Carlo Borromeo, prelado italiano, nació en Arona, a 59 kilómetros al noroeste de Milán, el 2 de octubre de 1538 y murió en Milán el 3 de noviembre de 1584.
Carlo BorromeoEra sobrino de Giovanni Angelo Médicis (después papaPío IV) y ya en su adolescencia mostró inclinación por el sacerdocio, recibiendo su primer beneficio a la edad de doce años por la dimisión de su tío. Cuatro años más tarde fue a Pavía, donde estudió derecho y nada más conseguir su graduación fue llamado por el recién elegido Pío IV a Roma. Su ascenso fue extraordinario y a la edad de veintidós años era cardenal y arzobispo de Milán. Cuando el concilio de Trento se reabrió el 18 de enero de 1562, Borromeo utilizó su influencia para impulsar la cortante formulación sobre cuestiones de disciplina y fe. Gobernó también la Romaña y la Marca, que habían sido añadidas a los dominios papales durante el siglo XV. En política exterior nada se decidía sin su intervención, siendo miembro activo de la Inquisición, además de protector de los franciscanos, Caballeros de Malta y carmelitas. Pudo mantener toda esa actividad sólo mientras estuvo en Roma, pero conforme a la decisión del concilio, que exigía que todos los obispos residieran en sus diócesis, se trasladó a Milán, donde ya tenía casa preparada por los jesuitas, quienes actuaron como instrumentos suyos en reorganizar la diócesis de Milán. Apenas había comenzado su actividad en esa ciudad cuando murió Pío IV, ayudándole su sucesor Pío V en la reorganización de la diócesis italiana más grande, que habría de ser modelo para las demás. Borromeo fundó seminarios para la educación del clero, en el más estricto sentido eclesiástico y también introdujo una rígida disciplina en la iglesia, comenzando con el clero. Sus esfuerzos para popularizar la obra sinodal y para mejorar las órdenes existentes, así como para introducir otras en Italia, tales como los teatinos, los hizo con el mismo propósito. En venganza, algunos frailes disolutos que se sentían perjudicados por sus reformas planearon asesinarlo, pero según la afirmación de Borromeo, un milagro le salvó del proyectil asesino. Poniendo manos a la obra dentro de la Iglesia católica, fue un implacable enemigo de toda forma de 'herejía' en Lombardía, Valtelina, Engadina, y contra las brujas en Valcamonica. Durante la peste de 1576 cuidó heroicamente de los enfermos y enterró a los muertos, mientras que los oficiales huían aterrorizados de la ciudad. Su estatua cerca de Arona todavía rememora su nombre, quien al ser canonizado en 1610 se convirtió en el santo de la Contrarreforma.