Historia

CANISIO, PEDRO (1521-1597)

Pedro Canisio (Kanis, Canis, Canijs), jesuita que difundió su orden en Alemania, nació en Nymwegen, Países Bajos, el 8 de mayo de 1521 y murió en Friburgo, Suiza, el 21 de diciembre de 1597.

Pedro Canisio, grabado de David Herrliberger
Pedro Canisio, grabado de David Herrliberger
Estudió en Colonia desde 1535 a 1544, obteniendo los títulos de bachiller en teología, licenciado en artes y maestro en artes (es decir, doctor en filosofía). En 1543 estuvo con el jesuita Pierre Favre en Maguncia, con quien hizo los ejercicios espirituales bajo su guía, entrando en la orden como novicio. Con nueve compañeros de la misma persuasión fundó secretamente en Colonia la primera comunidad jesuita, si bien el Consejo de la ciudad disolvió la organización, aunque por la intercesión de la universidad sus miembros pudieron quedarse en la ciudad a título personal. En 1545 comenzó sus clases, predicaciones y la preparación de las obras de Cirilo de Alejandría, con traducción latina, siendo publicado el primer volumen en Colonia en 1546. Entre tanto, el ferviente orador que había agitado los sentimientos especialmente contra el arzobispo Hermann de Wied, quien se inclinaba hacia el protestantismo, había obtenido tal autoridad entre el bando estrictamente católico que al comienzo de la guerra de Esmalcalda se le delegó para mediar ante el bando imperial en Ulm. Allí entró en contacto con el cardenal Otto Truchsess, obispo de Augsburgo, que estaba destinado a ser quien le abriera el camino a Baviera y asegurara la actividad de su orden. Ignacio de Loyola se dio cuenta del talento de Canisio y para perfeccionarlo en el espíritu y naturaleza de la orden y hacer de él un vaso escogido, llamó al joven a Roma y le encomendó tareas durante dos años en Messina.

A su regreso Canisio comenzó su obra en Baviera en 1549, en 1552 en Viena y en los territorios austriacos y en 1555 en Praga, con dos propósitos: difundir el espíritu jesuita de piedad entre los alemanes católicos y repeler el protestantismo. En Viena compuso Summa doctrinæ Christianæ, el catecismo que un edicto imperial pronto introdujo en toda Austria; en cuatro ediciones publicadas durante ciento treinta años demostró ser un excelente medio de entrenamiento mental. Sus otras producciones literarias incluyen dos volúmenes (De Johanne Baptista, Dillingen, 1571, y De Maria Virgine, Ingolstadt, 1577), escritas contra la 'pestilentissimum opus' Centurias de Magdeburgo. Pero su actividad literaria contra el protestantismo fue secundaria, comparada con la que realizó como maestro en Viena, Dillingen e Ingolstadt, como consejero de gobernantes católicos, predicador y pastor con un amplio radio de alcance. La orden le debe a él el establecimiento de los importantes colegios de Augsburgo, Munich e Innsbruck y su difusión en Polonia. Cuando estaba en el apogeo de su labor asistió al concilio de Trento en 1562. A pesar de todos sus logros no consiguió retener la confianza de los dirigentes de su orden. El general le frenó cuando iba a preparar un tercer volumen para la refutación de las Centurias (De potestate Petri et successorum). Su último logro fue la fundación de un nuevo colegio en Friburgo, Suiza.

Mapa de la Contrarreforma
Mapa de la Contrarreforma
El siguiente texto es una carta de Ignacio de Loyola a Pedro Canisio, fechada en agosto de 1554, en la que se delinea una estrategia para Alemania:
'Nuestra Compañía debe hacer uso de los siguientes medios con los que poner freno y dar remedio a los males que han asaltado a la Iglesia... poniendo todo su empeño en preservar lo que aún está sano y restaurar lo que ha caído enfermo por la plaga de la herejía... [En relación con] la teología recta que se enseña en las universidades... sería conveniente hacer relación para tratar de aquellos tópicos que son importantes, pero que no son origen de controversia... Se deberían probar sólidamente los dogmas, con buenos argumentos tomados de las Escrituras, de la tradición, de los concilios y los doctores, refutando las enseñanzas contrarias. La enseñanza de dicha teología no requeriría de mucho tiempo, siempre que no se adentrase demasiado en otras materias, y, de este modo, se contaría con teólogos en breve... Otro excelente medio para ayudar a la Iglesia en esta prueba sería multiplicar los colegios y escuelas de nuestra Compañía... Los mejores de nuestros estudiantes podrían enviarse a enseñar la doctrina cristiana los domingos y fiestas, y así, por medio de buena doctrina, darían ejemplo de vida y, apartándose de toda forma de codicia, refutarían el más poderoso argumento de los herejes: la mala vida y, en concreto, la ignorancia del clero católico. Los herejes escriben numerosos opúsculos y panfletos, por medio de los cuales tratan de quitar toda autoridad a los católicos... Parecería conveniente, por tanto, que los nuestros escribiesen también respuestas en forma de panfletos, concisos y bien escritos, que se puedan imprimir sin demora y sean muchos los que los compren... Deberíamos ser tan diligentes en curar como lo son los herejes en infectar a las gentes.'