Historia

CAMPANELLA, TOMMASO (1588-1639)

Tommaso Campanella, monje y filósofo italiano, nació en Stilo, a 80 kilómetros al nordeste de Reggio, Calabria, el 5 de septiembre de 1588 y murió en París el 21 de mayo de 1639.

Tommaso Campanella
Tommaso Campanella
Ingresó en la orden dominica a la edad de quince años, estudiando filosofía y teología en Cosenza y Nápoles, añadiendo a sus otros logros un conocimiento de medicina, astrología, alquimia y magia. Rechazó enérgicamente el sistema aristotélico, escogiendo estudiar la naturaleza en lugar de la autoridad, por lo que se ganó muchos enemigos poderosos. Tras deambular por Italia durante varios años volvió a Cosenza en 1598, siendo al año siguiente arrestado por el gobierno, acusado, probablemente con certeza, de que estaba implicado en una conspiración para liberar Nápoles del dominio español. Sus conceptos políticos y sociales eran innegablemente peligrosos. Fue encerrado en estrecha prisión, en la que permaneció durante veintiséis años. Sufrió siete veces el tormento con la mayor entereza, y, privado de toda comunicación y de toda clase de lecturas, compuso en la cárcel hasta 40 obras, algunas de las cuales se han perdido. Fue retenido hasta 1626, cuando el papa Urbano VIII pudo transferir su caso al poder de la Inquisición, quedando libre en 1629. En 1634 otra conspiración calabresa, dirigida por partidarios de Campanella, fue peligrosa para éste; temeroso de la venganza de sus contrarios, con ayuda del cardenal Barberini y del embajador de Francia, de Noailles, disfrazado de mínimo, hubo de refugiarse en Francia y llegó a París, donde fue muy bien recibido por Luis XIII y por Richelieu, que le señalaron una pensión. Allí trabó estrecha amistad con Gassendi, y después de un viaje a Holanda, donde conoció a Descartes, se retiró a un convento de dominicos, donde murió antes de acabar la colección de sus obras, de la que sólo se habían publicado los cuatro primeros tomos (París, 1630).

En su extraña vida el carácter de Campanella ha merecido muy distintos juicios. Los formulados por el cardenal Pallavicini y por Addington Symonds, quien tradujo en 1878 los sonetos de Campanella, nos dan tal vez la mejor idea de este personaje. El primero dijo de él que era «un hombre que había leído todas las cosas y recordaba todas las cosas; de poderoso pero indomable carácter». Addington habla de él como de «audaz titán de la Edad Moderna, que poseía una esencial inteligencia de combate; un poeta y filósofo militante, que estuvo solo haciendo guerra contra la autoridad de Aristóteles en la ciencia, la de Maquiavelo en la política y la de Petrarca en el arte». De su espíritu indómito da idea su expresiónnumquam tacebo (jamás callaré). A Campanella le era familiar el saber enciclopédico entero de su tiempo: la teología, la filosofía, la medicina, la astrología, la adivinación, las matemáticas, la literatura. La filosofía que Campanella sustituiría por la de Aristóteles era incompleta y fantástica, influenciada por Tomás de Aquino, Bernardino Telesio (nacido en Cosenza en 1508), Ramón Llull y la Cábala, pero en parte era independiente y en ciertos puntos anticipatoria de pensadores posteriores. Sostiene que Dios ha hecho una doble revelación de sí mismo: en la naturaleza y en la Biblia; la una descansa en la filosofía y la otra en la teología. Nada tiene que ver la una con la otra. De esa manera pudo tomar una posición muy conservadora en teología, defendiendo decididamente el catolicismo y el papado, como en su Monarchiæ Messiæ and Discorsi della liberta e della felice suggettione allo stato ecclesiastico, Jesi, 1633. La certeza sólo se encuentra en las intuiciones inmediatas; la primera verdad es que existo, luego que puedo, que conozco y que quiero. Esas tres actividades indican las cualidades fundamentales del ser (potentia, sapientia, amor). Creía que la materia es eterna y que el mundo fue creado por emanaciones de la Deidad. Sus ideas sobre la sociedad y el Estado eran comunistas, expuestas en su Civitas solis, idea reipublicæ philosophicæ, impresa como apéndice a la parte iii (politica) de su Realis philosophiæ epilogisticæ partes iv, hoc est, de rerum natura, hominum moribus, politica, et oeconomica (Francfort, 1623).

De su obra Civitas solis, idea reipublicæ philosophicæ es el siguiente pasaje sobre la pedagogía en su ciudad ideal:

'En la Ciudad del Sol hay un solo libro para todos, que contiene todas las ciencias; y Sabiduría lo da a leer a todo el pueblo, como hacían los pitagóricos. Sabiduría ha ordenado plasmar en todas las murallas el saber contenido en ese libro.
En los muros exteriores del templo se han dibujado las estrellas, todas en perfecto orden y descritas con tres versos. En el interior del primer círculo de muros se han dibujado más figuras matemáticas de las descritas por Euclides y Arquímedes, cada una con su expresión matemática. En la parte exterior está el mapa de la Tierra, con sus subdivisiones en Estados y regiones y con la descripción de sus respectivas costumbres y religiones. Están dibujados todos los alfabetos del mundo contrastados con el que se utiliza en la Ciudad del Sol.
En el interior del segundo círculo de muros están las piedras preciosas, los minerales y metales de todo tipo, dibujados o encastados en el muro, con dos versos descriptivos para cada uno En el exterior están dibujados mares, lagos y ríos, además de vinos y todo tipo de esencias con indicaciones sobre su origen y las características que los distinguen.
Además, hay numerosos expertos en estas materias que educan a los niños. Éstos, jugando libremente y sin constricciones, alcanzan a conocer la historia del mundo antes de cumplir los diez años.
A todos se les enseñan todas las materias desde niños. A partir de los tres años de edad, los niños aprenden la lengua paseando cerca del muro en grupos de cuatro. Cuatro ancianos los guían y les hacen de maestros, haciéndoles también jugar y correr para que crezcan robustos. Los niños van siempre descalzos y a cabeza descubierta hasta la edad de siete años. Los ancianos les llevan a los talleres de sastres, pintores, orfebres y demás, y observan a qué oficios se sienten más inclinados.
Desde los siete años, empiezan todos a asistir a las clases de ciencias naturales... Hay cuatro profesores de esta materia, de manera que en cuatro horas se dan clases a cuatro escuadras. Y mientras unos toman lecciones de una determinada materia, otros hacen ejercicios físicos o se dedican a actividades útiles para la colectividad. Después se dedican a la matemática, a la medicina y a otras ciencias, discutiendo y compitiendo unos con otros. Cada uno se ocupará en la vida de aquella rama del saber en la que hayan demostrado ser mejores. Cada ciencia o profesión tiene su jefe responsable. Los muchachos van también al campo para aprender cómo alimentar a las bestias y cultivar las mieses.'