Historia
BONIFACIO (c. 680-755)
- Primera etapa
- Partida hacia el continente
- Obra misionera en Alemania
- Consagrado obispo
- Arzobispo
- Oposición en la Iglesia franca
- Adversarios
- Fundación de Fulda y extensión de su arzobispado
- Muerte
- Valoración
- Obra

Fotografía de Wenceslao Calvo
Su nombre original era Winfrid o Winfrith, diciéndose que el nombre de Bonifacio le fue dado por el papa Gregorio II en su consagración como obispo; pero como ocurre antes es más probable que lo asumiera cuando se convirtió en monje. Cuando era niño, influenciado por la conversación de algunos monjes que visitaron la casa de su padre, expresó un ferviente deseo de dedicarse a la vida monástica y una vez que la oposición de su padre desapareció, ingresó en un monasterio en Exeter. A continuación, se trasladó a la casa de Nutshalling o Nursling (que fue después destruida por los daneses), cerca de Winchester, donde tenía la ventaja de una mejor enseñanza. Aquí aprendió gramática, historia, poesía, retórica e interpretación de la Biblia, haciéndose famoso como predicador y expositor de la Escritura. A la edad de treinta años fue ordenado sacerdote. El honor que ya tenía lo indica el hecho de haber sido enviado, en algún período entre los años 710 y 716, por el sínodo de Wessex ante Brihtwald, arzobispo de Canterbury, en una misión cuyo propósito se desconoce, pero que probablemente tenía la intención de acercar más los lazos entre el clero de Wessex y la sede de Canterbury. Bonifacio podía haber aprovechado esa oportunidad para su propia promoción en la iglesia de su propio país; pero estaba imbuido de celo misionero y su mente inclinada a continuar la obra de predicación del evangelio en Frisia, país en el que el inglés Willibrord ya había estado trabajando desde 692, habiendo establecido su sede en Wittaburg o Utrecht.
Partida hacia el continente.
En 716 Bonifacio cruzó el mar, acompañado por sólo dos monjes, pero no encontró en los frisones receptividad a su enseñanza. La guerra había estallado. El jefe pagano Radbod, el mismo que al principio había consentido en ser bautizado, pero quien al enterarse de que las almas incrédulas de sus antepasados debían necesariamente estar entre los condenados, se echó atrás, prefiriendo 'estar allí con sus padres, en lugar de en el cielo con un puñado de mendigos', pereció en una de las luchas con los francos. Había iniciado una persecución contra los cristianos, había destruido iglesias y reconstruido templos paganos. Pero consintió en tener una entrevista con Bonifacio, aunque le negó el permiso para predicar en sus dominios. Bonifacio tuvo que volver a Inglaterra a su monasterio de Nursling. Aquí podría haberse establecido en una tranquila forma de vida, pues, a la muerte de su abad, los internos habrían elegido a Bonifacio en su lugar. Pero ávido de una carrera más activa, se negó a la oferta, y en el año 718, provisto de una carta de su obispo, Daniel de Winchester, y apoyado por el arzobispo Brihtwald, partió hacia Roma para buscar la sanción papal para aquella empresa misionera. El papa (Gregorio II) fácilmente apoyó sus ideas y el 15 de mayo de 719 le encomendó formalmente la obra de convertir a las tribus paganas de Alemania.
Obra misionera en Alemania.
Armado con las cartas de autoridad de Gregorio y una porción de reliquias, se dirigió a Baviera y Turingia. Estos distritos ya eran parcialmente cristianos y Bonifacio estaba examinando el estado de la Iglesia en esas regiones, cuando llegó la noticia de la muerte de Radbod. Inmediatamente se embarcó en el Rin y se unió a Willibrord en Frisia, donde trabajó con éxito durante los siguientes tres años. Willibrord, ahora envejecido, vio a Bonifacio como su sucesor, pero la declaración de este deseo fue la señal para que Bonifacio se retirara. Se excusó de aceptar el honor propuesto; no tenía cincuenta años y por tanto no era apto para tan alto cargo; finalmente, apeló a la tarea que el papa le había encargado de propagar el evangelio en Alemania, un deber que ya había retrasado demasiado tiempo. Al despedirse de Willibrord, Bonifacio viajó a Hesse, donde dos jefes locales le dieron permiso para establecerse en Amanaburg (Amöneburg) en el río Ohm, y en poco tiempo los había convertido a ellos y sus seguidores, bautizando a muchos miles en Hesse.
Consagrado obispo.
Al enterarse de la noticia de su éxito, el papa Gregorio citó al misionero en Roma el año 722, y, después de exigirle una profesión de la fe en la Trinidad, le consagró obispo el 30 de noviembre de 723, y al mismo tiempo le obligó por juramento a respetar siempre la autoridad de la sede papal. La imposición de tal juramento a un misionero era una innovación, a pesar de haber sido requerida a obispos dentro del patriarcado de Roma. A su regreso a Alemania en 723 Bonifacio llevó consigo un código de regulaciones para la iglesia, que le suministró Gregorio, y sobre todo una carta de presentación para Carlos Martel, en la que el papa le pedía su ayuda para el obispo misionero. Se dice que Carlos recibió a Bonifacio con frialdad, pero le dio permiso de predicar más allá del Rin y le otorgó cartas de protección. El valor de la sanción del príncipe es plenamente reconocido por Bonifacio en la carta que escribió en un período posterior a su amigo el obispo Daniel de Winchester: 'Sin la protección del príncipe de los francos, no podría haber gobernado al pueblo ni defendido a sacerdotes o clérigos, monjes o siervas de Dios; ni tenido el poder para frenar los ritos paganos y la idolatría en Alemania sin el mandato y temor de su nombre.'

Arzobispo.
Al ascender Gregorio III al trono papal en 732, Bonifacio recibió el palio de arzobispo y en 738 visitó Roma de nuevo, donde fue recibido con distinción por su gran éxito. Al reresar al norte en 739 fue convencido por Odilo, duque de Baviera, a que se quedara allí y organizara la iglesia bávara. Sólo había un obispo y no había un sistema de gobierno eclesiástico. Bonifacio efectuó una organización, al dividir el país en cuatro obispados, Salzburgo, Passau, Ratisbona y Freising, sustituyendo la regla de Columba por la benedictina en los monasterios y de nuevo volvió su mente más al norte.
Oposición en la Iglesia franca.
Pero no sólo con la evangelización de los paganos de Alemania tuvo que ver Bonifacio. Su capacidad de organización y reforma se utilizaran en favor de la Iglesia franca. Pero mientras sus éxitos más allá del Rin eran indiscutibles, en la corte franca encontró dificultades en los nobles que estaban en posesión de la propiedad eclesiástica y por los obispos de vida fácil, más dados a la lucha y la caza que a la cura de almas. En 741 Gregorio III y Carlos Martel murieron. Los hijos de Carlos, Carlomán en Austrasia y Pipino, en Normandía, estaban preparados para ayudar a Bonifacio y el nuevo papa Zacarías extendió sus poderes, designándole su legado e imponiéndole la reforma de toda la iglesia franca. Bonifacio erigió cuatro obispados para Hesse y Turingia, a saber, Würzburg, Eichstadt, Buraburg o Bierberg (posteriormente trasladado a Paderborn) y Erfurt, para los que nombró a cuatro de sus seguidores, Burchard, Willibald (el futuro escritor de su biografía), Albinus y Adehar. En 742, a propuesta de Carlomán, se celebró un concilio, que en el transcurso de los siguientes años fue seguido por otros, para la reforma de la Iglesia. Esos concilios, además, participaban de la naturaleza de las asambleas nacionales, no estando limitados los miembros a los eclesiásticos y aunque la encomienda papal de Bonifacio fue reconocida, los decretos fueron expedidos por los príncipes francos en sus propios nombres. Los cánones iban dirigidos hacia el establecimiento del orden y la reforma de los abusos, el celibato de los clérigos y la restauración de la propiedad de la Iglesia, que había sido enajenada por Carlos Martel. Pero la oposición a la reforma de Carlos demostró ser demasiado fuerte, siendo finalmente abandonada. El descontento de los obispos francos ante estas medidas se extendió en algunos casos incluso a la negativa a aceptar la promoción. Con maestros heréticos e irregulares, Bonifacio también tuvo contiendas y por su conducta hacia ellos ha habido escritores modernos que han encontrado razones para censurarlo.
Adversarios.
Adalberto, de ascendencia gala, fanático que pretendía poseer una carta de Jesús enviada desde el cielo y que pasó por el territorio menospreciando a los mártires y dedicando iglesias en su propio honor, fue condenado, a instancias de Bonifacio, en un concilio celebrado en Soissons en 744. A Clemente, irlandés por nacimiento, que despreció la autoridad eclesiástica, tuvo los escritos de los Padres en desprecio y sostuvo ideas heréticas sobre la salvación de los incrédulos y la predestinación, también se opuso, pero tanto él como Adalberto continuaron causándole problemas y, finalmente, fue necesaria una represión más rigurosa. Una tercera persona con la que Bonifacio difirió fue Virgil, un eclesiástico de Irlanda, cuyo punto de confrontación fue la cuestión de la validez del bautismo, incluso cuando era administrado por un cura ignorante en mal latín, que Virgilio mantenía. En esta idea fue respaldado por el papa. Posteriormente fue obispo de Salzburgo, a pesar de la oposición de Bonifacio, que lo acusó de sostener ideas heréticas en astronomía, que se extendían a la creencia en la existencia de otros mundos como el nuestro, siendo luego canonizado.
Fundación de Fulda y extensión de su arzobispado.
Hacia este periodo, 742 o 744, Bonifacio fundó la famosa abadía de Fulda, con la ayuda de un noble de Baviera, Sturmi, que se convirtió en su primer abad. La casa se puso bajo una regla todavía más estricta que la benedictina.
Hasta entonces, Bonifacio había sido arzobispo sin sede. La consolidación de la Iglesia alemana requería que esta carencia fuera suplida. Primero volvió su mirada a Colonia, probablemente como punto central desde el que controlar la iglesia de Frisia, así como la de Alemania. Willibrord había muerto en 739, a la avanzada edad de 81 años, y desde entonces Bonifacio había considerado a Frisia dentro del ámbito de su jurisdicción como legado. Pero antes de que se hicieran los arreglos finales para su toma de posesión de la sede de Colonia, entonces (744) vacante, sucedieron acontecimientos que llevaron a su establecimiento en Mentz. El último obispo, Gerold, de esa sede había sido asesinado en una expedición contra los sajones, y había sido sucedido por su hijo Gewillieb, quien determinó vengar la muerte de su padre, y, después de haber descubierto al sajón que lo había matado, a traición lo acuchilló con su propia mano. A los ojos de los nobles francos, un acto de violencia tal era de poca importancia, y no parece haber afectado en ninguna manera a la posición de Gewillieb y su carácter como obispo. Pero Bonifacio, cuyo deber era hacer cumplir una estricta disciplina en la Iglesia, trajo el asunto ante un concilio, renunciando Gewillieb al obispado. Entonces Bonifacio fue llamado por los nobles francos, en contra de su voluntad, para ocupar la vacante, en 746. El papa Zacarías lo confirmó en su nueva sede y puso bajo su jurisdicción las diócesis de Worms, Spira, Tongres, Colonia y Utrecht, además de aquellas en Alemania que habían sido fundadas por sus esfuerzos.
Los años siguientes los pasó Bonifacio en el desempeño de los muchos deberes de su alta posición, luchando todavía con la oposición de obispos y clero contrario y acosado por los paganos, que saqueaban y quemaban iglesias en sus incursiones. Importantes cambios políticos tuvieron lugar en esos años. En 747 Carlomán se retiró para llevar la vida de un monje en Montecassino, dejando todo el poder del reino franco en manos de Pipino, que en 752 asumió el título de rey. Se dice que Bonifacio ofició en su coronación en Soissons, pero la evidencia en esta afirmación es dudosa, e incluso se ha argumentado que se opuso a la transferencia de la corona a la nueva línea. Ahora tenía más de setenta años de edad y los cuidados de su cargo le pesaban en gran medida. Procuró ser relevado y ya había obtenido licencia para nombrar un sucesor si sentía la proximidad de la muerte. Recibió el consentimiento de Pipino para la consagración de su compatriota Lull a la sede de Mentz, dimitiendo de su puesto en 754. Pero Lull no recibió el palio durante veinte años.

detalle de un manuscrito de la abadía de Fulda, siglos X-XI
Bonifacio ahora volvió su rostro hacia el territorio que había atraído su atención en sus primeros años. Partió una vez más como obispo misionero de Frisia, y, consagrando a Eoban para la sede de Utrecht, predicó entre las tribus paganas. Se dice que otra vez bautizó a muchos miles, y, queriendo confirmar a sus nuevos discípulos, escogió la víspera de Pentecostés, 5 de junio de 755, para la ceremonia, en un lugar cerca de Dokkum en el Bordau, entre Frisia oriental y occidental. Pero cuando llegó el día, en lugar de los convertidos, apareció una banda de paganos armados, que rodearon el campamento. El más joven de sus seguidores se preparó para la resistencia, pero Bonifacio se lo prohibió, exhortándolos a someterse a la muerte de los mártires, con la segura esperanza de salvación. Toda la compañía, en número de cincuenta, incluyendo al obispo Eoban y a Bonifacio, fue masacrada. Los restos de Bonifacio fueron finalmente llevados a la abadía de Fulda, lugar donde había esperado pasar sus últimos días.
Valoración.
En su doble carácter de misionero y reformador, las acciones de Bonifacio estuvieron totalmente subordinadas a la autoridad de Roma. En su opinión, esa autoridad era el único medio para difundir el cristianismo y la disciplina de la iglesia una vez establecida. 'Salió para su tarea con la comisión del papa. Por su consagración al episcopado después de los primeros éxitos, se comprometió por juramento a reducir a todos los que pudiera influir a la obediencia a Roma. Los crecientes poderes y la jurisdicción más amplia que le fue otorgada por los papas posteriores, los empleó en el mismo fin. Se esforzó continuamente no sólo para llevar paganos a la Iglesia, sino a impedir actuaciones de misioneros irregulares, sujetando a predicadores y convertidos a la autoridad de Roma.' Por este apego a la autoridad del papa, ha recibido abiertos ataques de escritores como Mosheim y Schröckh, que lo acusaron de 'espíritu ambicioso y arrogante, con disposición astuta e insidiosa, afán excesivo de aumentar los honores y prerrogativas sacerdotales' y de ser 'un misionero del papado en lugar del cristianismo.' Dichas acusaciones y otras más serias, como el uso de la fuerza como instrumento de conversión, son sin prueba y pueden ser pasadas por alto. Ningún hombre en posición alta puede evitar totalmente los errores y a veces puede fallar en su juicio de los hombres. Pero pequeñas manchas no pueden restar valor al alto carácter de Bonifacio, al seguir sin desviación y con energía incansable el deber en momentos difíciles. Tampoco fue la suya una obediencia ciega a Roma. Donde la religión y la moral estaban en juego, no dudó en protestar contra las indulgentes ideas de la corte papal, en asuntos que requerían una disciplina más estricta. Resistió al papa en lo que consideró una intromisión en las funciones arzobispales. Cuando Esteban II, durante una visita a Pipino, pretendió consagrar un obispo de Metz, fue, se dice, sólo la intervención del príncipe lo que impidió una ruptura entre el papa y Bonifacio.
Obra.
Además de su gran fundación de Fulda, Bonifacio también estableció monasterios en Fritzlar, Utrecht, Amanaburg y Ordorf en el Ohrdruf. Para la instrucción de los internos de estas casas, invitó a eruditos de Inglaterra. La correspondencia que mantuvo con los príncipes y eclesiásticos y otras personas de su tierra natal está todavía preservada entre sus cartas y demuestra el interés que continuó teniendo por el bienestar de la Iglesia inglesa, pudiendo extraerse de ellas datos interesantes sobre la condición social de los tiempos. En una carta escrita a Ecgberht, arzobispo de York, entre 735 y 755, está el registro de un intercambio de libros, y una copia de los comentarios de Beda y en otra dirigida entre 732 y 745, a su viejo amigo el obispo Daniel de Winchester, entonces ciego, también habla de su pérdida de vista, y le pide que le envíe el manuscrito de los profetas, tan bien compuesto por Winbert, abad de Nursling, al no haber tal libro en el extranjero, y no poder leer por su visión deteriorada los pequeños caracteres de los manuscritos ordinarios.
Además de sus epístolas, Bonifacio dejó un conjunto de estatutos eclesiásticos, en treinta y seis artículos, y una colección de quince sermones; y, en verso latino, una composición sobre las virtudes y vicios, titulado Ænigmata y otras composiciones cortas. Un fragmento de una obra sobre la penitencia, pero sin autoridad suficiente, se le ha atribuido. Además, se desprende de una referencia en una carta del papa Zacarías del año 748, que Bonifacio fue también el autor de la obra De Unitate Fidei Catholicae, que Mabillon ha pensado ser nada más que los estatutos eclesiásticos ya referidos, pero que fue, más probablemente, un tratado independiente, escrito para refutar las herejías de Adalberto y otros. La profesión de fe que hizo en Roma, anterior a su consagración, se ha perdido. Algunas otras obras atribuidas a él parecen seguras bajo títulos distintos. Finalmente, Life of St. Livinus, a la que su nombre ha sido asociado, es una obra de fecha más reciente y Life of St. Libuinus, asignada a él impropiamente, fue escrita por Hucbald.