Historia

BURROUGHES, JEREMIAH (c. 1600-1646)

Jeremiah Burroughes o Burroughs, ministro congregacional inglés, nació hacia 1600 y murió en Londres el 13 de noviembre de 1646.

Jeremiah Burroughes, por Thomas CrossNational Portrait Gallery
Jeremiah Burroughes, por Thomas Cross
National Portrait Gallery
Fue educado en Emmanuel College, Cambridge, donde fue admitido en 1617 y obtuvo la maestría en 1624. Dejó la universidad por causa de su no conformidad y ayudó a Edmund Calamy como ministro en Bury St. Edmunds. El 21 de abril de 1631 Burroughes fue instituido para la rectoría de Tivetshall, Norfolk. Fue suspendido por no observar los mandatos de 1636 del obispo Wren y especialmente por no leer el Book pof Sports. Encontró hospitalidad durante algunos meses bajo el techo del conde de Warwick y se dice que ofreció 40 libras al canciller del obispo para que le quitara la suspensión; pero fue acusado de discursos sediciosos contra la guerra escocesa y fue privado. No se apresuró, como se ha dicho, a irse fuera del país por temor de su vida. Tuvo ofertas de beneficios 'de diversos nobles amigos', pero en 1637 se trasladó a Rotterdam, convirtiéndose en 'profesor' de la iglesia congregacional inglesa en esa ciudad. Regresó a Inglaterra en 1641 y se convirtió en predicador en Stepney a las siete de la mañana y más tarde en el día en Cripplegate. Hugh Peters, quien había sido predecesor de Burroughes en Rotterdam, lo llamó la 'estrella matutina', y William Greenhill la 'estrella vespertina' de Stepney. En la ordenanza del 12 de junio de 1643, en la asamblea convocada de teólogos en Westminster, Burroughes aparece en la lista. Fue fue uno de los siete 'hermanos disidentes' cuyas opiniones sobre el gobierno de la iglesia eran congregacionales, en oposición al presbiterianismo de la mayoría, y fue uno de los cinco que en 1644 presentó al parlamento Apologetical Narration, el primer manifiesto de sus principios. El 6 de noviembre de 1645 fue puesto en el (segundo) comité de alojamiento; y en su última reunión, el 9 de marzo de 1646, declaró en nombre de los independientes que no cederían a los presbiterios presbiterianos el poder coercitivo que reclamaban, pero tampoco 'sufrirían' o emigrarían. Burroughes fue moderado en su acción pública. Nunca intentó formar una 'iglesia reunida' o congregación de independientes extraída de varias parroquias, ni tuvo ningún beneficio después de su regreso de Holanda, estando contento con sus alocuciones matinales y nocturnas. Baxter dijo que si todos los independientes hubieran sido como Burroughes, todos los episcopales como Ussher y todos los presbiterianos como Stephen Marshall, 'las brechas de la iglesia pronto habrían sido curadas.' Samuel Bury cita con aprobación el lema en la puerta de su estudio: 'Opinionum varietas et opinantium unitas non sunt ασυστατα' ("La diferencia de creencia y la unidad de los creyentes no son inconsistentes"). Sus principales oponentes fueron Thomas Edwards de Gangraena y John Vicars. Burroughes murió antes de que la asamblea hubiera terminado su confesión de fe. Browne cita en Perfect Occurrences lo siguiente sobre su muerte: 'Este día el Sr. Burrows, el ministro, un hombre piadoso, murió. Parece que tuvo un hematoma por una caída de un caballo unos quince días antes; cayó en fiebre y de esa fiebre murió, siendo por mucha gente piadosa muy lamentado.' Su retrato está grabado por Cross. Conforme a este grabado, el 1 de junio de 1646 era 'aetatis suae 45', que daría como fecha de su nacimiento 1601 y no 1599.

Publicó: An Exposition with practical Observations on the Prophesie of Hosea, 1643-50-52-57, 4 volúmenes; The Glorious Name of the Lord of Hosts opened, 1643 (dos sermones de Nuestro Redentor, el SEÑOR de los ejércitos es su nombre, el Santo de Israel.[…]Isaías 47:4, en St. Michael, Cornhill, vindicando recurrir a las armas; como posdata está A briefe Answer a The Resolving of Conscience, &c., 1642, de Henry Fern, doctor en teología); A Vindication of Mr. Burroughs against Mr. Edwards his foule Aspersions in his spreading Gangraena... concluding with a brief Declaration what the Independents would have, 1646 (Edwards había escrito Apologetical Narration presentada a la Cámara de los Comunes en 1644); Irenicum; to the Lovers of Truth and Peace, concerning the causes and evils of Heart Divisions, 1646. Obras póstumas fueron: The Rare Jewel of Christian Contentment, 1648; Gospel-Conversation, 1648; The Generation of Quakers, Cambridge, 1648; Moses He's Self-Denyall, 1649 (tratado sobre Por la fe Moisés, cuando era ya grande, rehusó ser llamado hijo de la hija de Faraón,[…]Hebreos 11:24); Moses his Choice, 1650; (Brook lo asigna a 1641; es continuación del anterior, siendo un tratado sobre 25 escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los placeres temporales del pecado, 26 considerando como mayores riquezas el oprobio de Cristo que los tesoros de Egipto; porque tenía la mirada puesta en la recompensa. […]Hebreos 11:25,26); The Evil of Evils; or the exceeding Sinfulness of Sin, 1654; The Saint's Treasury, being the substance of several Sermons, 1654; Three Treatises, 1655; Earthly Mindedness... and Walking with God, 1656; Gospel Reconciliation, 1657; Four Books on Matt, xi. 1659; The Saint's Happinesse, 1660; A Treatise of the Excellency of Holy Courage in Evil Times, 1661; The Difference between the Spots of the Godly and of the Wicked, 1668; Gospel Remission, 1668; Gospel Fear; or the Heart trembling at the Word of God, 1674; Jerusalem's Glory... the New Testament Church in the latter days, 1675; Four useful Discourses and Sermons, 1675.

El siguiente pasaje procede de su obra The Rare Jewel of Christian Contentment:

"He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación" (No que hable porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación.[…]Filipenses 4:11).
'El contentamiento en toda circunstancia es un arte maravilloso, un misterio espiritual. Es para ser aprendido y esto como un misterio. Por eso [Pablo] dice en el versículo 12: "Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado".

La palabra traducida enseñado, se deriva de la que significa "misterio". Es como si hubiera dicho: "He aprendido el misterio de esta cuestión". El contentamiento debe ser aprendido como un gran misterio y aquellos enseñados plenamente en este arte, que es como la adivinanza de Sansón para el hombre natural, han aprendido un misterio profundo... Ofrezco la siguiente descripción: El contentamiento cristiano es aquel estado del espíritu lleno de gracia, aquietado, interior y dulce que se somete libremente a Dios y se deleita en lo que El dispone, paternal y sabiamente, en cada circunstancia.

Desglosaré esta descripción porque es como frasco de precioso ungüento, y muy reconfortante y útil para los corazones atribulados en tiempos y condiciones de sufrimiento.

El contentamiento es algo dulce en el interior del corazón. Es una obra del Espíritu en el interior. No se trata sólo de que no procuremos ayudarnos a nosotros mismos con medidas externas violentas, ni que nos abstengamos de expresiones de descontento y murmuraciones con palabras perversas contra Dios y otros; es el sometimiento interior del corazón. "En Dios solamente está acallada mi alma" (Para el director del coro; según Jedutún. Salmo de David. En Dios solamente espera en silencio mi alma; de El viene mi salvación.[…]Salmo 62:1) y "alma mía, en Dios solamente reposa" (Alma mía, espera en silencio solamente en Dios, pues de El viene mi esperanza.[…]Salmo 62:5). Eso dicen nuestras Biblias, pero las palabras podrían traducirse igualmente: "Alma mía, permanece quieta ante Dios. Guarda silencio, oh alma mía".

No sólo debe la lengua guardar silencio; tiene que hacerlo también el alma. Muchos pueden guardar silencio conteniéndose de exteriorizar el descontento que bulle por dentro. Esto indica un desorden complicado y gran perversidad en sus corazones. A pesar de su silencio exterior, Dios oye el quejoso e irritado lenguaje de alma. Un zapato puede verse suave y elegante por fuera, mientras adentro pellizca y oprime el pie. Afuera puede haber mucha calma y quietud, mientras que, por dentro, se mueven sorprendente confusión, amargura, perturbación y aflicción.

Algunas personas son tan débiles que no pueden refrenar la inquietud de sus espíritus, sino que con sus palabras y conductas revelan las lamentables perturbaciones interiores. Sus espíritus son como un mar enfurecido que no arroja más que suciedad y lodo, y son molestos, no sólo para ellos mismos, sino también para los que los rodean. Otros, en cambio, pueden disimular esos desórdenes del corazón, tal como lo hizo Judas cuando traicionó a Cristo con un beso; hierven por dentro y se consumen como un cáncer. A ellos se refiere David cuando dice que sus palabras son más dulces que la miel, sin embargo, tienen guerra en su corazón. En otro lugar dice: "Mientras callé, se envejecieron mis huesos" (Mientras callé mi pecado , mi cuerpo se consumió con mi gemir durante todo el día.[…]Salmo 32:3). De manera similar, mientras estas personas exteriorizan una calma llena de serenidad, sus espíritus tienen furiosas tormentas. Y mientras guardan silencio, su corazón se turba y hasta se desgasta por la angustia y la aflicción. Tienen paz y tranquilidad externa, pero adentro [hay] guerra por el comportamiento rebelde y turbulento de sus corazones.

Si el logro del verdadero contentamiento fuera tan fácil como permanecer quieto exteriormente, no necesitaría ser aprendido. Requeriría aún menos fuerza y habilidad que la de un apóstol, efectivamente, hasta menos que la que un cristiano común tiene o puede tener. Por lo tanto, se requiere más para lograrlo que lo que demandan los dones comunes y el poder ordinario del razonamiento, que la naturaleza controla. Es una cuestión del corazón.

ES LA QUIETUD DEL CORAZÓN. En él, todo es sosegado y tranquilo... ¿A qué pues, se opone esta quietud del espíritu?...

A la irritación y la angustia, que van un grado más allá del murmurar. Recuerdo el dicho de un pagano: "El sabio puede preocuparse por sus aflicciones, pero no estar enojado con ellas". Hay una gran diferencia entre una preocupación sosegada y un enojo desordenado.

A la turbulencia del espíritu, cuando los pensamientos se amontonan pesadamente y obran de una manera confusa, de modo que los afectos son como el gentío desordenado descrito en Hechos. No sabían con qué propósito se habían juntado (Así que unos gritaban una cosa y otros otra, porque había confusión en la asamblea, y la mayoría no sabía por qué razón se habían reunido.[…]Hechos 19:32). El Señor espera que guardemos silencio bajo sus reprensiones y como dice Puesto que estos hechos son innegables, debéis guardar calma y no hacer nada precipitadamente.[…]Hechos 19:36: "Puesto que esto no puede contradecirse, es necesario que os apacigüéis, y que nada hagáis precipitadamente".

Al espíritu inquieto e inestable, por el cual el corazón se distrae del deber del momento que Dios requiere en nuestras diferentes relaciones con Dios, nuestros prójimos y nosotros mismos. Tenemos que valorar el deber al punto que no demos lugar a que trivialidad alguna nos desvíe de él. De hecho, un cristiano valora en gran manera, cada servicio a Dios que, aunque algunos pueden ser a los ojos del mundo y de la razón natural una empresa sin importancia y vacía, elementos miserables o tonterías, sin embargo, dado que Dios lo requiere, la autoridad del mandato domina su corazón, de tal manera que está dispuesto a gastarse y ser gastado para cumplirlo. En cuanto a esto, Lutero se expresó diciendo que las obras comunes, realizadas con fe y nacidas de la fe, son más preciadas que el cielo y la tierra'. Si de hecho es así y el cristiano lo sabe, no se distraerá con pequeñeces. Responderá a cada distracción y resistirá toda tentación como lo hizo Nehemías cuando Sanbalat, Tobías y Gesem intentaron distraerlo de la reconstrucción del muro. Mandó decirles: "Yo hago una gran obra, y no puedo ir; porque cesaría la obra, dejándola yo para ir a vosotros" (Y les envié mensajeros, diciendo: Yo estoy haciendo una gran obra y no puedo descender. ¿Por qué ha de detenerse la obra mientras la dejo y desciendo a vosotros?[…]Nehemías 6:3).

A las preocupaciones que llevan al descuido y consumen el corazón. El corazón lleno de gracia estima tanto su unión con Cristo y la obra que Dios le encarga que no puede permitir que nada dentro de su poder se interponga y lo ahogue o anule. El cristiano anhela que la Palabra de Dios lo posea plenamente hasta partirle el alma y el espíritu (He. 4:12), pero no deja que el temor y el rumor de malas noticias se apodere tanto de su alma que cause allí una división y una lucha semejante a la que libraban los mellizos que luchaban en la matriz de Rebeca (Y los hijos luchaban dentro de ella; y ella dijo: Si esto es así, ¿para qué vivo yo? Y fue a consultar al SEÑOR.[…]Génesis 25:22). Un gran hombre puede permitir que gente común se pare fuera de sus puertas, pero no que entren y hagan ruido en su cámara o dormitorio cuando se ha retirado de todos sus menesteres cotidianos. De la misma manera, un espíritu en paz puede inquirir acerca de las cosas afuera en el mundo, y tolerar que algunos cuidados y temores comunes irrumpan en los alrededores de su alma, de modo que piensa un poco en ellos, pero de ninguna manera, permitirá su intrusión en la cámara privada que reserva totalmente para Jesucristo como su templo interior.

A desalientos que hunden. Cuando las cosas no marchan de la manera como uno espera, cuando la marca de causas secundarias es tan baja que casi no vemos los medios externos que mantengan nuestras esperanzas y nuestro corazón, comenzamos a razonar como lo hizo [el príncipe] en Y el oficial real en cuyo brazo se apoyaba el rey, respondió al hombre de Dios, y dijo: Mira, aunque el SEÑOR hiciera ventanas en los cielos, ¿podría suceder tal cosa? Entonces Eliseo dijo: He aquí, tú lo verás con tus propios ojos, pero no comerás d[…]2 Reyes 7:2: "Si Jehová hiciese ahora ventanas en el cielo, ¿sería esto así?". Nunca consideramos que Dios puede dar vista a los ciegos con lodo y saliva, y que puede obrar por encima, más allá e incluso, en contra de los medios. A menudo, hace que las flores más hermosas, producto de los esfuerzos del hombre, se marchiten y que sucedan cosas improbables a fin de que la gloria de los esfuerzos sea dada a Él. De hecho, si su pueblo necesita milagros para lograr su liberación, los milagros son tan fáciles para Dios como darle a su pueblo el pan de cada día. Muchas veces, una bendición de Dios es secreta para sus siervos, por lo que no saben de dónde viene. "No veréis viento, ni veréis lluvia; pero este valle será lleno de agua" (Pues así dice el SEÑOR: "No veréis viento, ni veréis lluvias; sin embargo ese valle se llenará de agua, y beberéis vosotros y vuestros ganados y vuestras bestias."[…]2 Reyes 3:17). Dios quiere que dependamos de El, aunque no veamos cómo suceden las cosas. Si fuera de otra manera, no demostraríamos un espíritu aquietado. Aunque en aflicción, no dejes que tu corazón desmaye. Si tu corazón desmaya y está desalentado por alguna aflicción, con más razón necesitas esta lección sobre el contentamiento.

A cambios y evasiones pecaminosas para conseguir alivio y ayuda. Un ejemplo de esto es el de Saúl corriendo hacia la adivina de Endor y ofreciendo un sacrificio antes de que llegara Samuel. Y cuando el buen rey Josafat trabó amistad con Ocozías (Después de esto Josafat, rey de Judá, se alió con Ocozías, rey de Israel. Al hacer esto obró impíamente.[…]2 Crónicas 20:35). Asa recurre a la ayuda de Ben-adad, rey de Siria, en lugar de recurrir al Señor (7 En aquel tiempo el vidente Hananí vino a Asa, rey de Judá, y le dijo: Por cuanto te has apoyado en el rey de Aram y no te has apoyado en el SEÑOR tu Dios, por eso el ejército del rey de Aram ha escapado de tu mano. 8 ¿No eran los etíopes y los libi[…]2 Crónicas 16:7-8), aunque el Señor le había entregado al numeroso ejército etíope en sus manos (Y el SEÑOR derrotó a los etíopes delante de Asa y delante de Judá, y los etíopes huyeron.[…]2 Crónicas 14:12). El bueno de Jacob acordó con su madre mentirle a Isaac, no quiso esperar los tiempos de Dios y usar los medios de Dios; se apuró demasiado y se salió de su camino para conseguir la bendición que Dios quería para él. Esto es lo que hacen muchos -por la corrupción de su corazón y la debilidad de su fe- porque no pueden confiar en Dios y seguirle totalmente en todas las cosas y de manera permanente. Ésta es la razón por la que, muchas veces, el Señor tiene que poner sobre los santos cruces temporales y dolorosas, como en el caso de Jacob, aunque finalmente obtuvo misericordia. Es posible que tu corazón carnal esté pensando: "No me importa cómo me libre de este mal, sólo pido ser librado". ¿No piensas así muchas veces cuando estás sufriendo una cruz o aflicción? ¿No experimentas tales obras del espíritu como ésta? "Ay, si pudiera librarme de esta aflicción sea como sea, no me importa cómo" -tu corazón dista mucho de estar aquietado. Estas soluciones pecaminosas son las cosas opuestas a la quietud que Dios requiere en un espíritu que tiene contentamiento.

Lo último que se opone a la quietud del espíritu es la rebelión desesperada contra Dios. Éste es el más abominable. Espero que muchos de los lectores hayan aprendido hasta aquí que para tener contentamiento han de evitar tales desórdenes, pero la verdad es que, no sólo los impíos, sino a veces, los propios santos de Dios, muestran estos indicios cuando una aflicción permanece por mucho tiempo, es muy severa y verdaderamente pesada sobre ellos, que les hiere, por así decirlo, hasta los tuétanos. Sienten que su corazón comienza a protestar contra Dios, sus pensamientos empiezan a crisparse y sus afectos se van convirtiendo en una rebelión contra Dios mismo. Éste es, especialmente, el caso de los que, además de tener sus corrupciones, son muy melancólicos. El diablo obra tanto en las corrupciones de su corazón como en la enfermiza melancolía' de su cuerpo. Aunque en el fondo exista la gracia, bajo la aflicción puede levantarse contra Dios mismo.

Ahora bien, la quietud cristiana es lo opuesto a todas estas cosas. Cuando llega la aflicción, sea cual fuere, no murmura. Aunque la siente, aunque le hace clamar a Dios, aunque anhela ser librado de su dolor, procura hacerlo por todos los medios piadosos, no murmura, ni se queja, ni tampoco se desespera. No hay en su espíritu nada tumultuoso, ni inestabilidad. No tiene en su corazón temores que lo distraen, no hay desánimo que hunde, no hay cambios ni evasiones pecaminosas, ni ninguna rebelión contra Dios.'


Bibliografía:
Portavoz de la Gracia.