Historia
BONASTRUCH DE PORTA (c. 1194-1270)
En realidad, Nahmánides, debido a su carácter personal y a la influencia del ambiente, intentó ser el mediador, el conciliador entre la tradición y el racionalismo; entre las escuelas francesas, capaces de producir solamente tosafistas y la bulliciosa mentalidad de los israelitas del delicioso país de Sefarad, albergue a la sazón de la más amplia libertad, de la más noble tolerancia, donde la filosofía se desarrolló cumplidamente, tomando los hebreos elementos importantísimos a los sistemas helénicos, adaptando el aristotelismo al talmudismo, maravillosa síntesis realizada por Maimónides. Nahmánides representa dentro del hebraísmo la mentalidad catalana.
Este temperamento tan profundamente religioso, le inclinó favorablemente hacia la Cábala, aun cuando no aportase a esta doctrina nuevos elementos; a pesar del natural entusiasmo que por ella sentía, no puede dejar pasar sin protesta aquellos puntos en que los cabalistas se desvían de la doctrina puramente ortodoxa.
Ejerció el rabinato, primero de Gerona; en su edad madura alcanzó la dignidad de gran rabino de Cataluña. Desempeñó constantemente su cargo en medio de gran paz y sosiego, consagrado a la enseñanza talmúdica, en la que sobresalió tan eminentemente, y a la formación intelectual y religiosa de sus hijos. Su influencia como maestro fue considerable, basta recordar que Salomón ben Adret fue su discípulo, y que el carácter que éste imprimió al judaísmo español fue el de las ideas de Nahmánides.
La disputa entre el converso dominico Pablo Cristiano y Nahmánides, que tuvo lugar en Barcelona en 1263, vino a alterar el sosiego en que vivía, rodeado de su familia, reverenciado por sus discípulos, respetado por los mismos nobles cristianos. Esta célebre disputa, una de las muchas que se celebraron para probar los errores del judaísmo y obligar a los hijos de Israel a abandonar la religión de sus mayores, fue como todas las del género absolutamente estéril, a pesar de la ecuanimidad guardada por ambas partes. Naturalmente que la calurosa defensa del judaísmo hecha por el gran rabino, provocó vívidas protestas por parte de los eclesiásticos; y a pesar de que el rey Jaime I manifestó en varias ocasiones, y singularmente en ésta, señalado afecto hacia el sabio hebreo, se vio obligado a desterrarle de Cataluña por espacio de dos años, condenando al fuego la obra publicada por Nahmánides a raíz de la disputa, obra en la que no hizo más que poner por escrito lo que en aquélla había manifestado de palabra. Pero como el castigo no se creyó bastante duro por parte de los enemigos de Nahmánides, el papa, a instancias de éstos, insistió a Jaime I para que la condena fuese verdaderamente ejemplar; entonces Nahmánides, a los 72 años, abandonó los dominios de la corona de Aragón.
A partir de este omento residió primero en Castilla y luego en Provenza; finalmente se dirigió a Tierra Santa y allí el triste estado de abandono y desolación en que encontró la patria de sus antepasados, le llenó el ánimo de honda tristeza; pero también se multiplicó su actividad, fundando sinagogas y escuelas, reuniendo en torno suyo numerosos discípulos a los que inició en la exégesis y en la Cábala, dando así lugar a una renovación cultural en aquellos países en donde la tradición judaica hacía siglos había casi desaparecido. Finalmente, allí compuso y redactó su gran obra, el comentario a la Torah, que representa toda su vida, sus doctrinas, sus afectos, su alma toda, alternando en pintoresco estilo lleno de soberana dulzura, las tradiciones haggádicas y las explicaciones cabalísticas, alcanzando las cumbres del misticismo más excelso. Fue enterrado en Haifa.
La catalanidad de Nahmánides se manifiesta de manera conmovedora en los últimos años de su vida, desterrado de Cataluña; en la correspondencia con su hijo se aprecia la añoranza que siente: "Dejé mi familia; abandoné mi hogar; allí con mis hijos e hijas, los bellos, amados niños, educados sobre mis rodillas, dejé también mi alma. Mi corazón y mis ojos estarán con ellos para siempre."
Las obras de Nahmánides son de diversa índole. Las hay poéticas, siendo la más célebre la plegaria para el Año Nuevo. Escribió comentarios bíblicos, como Biur o Pirux al ha-Torah, comentario al Pentateuco (edición italiana, antes de 1480); Pirux Yob, comentario a Job (Venecia, 15157); Pirux Shir ha-Shirim, de autenticidad dudosa. También compuso obras talmúdicas y obras haláquicas, como Mispaté ha-Herem, leyes de la excomunión; Torat ha-Adam, ceremonias funerarias, Hilkot Bedikah, examen de los pulmones de los animales sacrificados; Xaar ha-Gemul, sobre la penitencia, el castigo y la resurrección, etc.,; Sefer ha-Geulah, sobre la época de la venida del Mesías; Iggeret ha-Kodes, sobre la santidad del matrimonio. Sus obras de controversia y apologética son Milhamot Adonai, defensa de Alfari contra Zerahyah ha-Leví; Sefer ha-Zekut, contra Abraham ben David; Hassagot, defensa de Salomón Kayyara, Iggeret ha-Hemdah, a los rabinos franceses; Wikuaj, controversia con Pablo Cristiano; Deraxah, sermón predicado ante el rey de Castilla; Iggeret ha-Musa, carta a su hijo. También se le atribuyen varias obras cabalísticas; un tratado sobre las oraciones, un comentario al Sefer-Yezirah (edición Mantua, 1562), etc.
Del Sefer ha-Geulah (El libro de la redención) es el siguiente párrafo:
'Sabed... que aunque aceptáramos en nuestro corazón que nuestro pecado y el pecado de nuestros padres nos ha privado de todo consuelo y que nuestra Diáspora se ha de prolongar eternamente, y aunque dijéramos que Dios ha querido afligirnos en este mundo con la servidumbre política a los diferentes reinos, todo ello no debilitaría de ninguna manera nuestra adhesión a la Torá, pues nuestra única recompensa es el mundo venidero, donde el alma, salvada del castigo del infierno, se regocija con la gloria del Paraíso. Pero nosotros sin embargo nos agarramos a la promesa de la Redención, puesto que es una verdad proclamada por la Torá y los profetas, y nosotros, frente a nuestros adversarios, tales como España, Roma y los fieles de otras religiones, damos testimonio de ella con sus propias pruebas y nos regocijamos en sus palabras'.