Historia

CATALINA DE ALEJANDRÍA

Catalina de Alejandría fue una de las mártires más honradas tanto en la Iglesia oriental como en la occidental.

Martirio de Santa Catalina, c. 1505, óleo sobre tabla de Lucas Cranach el Viejo
Martirio de Santa Catalina, c. 1505, óleo sobre tabla de
Lucas Cranach el Viejo
Muchos hagiógrafos posteriores la identifican con una dama cristiana de Alejandría, noble y rica, de nombre Dorotea que, según Eusebio (Hist. eccl., VIII. xiv. 15), resistió las insinuaciones libidinosas del emperador Maximino y fue, como consecuencia, privada de sus posesiones y desterrada. Sin embargo, esta identificación no concuerda con la declaración de Rufino (Hist. eccl., viii. 17) de que esta dama se llamara Dorotea, ni armoniza con la leyenda de Santa Catalina según la relata Simeón Metafrastes y el Martirologio romano. Según dichas fuentes Catalina era una doncella de sangre real (hija del rey Konstos en el officium griego) y dotada de extraordinaria sabiduría y belleza. A la edad de dieciocho años quedó envuelta en una controversia, durante el mandato de Maximino o Majencio (aunque este último nunca gobernó en Alejandría), con cincuenta filósofos paganos, a quienes ella convirtió tan firmemente que permanecieron fieles a la fe cristiana incluso ante el martirio. En la prisión, unos días antes de su propia ejecución, convirtió a la emperatriz, al general Porfirio y a doscientos soldados, sufriendo todos ellos la muerte por espada a causa de la fe. Soportando las súplicas y amenazas del tirano, Catalina permaneció inamovible en la tortura, incluso en una máquina de afilar ruedas, hasta que finalmente fue decapitada por mandato de Maximino.

Su día se celebra el 25 de noviembre o el 5 de marzo. Se dice que su cuerpo fue trasportado por ángeles al monte Sinaí, donde Justiniano I construyó un monasterio en su honor y donde sus huesos fueron descubiertos por cristianos coptos en el siglo VIII, lo que originó la fiesta del descubrimiento del cuerpo de Catalina el 13 o el 26 de mayo. Hacia 1027 Simeón, monje del Sinaí, llevó una parte de las reliquias de Catalina a Rouen, reteniendo su monasterio en el monte Sinaí sólo su cabeza y una mano. Inspirada en la tradición de su victoria sobre los filósofos de Alejandría, la facultad de filosofía de la universidad de París la escogería posteriormente como patrona. Según la tradición occidental es una de los catorce 'auxiliadores en caso de necesidad', siendo los únicos otros miembros femeninos de este grupo Bárbara y Margarita.

En el arte cristiano, tanto del este como del oeste, Catalina es una figura importante. Su atributo usual es una espada y una rueda (ya sea entera o quebrada), de la que salen lanzados cuchillos curvos. Además se le añade frecuentemente una palma de victoria, un libro en señal de su saber y adicionalmente una corona o, a veces, una alianza matrimonial, que se dice Cristo le puso en su dedo como emblema de desposorio. La pintura oriental más antigua es un mosaico, en la basílica de la Transfiguración en el monasterio del monte Sinaí, que representa simplemente una cabeza femenina sin atributos. En un cuadro de Simón de Siena († 1344) tiene en su mano una palma y un libro. Entre las numerosas representaciones de Catalina en el arte occidental merecen mención las obras de Altichiero da Zevio (c. 1380), en los frescos de la capilla de San Jorge en Padua, los frescos de Masaccio (c. 1420) en la iglesia de San Clemente en Roma, once bajo relieves en mármol (probablemente del siglo XIV) en la iglesia de Santa Chiara en Nápoles, nueve pinturas de 1385 en el monasterio de San Pablo en Leipzig y las miniaturas en la Vie de Sainte Catherine d' Alexandrie de Jean Mielot, secretario de Felipe el Bueno, duque de Borgoña (c. 1462). Tras la primera mitad del siglo XV los más notorios artistas de Italia, Flandes y Alemania, como Fiesole, Rafael, Carlo Dolce, Jan van Eyck, Hans Memling y Lucas Cranach, compitieron entre sí en la producción de pinturas de Catalina, representando el drama cristiano medieval la leyenda de la mártir, siendo la más antigua la de Godofredo, abad de St. Albans, que fue puesta en escena en Dunstable hacia 1120.