Historia
BONIFACIO I († 422)

Cuando Bonifacio intervino en disputas eclesiásticas mostró gran justicia y moderación. El clero de Valence acusó a su obispo Máximo de graves crímenes, remitiendo Bonifacio el asunto a un sínodo gálico, aunque reservándose el derecho de revisar la decisión. Considerando que el privilegio otorgado por Zósimo (417) al obispo Patroclo de Arlés para consagrar obispos para las provincias conocidas como Viennensis, Narbonensis prima y Narbonensis secunda, era una infracción de las provisiones canónicas antiguas, no vaciló en anularlo, permitiendo al obispo de Narbonne este prilevio metropolitano para la provincia Narbonensis prima. Estuvo envuelto en interminables negociaciones con el patriarca de Constantinopla. Ciertos obispos ilirios, queriendo presentar acusaciones contra el obispo Perígenes de Patras, que había sido escogido por el metropolitano de Corinto, no estaban satisfechos ni con el legado papal para Iliria, el obispo Rufo de Tesalónica, ni con el papa mismo, por lo que se volvieron a Atico de Constantinopla. Este último procuró un edicto del emperador Teodosio II (421), poniendo a Iliria bajo la jurisdicción de Constantinopla. Bonifacio protestó fuertemente ante la corte bizantina en marzo del 422, pero no habría tenido éxito de no haber sido por la influencia del emperador occidental Honorio, que prevaleció sobre Teodosio, quien retiró el edicto. Finalmente, Bonifacio, que había heredado de su antecesor una difícil controversia con la Iglesia africana, no tuvo mayor éxito que Zósimo para lograr el reconocimiento de África en el derecho de apelar a Roma. Al contrario, en el sínodo de Cartago del 419 se confirmó el canon decimoséptimo del sínodo del 418, que taxativamente prohibía a los sacerdotes y bajo clero tales apelaciones, tolerándolas sólo para los obispos a condición de que la prescripción fuera nicena, como de hecho ocurrió en el concilio de Sárdica. Bonifacio murió el 4 de septiembre del año 422, siendo reconocido entre los santos de la Iglesia católica.