Historia

BROSSIER, MARTHE (c. 1547-c. 1600)

Martthe Brossier, impostora francesa, nació en Romorantin hacia 1547 y murió después de 1600. Aquejada de histerismo, su padre Jacques, tejedor de oficio, la hizo pasar por endemoniada, recorriendo juntos varias regiones de Francia, explotando la credulidad e ignorancia del vulgo, al que hacía testigo de sus hechos con el diablo, recogiendo en recompensa abundantes ganancias. El obispo de Angers, Charles de Miron, descubrió su superchería al exorcizarla y les arrojó de su diócesis aconsejándoles que volvieran a su pueblo. Lejos de obedecerle marcharon a París, junto con otras dos hermanas de Marta, llamadas Silvina y María, dirigiéndose al convento de los capuchinos que la exorcizaron en público (30 de marzo de 1599), ante enorme multitud de gentes. El obispo Henry de Gondi nombró una comisión compuesta de cinco médicos para que examinaran a Marta, los que declararon que en aquel caso había mucha parte de farsa, un poco de histerismo y nada de diabólico. Los amigos de Marta nombraron otra junta de médicos que en su dictamen afirmaron que estaba endemoniada, dictamen refutado con sólidos argumentos y pruebas por Marescot, uno de los médicos que tomaron parte de la comisión episcopal, suscitándose una polémica entre una y otra comisión que apasionó a los parisienses por algún tiempo. Enrique IV y el parlamento, temiendo que los ataques que dirigía a los hugonotes, según el padre de l'Estoile, pudieran ocasionar trastornos de orden público, encerraron a Marta en el Châtelet (13 de abril) a pesar de la oposición de algunos fanáticos que sostenían que como endemoniada caía bajo la jurisdicción de la Iglesia. Examinada por los médicos más famosos de la época, entre ellos La Rivière, primer médico del rey, Andres de Laurens, primer médico de la reina, Pierre Lafilé, decano de la facultad de medicina, Marescot, Jean Haution, Albert La Febvre y otros, opinaron por unanimidad que los ataques que sufría Marta no presentaban síntoma alguno sobrenatural, en vista de lo cual el parlamento, por sentencia de 23 de junio, mandó que tanto ella como el padre y las hermanas fueran conducidos a su pueblo por trámites de justicia con prohibición de salir de allí sin permiso del tribunal. Los enemigos del parlamento los eligieron como instrumento de sus planes y para ello el abad de Saint Martin, Alejandro de la Rochefoucauld, le fue a buscar a Romorantin llevándoles sucesivamente a la Auvernia, Aviñón y Roma. Advertido a tiempo Enrique IV de aquellos manejos, encaminados a crear un conflicto entre el papa y el parlamento, encargó a Sillery, su embajador en Roma, y al cardenal Ossat que previnieran al papa y obtuvieran el apoyo de la Compañía de Jesús, que se puso resueltamente enfrente de aquellos farsantes. El abad fracasó por completo y perdió todos sus cargos y , viéndose obligado a implorar la clemencia del rey y muriendo de pesar poco después. El cardenal de Ossat terminó este asunto encerrando a Marta en un convento (diciembre de 1600).