Historia
BERNARDO DE TOLEDO (c. 1050-1125)
Bernardo de Toledo nació en Agen, a 117 kilómetros al sudeste de Burdeos, Francia, hacia 1050 y murió en España en 1125. Su importancia en la historia de España yace en que de él procede el abandono de la Iglesia española de su aislamiento y su dependencia de Roma. Fue monje en el monasterio de Cluny, de donde fue enviado a España con otros para ayudar a la causa de las reformas de Gregorio VII. Allí fue hecho abad (1080) de San Facundo en Sahagún en la diócesis de León y finalmente fue nombrado por Alfonso VI arzobispo de Toledo. Los planes de Gregorio para España incluían (además de una campaña general contra el matrimonio clerical, la simonía y las investiduras laicas) la sustitución de la liturgia mozárabe por la romana y el reconocimiento de la obligación del tributo de la Iglesia española. El primer punto se logró prácticamente antes de su muerte, a pesar de gran oposición. Urbano II, al elevar a Bernardo a la dignidad primada, le dio el poder necesario para continuar la obra de romanización. Su cooperación hizo posible la intervención de Urbano en el sínodo de León (1091), ignorando el derecho real de investidura cuando Alfonso intentó nombrar a un español para la sede de Santiago, evidentemente para equilibrar la influencia de los benedictinos franceses con los que el primado estaba supliendo las sedes episcopales. Su carrera fue la de un devoto adherente del papado. Algunas reminiscencias de sus días juveniles como caballero aparecen en su captura por la fuerza de la mezquita musulmana en Toledo en su primer año como arzobispo y en sus planes para una cruzada contra los sarracenos del este, que tanto Urbano II como Pascual II prohibieron, en vista de los objetivos que la caballería cristiana española tenía en su territorio. Cuatro de sus sermones, sobre el Salve Regina, están incluidos entre los del gran Bernardo.