Historia

BRUNO, GIORDANO (1548-1600)

Giordano (Filippo) Bruno, filósofo italiano del Renacimiento, nació en Nola, Campania, en 1548 y murió quemado en Roma el 17 de febrero de 1600.

Giordano Bruno
Ingresó en los dominicos, en Nápoles, a la edad de catorce o quince años, pero el estudio y reflexión y sobre todo la influencia de las obras de Nicolás de Cusa y Raimundo Lulio le hicieron dudar del dogma e intranquilizarse con la estricta regla de su orden. En 1576 huyó a Roma y a partir de ahí comenzó una vida errante. Primero visitó varias ciudades del norte de Italia, llegando a Ginebra en 1580, donde se quedó dos años, yendo luego a París vía Lyón y Toulouse; en París dio clases sobre filosofía y desde 1583 a 1585 estuvo en Inglaterra, haciéndose amigo de hombres como Sir Philip Sidney y componiendo allí sus obras más importantes. Entre 1586 y 1588 enseñó en Wittenberg; visitó Praga, Helmstädt, Francfort, Zurich y Padua, llegando a Venecia a principios de 1592. Allí fue arrestado en mayo, juzgado ante la Inquisición y su causa remitida a Roma, en enero de 1593. El 7 de enero de 1600, tras un confinamiento de siete años, fue condenado como apóstata y hereje, siendo entregado al brazo secular para ser ejecutado. Fue el primer filósofo en defender la hipótesis de Copérnico; en su interpretación metafísica de la misma se opuso radicalmente a la filosofía y ciencia de su tiempo, subvirtiendo también las más preciadas enseñanzas de la Iglesia. Su principio fundamental, al igual que contra Aristóteles, fue la absoluta infinitud del universo. Lo sobrenatural, en su sentido tradicional, quedaba eliminado. No existe un cielo separado del universo. El mundo, el aspecto fenoménico del universo, y Dios no son lo mismo, pero Dios se identifica con el universo, pudiendo concebirse como sustancia inmaterial extendida, siendo la causa inmanente o alma del mundo. Filósofos posteriores, como Descartes, Spinoza, Leibniz, Böhme y Hegel deben mucho a Bruno. Trescientos años después de su ejecución, el 17 de febrero de 1900, en el mismo lugar donde fue ejecutado, se levantó un monumento en su memoria.

Sus obras más importantes fueron Spaccio della bestia trionfante (París, 1584); Della causa, principio ed uno y Del infinito universo e mondi (Venecia, 1584); De triplici minimo et mensura y De monade numero et figura (Francfort, 1591). Sus obras italianas fueron editadas por Wagner (2 volúmenes, Leipzig, 1830) y por Paul de Lagarde (2 volúmenes, Gotinga, 1888); sus obras latinas por Fiorentino (2 volúmenes, Nápoles, 1879-91) y por Tocco (Florencia, 1889). Della causa fue traducido al alemán por Lasson (tercera edición, Leipzig, 1902) y una traducción alemana de sus obras filosóficas por L. Kuhlenbeck (Jena, 1904, volumen v, 1907), quien también editó Lichtstrahlen aus Giordano Bruno's Werken (Leipzig, 1891). Un relato general y sinopsis del 'Universo Infinito' escrito por Bruno en su dedicación de la obra a Lord Castelnau, fue traducido por John Toland e impreso, con un ensayo latino a la muerte de Bruno (en A Collection of Several Pieces of Mr. John Toland, volumen i, Londres, 1726, páginas 304-349).

De su obra Della causa, principio ed uno procede el siguiente pasaje:

'TEÓFILO: Por mínima y pequeña que sea cualquier cosa, tiene en sí parte de la sustancia espiritual; y ésta, si encuentra el sujeto dispuesto, se extiende a ser planta o a ser animal, y recibe miembros de cualquier cuerpo que comúnmente se dice animado. Porque el espíritu se encuentra en todas las cosas y no hay un mínimo corpúsculo que no contenga en sí una porción de éste.
DICSON: Me descubrís un cierto modo verosímil con el que se podría sostener la opinión de Anaxágoras, quien afirmaba que cada cosa estaba en las otras cosas porque, al estar el espíritu o el alma universal en todas las cosas, de todo se puede generar todo.
TEÓFILO: No digo que sea verosímil, sino verdadero. Porque ese espíritu se halla en todas las cosas y si éstas no son animales, son animadas; si no son según el acto sensible de la animalidad, y la vida, sí son según el principio y verdadero acto primero de la animalidad y la vida.
Y no digo más porque prefiero obviar las propiedades de muchas piedras y gemas, que rotas, pulverizadas y dispuestas en desorden, tienen la virtud de alterar el espíritu y generar afectos y pasiones no sólo en el cuerpo, sino también en el alma... Y nosotros sabemos que tales efectos no se derivan ni pueden provenir de una cualidad puramente material, sino que se refieren necesariamente a un simbólico principio vital y animal...
Dejo dicho que no sin razón hacen tantas cosas los nigromantes con los huesos de los muertos; y creen que éstos retienen, si no todo, sí al menos una parte del acto de vida, que después utilizan con efectos extraordinarios...
Si entonces el espíritu, el alma, la vida, se encuentra en todas las cosas y, según determinados grados, llena toda la materia, es porque en realidad llega a ser el verdadero acto y la verdadera forma de todas las cosas. Así pues, el alma del mundo es el principio formal constitutivo del universo y de todo lo que éste contiene.
Digo que si hay vida en todas las cosas, el alma vendrá a ser la forma de todas las cosas: aquélla preside la materia por completo y se enseñorea en sus compuestos, dando lugar a la composición y a la consistencia de las partes.
Y, sin embargo, no parece que la persistencia se convenga a otra forma distinta de la materia... Entiendo que ésta intenta unificar todas las cosas; sin embargo, según las diversas disposiciones de la materia y según la facultad de los principios materiales activos y pasivos, produce diversas figuraciones y efectúa diversas funciones, mostrando unas veces un efecto de vida sin sentido, otras en cambio efecto de vida y sentido sin inteligencia, y otras parece que tenga todas las facultades suprimidas o por imbecilidad o por cualquier otra razón de la materia.
Así, mutando esta forma de sede y de apariencia, es imposible que se anule, porque no es menos existente la sustancia espiritual que la material.
Por lo tanto, sólo las formas exteriores cambian y se anulan, porque no son cosas en sí mismas, sino propiedades de las cosas; no son sustancias, sino accidentes y circunstancias de la sustancia...'