Historia

CANTELUPE, WALTER DE († 1266)

Walter de Cantalupe, obispo de Worcester, murió en Blockley el 12 de febrero de 1266. Era el segundo hijo de William, primer barón Cantelupe. Siendo aún joven, y solo en órdenes menores, tuvo varios beneficios. Estuvo en la corte romana en 1229 y fue enviado por el papa Gregorio IX a llevar el palio al arzobispo Richard (Dunstable Annals, p. 116). En 1231 ejerció como uno de los siete jueces itinerantes por varios condados. Fue elegido obispo de Worcester el 30 de agosto de 1236, siendo de inmediato aceptado por el rey. Como obispo electo su nombre se encuentra entre los que firmaron la confirmación de la Carta Magna en enero de 1237. Dejó Inglaterra inmediatamente después y fue consagrado en Viterbo el 3 de mayo de 1237 por el papa Gregorio IX, quien previamente lo había ordenado diácono y sacerdote. El siguiente octubre fue entronizado en su catedral, en presencia del rey y la reina, la reina de Escocia, el arzobispo y el legado Otho. Comenzó enseguida una administración muy vigorosa de su diócesis, visitando las principales casas religiosas, como Gloucester, Malvern, Tewkesbury, etc., dedicando iglesias, celebrando sínodos, ordenando clero, resolviendo demandas, obteniendo concesiones de ferias y mercados del rey. Cuánto cuidado puso por la diócesis se aprecia en las constituciones emitidas en 1240, donde además de dar órdenes estrictas al clero en cuanto a su visitación a los enfermos y evitar cualquier usura en la venta de maíz, etc., les pide especialmente que avisen a madres y nodrizas que cubran a sus niños de noche.

En 1237, en el concilio de San Pablo, bajo el legado Otho, tomó la dirección en oposición al intento del legado de hacer cumplir el estatuto del concilio de Letrán contra la pluralidad, señalando cómo la hospitalidad practicada y las limosnas otorgadas por muchos de alto rango y años avanzados serían imposibles si fueran privados de sus beneficios. En 1239 fue nombrado uno de los tres árbitros en la disputa entre el obispo Grosseteste y su capítulo. En 1241 dejó Inglaterra con el legado, pero continuó solo hasta Borgoña, de donde regresó con Ricardo de Cornualles. En 1244, en compañía del obispo Grosseteste y el obispo de Hereford, hizo una fuerte protesta contra el trato del rey a William de Raleigh, quien había sido elegido obispo de Winchester contra los deseos del rey. Enrique III, que siempre permitía una cierta cantidad de oposición, trató de evitarlos y se marchó de Reading a Westminster. Lo siguieron allá y lo amenazaron con poner su capilla bajo entredicho. Pero concedieron su solicitud de retraso en el asunto y el obispo de Winchester se vio obligado a pedir ayuda del papa; entonces el rey cedió y se reconcilió con el obispo, recibiendo los tres obispos disidentes el poder de colocar al país bajo entredicho.

Este mismo año fue uno de los nombrados por el clero para considerar las demandas del rey; poco después fue a Lyón por asuntos secretos en compañía del arzobispo (Bonifacio) y el obispo de Hereford. Paris afirma que estos tres fueron los principales amigos del papa entre los obispos ingleses y que por lo tanto fueron 'Anglis suspectiores', una observación que el historiador desestimó al revisar su historia.

En 1247 Cantelupe se enroló en la cruzada en compañía de William de Longespée; pero no parece haber cumplido su voto, ya que se le halla en el parlamento en Londres en 1248. En 1250 estuvo en Lyón para defender los derechos de su sede contra William Beauchamp (Tewkesbury Annals, 139; Worcester Annals, 439); el mismo año se enroló otra vez en la cruzada, pero regresó a Worcester en 1251 y la disputa con Beauchamp se resolvió, recibiendo éste la absolución. Hizo la paz también al mismo tiempo con el rey, que se había encargado de la causa de Beauchamp. Justo antes, con el obispo de Londres, Fulk Basset, se opuso a la concesión propuesta por el papa al rey (Tewkesbury Annals, 140). Fue uno de los obispos que se encontraron en Dunstable ese año para resistir la demanda del arzobispo Bonifacio al derecho de visitación y en 1252 se puso del lado de Grosseteste para resistir la demanda del papa de una décima parte para el rey. En 1253 se unió a los otros obispos para excomulgar a los infractores de la Carta Magna y estuvo en el funeral de Grosseteste en Lincoln. Luego fue a Gascuña en compañía del rey y la reina, siendo enviado con John Mansel ante Alfonso X de Castilla para hacer los arreglos finales para el matrimonio de la hermana de Alfonso, Leonor, con el joven Eduardo, ya que los anteriores embajadores enviados al efecto habían fracasado (Dunstable Annals, 188). Aunque ahora sin el apoyo de Grosseteste, mantuvo su posición frente a las intrusiones en la iglesia de todas partes; y en la reunión de los prelados en Londres convocada por Rustand en 1255 para la habitual demanda de una ayuda para el papa y el rey, sus palabras fueron que antes preferiría ser colgado a que la iglesia sufriera eso. En 1257 fue uno de los embajadores ante Luis en la infructuosa misión de exigir la restauración de los derechos ingleses en Francia y en 1258 fue uno de los embajadores ingleses en el parlamento de Cambray. En 1257, con el obispo de Londres, juró como consejero del rey, siendo elegido en el parlamento de Oxford uno de los veinticuatro que iban a ser prácticamente los gobernadores del reino, estando entre los doce elegidos del lado de los barones. En esta capacidad fue uno de los que confirmaron las actas del consejo y uno también de los enviados a Ricardo de Cornualles (entonces rey de los romanos) en su vuelta a Inglaterra para asegurar su sumisión a las disposiciones de Oxford, antes de serle permitido entrar al país. Conoció a Ricardo en St. Omer y le obligó a jurar. En 1259 fue miembro del consejo designado para ejercer cuando el rey estuviera fuera de Inglaterra. Su nombre aparece entre los que sometieron la cuestión entre el rey y los barones al arbitraje de Luis; y cuando estalló la guerra civil se puso claramente de su lado con Simon de Montfort y los barones.

Estuvo presente en Gloucester en 1263 en el encuentro con Eduardo, cuando éste había caído en manos de los barones, y para escapar hizo la oferta de obtener paz y el consentimiento del rey a sus demandas. En 1264 se debió principalmente a sus esfuerzos que Eduardo pudo escapar de Bristol; pero al entrar Eduardo al castillo de Windsor, el obispo aconsejó a Simon de Montfort detenerlo como prisionero, cuando lo encontró al ir a asediar el castillo.

Antes de la batalla de Lewes fue enviado con el obispo de Londres por los barones a mediar; llevó al rey la oferta de un gran donativo de dinero, siempre que los estatutos de Oxford fueran observados. Cuando fue rechazado y la batalla se hizo inevitable, dio la absolución al ejército de los barones y exhortó a todos a luchar virilmente por la causa de la justicia.

Después de la batalla, fue uno de los cuatro obispos convocados en Boulogne por el legado, ordenando excomulgar a Simon de Montfort. Pero sus documentos fueron confiscados y arrojados al mar por el pueblo de Cinque Ports, probablemente de acuerdo con sus propios deseos. Al menos así está implícito en las palabras de Wykes, quien relata este episodio. Después de la disputa entre Simon de Montfort y Gilbert de Clare, fue uno de los árbitros designados para juntarlos (Waverley Annals, 361), siendo su sello uno de los fijados a los términos ofrecidos a Eduardo. Pero fue fiel a Simon de Montfort hasta el final; Simon durmió en su propiedad de Kempsey la noche antes de la batalla de Evesham y el obispo dijo misa para él por la mañana. Después fue suspendido por Ottoboni y citado a Roma. Por lo tanto, no estuvo en el parlamento en 1265. Sin embargo, la ausencia pudo haber sido a consecuencia de una enfermedad, ya que murió después. Fue enterrado en su catedral, donde todavía se puede ver su efigie. Algunas cartas para él de Grosseteste, mostrando su amistad y confianza recíproca, se encuentran en la colección de cartas de Grosseteste. Hay algunas para él del papa Inocencio IV en Additamenta, de Matthew Paris. De su propia composición no hay nada, excepto las constituciones para su diócesis en 1240. Fundó el convento de monjas de Whiston o Wytestane, en la parte norte de Worcester y comenzó las fortificaciones de la casa señorial de Hartlebury.

Con la excepción del obispo Grosseteste, debe clasificarse decididamente como el mayor obispo de su tiempo; como administrador de su diócesis, estadista y vindicador de los derechos del país contra la tiranía de cualquier clase, nadie más puede ser comparado con él. La prueba de la estimación en la que fue tenido por sus contemporáneos se aprecia por las palabras del cronista monárquico Thomas Wykes, quien dice que habría merecido la canonización si no hubiera sido por su adherencia a Simon de Montfort.