Historia
CARACALLA, MARCO AURELIO SEVERO ANTONINO AUGUSTO (188-217)

Las fuentes antiguas sobre su vida y carácter no son confiables. Por ejemplo, una de ellas relata que cuando era muchacho era amigable, generoso y sensible, haciéndose sólo más tarde insoportable; pero la misma fuente afirma en otro contexto que era fiero por naturaleza. Los acercamientos modernos subrayan la herencia siria de Caracalla como uno de los elementos más importantes en su carácter, aunque hay que ser cauto ya que el origen oriental no era incompatible con un alto grado de romanización. Su madre misma estaba bien familiarizada con la cultura greco-romana y contrató a los mejores maestros para dar a su hijo la mejor educación posible. Se dice que estudió a los oradores y literatos griegos, pudiendo citar de memoria largos pasajes de las obras de Eurípides, pero también que despreciaba la educación y a la gente culta. Tal vez su pasión por la vida militar produjo ese resultado, que probablemente se incrementó cuando acompañó a su padre en sus expediciones militares.
A la edad de catorce años se casó con Fulvia Plautila, hija del influyente y ambicioso comandante de la guardia imperial, Fulvio Plautiano; se afirma que Caracalla odiaba a su suegro, desempeñando un importante papel en su ejecución bajo el cargo de conspiración contra la dinastía imperial. También desterró a su propia esposa a una isla y luego la mató.
Un importante factor fue la rivalidad creciente entre Caracalla y su hermano menor Geta, rivalidad que se incrementó cuando murió Severo en una campaña en Britania (211) y Caracalla, que casi tenía veintitrés años, pasó de la segunda a la primera posición en el imperio. Todos los intentos reconciliatorios por parte de su madre fueron inútiles y finalmente Caracalla mató a Geta, según se dice en los brazos de Julia misma. No hay duda de la salvaje brutalidad del acto de Caracalla, pero una solución que hubiera sido moral y practicable no la consideraba.
Luego mostró considerable crueldad al ordenar que muchos de los amigos y partidarios de Geta fueran ejecutados. Probablemente para recuperar la buena voluntad, otorgó una amnistía a los desterrados, una medida denunciada como hipócrita en fuentes antiguas, que también califican de artimaña su medida más famosa, la denominada Constitutio Antoniniana de Civitate, como un mecanismo ideado únicamente para recaudar más impuestos.
Sus expediciones contra las tribus germanas en 212-213, cuando masacró despiadadamente una fuerza aliada germana, y contra los partos en 216-217 las atribuyen las fuentes antiguas a su amor por la gloria militar. Justo antes de la campaña en Partia, se dice que perpetró una "masacre" entre la población de Alejandría, probablemente en respuesta a algún altercado que ocurrió allí.
La conducta impredecible de Caracalla provocó que Macrino, comandante de la guardia imperial y su sucesor al trono, conspirara contra él, siendo asesinado al comienzo de una segunda campaña contra los partos.
Para entender su carácter y conducta hay que considerar su identificación con Alejandro Magno. La admiración hacia el gran macedonio no fue inusual entre los emperadores romanos, pero en el caso de Caracalla, Alejandro se convirtió en una obsesión que demostró ser ridícula y grotesca. Adoptó la indumentaria, armas, conducta, rutas, retratos y tal vez incluso un supuesto plan para conquistar el imperio parto, en imitación todo ello de Alejandro. Asumió el apelativo de Magno, organizó una falange macedonia y una división de elefantes, representándose a sí mismo en monedas como un dios.
Otro importante factor fue la profundamente arraigada superstición de Caracalla; siguió las prácticas mágicas y observaba cuidadosamente todas las obligaciones rituales. Fue tolerante hacia la creencia judía y la cristiana, pero su divinidad favorita era el dios egipcio Serapis, cuyo hijo o hermano él pretendía ser. Adoptó la práctica egipcia de identificar al gobernante con ese dios y es el único emperador romano representado como un faraón en una estatua.
En los muchos retratos que existen de Caracalla, la expresión de vehemencia y crueldad es evidente, afirmando algunas fuentes que él intencionadamente reforzó esa impresión, tal vez porque adulaba su vanidad al difundir miedo y terror. También se afirma que aunque era de pequeña estatura destacó en ejercicios físicos, compartiendo las durezas del rango, aunque debilitó su virilidad por una vida disoluta hasta el punto de no poder soportar el peso de una coraza.
Una inconsistencia similar caracteriza el juicio sobre su capacidad mental. Se dice que estaba loco pero también que era agudo y ágil de mente. Su predilección por las divinidades de la salud, tal como testifican muchas inscripciones dedicatorias, puede apoyar la teoría de enfermedad mental.
Si Caracalla fue un loco o un tirano, el hecho no tuvo grandes consecuencias para su administración del imperio, que pudo o no pudo estar vitalmente influenciada por Julia Domna y los grandes juristas que le rodearon. Fue venerado por sus soldados, que obligaron al Senado a divinizarlo tras su muerte, no habiendo indicación de que hubiera disgusto entre la población general. En cualquier caso, el Imperio romano en ese tiempo era todavía suficientemente fuerte para soportar un gobernante al que le faltaban las cualidades para ser un gran emperador.