Carlos el Gordo, emperador de Alemania y rey de los francos, tercer hijo de Luis el Germánico y de Emma, nació en 839 y murió en Neindingen el 13 de enero de 888.
Sello de Carlos el GordoSe casó en 862 con Ricarda, hija del conde de Erchanger, y en vida de su padre, contra el cual se sublevó dos veces, le acompañó en algunas expediciones y aun se encargó de la dirección de varias, como la dirigida contra su tío Carlos el Calvo, al coronarse éste rey de Italia. A la muerte de Luis el Germánico heredó Alsacia y Suabia, dominios que aumentó por pasar a su poder los de su hermano Luis el Sajón, muerto en 882 sin hijos. Ya en 879 se había coronado rey de Italia, de modo que no le faltaba mucho para reunir bajo su cetro el imperio de Carlomagno. El papaJuan VIII, que le consideraba un monarca poderoso, había acudido varias veces a él sin resultado para que le defendiese de sus enemigos Guido de Spoleto y Adalberto de Toscana. En 880 emprendió con sus dos hermanos una expedición contra Boso, que se había proclamado rey de Borgoña, y le sitiaron en Vienne; pero cuando más necesaria era su presencia, los abandonó con el pretexto de ir en socorro del papa, aunque en realidad para hacerse coronar emperador por él en Roma, lo que consiguió de Juan VIII, regresando después a Alemania y engañándole una vez más. En 881 tuvo una nueva entrevista con el papa en Rávena y aunque le prometió de nuevo que haría respetar sus Estados contra los intrusos, dejó a éstos en completa libertad. Al posesionarse del territorio que le correspondiera por la muerte de su hermano, los normandos habían extendido sus correrías hasta el Rin e incendiado Tréveris y después de celebrar una asamblea en Worms, que votó subsidios y hombres, salió contra ellos al frente de su numeroso ejército (julio de 882), cercándoles en su campamento de Elsloo, cerca de Maastricht. Aunque su victoria era segura, entró en tratos con los jefes enemigos, a uno de los cuales, Godofredo, que se hizo bautizar, le dio Frisia y otros territorios y a otros dos una gruesa suma de dinero, obteniendo de este modo una paz vergonzosa que podría haber conquistado con las armas. En 883, muerto Juan VIII, celebró una entrevista con Marino, su sucesor, que aunque era molestado por Guido y algunos otros nobles italianos, y aunque les condenó a la pérdida de sus bienes, la sentencia quedó incumplida. Mientras tanto, los normandos continuaban devastando Alemania sin encontrar ninguna resistencia. En 884 murió Carlomán, hijo de Luis el Tartamudo, rey de Francia occidental, cuya nobleza le ofreció la corona que aquél dejase, reuniendo así Carlos todo el dilatado imperio de Carlomagno, pero no ejerció ningún poder efectivo ni hasta entonces se había distinguido por ninguna cualidad que le hiciese acreedor de ello.Mapa de las invasiones normandas, húngaras y musulmanas de los siglos VIII al X
Poco después de haber sido reconocido rey de Francia en Ponthion (885) los normandos, sus más encarnizados enemigos, sitiaron a París que, aunque defendido heroicamente bajo la dirección del obispo Gozlin y el conde Eudes, no hubiera podido resistir mucho tiempo, por lo que el emperador decidió ir en su auxilio. Contaba con fuerzas más que suficientes para derrotar a los normandos, pero en lugar de entablar combate, pactó nuevamente con ellos y compró una paz vergonzosa que le costó muy cara, dejando marchar tranquilamente a los sitiadores que en su retirada devastaron Borgoña. De la conducta del emperador se hacía responsable a su canciller Lutgardo, obispo de Verceil, y después del sitio de París se desató el odio popular contra él, por lo que en la asamblea de Kircheim hubo de destituir a su consejero, que después fue acusado de sostener relaciones ilícitas con Ricarda, si bien la reina logró justificarse plenamente, retirándose después a un convento de Andlau, que ella había fundado. Después de estos acontecimientos, Carlos se vio abandonado por todos y no tuvo más remedio que abdicar en favor de Arnulfo, hijo natural de Carlomán y por tanto sobrino suyo. De su matrimonio con Ricarda no dejó ningún hijo, y aunque pensó ceder sus dominios a Bernardo, hijo bastardo suyo, la muerte del papa Adriano III, con el cual contaba para realizar el proyecto, le impidió hacerlo. Después de su abdicación se retiró a la abadía de Reichenau, donde murió.