Historia
BUCKLAND, WILLIAM (1784-1856)

Oxford University Museum of Natural History
En 1813, el doctor Kidd renunció a su cátedra de mineralogía en Oxford y Buckland fue nombrado su sucesor. En el mismo año fue elegido miembro de la Geological Society de Londres. A instancias del príncipe regente, los lores del tesoro fueron inducidos a fundar una cátedra de geología en Oxford y dotarla. Buckland recibió este nombramiento, pronunciando el discurso inaugural el 15 de mayo de 1819. Esta alocución, que posteriormente se publicó en 1820 bajo el título de Vindiciae Geologiae, causó sensación, tratando muy juiciosamente la mayoría de los descubrimientos que estaban causando un poco de alarma.
En este año, el doctor Kidd y el profesor Playfair habían fijado su atención en Lickey Hill en Worcestershire, como la fuente más cercana posible de guijarros silíceos que se acumulan en grandes masas en Warwickshire y los condados de las tierras medias. Buckland señaló la desintegración de Lickey Rock a consecuencia de su estructura en brechas, esforzándose por demostrar que la evidencia, por el transporte de estos guijarros en una amplia gama de áreas, sustentaba fuertemente el hecho de un reciente diluvio.
Buckland contribuyó en 1815 a la Geological Society de Londres con un documento sobre Slate and Greenstone Rocks of Cumberland and Westmoreland y en 1817 otro sobre Plastic Clay at Reading y otro más sobre Flints in Chalk.

por Nathaniel Whittock
En 1823, Buckland publicó su Reliquiae Diluvianae, or Observations on the Organic Remains attesting the Action of a Universal Deluge. En Philosophical Transactions de la Royal Society en 1822 había descrito los restos encontrados en la cueva de Kirkdale y explicó su relación con restos de cuevas similares encontrados en Inglaterra y Alemania. En Reliquiae Diluvianae argumentó que los restos de animales encontrados en cuevas ofrecen los medios para juzgar a los habitantes y el carácter de la tierra, antes de la gran inundación registrada en la historia bíblica. Este trabajo fue aprovechado con entusiasmo por todos los que deseaban tener los registros de la Revelación respaldados por las interpretaciones de investigaciones científicas, quedando establecida completamente la reputación del autor como geólogo y filósofo. En 1824 Buckland se convirtió en presidente de la Geological Society y en 1825 renunció a su membresía, siendo presentado por su universidad al beneficio de Stoke Charity, cerca de Whitchurch, Hampshire. En el mismo año Lord Liverpool le dio una canonjía en la catedral de Christ Church, Oxford.
Buckland se casó, en 1825, con Mary, hija mayor de Benjamin Morland de Sheepstead House, cerca de Abingdon, Berkshire. La capacidad intelectual de esta dama era de valor considerable para su esposo y él siempre admitió que fue muy ayudado por ella en la elaboración del tratado de Bridgewater. En ese año también publicó A Description of the South-western Coal-field of England en Geological Society's Transactions.
En 1829 Buckland describió y nombró al 'pterodactylusmacronyx', que había sido descubierto recientemente en las lías azules de Lyme Regis por la señorita Mary Anning y prestó especial atención a los élitros de los insectos coleópteros en Stonefield, asociados con los restos de pterodáctilos, de los cuales tales insectos fueron probablemente su comida. Los restos hacían suponer que eran los pájaros descubiertos en Tilgate Forest; pero Buckland expresó su opinión de que eran probablemente porciones de pterodáctilos. Al mismo tiempo leyó otro documento que demostró ser comercialmente del más alto valor. En las lías de Lyme Regis había descubierto algunos depósitos extraños; después de un muy cuidadoso examen, llegó a la conclusión de que eran las heces fósiles de extintos saurios, mezclados con huesos de animales (coprolitos), que desde entonces se usaron extensamente para abono.
En 1836 hizo su aparición el tratado de Bridgewater de Buckland. Esta serie iba especialmente dirigida a demostrar, por la ayuda de la ciencia, 'el poder, la sabiduría y la bondad de Dios como se manifiestan en la creación.' Esta obra puede considerarse un compendio de geología y ciencia paleontológica hasta la fecha de su publicación, enriquecida por numerosas reflexiones de carácter altamente filosófico. En este período un colega geólogo de eminencia describió a Buckland como 'alegre, humorístico, bullicioso, lleno de elocuencia, con lo que también mezclaba mucho ingenio verdadero; rara vez sin su famoso bolso azul, de donde, incluso en las fiestas nocturnas de moda, sacaba y describía con infinita chocarrería, en medio de la sorpresa y risa de su audiencia, el último "hallazgo" de una cueva de huesos.' La siguiente cita es de una carta de Sir Roderick Murchison, en el momento de la reunión de la Asociación Británica en Bristol: 'En esa reunión la diversión de una de las noches fue una conferencia de Buckland. En esa parte de su discurso que trata de las ichnolites, o huellas fósiles, el doctor se mostró como un gallo o gallina al borde de un estanque fangoso, haciendo gestos levantando una pierna después de otra. Muchas de las personas serias pensaron que nuestra ciencia fue alterada por una bufonada de un profesor de Oxford.'
Hacia 1840 Buckland, que había estudiado con cuidado la acción del hielo sobre las rocas en Suiza, comenzó a identificar en ese país las 'rocas vestidas' de Sir James Hall, para mostrar que el alisado y el rascado de las rocas podría haber sido obra de un solo agente, el hielo glaciar. Después Agassiz corroboró las identificaciones de Buckland y afirmó que una gran porción de Escocia y el norte de Inglaterra habían estado una vez realmente enterradas bajo vastas extensiones de hielo.

Dibujo de William Conybeare
En Catalogue of Scientific Papers, publicado por la Royal Society, se encuentra que Buckland fue autor de cincuenta y tres memorias. Pero Agassiz aumenta el número a sesenta y seis. En 1840 Buckland fue elegido presidente de la Sociedad Geológica por segunda vez y en 1848 recibió de manos de Sir Henry De la Beche, la medalla Wollaston, el honor más alto conocido en las ciencias geología. En respuesta a la alocución del presidente, Buckland expresó su convicción del alto destino de su ciencia y habló de los geólogos 'cuyos nombres están inscritos en los anales de la historia física del globo', concluyendo con algunas observaciones sobre lo incompleto del conocimiento humano, de la brevedad de la vida en comparación con la inmensidad de la obra, en la que la mente del hombre debe ser empleada.
Poco después de esta fecha, Buckland sufrió una enfermedad mental que lo retiró del trabajo. Murió lamentado por todos los que habían escuchado su elocuencia o que habían quedado prendados de las extrañas verdades que había recogido de las obras de la naturaleza.