Historia

BRUNO EL CARTUJO (c. 1030-1101)

Bruno nació de linaje noble hacia 1030 en Colonia y murió el 6 de octubre de 1101 en el monasterio de La Torre, Calabria.

Bruno en oración, por Jean Bernard Restout
Fue canónigo de San Cuniberto en Colonia y escolástico de la catedral de Reims, desempeñando esta función durante veinte años en los que fue inculcado en los duros principios de Hildebrando y los monjes de Cluny. Designado canciller del arzobispado de Reims en 1075, Bruno relajó sus energías como maestro para atacar la simonía de su propio arzobispo, Manasés de Gourney (1067-1080). Tras una larga batalla, en la que Bruno fue apoyado por los mejores elementos del capítulo y por la clerecía vecina, Manasés fue desposeído. Su antagonista, sin embargo, había quedado descorazonado con la condición de la Iglesia. Desencantado igualmente con la teología a la que se había dedicado, resolvió apartarse del mundo y vivir como un eremita. Es incierto dónde encontró a los dos canónigos con los que luego fundaría Chartreuse, pero es seguro que se retiró con unos pocos amigos de similares simpatías a Molesme en la diócesis de Langres para vivir la vida de un anacoreta en el centro del ascetismo francés. Allí se unió a los seguidores de Roberto, entonces abad de Molesme y posterior fundador de los cistercienses, y con su permiso estableció una pequeña comunidad de eremitas en la vecina Sêche-Fontaine. Sintiendo que su refugio no era lo suficientemente apartado del mundo, Bruno dejó a todos sus seguidores salvo seis en Sêche-Fontaine, desplazándose hacia el sur y llegando en 1084 a Grenoble, donde el pequeño grupo fue bien recibido por Hugo, quien recientemente había sido nombrado obispo.

Fundación de Chartreuse.
Gracias a la influencia del abad de Chaise-Dieu, Bruno y sus compañeros recibieron de Hugo el casi inaccesible valle de Cartusia como lugar de refugio y el 24 de junio de 1084 comenzaron la construcción de la ermita, que originalmente consistía de tres pobres celdas, ocupadas cada una por dos anacoretas, y una capilla. Al principio la nueva comunidad no tenía regla especial, aunque parecen haber sido influenciados por los camaldulenses italianos en muchos aspectos. Vestían de blanco y estaban en perpetuo silencio, observando las horas monásticas en la más rigurosa mortificación y renuncia, copiando libros devocionales. Tras dirigir su pequeña comunidad durante seis años, Bruno fue citado a Roma por Urbano II, quien fuera alumno suyo en Reims. Bruno obedeció con vacilación, pero fue acompañado por algunos de sus monjes, mientras que otros permanecían en la comunidad, aunque descontentos bajo la administración de Landuino, a quien Bruno había nombrado en su lugar. En Roma los eremitas empezaron a añorar su valle, obteniendo Bruno permiso para regresar, llevando cartas del papa de recomendación para Hugo de Grenoble y Hugo arzobispo de Lyón. Sin embargo, Bruno se quedó en Roma, aunque no fue lo suficientemente enérgico para ejercer influencia sobre el gobierno de Urbano sobre la Iglesia.

Los cartujos en Italia.
Rehusó el ofrecimiento del arzobispado de Regio en Calabria y poco después de la primera cruzada, en 1091, se retiró a la agreste región de La Torre, cerca de Squillace en Calabria, donde reunió a su alrededor un número de eremitas, formando una comunidad semejante a la de Chartreuse. En 1097 el conde Roger de Calabria le otorgó La Torre y Santo Stefano en Bosco y dos años más tarde le ofreció San Jacobo de Mentauro, para que pudiera establecer dos claustros grandes para su orden. Fue enterrado en Santo Stefano en 1101, pero el monasterio que entonces tenía treinta monjes pasó pronto a manos de los cistercienses, no siendo hasta 1137 cuando los monasterios cartujos alcanzaron el número de cuatro, situados todos en Francia.