Historia
BICKERDYKE, MARY ANN BALL (1817-1901)

Cuando estalló la guerra las mujeres patrióticas de su ciudad, reconociendo su idoneidad, la animaron a que se uniera al ejército. Con aprovisionamientos por valor de 500 dólares que le fueron entregados, comenzó a trabajar en los hospitales militares en Cairo, Illinois, continuando su servicio hasta el 20 de marzo de 1865. Estuvo en 19 batallas en los departamentos de los ejércitos de Ohio, Tennessee y Cumberland. Fue igualmente eficiente ministrando a los hombres en el campo de batalla, ayudando en la mesa de operaciones, haciendo la comida, supervisando hospitales o buscando provisiones. Un cirujano del regimiento de infantería de Illinois, el doctor Woodward, la describe como 'mujer grande y fuerte de 45 años, como un hombre; músculos de hierro; nervios de acero; sensible pero confiada; amable y tierna, buscando todo para los demás y nada para ella misma.' Puso en los reclutados su cuidado especial y luchó por sus derechos como una tigresa, amándolos como una madre. Era el terror de los oficiales incompetentes y descuidados, ejerciendo invariablemente su deber. Se saltaba la burocracia y a veces violó los procedimientos militares, pero aunque fue llamada al orden por los oficiales subordinados, siempre tuvo el respaldo de sus superiores, especialmente de los generales Grant y Sherman, otorgándole el primero un pase para cualquier punto de su división militar con transporte gratuito en todo tiempo, siendo tras la batalla de Vicksburg agregada del cuerpo de oficiales de Sherman. La comisión sanitaria la nombró su agente, confiando en su administración. Su capacidad ejecutiva era especial y su innata economía de recursos ahorró a la comisión y al gobierno grandes gastos. Uno de sus logros fue el establecimiento de lavanderías en el ejército. Anteriormente la ropa y camas de los soldados heridos eran destruidos. Ella obtuvo máquinas de lavar, cocinas portátiles y escurridores, limpiando y preparando para ser usado lo que anteriormente había sido una pérdida total, con la ayuda de contrabandistas que le eran leales. Igualmente rescató pertrechos dejados en el campo de batalla. Hay innumerables relatos de su resolución para vencer obstáculos. Por la singularidad de su carácter y obra fue una de las más destacadas y eficientes mujeres del ejército.
Su carrera tras la guerra fue variada. Ayudó a enfermeras y veteranos a conseguir pensiones y el general Logan fue portavoz del sentir general cuando escribió al presidente de la comisión de pensiones: 'Deseo presentar a la Madre Bickerdyke. Lo que ella quiere es recto y lo que dice es la verdad.' Durante un año estuvo al cargo del hogar para destituidos en Chicago. En 1867 inició un movimiento para que los soldados licenciados fueran al oeste, emigrando por su influencia 300 familias a Kansas. Ella misma se estableció en Salina, abriendo un hotel bajo el patrocinio de Kansas Pacific Railroad. Durante cuatro años hizo obra misionera en Nueva York, bajo la dirección de la junta de misiones de la ciudad. En 1874 regresó a Kansas para vivir con sus dos hijos, marchando a Illinois cuando la plaga de langostas para aliviar el sufrimiento. Luego fue a California, trabajando en United States Mint y para el Ejército de Salvación. En 1886 el congreso le otorgó una pensión de 25 dólares al mes.