Sebastian Brant, escritor satírico alemán, nació en Estrasburgo en 1457 y murió en esa ciudad el 10 de mayo de 1521.
Sebastian BrantCuando tenía diez años quedó huérfano de padre y tras ser educado privadamente ingresó en la universidad de Basilea en 1475, donde la lucha entre realismo y nominalismo había revivido como una batalla entre humanismo y escolasticismo. Allí Brant se entregó a medias al estudio del derecho, pero su preferencia por la filosofía y poesía no le daban sustento para vivir, por lo que se vio obligado a tomarse el estudio de la jurisprudencia en serio, recibiendo finalmente su doctorado en derecho civil y canónico en 1489. Mientras tanto se había embarcado en una actividad literaria que le llevó, además de las clases que dio a partir de 1484, a escribir libro tras libro, parcialmente sobre jurisprudencia, tanto en latín como en vernáculo, y parcialmente en verso, principalmente en alemán. Añorando su ciudad natal solicitó una plaza vacante que ganó en 1501, tanto por su propia reputación como por la recomendación de Johann Geiler. Dos años después fue secretario del ayuntamiento y más tarde consejero imperial del emperador Maximiliano.
Su 'Nave de los Locos'.
Aunque Brant fue el escritor y el editor de una larga serie de títulos, hay uno que le ha dado fama imperecedera: Narrenschiff (Basilea, 1494). El final de la Edad Media, que marcó el resquebrajamiento y ruina de las antiguas condiciones en el Estado y la Iglesia, así como en la vida moral y social, se sintió profundamente en Alemania, donde evocó un espíritu de sátira que no se detenía ante la vida ni ante la muerte. El representante más destacado de esta tendencia, junto a la Danza de la muerte, es el Narrenschiff de Brant. La obra constituye por sí sola un documento que ilustra de manera especial la historia intelectual y moral del periodo. Dondequiera que el poeta miraba sólo veía necedad, sin importar sexo, edad o estado, y como en el carnaval las máscaras se desplazaban por las calles disfrazadas de locos, a veces en naves sobre ruedas, él contempló la vida como un gran carnaval, donde loco tras loco toma su lugar en la nave de los locos para viajar a Narragonia, el país de los locos. Brant fue, en este sentido, el portavoz de su tiempo, y su obra se convirtió en inmortal al ser un espejo de la época. Pertenece al genio alemán, a pesar de su atracción por el humanismo y sus numerosos sentimientos y paralelos extraídos de los clásicos. Sus ideas y hábitos de pensamiento los tomó de la vida a su alrededor y su alemán, aunque basado en su latinidad, no es tan violento ni tan ininteligible como el de Niclas de Wyle, que le precedió, ni el de su sucesor Hutten. Su intención no era restringir su obra a los entendidos, por lo que consideró a los que no sabían leer, adornando su libro con dibujos como sustituto de las palabras. El Narrenschiff alterna entre dibujos y texto, dándonos una doble descripción de la necedad, un arreglo que divide el poema en fragmentos deshilvanados que se suceden uno tras otro y no arreglados en un diseño, aunque la diversidad del material habría permitido difícilmente que el autor lo amoldara en un todo homogéneo.
La Nave de los locos, de Sebastian Brant Basilea 1494El rasgo más importante y característico de la obra es la profunda seriedad y buena fe moral de que aparecen impregnadas sus sátiras y burlas. Exhorta al hombre a no perder jamás de vista el negocio de su salvación y representa la vida futura como la meta, el término final al cual debe dirigir sus esfuerzos. Ni una sola vez habla de la Iglesia como de medio con cuyo auxilio haya de obtenerse el perdón del pecado o pueda conquistarse la gracia de Dios; dos o tres veces alude incidentalmente y de pasada a la confesión, pero ni una sola a la intercesión de la Virgen o de los santos y jamás insinúa que las funciones de la Iglesia sean necesarias. En una palabra: la doctrina desarrollada es que el hombre trata directamente con Dios y sólo ante Dios es responsable. Es muy significativa la observación que hace de que más valdría que más de una misa que se celebra no se celebrara, pues Dios no puede aceptar un sacrifico que le es ofrecido en pecado. La sabiduría es el fin a cuyo logro debe el hombre encaminar sus esfuerzos, ya que la sabiduría consiste en la obediencia a Dios y en observar un vida virtuosa, siendo de notar que todos los ejemplos que cita pertenecen al paganismo clásico (Hércules, Pitágoras, Sócrates, Platón, Penélope, Virgilio), bien que las muchas citas que de la Sagrada Escritura hace, demuestran que el autor no era profano, sino que atesoraba profundo conocimiento de la Biblia. Sin embargo, Brant osciló entre dos tendencias opuestas y si por un lado no dudó en exponer las faltas en la vida externa de la Iglesia con su falta de fe y de moralidad, temió tocar sus enseñanzas, y se dolió de la oscilante barca de Pedro, reprendiendo a los herejes y considerando la imprenta un mal absoluto.