Historia
BOECE, HECTOR (c. 1465-1536)

Hacia 1498 Boece conoció a William Elphinstone, obispo de Aberdeen desde 1483-4, quien había servido en varios altos cargos en Escocia y también en embajadas en el extranjero, habiendo mantenido su conocimiento de lo que pasaba en las universidades francesas. Elphinstone había enseñado derecho, tanto en París como en Orleáns, entre 1462 y 1471, y ahora requería la ayuda de Boece para la realización del proyecto favorito de su vejez, la fundación de una universidad en Aberdeen. Cuatro años antes, Elphinstone había obtenido una bula del papa Alejandro VI a petición de Jacobo IV, con un preámbulo indicando que las partes septentrionales de su reino fueron habitadas por gente ruda, analfabeta y salvaje, para erigir en la antigua ciudad de Aberdeen un 'studium generale' y una universidad de teología, derecho canónico y civil, medicina y artes liberales, y cualquier otra facultad legal, para estudio y enseñanza por maestros y doctores eclesiásticos y laicos de la misma manera que en París y Bolonia, y para conferir a personas merecedoras los títulos de bachiller, licenciado, doctor y todos los demás grados. El cargo de canciller fue conferido por la bula al obispo y sus sucesores. A los graduados se les dio la libertad de enseñar sin examen añadido y en los estatutos se especificaba al canciller, el rector, los doctores residentes, con un número competente de licenciados en cada facultad, y estudiantes circunspectos, junto con dos, al menos, del consejo del rey. Los siguientes diez años los ocupó Elphinstone, con el consejo de Boece, en arreglos preliminares y en la obtención de donaciones. En 1505, Elphinstone, ayudado por el rey, los canónigos de su catedral, especialmente Scherar, prebendario de Glatt, y otros, pudo realizar su plan por medio de la fundación de la colegiata dedicada a Santa María en la Natividad, dentro de la universidad, más tarde conocida como King College. La fundación consistiría de treinta y seis personas en total, lo que no excluía, por supuesto, la participación de otras personas en los estudios, además de los fundadores. De estos, cuatro debían ser doctores en las respectivas facultades de teología, derecho canónico, derecho civil y medicina. Los doctores, junto con dos maestros en la facultad de artes, debían ser los regentes, o gobernantes, así como profesores. Además de los doctores, había cinco maestros de artes que proseguían sus estudios de teología, trece estudiantes pobres que cursaban estudios de arte, ocho capellanes y cuatro miembros del coro. Al doctor en teología, que también sería el rector, se le asignó un salario de cuarenta marcos. Para cada uno de los doctores en derecho canónico y civil, treinta, y para el doctor en medicina se consideraron suficientes veinte, otorgándose la misma suma a uno de los maestros de artes que iba a ser el sub-rector; otro de los maestros que enseñaba gramática tenía la prebenda de la iglesia de Santa María ad Nives; doce de los estudiantes pobres tenían doce marcos cada uno, y el treceavo cinco libras de la dotación de Scherar. Se hicieron otras provisiones para los maestros que estudiaban teología, capellanes y miembros del coro. Todos los miembros de la universidad tenían estancias provistas para ellos dentro del colegio, excepto el canonista, el médico, el maestro de artes que enseñaba gramática y el sub-rector, que tenían habitaciones fuera del colegio. El rector y los estudiantes de teología, después de convertirse en bachilleres, debían enseñar teología todos los días de clase y predicar seis veces al año al pueblo, y, antes de convertirse en bachilleres, cada domingo y fiestas en latín a los estudiantes. Los regentes en artes debían instruir en las ciencias liberales como en París; el canonista, el de derecho civil y el médico, a la manera de esa universidad y de Orleáns.
El doctor Johnson, disciplinado en la escuela de la pobreza, pero de la pobreza inglesa, sonrió ante los emolumentos de Boece, que estimaba en 2 libras y 4 chelines. 'En la era actual de comercio e impuestos es difícil, incluso para la imaginación, aumentar el valor del dinero, o disminuir las exigencias de la vida, como suponer que cuarenta y cuatro chelines al año son un estipendio honorable; sin embargo, era probablemente igual no solo a las necesidades, sino también al rango de Boethius.' Los escritores escoceses ansiosos por defender a su país de la imputación de pobreza han respondido que cuarenta marcos eran, teniendo en cuenta el costo comparativo de entonces, equivalente a 26 libras y 13 chelines. Los salarios de King College eran de una escala moderada y, a este respecto, el ejemplo del colegio de Montaigu no fue olvidado. La falta de medios no disminuyó el celo por aprender de Boece y sus ayudantes. Echó mano de William Hay, su compañero de escuela en Dundee, y colega de estudios en París, que se convirtió en sub-rector, y le sucedió en el rectorado tras la muerte de Boece. Fue recibido con simpatía por los canónigos, que en Aberdeen, así como en otras ciudades, ya habían hecho algo para suplir la falta de una universidad, dando clases de teología, derecho y artes. Dos siguieron enseñando en la universidad: Alexander Hay (que había sido maestro de la escuela), y James Ogilvy, como profesores de derecho civil. El hermano de Boece, Arthur, también enseñó derecho; Alexander Galloway, rector de Kinkell, hombre de negocios del obispo Elphinstone, fue profesor de derecho canónico; John Adams, después cabeza de los frailes predicadores, fue profesor de teología; Henry Spittal, pariente de Elphinstone, enseñó filosofia y John Vaus, alumno de la escuela de Aberdeen, gramática latina, el primero de la larga lista de gramáticos escoceses. En medicina, además de Gray el médico, el propio Boece tuvo ciertos conocimientos, siendo consultado por Robert Chrystal, abad de Kinlos, en su lecho de muerte, cuando conoció a John Ferrerius, un monje de esa fundación, quien luego escribió una breve adición a su historia. La historia no se enseñaba especialmente, ya que no entraba en el currículo medieval; pero no se pudo encontrar un recopilador más asiduo de sus materiales en Escocia que el obispo Elphinstone. Fue a este estudio, aparte de sus absorbentes deberes como primer rector, que Boece se consagró. Un manuscrito de John de Fordun, primer cronista existente de Escocia, presentado por él al colegio, todavía se conserva, en el que se basaron las colecciones de Elphinstone para su propia historia de Escocia.
La primera publicación de Boece fue las vidas de los obispos de Mortlach y Aberdeen, impresa en París en 1522 por Iodocus Badius, con el conocido sello de su imprenta. La porción más interesante, las memorias de su patrono, Elphinstone, que había muerto ocho años antes, incapaz de sobrevivir a la derrota de Flodden, proporciona muchas noticias incidentales de la propia vida y estudios de Boece. Las vidas están escritas en un estilo más simple y puro que su historia y el elemento legendario, tan conspicuo en su historia, está casi ausente. El siguiente y único otro libro impreso de Boece fue su historia de Escocia desde los primeros tiempos hasta el ascenso de Jacobo III, publicado por Badius en 1527, y del que una segunda edición, con la continuación de Ferrerius hasta la muerte de ese rey, fue impresa en Lausana y publicada en París en 1574. Anteriormente no se había impreso ninguna historia de Escocia excepto el compendio de Major. Las crónicas de Wyntoun y John de Fordun estaban en manuscritos muy dispersos, pero no eran ampliamente conocidos y ahora por primera vez los anales del norte de Gran Bretaña podían ser comprados por cualquiera que pudiera pagar el precio comparativamente barato pedido por los impresores parisinos de ese tiempo. Estaban relatados en un estilo que los admiradores de Boece compararon con el de Livio, siguiendo el modelo de los primeros libros del gran historiador romano, al sacrificar la precisión a una narrativa fluida adaptada al público para el que fue escrito. Esto explica su rápida popularidad. Fue traducido, a petición de Jacobo V, entre 1530 y 1533, en prosa escocesa por John Bellenden, archidiácono de Moray, empleado hacia el mismo tiempo en la traducción de Livio, e impreso en 1536 en Edimburgo por Thomas Davidson. Una versión métrica de la historia de Boece en dialecto escocés también se hizo al mismo tiempo, pero no fue publicada sino mucho después, a partir del manuscrito en la universidad de Cambridge. En 1577 se hizo en inglés para las crónicas de Holinshed por William Harrison, quien se excusa ingenuamente a sí mismo por ser un teólogo dedicando su tiempo a la historia civil: 'Esta es la causa por la que he elegido más bien perder solo tres o cuatro días para traducir a Hector del escocés (una lengua muy parecida a la nuestra), que con más gasto de tiempo idear una nueva o seguir la copia latina.' En la siguiente generación Buchanan, no renuente a poner reparos a Boece, utilizó su historia como material para su propia obra más elaborada. Los historiadores ingleses, galeses e irlandeses, que tuvieron una especial contienda con Boece por la antigüedad que atribuyó a los escoceses adoptando como histórico el mito de Scota, la hija de Faraón, atacaron su crédito incluso antes de que empezara a ser sopesado en las balanzas de la crítica. El epigrama de Leland todavía escuece:
'Hectoris historici tot quot mendacia scripsit
Si vis ut numerem, lector amice, tibi,
Me jubeas etiam fluctus numerare marinos
Et liquidi Stellas connumerare poli.'
Esa parte de su narrativa anterior al reinado de Malcolm Canmore es tan poco fiable como los primeros libros de Livio e incluso cuando se acerca a tiempos más cercanos al suyo propio, sigue la tradición sin examinar su probabilidad.
El cargo más grave contra Boece, de que se inventó las autoridades en las que se basa: Veremundo, un español, archidiácono de St. Andrews, y John Campbell, cuyos manuscritos originalmente conservados en Iona, dice, consiguió a través del conde de Argyle y su pariente, John Campbell de Lundy, el tesorero, aunque aceptado durante mucho tiempo, ahora debe considerarse al menos no probado y probablemente infundado. Estos manuscritos ya no existen y su declaración en cuanto a ellos podría haber sido contradicha por personas que vivieron cuando escribió, si no era verdadera; y Chambers de Ormond, un historiador escocés del reinado de María, hace referencia independiente a Veremundo, posiblemente uno de los cronistas antiguos no mencionados a quien Wyntoun alude con frecuencia. Las otras dos autoridades que especifica son Turgot, obispo de St. Andrews, autor de Life of Queen Margaret, y el abad de Inchcolm, quien se sabe fue Bower, continuador de Fordun, en cuyas páginas se pueden encontrar muchas de las declaraciones por las que Boece ha sido censurado. De la credulidad mostrada en su historia, el relato de los árboles trenzados en los que crecían gansos, es solo una de muchas muestras. Boece siempre estuvo más dispuesto a creer que a dudar, siendo un sorprendente contraste con su contemporáneo Major. El doctor Johnson probablemente da un veredicto justo, aunque puede pensarse un tanto indulgente: 'Su historia está escrita con elegancia y vigor, pero su fabulosidad y credulidad son justamente culpables. Su fabulosidad, si él fue el autor de las ficciones, es culpa que no tiene excusa, pero su credulidad se puede excusar en una época en la que todos los hombres eran crédulos. El saber estaba entonces surgiendo en el mundo, pero ojos tan acostumbrados a la oscuridad estaban demasiado deslumbrados con su luz para ver algo claramente. La primera hornada de eruditos en el siglo XV y durante algún tiempo después, estuvieron en su mayor parte aprendiendo a hablar más que a pensar y por lo tanto eran más estudiosos de la elegancia que de la verdad.' Como recompensa por su historia, Boece recibió el grado de doctor de la universidad en 1528, un complemento de un tonel de vino o 20 libras escocesas, para ayudar a comprar bonetes, de la ciudad de Aberdeen, que un poco antes le había presentado a la capellanía del altar de St. Andrews en la iglesia de St. Nicholas. Recibió una pensión real de 50 libras escocesas en 1527 y dos años después una suma igual o similar, hasta que el rey lo presentó a un beneficio de 100 marcos escoceses. El último pago de esta pensión fue en Pentecostés 1534, cuando probablemente obtuvo una donación de la rectoría de Tiree en Buchan, que mantuvo hasta su muerte en 1536. Antes, en 1528, ocupó la vicaría de Tullynessle, una de las donaciones de Jacobo IV a King College. Tuvo dos hermanos, Arthur, abogado, uno de los primeros senadores del colegio de justicia, y Walter, párroco de la iglesia de St. Mary ad Nives en Aberdeen. El último acto de su vida del cual hay evidencia registrada es su participación en un contrato de matrimonio entre Isabella Boyis, probablemente hija de Arthur, y el hijo de John Brabaner, ciudadano de Aberdeen, el 18 de enero de 1535. Fue enterrado en el lado norte de la tumba de Elphinstone, ante el altar mayor de la capilla en King College. Su escudo de armas, cruz y timbre, es uno de los tres en el muro sur sin lema, pero con las letras 'H B ob. 1536.'