Historia

CASIODORO, MAGNO AURELIO (c. 480 - c. 570)

Magno Aurelio Casiodoro, historiador romano, estadista y monje, nació en Scylacium, Calabria, hacia el año 480 y murió en el monasterio de Vivarium, cerca de su lugar natal hacia el 570. Debido a la alta estima que Teodorico tuvo por su padre, pronto se le abrió una carrera pública que él procuró desarrollar, hasta alcanzar las más altas dignidades bajo los monarcas ostrogodos. Tuvo estrechas relaciones personales con Teodorico, que simpatizaba con sus esfuerzos para fusionar los elementos romanos y germanos entre sus súbditos. Hacia el año 540 se retiró de la vida pública a la paz y quietud del monasterio que fundó en su propia finca de Vivarium. Allí se entregó a la tarea literaria, la cual ya había iniciado en medio de su actividad política, ejerciéndola con celo hasta su muerte. Insistió en el aspecto intelectual en el deber de los monjes, promocionando los estudios en todas las maneras que estuvieron al alcance de su mano, contribuyendo de esta manera al establecimiento de la tradición que hizo de los monasterios, especialmente de la orden benedictina, lugares del saber a través de la Edad Media.

Su obra literaria, como su vida, se divide en dos periodos. Al primero pertenece una crónica consular escrita en el año 519; doce libros de la historia de los godos, compuestos en el espíritu de la política de fusión ya mencionada y conocidos para nosotros en la versión de Jordanes, De origine actibusque Getarum; panegíricos sobre los reyes y reinas de los godos, de los que solo dudosos fragmentos permanecen; una colección (hecha hacia el año 538) de rescriptos compuestos por él durante su larga y variada vida oficial, y fórmulas de nombramientos para una gran variedad de oficios, en doce libros, bajo el título Variæ y una pequeña obra filosófica, De anima, escrita inmediatamente después de la terminación de Variæ, a solicitud de sus amigos cuyas preguntas sobre el alma son respondidas, siguiendo a Claudiano Mamerto y Agustín. La última obra mencionada forma una especie de transición con el segundo periodo, del que la obra más importante, compuesta probablemente el año 544, es Institutiones divinarum et sæcularium litterarum. El primer libro se dedica al conocimiento espiritual y el segundo al secular, formando juntos la primera parte de un curso completo de instrucción destinado por Casiodoro para el clero occidental y especialmente para sus propios monjes. El primer libro es solo una introducción al estudio de la teología, explicando el conocimiento preliminar más importante y las ayudas literarias que el estudiante debe conocer para ampliar su formación; el segundo proporciona un breve compendio de varias ramas del saber secular, formando la última obra de Casiodoro, De orthographia, un complemento. Otra voluminosa obra teológica que comenzó antes de las Institutiones, pero acabada bastante después, fue una explicación plena de los Salmos en su triple aspecto: espiritual, histórico y simbólico. Escribió otras obras exegéticas de las que Complexiones in epistolas et acta apostolorum et apocalypsin todavía existe. De mucho más valor para la posteridad es Historia ecclesiastica tripartita, compuesta en doce libros a partir de extractos de los historiadores griegos Sócrates, Sozomeno y Teodoreto, cuyas obras él había traducido por Epifanio. No se trata de una obra original, pero llena un gran vacío en el conocimiento de la historia de la Iglesia en el mundo occidental y aunque incompleta fue el principal manual de uso en la Edad Media para ese periodo.

De su obra Iniciación a las Sagradas Escrituras es el siguiente párrafo:

'La razón humana no descubrió esas Escrituras, sino que la virtud celeste las infundió a los hombres santos. Se concede entenderlas bien si la mente devota cree que anuncian cosas verdaderas y útiles.
Pues ¿qué utilidad y suavidad no encontrarás en estas letras, si te diriges a ellas con la luz purísima de la mente? Toda la lectura está llena de virtudes, es palabra que no cae inútilmente ni retarda la ejecución de lo que promete de palabra, confiere la salud eterna a los que obedecen, y el perenne suplicio a los soberbios.
Y por esto se nos advierte no solamente que la oigamos, sino que la cumplamos con obras santas. Unas veces aconseja la caridad con Dios y con el prójimo, otras insinúa que desprecies las cosas del mundo que perecerán, o recomienda que te acuerdes de aquella patria en la que habrás de permanecer eternamente. Aconseja la paciencia, da esperanza, alaba la humildad como provechosa, reprueba siempre la soberbia como ruinosa, persuade a hacer limosnas piadosas frecuentísimamente.'