Historia
BORGIA, LUCRECIA (1480-1519)

Lucrecia se retiró a Nepi y durante este periodo fue vista por vez primera con el misterioso infante romano, el niño de tres años llamado Giovanni, con quien Lucrecia apareció en 1501. Dos bulas papales reconocieron al niño como hijo ilegítimo, primero de César y luego de Alejandro, quien probablemente era el verdadero padre. El misterioso origen del niño y la presencia de Lucrecia en una famosa noche de orgía en el Vaticano, se han usado para apoyar los rumores de incesto en la familia Borgia. Jacobo Sanázaro, famoso poeta de aquel siglo, le dedicó el siguiente epitafio:
Conditur hoc tumulo Lucretia nomine, sed re
Thais, Alexandri filia, sponsa, nurus.

Museo del Vaticano
Desgraciadamente para el buen nombre de su memoria, esta princesa ha sido juzgada más por las leyendas que forjaron los escritores contemporáneos y del siglo siguiente, que por la historia; aquéllos le atribuyeron hechos graves que distan mucho de estar probados, llevados por el odio que inspiraron en Italia los crímenes de su hermano César y el poderío de su familia. Gebhart, que es uno de los historiadores que mejor ha estudiado la época en que vivió, la juzga diciendo que fue más que realmente culpable, una mujer indiferente al mal, pudiendo aplicársele con gran justicia el calificativo de amoral; en su carácter todo es fugaz, tímido y borroso, tanto en lo moral como en lo físico; fue un instrumento en manos de su padre y hermano fácilmente amoldable a todo, una linda esclava que por la educación que había recibido y el ambiente en que se había criado, en el seno de la corrompida sociedad de su tiempo, era ajena al pudor y a la dignidad de la mujer; dulce, afectuosa y resignada, su inconsistencia moral le hizo menos dolorosas las tristes aventuras de su vida. Se acostumbró al sufrimiento como se había habituado al espectáculo que le ofrecía la corte de su padre; la carta que ya moribunda dirigió a León X, es la queja apacible de una desgraciada a la que el pasado dejó una impresión de melancolía más que de terror y remordimiento. En sus últimos años se volcó en la religión, muriendo a los treinta y nueve años de edad. Inspirados en las leyendas que se aceptaron como artículos de fe, varios literatos ilustres han escrito sobre Lucrecia, presentándola como un monstruo humano; entre ellos Víctor Hugo en su drama, más injustamente que todos, pues la acción se desarrolla en Ferrara después de su casamiento con el duque, época de su vida en que su conducta no dio lugar a censuras, y otros muchos, contribuyendo más que ninguno a esta obra de difamación Donizetti, al escribir su ópera que ha recorrido todos los teatros del mundo.