Historia
BURNET, GILBERT (1643-1715)
- Familia
- Primeros estudios
- Primeros pasos clericales
- Relaciones personales
- Ministerio en Saltoun
- Traslado a Glasgow
- Relaciones con la corte
- Reprensión al rey
- Estancias en el extranjero
- Servicios a Guillermo de Orange
- Obispo de Salisbury
- Semblanza
- Obras

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Su padre, Robert Burnet, quien era de una buena familia de Aberdeen, siendo hijo de la casa de Crathes, fue un abogado de elevado carácter, quien, aunque en 1637 condenó la conducta de los obispos escoceses, se negó a asumir el pacto, viéndose en consecuencia obligado a salir de Escocia en tres ocasiones. Cuando se le permitió regresar, vivió retirado en su propia finca hasta la Restauración, cuando fue hecho uno de los señores de la sesión. La madre de Burnet era hermana de Archibald Johnston, lord Warristoun, quien adoptó el pacto y luego se convirtió en dirigente de los covenanters, o sección extrema de la facción del pacto; fue naturalmente una de las más estrictas de los presbiterianos.
Primeros estudios.
Hasta los diez años, Gilbert, cuyos talentos eran notablemente precoces, fue educado por su padre, de quien sin duda derivaron los principios de amplia tolerancia que le distinguieron. Durante ese tiempo fue lo suficientemente diestro en latín para ingresar en Marischal College de Aberdeen. A los catorce años habiendo aprendido griego a fondo y aprobado el curso de lógica y filosofía aristotélica, obtuvo la maestría e inmediatamente se aplicó al estudio del derecho civil y feudal. Pero su padre estaba empeñado en que se convirtiera en clérigo y a la edad de quince años comenzó un curso de teología, pero no en la manera superficial común en aquellos días, sino tan a fondo y tan exhaustivamente como podía llevarse a cabo. Además de trabajar en los principales comentaristas, leyó a los polémicos más famosos, especialmente a Bellarmino y Chamier. Un ejemplo temprano de los amplios y seculares gustos que retuvo en su vida fue que puso a un lado las obras de los teólogos escolásticos y que en su tiempo libre estudió la historia europea. Él declaró que en esa época estudiaba durante catorce horas al día.
Primeros pasos clericales.
En 1661 pasó las pruebas que le calificaron para convertirse en titular a prueba. Entró en la Iglesia mientras aún estaba bajo el gobierno presbiteriano, aunque el episcopado fue restaurado al año siguiente. En 1661 murió su padre. A Burnet le fue ofrecido un beneficio por su primo alemán, Sir Alexander Burnet. Pero este beneficio, aunque situado entre su propia parentela, lo declinó, debido a que a su temprana edad, aunque por la ley escocesa eso no era obstáculo, no estaba calificado para un puesto tan importante. Esta negativa parece mostrar que sus circunstancias eran fáciles. Su hermano Robert, quien había seguido la profesión de su padre, también murió, por lo que Gilbert fue impulsado por sus parientes a dedicarse una vez más al derecho; pero ese consejo fue anulado por el del amigo de su padre y corresponsal Nairn, en ese momento el más eminente de los teólogos escoceses, por cuya sugerencia se dedicó aún más a su estudio de la teología. Parece haber sido entonces cuando se impregnó de los principios de Ecclesiastical Polity de Hooker. Por consejo de Nairn, Burnet comenzó la práctica de la predicación improvisada, inusual en el clero escocés. Sus otros consejeros -y su admiración por tales hombres muestra la inclinación de su mente hacia la tolerancia y el amplio saber- fueron Leighton, recién nombrado obispo, y Charteris. De Leighton, dice que estima su temprano conocimiento de él y su larga y estrecha relación de veintitrés años, entre las mayores bendiciones de su vida. De Nairn y Charteris -con este último no comenzó su relación hasta después de su regreso del extranjero en 1664- habla de manera similar: 'Fue una gran felicidad para mí, después de haber irrumpido en el mundo mediante tal divagación, que cayera en tales manos. Ambos me enderezaron y me mantuvieron recto.'
Relaciones personales.
En 1663, siguiendo la práctica común de los clérigos escoceses que podían permitírselo, Burnet visitó durante un tiempo las universidades inglesas, donde se familiarizó con Cudworth, Pearson, Fell, Pococke, Wallis el matemático y otros distinguidos teólogos y hombres de ciencia. De Oxford fue a Londres con una presentación para Boyle. Pero la amistad que valoró más y a la que a menudo se refiere como su principal dicha en la vida, fue la de Sir Robert Moray, el más sabio de los escoceses vivos.
Burnet, mientras tanto, había sido un cuidadoso observador de los asuntos públicos en su propio país. Se había formado sus ideas sobre los probables resultados de la política opresiva llevada a cabo por los arzobispos, Sharp y Alexander Burnet, y por Rothes, el alto comisionado. Por la concesión de una comisión especial para ejecutar más estrictamente las leyes eclesiásticas, mostró la confianza que le caracterizó a lo largo de su vida, exponiendo libremente con Lauderdale, el secretario, a quien, probablemente por Moray, principal amigo de Lauderdale, había conocido. También se acercó al propio Sharp, aunque por supuesto sin resultado. En ese momento tenía veintiún años de edad.
Burnet regresó a Escocia después de una ausencia de casi seis meses. Le fue inmediatamente ofrecido el beneficio de Saltoun en East Lothian, al acercarse su vacante, por el amigo de su padre, Sir Robert Fletcher de Saltoun, cuya muerte no mucho después de la aceptación final del beneficio por Burnet fue la ocasión de su primera obra publicada, 'el grosero ensayo de una mano sin pulir', es decir, un discurso sobre su patrono. En una carta inédita, de fecha 17 de marzo de 1664, Robert Moray, escribiendo a Kincardine de Londres, dice: 'El señor Burnet me entregó el martes pasado tu carta de 26 de febrero. Lo encontré tan satisfecho contigo como tú estás con él. Si no tiene compromiso ya, creo que no admitirá ninguno hasta que regrese, a menos que se vea impedido; pero parece que concibe algo; y me temo que mi L. Lauderdale ya ha sido movido a conseguir una presentación para él del rey a Saltoun mediante el arzobispo; pero quiero enviar un mensaje para demora si me parece cierto.'
Ministerio en Saltoun.
Burnet, deseoso de viajar, quería que el beneficio se le dieras a Nairn; pero Fletcher decidió mantenerlo disponible para él hasta su regreso. En consecuencia se fue a Holanda durante ese año, residiendo por algún tiempo en Ámsterdam, donde aprendió hebreo y se familiarizó con los principales hombres de todas las persuasiones religiosas. Su estancia en Holanda fortaleció aún más sus ideas liberales. De Holanda pasó a Francia, donde, por la amistad del embajador inglés, Lord Hollis, disfrutó de las mejores oportunidades de observación y donde tuvo relaciones frecuentes con Daillé y Morus, los principales ministros protestantes de Charenton. Su visita a Francia le confirmó, dice, en su amor por la ley y la libertad y en su odio al poder absoluto.
A su regreso a Inglaterra a finales de año, Burnet se quedó unos meses en la corte, donde se encargó de familiarizarse con todos los hombres que estaban comprometidos con los asuntos escoceses. Su amistad con Moray y Lauderdale, que se inclinaban hacia la lenidad en el tratamiento de los covenanters, y su amistad con Leighton, desencadenaron contra él los celos de los obispos escoceses, que lo consideraban puesto por Lauderdale para oponerse a su acción. Fue entonces que, por introducción de Robert Moray, primer presidente, Burnet se convirtió en miembro de la Royal Society de reciente creación. Estando Saltoun vacante, Fletcher nuevamente lo propugnó para Burnet, quien ofició durante cuatro meses, a su propio deseo, a prueba, al final de la cual recibió una llamada unánime de los feligreses. Pasó por sus primeros exámenes durante noviembre y diciembre de 1664, siendo instalado el 29 de enero de 1665, instituido el 15 de junio del mismo año, y 'aprobado' en la visitación del 5 de julio de 1666. El 9 de mayo de 1667 se convirtió en miembro del presbiterio de Haddington. Durante los cinco años de su ministerio se dedicó, en un espíritu muy diferente al de la mayoría del clero escocés, a los deberes de un párroco. Tan completamente se ganó el afecto de su gente por su incansable diligencia y por su generosidad, que si se puede creer a la biografía dejada por su hijo, venció la hostilidad incluso de los presbiterianos rígidos, a pesar de que solo hacía uso de las oraciones anglicanas. Pero en medio de su tarea encontró tiempo para elaborar un memorial contra los abusos de los obispos, que descubrimientos posteriores mostraron haber sido más que justificado. Como dijo él mismo: 'Puse mi fundamento en la constitución de la Iglesia primitiva y mostré cómo se habían apartado del mismo.' Fue un acto audaz y llamativo en un joven de veintitrés años y aún más audaz fue el paso que dio al firmar las copias y reenviarlas a todos los obispos a quienes conocía. No es sorprendenete que lo citaran ante los obispos, cuando se defendió con enardecimiento y éxito contra la intimidación de Sharp, quien propuso que fuera excomulgado, a lo que los otros obispos no consintieron. Se negó a pedir perdón y el asunto cayó en olvido; pero Burnet, habiéndose mentalizado, pensó que ahora era mejor limitarse estrictamente a las funciones de su ministerio. Durante un tiempo vivió la vida de un asceta, hasta el punto que enfermó peligrosamente dos veces.
Burnet continuó en la amistad de los hombres moderados, que en ese momento se adhirieron a Lauderdale. Ya en abril de 1667 fue informado por Kincardine del meditado coup d'etat por el cual, un mes o dos después, Lauderdale despidió a Rothes de la comisión, quebrando así la fuerza de la facción extrema de la Iglesia. Burnet fue consultado por Tweeddale y Kincardine con referencia a su deseo de darle influencia a Leighton en la Iglesia y para inducir a tantos como fuera posible del clero presbiteriano a renunciar a sus principios no erastianos y aceptar el nombramiento del consejo para predicar en parroquias vacantes. Sin embargo, participó de la frialdad que, bajo la influencia de Lady Dysart, Lauderdale le mostró entonces a Moray.
Parece que Burnet ya estaba en términos de confianza tanto con el rey como con el duque de York y con muchos funcionarios de la corte. De hecho, en nada se muestra más su libertad de la estrechez de interés habitual entre sus colegas, que en el hecho de que, ya sea por ambición o por inclinación natural de una mente ampliada por la cultura y la conciencia de su propio poder, se mantuvo bien informado de la política de la corte inglesa como de la de su propio país. Lauderdale y Sir Robert Moray le pidieron que diera una opinión sobre la cuestión de hasta qué punto la esterilidad de la reina justificaría un divorcio o una poligamia por parte de Carlos. Él mismo afirma que respondió negativamente. Sin embargo, existe un documento, que se supone que es de él, en el cual lo afirma; pero es imposible que realmente sea de su mano.
Traslado a Glasgow.
En 1669, Burnet estaba grandemente preocupado con el plan de conciliación, que suponía una gran disminución del poder de los obispos, que Leighton, ahora arzobispo de Glasgow, deseaba especialmente poner en marcha, empleándolo como representante suyo para tratar con los presbiterianos. Fue en primer lugar a Hutcheson, dirigente de la facción presbiteriana moderada; y, cuando el tratado quedó en suspenso, fue enviado al oeste para informar sobre el sentimiento de los distritos más descontentos. En Hamilton conoció a la duquesa, que aconsejó la implantación de un número de ministros presbiterianos en parroquias vacantes y escribió una larga carta a Tweed para instarle al plan. Burnet agrega que la carta fue leída al rey, y que, por el consejo que contenía, a unos cuarenta ministros, de ahí llamados 'coadjutores del rey', se les permitió ocupar las parroquias vacantes, con una pensión de 20 libras anuales cada uno. Su visita a Hamilton resultó en un gran cambio para él mismo. Conoció al regente de la universidad de Glasgow, que, cuando ocurrió una vacante poco después en el profesorado de teología, obtuvo el puesto para Burnet. Su vacilación para dejar Saltoun, parroquia que a su muerte legó 20.000 marcos para objetivos útiles y caritativos, fue vencida por Leighton, y en 1669 comenzó a residir en Glasgow, donde permaneció cuatro años y medio 'en no poca prueba de mi paciencia.' Como era natural, su acción tardía le valió la desconfianza y la aversión tanto de firmes presbiterianos como de convencidos episcopales. Pero llevó a cabo esta nueva tarea exactamente con el mismo celo y minuciosidad que había mostrado en Saltoun, dedicado desde las cuatro a las diez de la mañana a su propio estudio, y desde las diez hasta altas horas de la noche en la enseñanza. A lo largo de su vida, ayudado por una magnífica salud, desempeñó una gran cantidad de trabajo y siempre lo hizo bien. Su Modest and Free Conference between a Conformist and a Nonconformist lo escribió en ese tiempo. Es una exposición capaz de los principios liberales con respecto al gobierno de la Iglesia, que mantuvo durante toda su vida. Al estar ahora en una posición de influencia, Burnet fue solicitado frecuentemente tanto por el clero que encontró sus iglesias desiertas, como por la nobleza que se quejaba de la insensata conducta del clero. Los conventículos estaban aumentando rápidamente y el desorden amenazaba con ser tan grave que a propuesta de Burnet se envió un comité del consejo al oeste para determinar el estado de los asuntos. La desconfianza mantenida hacia él por los presbiterianos, parece haber aumentado por la presión ejercida por este comité, mientras que los episcopales estaban molestos por el trato amable que dispensó a los encarcelados por conventículos.
En 1670, Leighton, ya arzobispo de Glasgow, quien tenía la intención de atraer a los presbiterianos moderados a las medidas de conciliación propuestas provisionalmente por la corona, se llevó a Burnet con él en su viaje. A la llegada de Lauderdale, se dispuso una conferencia en su presencia entre Leighton y seis de los predicadores. Tras su fracaso, Leighton envió a Burnet, junto con Nairn, Charteris y otros tres, para discutir la cuestión nuevamente con los descontentos. Al fallar este intento de nuevo, una vez más fue empleado como principal representante de Leighton de la misma manera en Paisley y luego en Edimburgo, pero todos los intentos de acomodación fracasaron. Una vez más Burnet, que ahora rechazó un obispado, decidió abandonar los asuntos públicos y entregarse a estudiar retirado.
Relaciones con la corte.
Sus vacaciones las pasó principalmente en Hamilton, donde la duquesa lo contrató para poner en orden todos los documentos relacionados con las carreras políticas del padre y tío de ella. Lauderdale, quien tenía sus propios motivos de preocupación en cuanto a la luz que podrían arrojar tales asuntos en los que él mismo había estado metido, apenas oyó hablar de esto, hizo que Burnet fuera a la corte para que diera toda la información en su poder. Memoirs of the Dukes of Hamilton, primera obra histórica de Burnet, se publicó en 1676. Sus investigaciones condujeron en forma curiosa a una reconciliación entre Hamilton y la corte. Entre los papeles que examinó se encontraron afirmaciones indudables de la familia sobre la corona, para cuya satisfacción Hamilton consintió en concurrir en las medidas de la corte. Esto fue en 1671.
Al obedecer la llamada de Lauderdale a Londres, Burnet se encontró durante un tiempo en una posición de gran influencia con el secretario. A pesar de la negativa a renunciar a su amistad con Robert Moray, fue tratado con confianza tanto por Lauderdale como por Lady Dysart, y se ocupó, aunque en vano, de intentar lograr una reconciliación entre Lauderdale y Tweeddale. Sus propuestas para una mayor indulgencia a los ministros obispado -detalladas en History- fueron aceptadas por Lauderdale y enviadas a Escocia en la forma de instrucciones. Entonces le ofrecieron la opción de cuatro obispados escoceses, siendo Edimburgo uno, pero rechazó una promoción que habría complicado su acción futura.
Poco después de su regreso a Glasgow en 1672, Burnet se casó con Lady Margaret Kennedy, hija del primer conde de Cassilis. Ella era considerablemente mayor que él y rica; y Burnet, para evitar malignos comentarios, firmó una escritura, anterior al matrimonio, en la que cedía todas las pretensiones a la fortuna de ella. No tuvieron descendencia.
En 1672 Lauderdale fue a Escocia y comenzó su cambiada carrera de violenta opresión, lo que volvió a alienar a Hamilton, quien se opuso vehementemente a las medidas de Lauderdale e indujo a Burnet a presentar sus ideas. Burnet afirma que ahora estaba harto de la corte, siendo convencido solo por la opinión general de su utilidad para ayudar. Actuó por su propia cuenta de forma perfectamente independiente, pero retuvo la confianza tan completamente que se le ofreció nuevamente un obispado, con la promesa del primer arzobispado que quedara vacante. Solo tenía veintinueve años de edad. Proporciona un vívido relato del brutal y arbitrario gobierno de Lauderdale, que acosó tanto a Leighton que, tras consulta con Burnet, resolvió retirarse de su puesto. Fue durante estos sucesos que escribió Vindication of the Authority, Constitution, and Laws of the Church and State of Scotland, donde Burnet se hizo aceptable para los poderes superiores por su dedicación a Lauderdale y mantener la causa del episcopado y la ilegalidad de la resistencia simplemente por causa de la religión. Junto con varios tratados controversiales contra el papado, se publicó en 1673, en cuyo verano Burnet fue a Londres una vez más para obtener la necesaria licencia para la publicación de sus Memoirs of the Dukes of Hamilton.
Ahora, por el favor que le mostró Carlos, que lo había convertido en uno de sus capellanes, y aún más por el de Jacobo, atrajo sobre sí mismo los celos tanto de Lauderdale como de su esposa. A su regreso a Edimburgo el día antes de la reunión del parlamento descubrió que Hamilton había organizado una oposición a Lauderdale, contra lo cual argumentó en vano. Lauderdale le culpó, denunciándole como un conspirador ante el rey. Lauderdale sin duda estaba irritado por la libertad de Burnet al discutir, tanto con el rey como con la duquesa, su conducta con respecto al papado. A partir de entonces se retiró a Glasgow y permaneció allí hasta junio siguiente. Es suficiente evidencia del favor de Burnet en la corte y de su confianza en sí mismo, que propuso que él y Stillingfleet, a quien presentó al duque, celebraran una conferencia en presencia de Jacobo con los dirigentes católicos y que asumiera la aún más audaz tarea de reprender claramente a Carlos por su mala vida. En junio de 1674 volvió a estar en Londres, donde se dio cuenta de que Lauderdale había ejercido influencia en su perjuicio. En una carta de Paterson, obispo de Edimburgo, a James Sharp, quien estaba entonces en Londres, insta a que Burnet fuera nombrado para un beneficio rural, donde sería menos hiriente que en Londres. Fue borrado de la lista de capellanes de Carlos porque había estado 'demasiado ocupado'; y, aunque una reconciliación con el rey fue efectuada por Jacobo, Lauderdale continuó siendo implacable. Burnet, en lugar de correr el riesgo de persecución en Escocia, determinó, probablemente sin renuencia, pues él era esencialmente inglés en sus ideas y simpatías, establecerse en Inglaterra. Predicó con gran y creciente reputación en varias iglesias de Londres y por el favor de Jacobo se le ofreció un beneficio, del que no dice dónde. Pero Lauderdale, cuando descubrió que Burnet no olvidó a Hamilton, indujo al rey a impedir el nombramiento. Fue poco después que se le prohibió la corte, ordenándosele dejar Londres y no acercarse en un radio de veinte millas (doce millas, según Parl. Hist.), aunque este último mandato no se hizo cumplir. En 1675, después de haber declinado el beneficio de St. Giles, Cripplegate, por razón de sentimientos, fue hecho capellán de Rolls Chapels por Sir Harbottle Grimstone, contra la influencia de la corte, puesto que retuvo durante diez años, siendo añadido poco después el puesto de St. Clement.
La persecución que sufrió, y que, como él dice, podría haber encendido a un hombre más frío y mayor, indujo a Burnet a revelar lo que sabía de los planes inconstitucionales de Lauderdale, según habían sido comunicados en privado a él cuando estaba en términos confidenciales con el duque. Se asume, innecesariamente, que Burnet había conseguido gran parte de su información de su esposa, antigua amiga íntima de Lauderdale. Sus revelaciones pronto se volvieron beneficiosas para los enemigos de Lauderdale, quienes, cuando el conde fue acusado, hicieron que Burnet fuera interrogado por un comité de la Cámara de los Comunes. En su interrogatorio, dice, ocultó lo más posible la conversación privada, y solo dijo lo que a él le había sucedido y lo que se le había dicho ante otros, pero finalmente fue obligado a contar todo. A los que no les gusta Burnet, naturalmente han asumido que su vacilación se vio afectada y que cedió a la presión con bastante facilidad, pero una consideración general de su carácter lo hace poco probable; el ingenuo y sincero juicio que transmite sobre su propia conducta, probablemente representa el estado real del caso. Una vez más se retiró de la vida pública, lo que no le impidió tener una importante parte en la controversia que estaba comenzando a absorber todas las demás cuestiones. En 1676 participó con Stillingfleet en una controversia con Coleman y varios sacerdotes católicos y posteriormente publicó un relato. Otro resultado de la conferencia fue su Vindication of the Ordinations of the Church of England. La siguiente tarea, por sugerencia de Sir William Jones, abogado general, fue su History of the Reformation in England, para la cual Evelyn aportó algunos materiales. Durante un tiempo fue obstaculizado en sus investigaciones en Cotton Library por la influencia de Lauderdale y la tergiversación de su propósito, pero después de la publicación del primer volumen se le concedió libre acceso. Pero esta publicación no tuvo lugar hasta 1679, cuando, el país estaba en la agonía del terror papista, espíritu en el que la obra está escrita y que hizo que fuera recibida con entusiasta bienvenida, recibiendo la gratitud de ambas cámaras, con la solicitud de que terminara la obra. El segundo volumen apareció en 1681, con igual aplauso; se dice que la porción histórica la escribió en el plazo de seis semanas; el tercer y último volumen se publicó en 1714; el resumen de toda la obra en 1719.
Burnet tuvo influencia sobre hombres de naturalezas muy diferentes; fue en este período que da crédito de la conversión, aparentemente genuina, de uno de los peores libertinos de la corte, Wilmot, conde de Rochester y de la señorita Roberts, una de las amantes del rey; sobre la del primero, cuya moribunda declaración está fechada el 16 de junio de 1680, escribió un relato.

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Burnet estuvo íntimamente en conocimiento en 1678 de las primeras etapas del terror papista y evidentemente atrajo sobre sí la ira de Jones, Shaftesbury y otrs violentos anti-papistas, así como una falsa acusación de Lauderdale al rey, por la defensa que hizo de la primera víctima católica de la 'conspiración.' Dos años después, cuando se impugnó el proyecto de ley de exclusión, hizo lo mejor que pudo para llevar a las dos partes a la moderación. Ya sea o no por el deseo de conciliar a alguien tan audaz, y en quien confiaban Essex, Sunderland, Monmouth y su hermano, Carlos ahora le ofreció a Burnet el obispado de Chichester, siempre, dice su hijo, que enteramente se identificara con los intereses de la corte. Frecuentes reuniones se habian celebrado entre ellos en Chiffinch, donde el rey había expresado libremente su creencia de que la 'conspiración' era un levantamiento; y de su propio relato, Burnet parece haber sido lo suficientemente franco en el consejo que le dio al rey para que enmendara su vida. Probablemente el tipo de carta que dirigió al rey el 29 de enero de 1680 nunca se dio entre un simple clérigo al alcance de alta promoción y un monarca poco acostumbrado a escuchar claras verdades. Después de decirlas, aunque 'no entusiasta en opinión o temperamento', se sintió obligado a escribir, señalando al rey ciertos fracasos de los planes sugeridos hasta entonces para sacarlo de sus dificultades, y luego llegar al punto real: 'Hay una cosa, y de hecho la única cosa, que puede fácilmente sacarte de todos tus problemas; no está en el cambio de un ministro o de un consejo, una nueva alianza, o una sesión del parlamento; sino es un cambio en tu propio corazón y en tu curso de vida. Y ahora, señor, permíteme decirte que toda la desconfianza que tiene tu pueblo hacia ti, todas las necesidades que tienes ahora, toda la indignación del cielo que está sobre ti, y aparece en la derrota de todos tus consejos, nace de esto, que no has temido ni servido a Dios, sino que te has entregado a tantos placeres pecaminosos.' El resto de la carta va en la misma línea. Carlos la leyó dos veces, la arrojó al fuego y durante un tiempo evidentemente se airó; pero por la recepción de Burnet un año después, cuando Halifax, en íntima intimidad con quien ahora vivió, lo llevó de nuevo al rey, el asunto parecía haberse borrado por completo de su mente. Es de notar que en este año Burnet recibió un agradecimiento por sus poemas de parte de la Cámara de los Comunes, única noticia de poemas suyos que existe. Cuando el conde de Stafford fue condenado, envió a buscar a Burnet. Declinando la controversia sobre religión, le pidió a Burnet que hiciera lo que pudiera mediante la intercesión y Burnet parece haber hecho lo que pudo, evidentemente perjudicándose a sí mismo con los partidarios de la trama, igual que con Jacobo, quien sospechaba que Stafford lo había acusado ante Burnet. Como cada cual, tenía un 'expediente', que llamó un poco la atención, al resolver la cuestión de la exclusión, a saber, que debía ser declarado un protector y que Orange debería ser llamado al puesto.
Durante la reacción de 1681 Burnet, viéndose considerado con creciente sospecha y disgusto, especialmente por Jacobo, se retiró, ocupándose en la filosofía, álgebra y química, para lo cual construyó un laboratorio y redujo su íntima amistad a Russell, Essex y Halifax. Tenía esperanzas de que por la influencia de Halifax, quien se quejó ante él por su reclusión, y de Clarendon, pudiera ser nombrado para la rectoría vacante de Temple; siendo recibido favorablemente por el rey. Pero una condición parecía ser que abandonara la sociedad de sus otros amigos, lo cual no haría. De los asuntos escoceses se mantuvo alejado, pero cuando la prueba de 1682 echó de sus beneficios a unos ochenta de los mejores del clero, logró obtener lugares para ellos en Inglaterra, escribiendo a la vez en favor de la prueba en sí y eliminando los escrúpulos de Hamilton sobre el asunto. Al mismo tiempo se propuso, por intercesión con Halifax, y a través de él con el rey, salvar a Argyll de la infame condena que siguió a su rechazo de la prueba, lo que fue ocasión para una reconciliación con Lauderdale. Por Halifax fue bastante consultado durante los cambios ministeriales de 1682. A finales de ese año se le ofreció un beneficio de 300 libras por Essex, a condición de que residiera en Londres, aunque la parroquia estaba en el campo. Se trata, para ese tiempo, de un notable ejemplo de su alto sentimiento del deber profesional que rechazara tales condiciones. En 1683 tuvo lugar la Conspiración Rye House, que resultó fatal para sus dos mejores amigos, Essex y Russell. Burnet asistió a Russell en su juicio y en la prisión, oficiando para él los últimos momentos en el cadalso, cuando Russell le dio su reloj como presente de despedida y preparó para él el papel que dejó en su justificación. Luego defendió el rumbo que había tomado con espíritu y éxito ante el consejo. Al quedar silenciado, Burnet pensó que era prudente irse de Inglaterra.
Estancias en el extranjero.
Fue a Francia al principio de septiembre con cartas de presentación del embajador francés, Rouvigny, tío de Lady Russell. En Francia estuvo con Algernon Sidney y Fletcher de Saltoun. Fue tratado con la más alta consideración por Luis, quien nunca dejó de conseguir las simpatías de los hombres principales en Inglaterra, y conoció a Schomberg, Condé (quien, sin embargo, insinuó su intención de no aceptar otra visita), Bourdaloue, Père La Chaise, Maimbourg y otros hombres distinguidos en la Iglesia y el Estado, así como al principal clero protestante. Después de describir los honores extraordinarios dados a Burnet y cómo fue agasajado por personas de la mejor calidad de ambos sexos que podía haber, Lord Preston concluye su carta desde París: 'Solo agregaré que ningún ministro del rey ha tenido, que yo sepa, tal recepción.' Esto despertó, se dice, tanto más los celos de Jacobo, que hizo saber claramente a Luis lo grande que era su disgusto y sospecha de Burnet, hasta el punto que el monarca francés pensó que era mejor ofrecer sus excusas. Burnet regresó a riesgo personal, y contra las advertencias de sus amigos, declaró no ser consciente de ningún delito. Sus movimientos eran vigilados cuidadosamente y a su regreso a finales de octubre fue despedido por mandato real del puesto de St. Clement y en diciembre de 1684 también fue privado de su capellanía en Rolls, siendo el resultado de un vehemente sermón contra el papado el 5 de noviembre. Predicó durante dos horas en medio gran aplauso a partir del texto: 'Sálvame de la boca del león; me has librado del cuerno del unicornio'; ilustraba bien el estado febril de las mentes que la elección de un texto, siendo el león y el unicornio las armas reales, fuera presentado señalando la desafección del predicador. Burnet aparece, en todas las alusiones de sus sermones, como un singular y eficaz predicador.
Durante los últimos siete años su pluma estuvo activa. En 1682 publicó su Life of Matthew Hale, History of the Rights of Princes in the Disposing of Ecclesiastical Benefices and Church Lands, así como una respuesta a Animadversions sobre esta obra. En 1683 escribió varios tratados contra el papado y tradujo Utopia y la carta de la última asamblea general del clero de Francia a los protestantes.
Tras el ascenso de Jacobo, Burnet, al no tener empleo y negársele la admisión en la corte, obtuvo permiso para ir al extranjero. Evitando Holanda, por el número de exiliados que vivían allí, y el consiguiente peligro de verse comprometido por asociación con ellos, se fue, con la promesa de protección a París. Allí vivió en amistad con Lord Montague, en una casa suya propia, hasta agosto de 1685, cuando sobrevino la rebelión de Monmouth y los problemas consiguientes. Luego, en compañía de un oficial protestante francés, Stouppe, hizo un viaje por Italia. En Roma fue tratado con distinción por Inocencio XI y por los cardenales Howard y D'Estrées. Pero pronto recibió una insinuación para irse y regresó por el sur de Francia y Suiza. En Francia fue testigo del estallido de crueldad que siguió a la revocación del Edicto de Nantes. Es significativo del tono de la mente de Burnet que mientras estaba en Ginebra empleó con éxito su influencia para inducir a la iglesia de Ginebra a liberar a su clero de la suscripción obligatoria al consenso; se mantuvo en comunión con los luteranos en Estrasburgo y Frankfort y con los calvinistas en Heidelberg. Publicó en 1687 un relato de su viaje, en una serie de cartas a Robert Boyle, con el objetivo de exponer en primer lugar, como él dice, al papado y la tiranía. Entonces, para estar más cerca de Inglaterra, fue a Utrecht, donde tuvo una invitación del príncipe y princesa de Orange para residir en La Haya. Recibió de inmediato la confianza del príncipe, quien estaba contento de un representante tan confiable de sus amigos en Inglaterra, y todavía más de la princesa. Burnet instó a Guillermo a tener su flota preparada, pero a no moverse hasta que la causa fuera lo suficientemente importante como para justificarle a todos los ojos. Fue aún más útil al predisponer a María para ceder en un compromiso, por su propia voluntad, a lo que sabía que Guillermo insistiría, de que si sus planes tenían éxito, ella dejaría todo el poder en sus manos. Burnet declara solemnemente que nadie le había movido a hacer esto, pero sin duda sabía que sería un servicio eminentemente valorado por Guillermo. Fue entonces cuando Burnet conoció a William Penn el cuáquero, de quien da tan desfavorable descripción. Penn había llegado para tratar de lograr el consentimiento del príncipe a la abolición del Test Act y se esforzó por convertir a Burnet a sus ideas. Los dos hombres eran quizás demasiado similares en su incuestionable autoconfianza y polémico afán de parecerse.
El favor en que vivió Burnet en la Haya despertó los celos de Jacobo. Dos veces protestó ante Guillermo y cuando D'Albeville vino a tratar con el príncipe, el despido de Burnet se hizo preliminar. Guillermo pensó que era mejor cumplir, y a pesar de consultarlo constantemente y emplearlo en redactar las instrucciones para Dyckvelt, que iba a una misión ante Jacobo, nunca más lo vio hasta unos días antes de zarpar hacia Inglaterra. Tanto había aumentado el disgusto de Jacobo que, oyendo que Burnet estaba a punto de contraer un rico matrimonio en Holanda, puso en marcha contra él un proceso por alta traición en Escocia, con motivo de la correspondencia anterior con Argyll. Advertido de esto, Burnet escribió a Middleton el 20 de mayo de 1687, diciendo que esperaba que Jacobo no lo obligara a defenderse, ya que se vería en ese caso obligado a mencionar detalles que podían causar a su majestad molestias; le informó de su próximo matrimonio y también que había logrado su naturalización como súbdito holandés. En su segunda carta, de fecha 27 de mayo, con la citación recibida, insiste en la reparación que se le hizo y ofrece un retraso de quince días antes de imprimir su propia justificación, que nuevamente insinúa no le dará a Jacobo motivo de satisfacción. La citación había declarado que había tenido correspondencia, traidoramente, con Argyll durante 1682-5, y con Ferguson, Stuart y otros durante 1685-7.
Las expresiones de su primera carta enfurecieron a Jacobo tanto que puso en marcha otro enjuiciamiento. Burnet fue declarado fuera de la ley y D'Albeville recibió instrucciones para exigir su entrega, a lo que los Estados, por supuesto, después de examinarlas, se negaron. En una tercera carta del 17 de junio explica las frases objetadas. Es en este momento cuando Burnet dice que recibió información confiable de un complot para su asesinato. Poco después se casó con su segunda esposa, Mary Scott, una rica mujer holandesa de extracción escocesa, quien parece haber sido excepcionalmente agraciada. Una oración autógrafa con motivo de su matrimonio, de fecha 25 de mayo de 1687, existe en manuscrito. De su primogénito, el príncipe y la princesa fueron padrinos el 2 de abril de 1688. Mientras tanto había escrito, entre muchos otros tratados, una severa y amarga respuesta al libro de Parker sobre Reasons for abrogating the Test Act. Dice del mismo: 'Se pensaba que ayudó a poner fin a la vida del más malhumorado hombre que he conocido.'

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Burnet se mantuvo completamente al tanto de todos los preparativos de Guillermo. Dio una rápida insinuación a la princesa Sofía, siendo lo suficientemente agudo para hacerlo sin el conocimiento previo de Guillermo, para su gran satisfacción. Al mismo tiempo estaba en plena relación de confianza con la facción de la revolución en Inglaterra. Fue responsable del texto de la declaración de Guillermo y con respecto a Escocia le indujo a alterar el pasaje en el que por implicación, ante el apremio de los exiliados escoceses, se había declarado por el presbiterianismo. El 5 de noviembre desembarcó con Guillermo en Torbay, siendo este lugar escogido en el último momento en lugar de Exmouth, a sugerencia suya. Existe, de puño y letra de Burnet, su Meditation on my Voyage for England, intending it for my last words in case this expedition should prove either unsuccessful in general or fatal to myself in my own particular. En marcha hacia Exeter se le confió el deber de impedir la violencia de los soldados en el camino y redactó el compromiso que fue firmado por todos los nobles. Un curioso ejemplo de su falta de delicadeza, en la catedral de Salisbury, lo cita Macaulay del diario de Clarendon. Hay cartas en manuscrito suyas al almirante Herbert, llenas de detalles interesantes, escritos durante la marcha a Londres. Cuando Halifax vino con los comisionados de Jacobo para tratar con Guillermo, Burnet instó a que se le permitiera al rey abandonar el reino y cuando fue detenido en Feversham expresó su disgusto por el error y aconsejó a Guillermo de inmediato que diera pasos para asegurar su buen trato. Él describe estos dos sucesos en cartas escritas el 9 de diciembre y el día de Navidad. Fue muy útil también para asegurar la indulgencia hacia los papistas y jacobitas en Londres, evitando así el peligro de una reacción fundada en un cargo de opresión de los ingleses. Su sabiduría política se mostró en su constante oposición a la propuesta de Halifax, de que la corona debía darse al príncipe, sin tener en cuenta a María, y su vigilancia evitó todo intento de causar una diferencia entre ellos. Probablemente fue durante estos meses que publicó un vigoroso y útil tratado sobre la cuestión de si el país estaba obligado a tratar con Jacobo o volverle a llamar.
Obispo de Salisbury.
El 23 de diciembre, predicó en St. James del texto: 'De parte del Señor es esto y es cosa maravillosa a nuestros ojos' y el 1 de febrero recibió la gratitud de la Cámara de los Comunes por el sermón de acción de gracias del 31 de enero. Burnet fue pronto recompensado con el obispado de Salisbury. Había previamente rechazado el de Durham, ya que las condiciones fueron que debía renunciar a Crew, que entonces tenía, y recibir 1.000 libras anuales vitalicias. Se afirma, además, que cuando Salisbury quedó vacante, Burnet pidió que se le diera a Lloyd. Sancroft se negó a consagrarlo, pero cedió por la concesión de una comisión para el propósito a los obispos de la provincia. La presencia de Burnet en la Cámara de los Comunes fue de servicio inmediato, pues las cuestiones de tolerancia, de comprensión y de juramentos surgieron a la vez. En el tercero de estos puntos habló por el clero, pero consintió en la imposición cuando descubrió que estaban oponiéndose activamente a la corona. Su carta pastoral a su clero, en la que instaba a prestar los juramentos, después se le ordenó al verdugo que la quemara, por apoyar la pretensión de Guillermo a la corona por derecho de conquista, y porque Burnet declaró que el clero debería consentir en la posesión, incluso cuando el título fuera visible e indefendiblemente malo. Celosamente abogó por la tolerancia y sobre la cuestión de la comprensión argumentó con éxito contra el comité mixto propuesto para revisar la constitución eclesiástica, aunque luego cambió su opinión sobre este punto. En todos los demás asuntos estuvo en el lado moderado y se opuso a la imposición de arrodillarse ante el sacramento y del uso de la cruz en el bautismo. Fue autor de una cláusula sobre el proyecto de ley que eximía a los súbditos de su lealtad si un papista, o alguien casado con un papista, aspiraba a la corona. Fue elegido por Guillermo para proponer en la Cámara de los Comunes el nombramiento de la duquesa de Hannover y su posteridad a la sucesión; y, cuando la sucesión en realidad tuvo lugar, en 1701, fue nombrado presidente del comité a quien el proyecto de ley fue referido. Este fue el comienzo de una correspondencia con esa princesa que duró hasta su muerte. Fue en el verano de este año, 1689, que el conocido cuadro de Kneller fue pintado. Fue elegido en abril para predicar el sermón de coronación, que, con el del 5 de noviembre ante la Cámara de los Comunes y el del día de Navidad ante el rey y la reina, se ordenó que fuera impreso. Su Exhortation to Peace and Union se publicó el 29 de noviembre. Burnet fue naturalmente muy consultado por Guillermo con respecto a la Iglesia escocesa y probablemente sea responsable (de hecho, él mismo lo insinúa) de la carta en la que el rey prometió protección a los obispos por su buen comportamiento, junto con plena tolerancia de los presbiterianos, aunque él mismo declaró en 1688 que él no se entrometió con los asuntos escoceses. Pero en las negociaciones posteriores quedó excluido por los celos de los presbiterianos de mayor influencia, aunque hizo lo mejor que pudo por los obispos. Su acción iba dictada por su deseo predominante de promover una acomodación entre las iglesias anglicana y presbiteriana. El 13 de septiembre de 1689 fue puesto en la comisión para la comprensión. Con motivo de la conspiración de Montgomery, Burnet pudo, por información que le llegó anónimamente, causar su descalabro. Calmó los sentimientos de Guillermo cuando los Comunes celosamente le otorgaron los ingresos solo por cinco años. Instó a la adopción del proyecto de ley de abjuración, que el rey sabiamente dejó caer. Durante la ausencia de éste en Irlanda, Burnet estuvo, por expreso deseo, en cercana ayuda a la reina. A la muerte de María escribió su ensayo sobre su carácter. Durante su vida ella había tenido todo el control de los asuntos de la Iglesia. A su muerte se designó una comisión para todas las cuestiones de promoción. Burnet fue puesto al frente y, cuando se nombró una comisión similar en 1700, fue nuevamente incluido en ella.

Burnet relata que en 1699 se hizo un intento en los Comunes para privarlo de su tutoría del duque de Gloucester y que hubo una moción para su remoción, pero que fracasó por una gran mayoría. Debe hacerse notar que, según Ralph, el obispo gastó todo el salario que recibió por este cargo, 1.500 libras, en caridad privada.
En el debate sobre el proyecto de ley para la concesión de propiedades irlandesas confiscadas, Burnet, en 1700, se puso del lado opuesto a la corte (aunque luego cambió de opinión) y despertó el disgusto de Guillermo. En este año murió su alumno y el 8 de marzo de 1702, él, con el arzobispo Tenison, asistió a Guillermo en su lecho de muerte, escribiendo una elegía. En 1703 se opuso firmemente al proyecto de ley contra la conformidad ocasional. 'Nunca fui movido', dijo, 'a callar cuando la tolerancia debía ser llevada a debate; pues durante mucho tiempo he considerado la libertad de conciencia uno de los derechos de la naturaleza humana, antecedente a la sociedad, que ningún hombre puede dejar, porque no está en su propio poder.' Su discurso formó el tema de un amargo y hábil ataque de Atterbury. Sin embargo, del discurso se desprende que, aunque no dispuesto a que los no conformistas debían ser multados, o que las iglesias extranjeras debían ser incluidas en las actas de incapacidad, Burnet estaba perfectamente dispuesto a que los no comulgantes debían poder ostentar cargos. Si se opuso al proyecto de ley en su aprobación por los Lores en 1711 no consta. En 1709 habló en contra de la ley para establecer confiscaciones en Escocia en casos de traición y a favor de la naturalización general de todos los protestantes. En 1710 fue atacado por Sacheverell y habló contra él en el debate sobre su caso en los Lores. Protestó abiertamente ante Ana por su supuesta intención de traer el pretendiente y en 1711 le dijo lo que pensaba contra una paz que permitía a la casa de Borbón retener la posesión de España y las Indias Occidentales.
Semblanza.
El episcopado de Burnet se alza solo en esa edad como un testimonio de capaz y concienzudo gobierno. Un detallado relato sería una repetición de lo que su hijo escribió. Hizo lo mejor que pudo, mediante un examen cuidadoso, para tener un clero sabio y competente, y se destacó en contra de admitir propuestas de personas no calificadas a beneficios; libró una guerra contra la pluralidad; estableció una escuela de teología en Salisbury. Fue tolerante con los no juramentadores y presbiterianos en un grado que despertó la ira de todos los extremistas; y su habitual generosidad se mostró al costear a todo el clero que lo atendió en sus visitaciones. Pero la tarea más duradera que inauguró fue la disposición para el aumento de beneficios, generalmente conocida como Queen Anne's Bounty. Estaba deseoso de que la Iglesia estuviera mejor representada en las ciudades y para este propósito puso en marcha un plan (después del fracaso de un diseño a menor escala en su propia diócesis) aplicable a todo el reino. En dos memoriales, de enero de 1696 y diciembre 1697, Burnet propuso al rey que las primicias y diezmos, que habían sido otorgadas por Carlos II en pensiones a sus amantes y bastardos, debían aplicarse a la mejora de beneficios pobres. El plan se encontró con oposición suficiente para obstruirlo hasta la muerte de Guillermo, pero Burnet vivió para verlo convertirse en ley en 1700-4. Vale la pena mencionar que en los memoriales mencionados, Burnet sugiere que el plan es bueno para obtener el apoyo del clero en vista de las siguientes elecciones. La influencia de Burnet en la Cámara de los Comunes parece haber sido considerable, pero probablemente fue más por carácter representativo que por su oratoria. Ésta, si podemos juzgarla por el discurso en contra de concluir una paz separada con Francia en 1713, que él mismo ha conservado cuidadosamente, y que por lo tanto puede considerarse un favorable espécimen, era pedante y pesada. Sus discursos en 1703 y 1710 sobre la ley de conformidad ocasional y el juicio político de Sacheverell también se han publicado.
La obra más importante de Burnet, History of his own Time, no se publicó hasta después de su muerte, el primer volumen en 1723, el segundo en 1734, aunque hay un recibo por 25 chelines, la mitad del precio del segundo volumen, fechado en junio de 1733. Ha sido, naturalmente, tema de violento ataque por imprecisión y prejuicio. En su primera aparición, escuchamos que 'nadie habla bien de ella' y las personas cuya conducta fue censurada se expresaron en los términos más amargos. Como ejemplo se puede citar al conde de Aylesbury: 'Él escribió como un bribón mentiroso, y, en cuanto a mi propio particular, los editores merecerían la picota, porque lo que tiene que ver conmigo es todo falso como el infierno.' Pero en realidad, dejando de lado tal vez sus puntos de vista en cuanto al nacimiento legítimo del hijo de Jacobo, nada podría ser una ilustración más admirable del candor general de su mente y de su información completa y precisa. Esa porción donde, por circunstancias peculiares, él podría no haber dado inexcusablemente una coloración partidista a su narrativa, y donde la injusticia y la inexactitud tendrían que haber sido extremadamente difíciles de exponer, es la porción que trata sobre los asuntos escoceses en el reinado de Carlos II. Pero un examen de Lauderdale MSS. en el Museo Británico, permite afirmar que la precisión de esta porción es notable no solo en cuanto a los hechos reales, sino incluso considera el carácter de los hombres a quienes él o vehementemente admiró o vehementemente detestó y combatió. El estilo literario o la elocuencia de Burnet no tiene pretensiones, ni hay incluso la más mínima apariencia de un intento de estilo; sus epítetos son a menudo torpes y sus construcciones desgarbadas. Pero de esta crítica la 'conclusión' más admirable debe ser exceptuada. Esto le concede a Burnet lo mejor; los pensamientos son maduros y nobles, siendo la dicción elevada e impresionante. Toda la obra ha sido sujetada a las duras críticas de Dartmouth y la acre sátira de Swift, a quien era especialmente desagradable, y quien es sin duda el autor de un epitafio satírico sobre él; pero aunqe el primero, que con frecuencia lo acusa de falsedad deliberada por sentimiento de facción, le salpica nuevamente con manchas indudables, el valor de History of his own Time, como narrativa sincera y valiosa obra de referencia, se ha elevado mediante las continuadas investigaciones sobre los materiales originales.
El interés histórico del carácter de Burnet radica en el hecho de que, desde su entrada en la vida pública cuando era un simple muchacho, fue el representante consistente de la Iglesia amplia en ideas, tanto en política como en doctrina. Excepto en los dos o tres casos mencionados, su voz siempre fue tolerante y su práctica en su diócesis aún más. Era un hombre perfectamente sano y robusto en cuerpo y mente; un entrometido, pero no un intrigante; un amante de los secretos, que era incapaz de guardar; un polémico vigoroso, pero sin rencor ni astucia; lo que el corazón concebía, la lengua parecía obligada a pronunciarlo o la pluma a escribirlo. Se puede entender bien la impresión de Lord Hailes de que era 'un hombre de la más sorprendente imprudencia que se pueda imaginar.' Esencialmente un político y hombre de acción, fue el más pastoral y el más capaz, de los prelados de su época; sin ostentación en su propia vida y considerado con los demás, era incansable en el trabajo y en la caridad. Su mano abierta se expresa en una carta contemporánea: 'Siempre tiene dinero listo para pagar lo que sea debido en cualquier parte.' 'No fue alguien para crear un conjunto de fuerzas espirituales o eclesiásticas cuya influencia permanece sin gastarse por generaciones. Fue más bien hijo de su propio tiempo, la encarnación de algunas tendencias que estaban entonces emergiendo en importancia.' Por supuesto, hay que tener en cuenta que las dos autoridades principales sobre el carácter de Burnet son parciales, al ser él mismo y su hijo. Existen muchas descripciones, que lo representan en los colores más oscuros, pero también están muy coloreadas por el disgusto político y también ligeramente ilustradas por hechos que vale la pena registrar. Una, tal vez, por un hombre que le conocía bien, es la siguiente: 'Era celoso de la verdad, pero al contarla siempre la convertía en mentira; estaba inclinado a hacer el bien, pero destinado a equivocar el mal por ello.'
Burnet murió de un severo enfriamiento, que se convirtió en fiebre pleurítica. Fue enterrado en la iglesia parroquial de St. James, Clerkenwell, habiendo residido en St. John Court en esa parroquia durante los últimos años de su vida.
Con su segunda esposa, Burnet tuvo siete hijos, tres hijos y cuatro hijas, dos de las cuales, Mary y Elizabeth, le sobrevivieron, al igual que sus tres hijos, Guillermo, Gilbert y Thomas, quien se convirtió en su biógrafo.
Obras.
Una lista completa de las obras de Burnet se da en la edición de Clarendon Press de su Own Times (1823), vi. 331-52. Burnet publicó casi sesenta sermones, treinta de los cuales están en A Collection of Tracts and Discourses (1704) y dieciséis en un volumen publicado en 1713. Sus principales obras son las siguientes: Discourse on Sir Robert Fletcher of Saltoun, 1665; Conference between a Conformist and a Nonconformist, in seven dialogues, 1669; A Resolution of Two Important Cases of Conscience (se trata del documento erróneamente atribuido a Burnet sobre el propuesto divorcio de Carlos II); Vindication of the Authority... of Church and State of Scotland, 1673; The Mystery of Iniquity Unveiled... (contra el catolicismo), 1673; Rome's Glory; or a Collection of divers Miracles wrought by Popish Saints, 1673; Relation of a Conference held about Religion, by E. Stillingfleet and G. Burnet with some Gentlemen of the Church of Rome, 1676; Memoires of... Jacobo and William, dukes of Hamilton, 1676; Vindication of the Ordinations of the Church of England, 1677; Two Letters upon the Discovery of the late Plot, 1678; History of the Reformation, vol. i. 1679, vol. ii. 1681, vol. iii. 1714; Some Passages in the Life and Death of John Wilmot, Earl of Rochester, 1680; Infallibility of the Roman Church... confuted, 1680; News from France: a Relation of the present Difference between the French King and the Court of Rome, 1682; History of the Rights of Princes in the Disposing of Ecclesiastical Benefices, &c., 1682; Life and Death of Sir Matthew Hale, 1682; Life of Bishop Bedell, 1685; Some Letters containing an account of what seemed most remarkable in Switzerland, Italy, &c., written by G. B. to T[he] Honourable] R[obert] B[oyle], to which is annexed an answer to Varelles' 'History of Heresies' (en defensa de History of the Reformation), 1687; seis documentos (que contienen un argumento contra la derogación de Test Act, la citación de G. Burnet a responder... por alta traición y otros tratados sobre la política de la época), 1687; Una colección de dieciocho artículos, escritos durante el reinado de Jacobo II, 1689; A Discourse of the Pastoral Care, 1692; Four Discourses to the Clergy of the Diocese of Salisbury, 1694; Essay on the Memory of Queen' Mary, 1695; Exposition of the Thirty-nine Articles, 1699; Exposition of the Church Catechism, 1710; Speech on the Impeachment of Sacheverell, 1710; cuatro cartas entre Burnet y Henry Dodwell, 1713; History of his own Times, vol. i. 1723, vol. ii. 1734.