Historia

CAPISTRANO, JUAN DE (1386-1456)

Juan de Capistrano, franciscano, nació en Capistrano, a 35 kilómetros al sudeste de Aquila, en los Abruzos, en 1386 y murió en Illok (Ujlak, a 42 kilómetros al oeste de Peterwardein), Eslavonia, el 23 de octubre de 1456.

Juan de Capistrano
Juan de Capistrano
Estudió jurisprudencia, uniéndose a los franciscanos en 1416, siendo teólogo y predicador en la escuela de Bernardino de Siena. Tras 1426 ejerció como inquisidor contra los fraticelli y judíos, obteniendo un moderado éxito mediante las crueles medidas que tomó. Su principal logro fue la defensa y extensión de la orden de los observantes, de los que fue vicario general en Italia en 1446. En 1451 fue enviado a Alemania contra los husitas. Seguido por grandes masas llegó a Viena, informándose que hizo trescientos veinte milagros por el camino, mientras que el número de sus oyentes creció de ciento cincuenta a trescientos mil. Intentó ir a Bohemia para aplastar la herejía, evitando una disputación pública a la que le invitó el obispo utraquista Rokyczana, entrando finalmente en el país. Æneas Silvio señala que convirtió a unos pocos husitas, pero considerando la multitud de herejes que había apenas son dignos de mención. En todos los aspectos, Bohemia, a pesar de sus sermones, permaneció igual que antes. De camino a Baviera, Sajonia y Lusacia, fue a Silesia y Polonia, siendo reverenciado en todos los lugares como santo por sus sermones y milagros. Tras la caída de Constantinopla (1453) intentó inducir a los príncipes alemanes en la dieta de Francfort y Wiener-Neustadt a pelear contra los turcos, pero fracasó teniendo poco éxito en predicar la cruzada. Fue a Hungría en 1455 y cuando Mohammed II avanzó hacia Belgrado (1456), Capistrano, el legado papal Carvajal y Janos Hunyadi eran casi los únicos hombres que se movieron para repeler al enemigo. A pesar de su edad, Capistrano con algunos cruzados fue a Belgrado y mediante una atrevida incursión dio a Hunyadi la oportunidad de vencer a los turcos. Por este hecho los amigos de su orden le han celebrado como el salvador de Europa. Murió poco después, exhausto por las tribulaciones. Aunque reverenciado en vida como santo, no fue canonizado hasta 1690. Contemporáneos prominentes, entre ellos el papa Pío II, expresaron dudas sobre sus milagros, no teniendo una opinión favorable de él por sus alardes de auto-glorificación e irritabilidad colérica.