla. El 23 de junio el obispo y los condes de Leicester y Gloucester fueron elegidos por los barones, recibiendo autoridad del rey para nombrar un consejo de nueve, por el que el poder real debía ser ejercido. Habiéndose unido con los barones y otros obispos en prohibir al
legado papal, el
cardenal Guido Falcodi, que desembarcara en Inglaterra, Berksted y los otros obispos de la facción de los barones fueron convocados para comparecer ante el legado en Boulogne. Los obispos se excusaron aduciendo que no se les permitía salir del país y enviaron a sus representantes en su lugar. Como el cardenal se negó a admitir su excusa, apelaron al
papa, siendo su conducta aprobada por un grupo de
clérigos reunidos en Reading. Pero algunos de los obispos y Berksted, según parece, entre ellos, cruzaron el Canal con la esperanza de hacer la paz. Se les ordenó publicar la condena de
excomunión contra el conde Simon y su facción. A su regreso los hombres de Cinque Ports abordaron su nave y con muchas amenazas rompieron el escrito papal y lo tiraron al mar, lo que los obispos miraron sin disgusto.
En 1266, tras el derrocamiento de la facción de los barones, el cardenal-legado Ottobuoni citó a Berksted y los otros obispos que habían sostenido al conde Simon a que se presentaran en Westminster, donde pronunció sentencia de suspensión contra ellos, mandando a Berksted y a los obispos de Londres y Winchester, que apelaron al papa, que comparecieran en Roma en el plazo de tres meses. Berksted parece que fue obligado a permanecer en Roma hasta el fin del reinado de Enrique. A su regreso ofendió gravemente al rey Eduardo por su indiscreción al traer consigo a Amauri de Montfort, que estaba en órdenes, pues el rey estaba muy enojado por el asesinato de su primo, Enrique de Almain. Por esta razón probablemente Eduardo, en 1272, se apoderó de las temporalidades de la sede de Chichester. Pero el obispo después de un tiempo debió hacer la paz, pues el 16 de junio de 1276 asistió en presencia del rey al traslado del cuerpo del obispo Richard por el arzobispo Kilwardby. Durante los últimos años de su vida Berksted sufrió de ceguera.