Historia
BERNARDINO DE SIENA (1350-1444)

del Campo, c. 1445, de Sano di Pietro.
Catedral de Siena
El siguiente es un ejemplo de uno de sus sermones:
'Esta mañana vamos a hablar del amor y el afecto que el marido debe tener a su mujer, y ésta a su marido. Seguro que la que es sensata ha traído a su hija a este sermón de la mañana, y la que es pasota la ha dejado en la cama. ¡Oh, cuánto mejor habrías hecho en traerla para que oyera la doctrina verdadera! Pero vayamos al grano. Voy a enunciaros los tres fundamentos de esta plática. El primero se llama Provecho, el segundo Placer, y el tercero Honestidad y Virtud, lo cual es lo mismo.
Vayamos con lo primero, con el Provecho. Si una cosa te da poco provecho, tú la amas poco. Fíjate ahora en el amor del mundo. ¿Se aman dos viciosos? Sí. ¿Por qué? Porque encuentran en ello algún provecho. ¡Oh gentes mundanas, si el provecho es pequeño, poco será el amor entre vosotros! [...]
Ahora añadamos el Placer al Provecho. Pensemos en el hombre que tiene un ama para guardarle la casa, limpiarle, cocinarle, servirle a la mesa y demás, y que a todo este provecho une el placer de la carne, mayor por lo tanto su estimación. Pero si ella es sucia por naturaleza, descuidada, no se lava y no tiene cuidado de la casa, el amor y la estimación serán mucho menores. Y en el primer caso, será buena para un rato, pero si se pone enferma la mandará al hospital. ¿Moverías tú entonces un dedo por ese afecto? Todo el amor se te ha ido, pues ni provecho ni placer sacas de ella. Ya que ése no es el amor verdadero. El amor de verdad tiene tres dimensiones. Lo mismo que el amor de Dios no sólo tiene Provecho y Placer sino que a ellos se une la Honestidad.
De manera que lo que uno ante todo debe buscar en la esposa es la bondad, luego las demás ventajas, pero primero la bondad, la bondad por encima de todo. Recapacitad y pensad ahora en los que han elegido mujer por otras razones, por ejemplo el que tomó la suya por el incentivo de una buena dote. Si se casan y falla la dote, ¿qué pasará con el amor entre ellos? Todo ese amor presuntuoso será arrojado como un salivazo. Pero aunque la dote se pague a su debido tiempo, se trataría de un amor desordenado, pues no iba en busca de la verdadera profundidad. ¿Acaso el dinero no ha hecho a los hombres incurrir en conductas de las que luego se han arrepentido amargamente? [...] Por eso yo os exhorto a todos, hombres y mujeres, a que sigáis la virtud, de manera que vuestro amor se funde en esas tres cosas, Provecho, Placer y Honestidad, y es entonces cuando la verdadera estimación reinará entre vosotros. [...]
Y todavía tengo que deciros, mujeres, que tenéis que amar a vuestros maridos más que a vosotras mismas. Primera razón: porque el esposo que tienes es el que te ha destinado Dios. Segundo, por haberte desposado mediante la promesa de la fidelidad. ¿Cuando consentiste en el matrimonio no viste el signo que se te dio de atarte para toda la vida al recibir el anillo de esposa? Tercera razón: el matrimonio es amor. [...]
Y ahora, maridos, leed a Pablo en el quinto capítulo a los Efesios: «el que ama a su esposa, se ama a sí mismo». ¿Cómo puede ser esto? ¿No os he dicho ya que ella ha sido hecha de vuestra propia carne y por las manos de Dios? Parece mentira que haya que salir al paso de ultrajes groseros. Mirando a las mujeres, hay que decir que son más limpias y preciosas que la carne de los hombres, y si algún hombre dice lo contrario habré de decirle que está en las tinieblas y le probaré que no tiene razón. ¿No lo ves así? Bien, ¿pues acaso no creó Dios al hombre del barro? -Sí. Pues entonces, ¡oh mujeres!, la razón está más clara que el día. Ya que al haber sido creada la mujer, en sus huesos y su carne, de Adán, lo fue de un material más precioso que el que se usó para crear a éste.'