Henry Burghersh, obispo de Lincoln, nació en 1292 y murió en Gante el 4 de diciembre de 1340. Era el tercer hijo de Sir Robert Burghersh, lord Burghersh, cuya familia tomó su nombre de Burghersh o Burwash en Sussex. Su madre era la hermana del poderoso noble, Bartholomew, lord Badlesmere. Habiendo elegido una carrera eclesiástica, el joven se dedicó al estudio del derecho civil y canónico en las universidades extranjeras. Cuando solo tenía veinticinco años, el 17 de noviembre de 1316, fue designado para la prebenda de Riccall en la catedral de York. A la muerte de John Sendale, obispo de Winchester, en 1319, el todopoderoso tío del joven, Badlesmere, procuró la dignidad para él. Badlesmere fue el baluarte principal de Eduardo contra Thomas de Lancaster y su influencia se ilustra por la urgencia con la que Eduardo apeló al papa (Juan XXII) en favor de Burghersh, quien todavía estudiaba derecho en Angers. El 2 y 9 de noviembre y el 15 de diciembre de 1319 el rey hizo tres súplicas distintas al papa en favor de Burghersh, acompañando sus cartas al papa con otras a los cardenales de la curia y sus propios nuncios, pidiéndoles que usaran su influencia en su favor. Las cartas destacan en el fervor de la súplica y el elogio de Burghersh, a quien declaran, contrariamente al hecho, ser de edad legítima para la consagración y de estar dotado con todo el saber necesario, especialmente de carácter legal, y toda virtud adecuada. El apremio del rey fracasó. La rica sede de Winchester fue otorgada a un extranjero, Rigaud Asser. La correspondencia, que es curiosa y dolorosamente instructiva, al mostrar la subyugación completa de la Iglesia de Inglaterra a la sede papal, se puede encontrar en Rymer, II. i. 405, 406, 407,411.
Eduardo II Ilustración de Cassell's Illustrated History of England
El obispo de Lincoln, John de Dalderby, universalmente venerado por su santidad, murió el 12 de enero de 1320. El deán y capítulo, en pos de sus indudables derechos, eligieron a su deán, Henry de Mansfield, para la sede vacante, pero éste declinó el episcopado. La segunda elección del capítulo recayó en Antony Bek (1279-1343), canciller de esa iglesia, que no estaba indispuesto a aceptar el cargo. De nuevo los electores fracasaron. Lord Badlesmere estaba entonces en la corte papal en Aviñón en una misión de Eduardo y aprovechó la oportunidad de defender la causa de su sobrino, en cuyo favor, solo tres días después del fallecimiento del obispo Dalderby y probablemente el mismo día que le fue notificado, 16 de enero de 1320, su amo real ya había enviado una cuarta carta al papa, seguida de una quinta el 6 de marzo. Su solicitud fue calurosamente apoyada y los grandes sobornos ofrecidos, 'pecuniae non modicae intervencione' (Gesta Edw. de Carnarvon, Rolls Series, ii. 60), proporcionaron un poderoso incentivo. La elección de Antony Bek fue descaradamente anulada y al deán y capítulo de Lincoln se les informó que el papa se había reservado el nombramiento a manera de provisión, escogiendo a Henry Burghersh, aunque no era de edad canónica, al tener veinte años; este 'defecto de edad', en palabras de la carta papal a Eduardo, 'estaba compensado por la abundancia de los méritos y virtudes del joven, ya que estaba bien versado en letras, era ilustre por nobleza de familia, notable por vida moral y virtuosa y adornado con otros múltiples dones.' El escándalo de tal nombramiento provocó una reprobación por aquellos a quienes les importaba la independencia de la Iglesia y del reino. Quizás para evitar una ofensa pública, la consagración se realizó en Boulogne, el 20 de julio, en presencia de Eduardo II. Le consagró Salmon, obispo de Norwich, siendo uno de los prelados asistentes Adam de Orlton, obispo de Hereford, el infame conspirador contra Eduardo II. Burghersh no se elevaba por encima del nivel moral promedio del episcopado inglés, cuando estaba casi en su punto más bajo. Walsingham lo acusa de avaricia más que a sus compañeros y de un atrevido desprecio hacia los derechos de los demás. Fue, junto con los principales prelados de su tiempo, mucho más un estadista que un obispo. Lo mejor que John de Schalby, su registrador, pudo decir en su favor es que sobrellevó las 'persecuciones reales' pacientemente y obtuvo el derecho de santuario para el palacio del obispo y las casas de canónigos en Lincoln, ya concedido a la iglesia catedral.
Destitución de Eduardo II Ilustración de Cassell's Illustrated History of England
El favor de la corte al obispo de Lincoln no fue de larga duración. Su tío, Lord Badlesmere, se unió al ataque de los barones sobre los Despensers y con su antiguo enemigo, el conde de Lancaster, y los lores rebeldes le hicieron la guerra al rey. Después de la batalla de Boroughbridge, 16 de marzo de 1322, en la que Lancaster y sus aliados fueron derrotados, Badlesmere buscó refugio en la propiedad de Stow Park de su sobrino, el obispo de Lincoln, donde fue capturado y llevado a Canterbury, siendo decapitado. Las temporalidades del obispo fueron secuestradas por el rey, quien, en una serie de cartas al papa, le pidió que privara a Burghersh de su sede. Mandó cartas similares al colegio de cardenales y a Felipe de Francia, siendo enviados capaces teólogos para defender la causa del rey contra el obispo en la corte papal. El papa por fin respondió que estaría listo para atender cualquier cargo por delitos canónicos, pero que era irrazonable pedirle que castigara con penas severas delitos sin probar. Mientras tanto, Eduardo estaba como siempre en gran falta de dinero y el obispo de Lincoln, como represalia, usó su autoridad para frustrar sus demandas de subsidios del clero. Una convocación del clero de la provincia de Canterbury, celebrada en Lincoln el 14 de enero de 1323, para confirmar el subsidio ya votado en York, se negó resueltamente a acceder a la demanda. El nombre de Burghersh no es definitivamente mencionado, pero no puede haber duda de que la violenta oposición del clero fue apoyada activamente por el obispo, en cuya catedral se celebró la convocación. Las vigorosas medidas tomadas por el rey contra el architraidor, Adam de Orlton, obispo de Hereford, parecen haber alarmado al obispo de Lincoln, induciéndole a una profesión externa de lealtad y obediencia. Eduardo recompensó sus profesiones poco sinceras, al tomarlo nuevamente en su favor real y restituyéndole sus temporalidades. Esta generosidad fue recompensada con la más rastrera duplicidad. Cuando la reina Isabel desembarcó en Suffolk el 24 de septiembre de 1326, 'proclamándose a sí misma', como escribe el obispo Stubbs, 'vengadora del conde Thomas y enemiga de los Despensers', uno de los primeros y más celosos adherentes de ella fue Burghersh. Él, con sus hermanos de Norwich y Hereford, calificado en el vigoroso lenguaje de un cronista contemporáneo, en alusión al nombre de la reina, 'Baal sacerdotes, alumni Jesabellee', obtuvo para ella provisiones de dinero de los otros obispos, quienes eran declaradamente hostiles o fríamente indiferentes a su amo real. Burghersh estuvo entre los invitados en Navidad en el banquete celebrado en Wallingford por los dirigentes de la facción de la reina, después de la captura de Eduardo y encarcelamiento en Kenilworth. También acompañó a Orlton a esa fortaleza en enero de 1327, después de la destitución de Eduardo por el parlamento, siendo enviado antes de los otros comisionados para procurar su renuncia de la corona en favor de su hijo. En febrero de 1328 fue comisionado por el parlamento en York, junto con el instrumento de la reina, Ayreminne, obispo de Norwich, para concluir la paz con los escoceses y negociar el matrimonio de la joven hermana del rey Joan con David, hijo y heredero de Robert Bruce, que se llevó a efecto al año siguiente. En marzo siguiente sucedió a su compañero conspirador Orlton como tesorero, al ir éste a la corte papal en Aviñón, donde obtuvo para sí una provisión papal para la sede de Worcester, y en mayo de 1328 recibió el gran sello como canciller por renuncia de John Hotham, obispo de Ely; de este modo, a la temprana edad de treinta y siete años alcanzó el cargo más alto del Estado. Dos meses después del asesinato del rey, murió Reynolds, arzobispo de Canterbury, habiendo un intento fallido por parte de la facción de la reina para asegurar el primado para Burghersh, al cual fue designado Simon Mepham. Cuando Eduardo III fue a Francia para rendir homenaje por sus posesiones continentales, Burghersh, amigo confidencial de Isabel y de Mortimer, lo acompañó como guardián, y, según Knighton (Twysden, Decem Script. col. 2555), por una retirada oportuna rescató al joven rey de los traicioneros planes de Felipe, que tenía la intención de hacerlo su prisionero.
Eduardo III
El primer hijo de Eduardo, el futuro Príncipe Negro, nació en Woodstock el 15 de junio de 1330, y Burghersh, obispo de la diócesis, que entonces incluía el condado de Oxford, le bautizó. El otoño siguiente vio la caída de Isabel y Mortimer. Burghersh estaba demsiado identificado con ellos para escapar. En realidad estaba con Mortimer y la reina en Nottingham cuando el primero fue detenido y enviado a la Torre en el día de San Lucas, 18 de octubre de 1330. Fue privado el 28 de noviembre de su cargo como canciller, en el que fue sucedido por Stratford, obispo de Winchester, posterior primado, quien como archidiácono de Lincoln había demostrado ser uno de sus oponentes más incansables y había sido empleado por Eduardo II para transmitir los cargos contra él a la curia papal y para enjuiciar la causa. Pero Burghersh recuperó rápidamente una cantidad considerable de poder e influencia y jugó un conspicuo papel en los primeros años del reinado de Eduardo III como portavoz de la corte. En 1333 apoyó a las autoridades de Oxford en la represión del intento por parte de los estudiantes septentrionales en Oxford, que habían sido derrotados en una refriega con los estudiantes del sur, para establecer una nueva universidad rival en Stamford. Habiendo estado fuera del cargo cuatro años, una vez más se convirtió en tesorero en 1334, pero nuevamente fue destituido en 1337. En enero del año anterior había formado parte de una comisión, con el arzobispo de Canterbury y los obispos de Durham y Carlisle, para negociar la corta paz con Escocia, rápidamente anulada en la masacre por los escoceses de los gobernadores ingleses nombrados por Eduardo. La remoción de Burghersh de la tesorería no parece indicar ninguna brecha entre él y el rey, porque al año siguiente la mitad de la lana de Inglaterra había sido otorgada a Eduardo para los gastos de la guerra contra Felipe de Valois, siendo enviado a Flandes, con Sir Walter Manny y una gran fuerza, para proteger la flota que transportaba la lana para ser vendida a los tenderos flamencos al precio del rey. Una gran cantidad de lana, valorada en 150.000 libras, fue descubierta en manos de los comerciantes ingleses en Dordrecht, siendo requisada por el obispo y dedicando Manny las ganancias a comprar el apoyo de los duques de Gueldres, Hainault y Brabante en la contemplada guerra francesa. Eduardo evidentemente encontró en Burghersh un eficiente y capaz ministro, a quien estaba contento de emplear en cualquier asunto de Estado que requiriera capacidad profesional, sin restricciones por exceso de escrupulosidad.
Batalla de Sluys Ilustración de Cassell's Illustrated History of England
Estaba en Inglaterra otra vez en la primera mitad de 1340, siendo enviado por el rey hacia el sur para apresurar el equipamiento de embarcaciones para la flota, con la que el 24 de junio Eduardo obtuvo la gran victoria naval de Sluys. En su capacidad de 'asesor principal del rey en asuntos extranjeros', carácter que le dio el continuador de Adam de Murimuth (p. 114), acompañó a su amo real a Flandes, donde parece haber permanecido hasta su prematura muerte. Su cuerpo fue llevado a Inglaterra, siendo enterrado en su iglesia catedral, en el extremo este del pasillo norte del trascoro, donde su hermano, Sir Bartholomew, había fundado una capilla en el altar de Santa Catalina. Su monumento, con su efigie en hábito episcopal, aún permanece, pero muy mutilado y privado de su elevado pabellón. Según un curioso cuento recogido por Walsingham, su inquieto espíritu quedó condenado a caminar como fantasmal guardián del parque en su propiedad de Tynghurst en Buckinghamshire, que había agrandado a expensas de sus vecinos, hasta que sus errores fueran reparados por la devolución de sus tierras. Knighton le concede a Burghersh un alto nivel, ya que considera su capacidad negociadora y su poder para influenciar a otros: 'Fue un hombre noble y sabio en consejo, de gran audacia, pero de modales pulidos; singularmente dotado con fuerza personal y muy notable por su poder de conseguir hombres valientes en torno a él.' De su tarea como obispo se sabe poco. Aunque sus registros muestran que no estuvo inactivo en el desempeño de sus funciones episcopales, cuando no estaba dedicado a la diplomacia o asuntos de Estado, y que durante sus anteriores años residió generalmente en su diócesis. El número de cartas dimisorias que expidió a candidatos a las órdenes sagradas, lleva a la conclusión de que fue algo remiso en el deber de ordenación. Sus frecuentes ausencias de su diócesis durante mucho tiempo le obligaron a dejar su administración en manos de sufragáneos o comisarios. Logró la gratitud de los vicarios corales de su catedral, por una vigorosa intervención para la recuperación de sus descuidados pagos. Se dice también que reguló el tribunal consistorial de su diócesis y publicó un código de estatutos para su dirección. La carrera de Burghersh como obispo está lejos de ser edificante, pero pocas son más instructivas en cuanto al carácter de la Iglesia de Inglaterra y sus gobernantes en la primera mitad del siglo XIV. Administrador capaz, estadista agudo, práctico hombre de negocios, generalmente llevando a un final fructífero cualquier tarea que emprendió, estaba desprovisto de moralidad política y descaradamente intrigó, buscando la promoción política o eclesiástica. Mostró poco o nada de sentimiento religioso.