Historia

BURNS, JABEZ (1805-1876)

Jabez Burns, teólogo no conformista inglés, nació en Oldham, Lancashire, el 18 de diciembre de 1805 y murió en Porteus Road, Paddington, el 31 de enero de 1876.

Jabez Burns, por Randall DaleNational Portrait Gallery
Jabez Burns, por Randall Dale
National Portrait Gallery
Su padre era químico. Fue educado en una escuela en Chester y en la escuela primaria de Oldham, que dejó para participar en asuntos comerciales en York y Bradford. Durante unos tres años dirigió un negocio de venta de libros en Keighley. Su madre, quien murió en su primera infancia, era metodista, y le llamó por el nombre del doctor Jabez Bunting. Burns al principio se unió a la Nueva Conexión Metodista y a la edad de dieciséis años pronunció su primera alocución pública en una casa metodista cerca de York. En 1824 Burns se casó con Jane, la hija de George Dawson de Keighley. Se marchó en 1826 a Londres, donde en medio de dificultades comenzó su carrera como escritor por la recopilación de Christian's Sketch Book, Londres, 1828, octava edición, 1835, & c., de la que una segunda serie, con el mismo título, se publicó en 1835; Spiritual Cabinet, Londres, 1829, y otras ediciones. Previamente a esa fecha fue bautizado por el reverendo Farrent, pastor de una congregación bautista general en la capilla de la calle Suffolk, en Borough; pero no cortó sus relaciones con la nueva conexión metodista. Después de pocos meses dedicados a la misión en representación de los bautistas generales en Edimburgo y Leith en 1829, fue de 1830 a 1835 pastor de una congregación en Perth. Viajó por gran parte del país durante ese período, predicando sobre la temperancia. Mientras estaba en Perth editó Christian Miscellany. En mayo de 1835 aceptó pastorear una congregación bautista general reunida en Ænon Chapel, New Church Street, Marylebone, y en junio finalmente se trasladó con su familia a Londres. Su congregación al principio era pequeña, pero debido a su entusiasmo aumentó tanto que dos veces en los primeros veinticinco años de su ministerio en Paddington fue necesario ampliar el edificio en el que se congregaba.

Burns tuvo mucha influencia como predicador y orador público, especialmente sobre la temperancia. Se dice que fue el primer clérigo de cualquier denominación en predicar sobre la abstinencia desde el púlpito. Pronunció treinta y cinco sermones anuales de temperancia, comenzando el 16 de diciembre de 1839, siendo muchos publicados. Fue uno de los primeros miembros de la Alianza Evangélica, formada en 1845. En 1847 Burns hizo su primera visita a América, como uno de los dos delegados de la Asociación Bautista General de Inglaterra en la conferencia trienal de los bautistas del libre albedrío de Estados Unidos. Publicó Notes of a Tour in the United States and Canada in the Summer and Autumn of 1847, Londres, 1848. Visitó América nuevamente en 1872. En 1869 visitó Egipto y Tierra Santa y preparó Helpbook for Travellers to the East; including Egypt, Palestine, Turkey, Greece, and Italy, Londres, 1870. La universidad wesleyana en Middletown, Connecticut, en 1846 le otorgó el grado honorario de doctor en teología, al que la facultad de Bates College, Lewiston, Maine, agregó el de doctor en derecho en 1872.

Burns escribió una gran cantidad de libros año tras año. En 1837 publicó una obra muy popular, titulada The Golden Pot of Manna; or Christian's Portion, containing Daily Exercises on the Person, Offices, Work, and Glory of the Redeemer, 2 volúmenes. En la quinta edición el título fue alterado a The Christian's Daily Portion, 1848. Similares obras se titularon Christian Exercises for every Lord's Day, morning and evening, in the Year, Londres, 1858; The Preacher's Magazine and Pastor's Monthly Journal, sesenta y seis partes, entre abril de 1839 y septiembre de 1844; One Hundred Sketches and Skeletons of Sermons, 4 volúmenes, Londres, 1836-9, que pasó por catorce ediciones; Sketches of Discourses for Sunday Schools and Village Preaching, Londres, 1838; Sermons, chiefly designed for Family Reading and Village Worship, Londres, 1842; One Hundred and Fifty Original Sketches and Plans of Sermons, comprising various Series on special and peculiar Subjects, adapted for Week Evening Services, Londres, 1866 y finalmente Two Hundred Sketches and Outlines of Sermons as preached chiefly in Church Street Chapel, Edgware Road, Londres, since 1866, Londres, 1875. Burns preparó y editó Pulpit Cyclopaedia and Christian Minister's Companion, 4 volúmenes, Londres, 1844.

Los libros menos importantes de Burns fueron: The Mothers of the Wise and Good, or select Essays on Maternal Duties and Influence, Londres, 1846; Christian Philosophy, or Materials for Thought, Londres, 1845; Doctrinal Conversations, &c., Londres, 1849, nueva edición, ampliada y revisada, bajo el título The Universal Love of God and Responsibility of Man, &c., Londres, 1861; Light for the Sick Room: a Book for the Afflicted, Londres, 1850; Light for the House of Mourning: a Book for the Bereaved, Londres, 1850; The various Forms of Religion, Londres, 1851; The Marriage Gift Book and Bridal Token, Londres, 1863; A Retrospect of Forty-five Years Christian Ministry: Public Work in other Spheres of Benevolent Labour, and Tours in various Lands, with Papers on Theological and other Subjects in Prose and Verse, Londres, 1875; y varias obras para los jóvenes.

De Mothers of the Wise and Good de Jabez Burns es el siguiente pasaje:

'Estando yo sentado a la puerta -dice un escritor estadounidense-, una de esas tardes inusualmente bellas con las que nos ha favorecido esta primavera, observando los juegos de mis dos hijos pequeños que correteaban por los caminos del jardín, deteniéndose aquí y allá para recoger una violeta de dulce aroma, morada o blanca, que perfumaba todo el aire, vi a poca distancia el carruaje de un querido e íntimo amigo que se dirigió rápidamente hasta mi puerta. Mi amigo se apeó. No percibí nada peculiar en su conducta hasta que atrajo a mi hijita hacia él y, de un modo solemne, le dijo: "Lizzie, tu abuela ha muerto. No la verás jamás". "¡Muerta!", exclamé. "Tienes una carta". "Sí". Y, cuando se volvió para darme la carta, vi su mirada de total abatimiento y sentí que él había perdido a una madre.

Aquella madre y aquel hijo sentían la misma devoción el uno por el otro. Él era el menor de seis hijos. Habían estado separados durante varios años y él tenía alegres expectativas de verla en unas pocas semanas y presentarle a sus dos pequeños tesoros de los que ella había oído hablar tan a menudo, pero que no conocía. Por desgracia, esas ilusiones se han frustrado, y ese "Lizzie, tu querida abuela ha muerto. No la verás jamás", sigue resonando en mis oídos como la primera vez que lo oí.

Pero la anciana madre era cristiana. La carta dice: "Durante toda la enfermedad, su mente estuvo siempre clara; no murmuró en ningún momento, sino que estaba ansiosa por partir". Sin lugar a duda, poco después de esto, contempló "al rey en su hermosura" (¡Ay de ti que destruyes, y no has sido destruido; y de aquel que es pérfido, cuando otros no actuaron con perfidia contra él! Cuando termines de destruir, serás destruido; cuando acabes de actuar con perfidia, con perfidia actuarán contra ti.[…]Isaías 33:1) y la hicieron entrar a escenas de gloria donde hasta los querubines, tan acostumbrados a las visiones celestiales, se cubren el rostro con un velo. ¿Qué le parecerá ahora su peregrinar de setenta años? Ha entrado a la eternidad. ¿Y las tristezas y aflicciones que una vez la apenaron? "No son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse" (Pues considero que los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria que nos ha de ser revelada.[…]Romanos 8:18). Con santo éxtasis, se inclina ante el trono y adora a la Trinidad. Creo que la veo, no como la vi una vez, vestida con ropa de luto y lamentando que la muerte había entrado en su familia. No, la muerte ha demostrado por fin ser su amiga, ha separado lo mortal de lo inmortal y la ha guiado a la felicidad del cielo. Allí, vestida con una túnica blanca, con una corona sobre su frente, un arpa en la mano, una juventud imperecedera en el rostro y la plenitud del gozo en su corazón, considera el final del tiempo en la tierra como la perfección de su existencia en la eternidad, en el cielo. Luego, al sonido de la trompeta del arcángel, ese amigo que durante tanto tiempo había encerrado su espíritu y que había sido el siervo de su voluntad, ese cuerpo purificado, ennoblecido, inmortalizado correrá una vez más hacia ella para estar juntos y, siendo ambos uno solo, estarán "siempre con el Señor" (Entonces nosotros, los que estemos vivos y que permanezcamos, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes al encuentro del Señor en el aire, y así estaremos con el Señor siempre.[…]1 Tesalonicenses 4:17).

La resurrección del cuerpo, la inmortalidad del alma, la divinidad, la expiación, la intercesión de Cristo, la perpetuidad de la felicidad, ¡qué doctrinas tan enriquecedoras y gloriosas! ¡Maravilloso destino el nuestro! Entrar en el mundo como el más desvalido de los seres terrenales, progresar, paso a paso, hasta convertirnos en alguien "poco menor que los ángeles" (LE HAS HECHO UN POCO INFERIOR A LOS ANGELES; LE HAS CORONADO DE GLORIA Y HONOR, Y LE HAS PUESTO SOBRE LAS OBRAS DE TUS MANOS;[…]Hebreos 2:7), alcanzar una elevación superior a la de cualquier otra inteligencia creada.

¿Siente ahora pesar, esa madre que en gloria está, de haber entregado su vida a su Hacedor? ¿Desea ahora haber vivido la vida del moralista y haber disfrutado por un tiempo algunos de los placeres del pecado? Si un rubor de vergüenza puede arder en el rostro de los habitantes del cielo es cuando piensan en el inagotable amor de Dios por ellos y su propia e injustificable ingratitud.

La lámpara de los moralistas puede servir para alumbrar sus pasos hasta el lecho de la enfermedad, pero podemos tener por seguro que tan pronto como aparezca la muerte, incluso en la distancia, su llama se debilitará y después expirará. No habrá nada que guíe su senda por el "valle de sombra de muerte" (Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo; tu vara y tu cayado me infunden aliento.[…]Salmo 23:4), sino los relámpagos de la ira divina, los reflejos del lago que arde por siempre.

La senda del cristiano por el valle oscuro se alegra primeramente con el amanecer del Sol de Justicia. A medida que va avanzando, más llano se hace el sendero y más deslumbrante el fulgor, hasta que por fin entra en el cielo, donde no hay "necesidad de sol... porque la gloria de Dios [lo] ilumina" (La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que la iluminen, porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera.[…]Apocalipsis 21:23).'