Historia

BORGIA, LUCRECIA (1480-1519)

Lucrecia Borgia, célebre princesa italiana, nació en Roma el 18 de abril de 1480 y murió en Ferrara el 24 de junio de 1519.

Lucrecia Borgia danzando ante la corte de Alejandro VI
Lucrecia Borgia danzando ante la corte de Alejandro VI
Era hija del cardenal español Rodrigo Borja, quien sería luego elegido papa bajo el nombre de Alejandro VI, y de su amante Vannozza Catanei, siendo con frecuencia acusada de compartir los crímenes y excesos de su familia. Sin embargo, parece que fue más un instrumento en los ambiciosos planes de su hermano, César Borgia, y de su padre, que un agente activo en sus crímenes. Dotada de sorprendente hermosura, de una instrucción poco común en su tiempo y de natural ingenio, su falta de entereza la hizo juguete de las pasiones y miras interesadas de los suyos. Sus tres sucesivos matrimonios con prominentes familias ayudaron a aumentar el poder territorial y político de los Borgia. En 1491 la joven Lucrecia fue comprometida sucesivamente con dos nobles españoles, pero después de que su padre fuera elegido papa en 1492, buscó hacer alianza con la familia Sforza de Milán contra la dinastía aragonesa de Nápoles. En consecuencia, Lucrecia fue desposada en 1493 con Giovanni Sforza, señor de Pesaro. Cuando Alejandro se alió con Nápoles y Milán con los franceses, Giovanni, temiendo por su vida, huyó de Roma convirtiéndose en enemigo de los Borgia, acusando después a padre e hija de relaciones incestuosas. Alejandro anuló el matrimonio en 1497 por dudas sobre su consumación. Queriendo fortalecer sus lazos con Nápoles, el papa arregló un matrimonio en 1498 entre Lucrecia y el joven de diecisiete años Alfonso, duque de Bisceglie, hijo ilegítimo de Alfonso II de Nápoles. Tras la alianza de César con el rey francés Luis XII (1499) y la posterior campaña en la Romaña que amenazó Nápoles, Alfonso huyó a Roma en agosto, pero regresó con Lucrecia en octubre. En julio de 1500 fue herido por cuatro individuos en las escalinatas de San Pedro. Mientras se recuperaba, fue estrangulado por uno de los criados de César. El asesinato provocó la deseada ruptura con Nápoles.

Lucrecia se retiró a Nepi y durante este periodo fue vista por vez primera con el misterioso infante romano, el niño de tres años llamado Giovanni, con quien Lucrecia apareció en 1501. Dos bulas papales reconocieron al niño como hijo ilegítimo, primero de César y luego de Alejandro, quien probablemente era el verdadero padre. El misterioso origen del niño y la presencia de Lucrecia en una famosa noche de orgía en el Vaticano, se han usado para apoyar los rumores de incesto en la familia Borgia. Jacobo Sanázaro, famoso poeta de aquel siglo, le dedicó el siguiente epitafio:

Conditur hoc tumulo Lucretia nomine, sed re
Thais, Alexandri filia, sponsa, nurus.
Lucrecia Borgia, por Pinturicchio.
Museo del Vaticano
Alfonso d'Este, hijo de Hércules I, duque de Ferrara, se casó con Lucrecia el 30 de diciembre de 1501, aunque rehuyó la unión durante un tiempo por la despreciable reputación de los Borgia. Este matrimonio fue arreglado por César, para consolidar su posición en la Romaña. Desde este casamiento incluso los detractores más acérrimos de Lucrecia convienen en que se conducta fue irreprochable; se rodeó de una brillante corte de literatos y artistas, en la que figuraban el famoso Ariosto, que celebró sus virtudes en una de las estrofas de Orlando furioso, Bembo, el futuro cardenal, y otros hombres ilustres.

Desgraciadamente para el buen nombre de su memoria, esta princesa ha sido juzgada más por las leyendas que forjaron los escritores contemporáneos y del siglo siguiente, que por la historia; aquéllos le atribuyeron hechos graves que distan mucho de estar probados, llevados por el odio que inspiraron en Italia los crímenes de su hermano César y el poderío de su familia. Gebhart, que es uno de los historiadores que mejor ha estudiado la época en que vivió, la juzga diciendo que fue más que realmente culpable, una mujer indiferente al mal, pudiendo aplicársele con gran justicia el calificativo de amoral; en su carácter todo es fugaz, tímido y borroso, tanto en lo moral como en lo físico; fue un instrumento en manos de su padre y hermano fácilmente amoldable a todo, una linda esclava que por la educación que había recibido y el ambiente en que se había criado, en el seno de la corrompida sociedad de su tiempo, era ajena al pudor y a la dignidad de la mujer; dulce, afectuosa y resignada, su inconsistencia moral le hizo menos dolorosas las tristes aventuras de su vida. Se acostumbró al sufrimiento como se había habituado al espectáculo que le ofrecía la corte de su padre; la carta que ya moribunda dirigió a León X, es la queja apacible de una desgraciada a la que el pasado dejó una impresión de melancolía más que de terror y remordimiento. En sus últimos años se volcó en la religión, muriendo a los treinta y nueve años de edad. Inspirados en las leyendas que se aceptaron como artículos de fe, varios literatos ilustres han escrito sobre Lucrecia, presentándola como un monstruo humano; entre ellos Víctor Hugo en su drama, más injustamente que todos, pues la acción se desarrolla en Ferrara después de su casamiento con el duque, época de su vida en que su conducta no dio lugar a censuras, y otros muchos, contribuyendo más que ninguno a esta obra de difamación Donizetti, al escribir su ópera que ha recorrido todos los teatros del mundo.