Historia
BRYENNIOS, JOSEPH (c. 1335 - c. 1436)
Joseph Bryennios nació probablemente en Lacedemonia hacia 1350 y supuestamente murió en Creta hacia 1436. Su apellido original era Bladynteros e ingresó en un monasterio cretense hacia 1375, aunque veinte años más tarde fue obligado a dejar la isla por causa de un conflicto con el clero. Entonces fue a Constantinopla, se unió a los estuditas y pronto fue capellán en la corte del emperador Manuel Paleólogo, obteniendo una importante influencia en la política eclesiástica. En 1416 y 1418 fue embajador imperial en occidente y al principio disfrutó del favor de Juan Paleólogo, pero cuando el emperador, por razones de Estado, favoreció la unión con la Iglesia latina, Joseph, rígido antagonista de esa medida, se retiró de la vida pública, pasando sus últimos años en Creta. Sobre todo fue un teólogo, aunque su escritos (editados primero por Eugenius Bulgaris, 3 volúmenes, Leipzig, 1768-84) contienen una masa de material de todas las ramas del saber bizantino, especialmente retórica, geometría, astronomía, medicina y filosofía. Fue autor de veintiuna alocuciones y tres diálogos sobre la Trinidad, mientras que otros sermones están dedicados a la Virgen, la redención, escatología, fe, plan de salvación, Pascua, transfiguración y la luz del Tabor. Su actitud hacia la unión la da en Discurso de Consejo y Sobre la unión de los cretenses, mientras que sus veintiséis cartas contienen muchas alusiones teológicas. Bryennios fue rígidamente ortodoxo, no teniendo simpatía con el humanismo ni con el pensamiento occidental. La fuente primordial de autoridad para él era la Biblia, complementada con los Padres de la Iglesia, que habían establecido la verdad de los dogmas contenidos en la Escritura, por lo que esos principios no necesitaban prueba añadida y eran superiores a la razón humana. Dios solo puede ser definido negativamente y el hombre fue creado al final de la creación. Buscando su apoteosis por medio de su propio poder, ha perdido la comunión con Dios, aunque retiene la libertad de la voluntad. La misión de Cristo fue capacitar al hombre para obtener el fin por el cual fue creado, siendo la agencia principal para ello su manifestación personal.