Historia
BOWER, ARCHIBALD (1686-1766)

National Portrait Gallery
El punto de inflexión en la carrera de Bower fue su traslado de Macerata a Perugia y su huida desde esa ciudad a Inglaterra en 1726. Sus enemigos decían que este paso lo dio a consecuencia de haber sido sorprendido en amoríos con una monja, pero él mismo lo atribuye a los 'procedimientos infernales' del tribunal de la Inquisición en Macerata, en el que dice fue consejero o juez. Quedó muy impresionado con las horribles crueldades cometidas en la cámara de tortura, particularmente sobre dos caballeros, cuyas historias, así como su propia huida, relata en detalle en Answer to a Scurrilous Pamphlet (1757). Otro relato había sido publicado previamente por Richard Baron en 1750, profesando contener la sustancia del relato que Bower dio de su fuga al doctor Hill, capellán del arzobispo de Canterbury (Six Letters from Bower to Father Sheldon, p. 3 n). El título del folleto de Baron es A faithful Account of Mr. Archibald Bower's Motives for leaving his Office of Secretary to the Court of Inquisition; including also a relation of the horrid treatment of an innocent gentleman, who was driven mad by his sufferings, in this bloody Court; and of a Nobleman who expired under his tortures. To both which inhuman and shocking scenes the author was an eye-witness. Un tercer relato de estos casos se imprime al final de Bower and Tillemont compared (1757). La narrativa publicada por Bower treinta y un años después de la fecha de su presunto 'escape' entra en conflicto con las versiones anteriores dadas por él oralmente, siendo de dudosa veracidad.
A su llegada a Inglaterra en junio o julio de 1726 conoció al doctor Edward Aspinwall, anteriormente jesuita, que le recibió amablemente y le presentó al doctor Clarke. Después de varios encuentros con ellos y algunos con Berkeley, deán de Londonderry (posterior obispo de Cloyne), se retiró de la comunión de la Iglesia católica, se despidió del provincial y renunció a la Compañía de Jesús. Él mismo dice que formó un sistema religioso propio, siendo durante seis años un protestante de ninguna denominación particular, pero por fin se conformó a la Iglesia de Inglaterra.
Por la bondad del doctor Goodman (médico de Jorge I) Bower obtuvo una recomendación para Lord Aylmer, que quería una persona que le ayudase a leer los clásicos. Con Aylmer continuó durante varios años en términos de la mayor amistad, siendo presentado a todas las amistades de su patrono, una de las cuales George (después Lord) Lyttelton siguió siendo su amigo cuando fue abandonado por casi todas las demás personas. Mientras residía con Lord Aylmer escribió Historia Literaria, una publicación mensual, iniciada en 1730 y descontinuada en 1734. Durante los siguientes nueve años (1735-1744) fue empleado por los propietarios de Universal History, obra a la que aportó la historia de Roma. También acometió la educación del hijo del Sr. Thompson, de Cooley, Berkshire, pero la mala salud no le permitió continuar más de doce meses en esa familia y tras su recuperación Lord Aylmer procuró sus servicios como tutor de dos de sus hijos.
En 1740 invirtió sus ahorros (1.100 libras) en Old South Sea y con esta suma resolvió comprar una anualidad. En la administración de este dinero se comprometió en una negociación que luego resultó fatal para su reputación. Según el propio relato de Bower en la transacción ninguno de sus amigos protestantes se cuidaron de soportar sus propiedades con una renta vitalicia, dejando su dinero en los fondos hasta agosto de 1741, cuando al ser informado que una ley del parlamento había sido aprobada para la reconstrucción de una iglesia en la ciudad de Londres sobre las anualidades, al siete por ciento, fue a la ciudad, con la intención de disponer de su dinero en esa manera, pero encontró que la suscripción se había cerrado. Esta decepción la mencionó a un amigo, el Sr. Hill, con quien accidentalmente se reunió en la cafetería de Will, y al ofrecerle Hill el mismo interés que le fue dado por los fideicomisarios de la iglesia mencionada, la suma de 1.100 libras fue transferida al Sr. Wright, banquero del Sr. Hill. Éste, agrega Bower, era un jesuita, pero manejaba los asuntos de dinero como un abogado. Algún tiempo después Bower añadió 250 libras a la suma ya en manos de Hill, recibiendo por el total 94 libras y 10 chelines al año. Después resolvió casarse y fue principalmente sobre esa consideración que solicitó a Hill saber en qué términos le devolvería el capital. Hill estuvo de acuerdo en pagarlo de una vez, deduciendo solo lo que Bower había recibido más allá del interés común del cuatro por ciento, durante el tiempo que había estado en sus manos. 'Así' afirma Bower, 'esta transacción de dinero comenzada con el Sr. Hill, fue continuada por el Sr. Hill y con el señor Hill se terminó.'
Sus oponentes alegan con más probabilidad que después de un tiempo deseó volver a la Iglesia a la que había renunciado y con el fin de recomendarse a sus superiores, quiso demostrar efectivamente su sinceridad hacia ellos. Propuso al jesuita Shireburne, entonces provincial en Inglaterra, de renunciar en él, como representante de la Compañía de Jesús, al dinero que entonces poseía, a condición de que se le pagara en vida una anualidad a una tasa del siete por ciento. Esta oferta fue aceptada y el 21 de agosto de 1741 pagó a Shireburne 1.100 libras y el 27 de febrero de 1741-2 le pagó 150 más en las mismas condiciones. No acabó aquí su confianza, pues el 6 de agosto de 1743 agregó otras 100 libras a las sumas anteriores, ahora aumentadas a 1.350 libras, cuando las varias anualidades se redujeron a una sola, que ascendió a 94 libras y 10 chelines, para lo cual se le dio un bono. Esta negociación tuvo el deseado efecto y Bower fue readmitido en manera formal en la Compañía de Jesús por el padre Carteret en Londres, algún tiempo antes de la batalla de Fontenoy (30 de abril de 1745).
Bower pronto volvió a sentirse insatisfecho con su situación. Se ha sugerido que se ofendió porque sus superiores insistieron en que fuera al extranjero o que tenía una perspectiva de hacer avanzar su interés más seguramente como un declarado protestante que como emisario del papa. Cualquiera que sea el motivo que lo haya impulsado, parece cierto que cuando comenzó su correspondencia con Sheldon, el sucesor de Shireburne en el cargo de provincial, finalmente había resuelto romper por segunda vez sus votos. Para efectuar ese objetivo escribió las famosas cartas que ocasionaron una vívida controversia. La correspondencia respondió a su propósito y él recibió su dinero de vuelta de los prestatarios el 20 de junio de 1747.
Recibió 300 libras por revisar y corregir la segunda edición de Universal History, pero realizó la tarea en una manera desaliñada y descuidada. El 25 de marzo de 1747 publicó las 'propuestas' para imprimir por suscripción su History of the Popes, describiéndose a sí mismo como 'Archibald Bower, esq., hasta ahora profesor público de retórica, historia y filosofía en las universidades de Roma, Fermo y Macerata, y, en este último lugar, consejero de la Inquisición.' Anunció que había comenzado la obra en Roma hacía algunos años, siendo su original propósito reivindicar la doctrina de la supremacía del papa y que mientras avanzaba en sus investigaciones se convirtió en un prosélito de la opinión que se había propuesto refutar. Presentó el primer volumen al rey el 13 de mayo de 1748 y a la muerte del Sr. Say, custodio de la biblioteca de la reina Carolina (10 de septiembre), obtuvo ese puesto por el interés de su amigo Lyttelton ante el primer ministro, Pelham. El año siguiente (4 de agosto de 1749) se casó con una sobrina del obispo Nicolson e hija de un clérigo de la Iglesia de Inglaterra. Esta dama tenía una fortuna de 4.000 libras y un hijo de un anterior marido.
El segundo volumen de History of the Popes apareció en 1751 y en el mismo año publicó Bower, a modo de suplemento a este volumen, diecisiete hojas, que fueron entregadas a sus suscriptores gratis. A finales de 1753 produjo un tercer volumen, que llevó su historia hasta la muerte del papa Esteban en 757. En abril de 1754 su constante amigo Lyttelton lo nombró secretario de las garantías judiciales. Fue en este año cuando ocurrió el primer ataque serio contra él por su History of the Popes, en un folleto del reverendo Alban Butler, publicado anónimamente en Douai bajo el título Remarks on the two first volumes of the late Lives of the Popes; in letters from a Gentleman to a Friend in the Country. Mientras tanto las cartas dirigidas por Bower al provincial de los jesuitas habían caído en manos de Sir Henry Bedingfield, un barón católico, que no hizo ningún secreto de su contenido. Afirmó que las cartas claramente demostraban que si bien su escritor había pretendido tener el celo más vivo por la fe protestante, de hecho era miembro de la Iglesia católica y estaba en correspondencia confidencial con la cabeza de esa organización. Bower mantuvo que esas cartas eran infames falsificaciones, ideadas para arruinar su crédito ante sus amigos protestantes, impulsadas por los jesuitas en venganza por su denuncia de los fraudes del sacerdocio. En esta coyuntura el reverendo John Douglas (después obispo de Salisbury), que ya había detectado los fraudes de Lauder en relación con Milton, determinó exponer la duplicidad de la conducta de Bower y publicó en 1756 un tratado titulado Six Letters from A___d B___r to Father Sheldon, provincial of the Jesuits in England; illustrated with several remarkable facts, tending to ascertain the authenticity of the said letters, and the true character of the writer. En este tratado Douglas demostraba la autenticidad de las cartas; mostrando que la falta de veracidad no era el único defecto en el carácter de Bower, sino que era tan poco destacado por su castidad como por su amor a la verdad; y presentó el testimonio de la señora Hoyles. Bower había convertido a esta dama al catolicismo y su declaración no deja motivo para dudar del celo del historiador para apoyar en secreto a la Iglesia que, por fines de interés propio, públicamente repudiaba. El tratado de Douglas provocó una respuesta de Bower, o uno de sus amigos, bajo el personaje de Country Neighbour. Douglas entonces publicó su segundo tratado, Bower and Tillemont compared (1757), en el que demuestra que History of the Popes, especialmente el primer volumen, es meramente una traducción de la obra del historiador francés. En 1757 Bower publicó tres largos folletos, en los que trabajó para refutar los cargos hechos en contra de su carácter moral, religioso y literario. Douglas continuó con A Full Confutation of all the Facts advanced in Mr. Bower's Three Defences (1757) y A Complete and Final Detection of A___d B___r (1758). A los dos últimos folletos iban anexos certificados y otros documentos obtenidos desde Italia, demostrando claramente la culpa e impostura de Bower. En el curso de esta enconada controversia, Garrick, quien había sido anteriormente su amigo, amenazó con escribir una farsa en la que Bower sería presentado como un disimulado convertido y mostrado en diversas situaciones, en las que el despilfarro de su carácter quedaría expuesto. A partir de este momento, Bower empleó todo el tiempo en hacer ataques ineficaces sobre sus enemigos, haciendo igualmente vanos esfuerzos por recuperar su reputación y la de su History of the Popes. Antes de que la controversia hubiera terminado, publicó su cuarto volumen y en 1757 se publicó en francés en Ámsterdam un compendio de los primeros cuatro volúmenes de su obra. En 1761 parece haber ayudado al autor de Authentic Memoirs concerning the Portuguese Inquisition, in a series of letters to a friend y hacia el mismo tiempo produjo el quinto volumen de su History of the Popes. A este volumen añadió un resumen de la controversia entre él y los católicos. El resto de su historia no apareció hasta poco antes de la muerte del autor, cuando los volúmenes sexto y séptimo se publicaron juntos, pero en forma tan apresurada y desaliñada que todo el período de 1600 a 1758 abarca veintiséis páginas.
Bower fue enterrado en el cementerio de Marylebone. El epitafio en su tumba lo describe como 'un hombre ejemplar de toda virtud social, justamente estimado por todos los que le conocieron por su estricta honestidad e integridad, un amigo fiel y un sincero cristiano.' Legó todos sus bienes a su esposa, quien, poco después de su muerte, atestiguó que él murió en la fe protestante.