Historia

BOWNE, BORDEN PARKER (1847-1910)

Borden Parker Bowne, educador y filósofo americano, nació en Leonardville, New Jersey, el 14 de enero de 1847 y murió en Brookline, Massachusetts, el 1 de abril de 1910.

Borden Parker Bowne
Borden Parker Bowne
Procedía de ascendencia puritana y era hijo de Margaret (Parker) Bowne y Joseph Bowne, granjero, juez de paz y predicador local, bien conocido como enemigo de la esclavitud y del licor. El niño creció sensible a su entorno, tímido en disposición y atraído por los libros. Su mente estaba alerta y era capaz de impresiones profundas. Asistió a Pennington Seminary y luego por su propio esfuerzo se preparó para ingresar en el segundo año de la universidad de Nueva York. Logró una brillante reputación, graduándose como mejor alumno de su curso en 1871. Enseñó en la escuela durante un año y luego fue pastor de una iglesia metodista en Whitestone, Nueva York, en 1873. Siguió un período de estudio en Europa en Halle y Gotinga, regresando a América en 1875 para convertirse durante un año en profesor ayudante de lenguas modernas en la universidad de Nueva York. Durante el mismo tiempo fue editor religioso de Independent de Nueva York. Su interés en la filosofía se desarrolló fuertemente en la universidad. Escribió una disertación crítica de la filosofía de Herbert Spencer, que se publicó en New Englander sin firma, siendo popularmente atribuida a alguien mucho mayor. En 1876 la universidad de Boston, de su propia denominación metodista, le invitó a dirigir su departamento de filosofía, lo cual aceptó. Su servicio durante casi treinta y cinco años como jefe del departamento de filosofía y como decano de la escuela de postgrado dio fama a la universidad. Más de una vez fue invitado a unirse a otras facultades, pero fue leal a la institución con la que se había comprometido. En 1905-06 hizo un viaje por el mundo, recibiendo una recepción especialmente cordial en Japón. Se ganó el respeto de los pueblos orientales, especialmente del chino. En su patria siempre estuvo ocupado con la enseñanza o la escritura, de modo que tenía poco ocio para el disfrute de la naturaleza o el cultivo de grandes amistades, cosas que apreciaba. Se interesó en cuestiones mecánicas y hallaba placer en pasear, pero su entretenimiento favorito era la jardinería. Se sentía especialmente orgulloso de su rosal en Longwood. Era feliz en su vida hogareña, simple en sus gustos, pero apreciaba el mobiliario artístico. Para él la personalidad era el secreto de la autenticidad y la vida expresión del pensamiento y prueba de la verdad. Enseñaba de manera nítida y fresca, con una original forma de expresión y con toques de humor. Aclaraba el tema mediante su lúcido pensamiento y lenguaje y por abundantes ilustraciones, dejando que el estudiante pensara por sí mismo. El alumno podía ausentarse cuando quisiera; pero cuando estaba presente debía estar atento y ser receptivo. Bowne tenía poca paciencia con la pereza o la torpeza de intelecto o fe.

Sus ideas filosóficas maduraron pronto, pero no dudó en cambiar su terminología en interés de la claridad o el énfasis. Su primera filosofía fue un idealismo objetivo, que se parecía al pensamiento de Lotze, aunque Bowne no era el suplente de nadie. Lotze era monista en filosofía, pero no Bowne. Lotze se cuidaba de la religión incidentalmente, Bowne la hizo central. Su fe coloreó todo su pensamiento. Al pasar los años, subrayó más y más la realidad del yo detrás de todas las categorías y leyes, libre de ataduras de la naturaleza inanimada, aprendiendo empíricamente y expresándose en la conducta moral. Llamó a esta doctrina empirismo trascendental, porque la experiencia del hombre no se limita a los sentidos. En un momento en que el determinismo mecanicista era popular, rechazó todos los argumentos contra la libertad de la personalidad. Insistió en que ninguna teoría del conocimiento que fuera sólida era posible sobre el fundamento de la necesidad. Nunca se cansó de mantener la libertad del yo y su relación con lo Invisible que está detrás del universo. Anticipó la noción moderna de la relatividad al insistir en que el tiempo y el espacio son solo términos relativos, que de ninguna manera deben ser concebidos como factores de control. Encontró valor en lo intuitivo, intelectual, utilitario, equilibrándolos en la modelación de su ética. Llevó toda filosofía y religión a la prueba pragmática de la vida. Tan insistente fue sobre la importancia central de la personalidad que llegó a creer que no hay otro término tan bien definido en su pensamiento como personalismo, y por ese nombre ha llegado a conocerse su filosofía. Después de 1905, cuando sintió que había establecido su posición filosófica, volvió su atención a la teología. Fue de ayuda para sus compañeros metodistas al despejar obstáculos en el pensamiento moderno. Más bien conservador, como, por ejemplo, en su cristología y en su actitud hacia la evolución, cuando tantos hombres quedaron cautivos por la idea de ese principio como instrumento activo en la creación, defendió el derecho de crítica y el deber de una mente abierta hacia toda investigación. Su fuerza de convicción y franqueza en sus opiniones suscitaron la oposición de ciertos defensores de la ortodoxia, siendo juzgado por herejía ante su propia conferencia del este de Nueva York, aunque no estuvo en peligro de condenación. Tomó parte en la defensa del acusado en un juicio similar, el de su colega, el profesor Mitchell, experiencia que lo enconó contra sus oponentes teológicos. La religión era para él la sanción de la ética, ya que la ética es la expresión de la religión.

Sus libros cubrieron todo el campo de la filosofía e hizo valiosas contribuciones a la teología. Sus escritos son: The Philosophy of Herbert Spencer (Nueva York, 1874); Studies in Theism (1879); Metaphysics (1882); Philosophy of Theism (1887); Introduction to Psychological Theory (1887); Principles of Ethics (1892); Theory of Thought and Knowledge (1897); The Christian Revelation (Cincinnati, 1898); The Christian Life (1899); The Atonement (1900); Theism (conferencias Deems de 1902; Nueva York, 1902) y The Immanence of God (Boston, 1905).