Ludwig Ernst von Borowski, destacado predicador prusiano, nació en Königsberg el 17 de junio de 1740, en una acomodada familia polaca que había emigrado a causa de su religión, y murió en Berlín el 10 de noviembre de 1831.
Ludwig Ernst von BorowskiA los catorce años de edad fue a la universidad de Königsberg, donde fue uno de los primeros alumnos de Kant, practicó la oratoria y mostró una inclinación hacia la literatura. Sus convicciones teológicas no estaban influenciadas por Kant, a pesar de una duradera lealtad personal, sino más bien por la escuela sobrenaturalista. En 1758 Kant lo recomendó al general von Knobloch como tutor en su familia; pero mucho antes el mariscal de campo von Kunheim, impresionado por los dones de oratoria de Borowski, le animó a hacerse capellán militar. Esta carrera la acometió finalmente en 1762, siendo ordenado por Süssmilch y reuniéndose con su regimiento en el campo de Sorau poco después. Permaneció en el ejército hasta 1770, cuando Süsamilch lo propuso como superintendente del distrito de Schaaken en Prusia oriental. Aquí trabajó diligentemente durante doce años, hasta que fue llamado a un cargo pastoral en su población natal. El desarrollo de sus talentos de predicación y conocimiento teológico lo elevaron a una creciente prominencia; en 1793 el rey lo nombró miembro de la comisión especial sobre iglesias y escuelas, recibiendo el título de consejero consistorial en 1804. Cuando estalló la guerra en Alemania, él se alzó hasta la cima en esas circunstancias y sus elocuentes exhortaciones tuvieron un profundo efecto sobre Federico Guillermo III y la reina, que residieron en Königsberg desde 1807 a 1809. Continuó recibiendo el cálido afecto y respecto del rey durante los años que siguieron. En 1812 nombró a Borowski superintendente general, en 1815 primer predicador de la corte, en 1816 obispo y en 1829 arzobispo de la Iglesia evangélica prusiana. Esos últimos años de su vida, anciano como ya era, estuvieron llenos de incesante actividad; fue presidente de la Sociedad Bíblica y de la Unión Misionera fundada en 1822. Sin embargo, aparte de la predicación, empleó sus energías más que para otra cosa en la preparación de sus candidatos para la ordenación e incluso en su última enfermedad su mente estuvo ocupada en ello.