Historia
CELSO
Contra Celso de Orígenes.
En el periodo de paz que la Iglesia disfrutó bajo el emperador Felipe en el año 248, Orígenes sacó a luz, mediante una extensa réplica (Contra Celsum), un tratado escrito setenta años antes contra el cristianismo, cuyo autor era un educado platonista. La ocasión de la réplica pudo deberse a la celebración en ese año del milenio de la fundación de Roma, lo que daba a los cristianos razones para temer una excitación religiosa por parte de la población pagana. Orígenes expone los argumentos de Celso a veces palabra por palabra y otras en sustancia, siendo en este último caso poco abreviado y sin muchas omisiones, lo que permite tener mucho material para reconstruir el texto original de Celso. Este intento lo hizo Jachmann en 1836 por primera vez, aunque no de forma satisfactoria; en 1873 Keim llevó cabo una restauración en alemán que, a pesar de sus defectos, tiene también sus méritos, siendo mejorada en una versión francesa de Aube en 1878. La reconstrucción de Neumann en el griego muestra que solo se ha perdido un diez por ciento del original y que las tres cuartas partes de lo que tenemos son citas literales, palabra por palabra.
El Discurso Verdadero de Celso.
El Discurso Verdadero fue compuesto en los últimos años de Marco Aurelio. Señala el rescripto de ese emperador, emitido en el año 177 (o 176 como muy pronto), contra los tumultos populares causados por la introducción de una nueva religión (viii, 69). En viii. 71 el autor habla de dos emperadores reinando en ese tiempo, lo que fija la fecha en el gobierno conjunto de Marco Aurelio y Cómodo, del 177 al 180. Fue por tanto un contemporáneo del Celso al que Luciano dedica su "Alejandro", suponiendo algunos que se trata de la misma persona. Sin embargo, el amigo de Luciano era epicúreo, mientras que nuestro Celso, a pesar de Orígenes, se nos presenta claramente como platonista, no conformándose los libros kata magon (Luciano, Alex., lxi; Orígenes, i. 68,) kata mageias con la concepción y tono del Discurso Verdadero. Este último, aunque dividido en ocho libros, parece haber sido uno solo originalmente, y, según Orígenes (viii. 76), Celso intentó escribir otro 'en el que se disponía a proporcionar normas prácticas de vida a quienes estuviesen dispuestos a abrazar sus opiniones'. En iv. 36 Orígenes menciona dos libros más escritos por un tal Celso cuya identidad con el nuestro la deja en el aire. Pero como parece no saber nada de ese autor, es posible que confundiera una noticia refiriéndose a los dos ya mencionados. Keim, seguido por Pelagaud, sitúa el hogar de Celso en Occidente, probablemente en Roma, donde cree que fue escrito el Discurso Verdadero, basándose parcialmente en la descripción que hace del judío, como un judío romano y no oriental. La antigua idea de que el libro fue compuesto en el este, adoptada también por Aube, se apoya en su conocimiento detallado de Egipto, lo cual es confirmado porque la doctrina del Logos era familiar a los judíos de Alejandría, de ahí que el judío de Celso diga: 'Si tu Logos es el Hijo de Dios, nosotros también asentimos eso mismo.'
Crítica de Celso.
Tras la introducción comienza una serie de objeciones contra el cristianismo desde el punto de vista judío, que han de ser comparadas con el diálogo de Justino con Trifón. En el libro iii comienza el ataque directo, que va dirigido no solo contra el cristianismo sino también contra el judaísmo, aunque hay una ligera preferencia por este último. Celso tiene un buen conocimiento de Génesis y Éxodo; Aube cree que también tiene conocimiento de los profetas y los Salmos, encontrándose una referencia a Jonás y Daniel en el libro vii. Su conocimiento del cristianismo es suficiente para ser de valor para el historiador, habiéndolo usado Harnack en su Dogmengeschichte. La forma en la que Celso usa el Nuevo Testamento se corresponde con la etapa del canon que los mártires escilitanos proporcionan en el año 180. Conoce y usa nuestros cuatro evangelios, mostrando preferencia por los sinópticos. Su conocimiento de los Hechos está en disputa; se admite generalmente su familiaridad con las ideas paulinas, aunque no con las epístolas mismas. Conoce muy bien el gnosticismo, necesitando más investigación su relación con Marción. Su crítica global no es irreligiosa, sino la de un devoto pagano de tendencias platonistas, aunque su platonismo es el de su tiempo, tal como lo encontramos, por ejemplo, en Plutarco. Se trata de la religión de gente adinerada, segura de sí misma y que no muestra rasgos de aquellas lacerantes necesidades del tiempo que ayudaron al cristianismo a difundirse tan rápidamente, siendo bienvenido por los pobres y oprimidos. No llega a apreciar la importancia de la idea de la Iglesia, aunque entiende la relación de las comunidades locales con la Iglesia en su conjunto (v. 59,61) y sabe que todos los cristianos no pertenecen a esta última (iii,12). Pero la concibe más en oposición a las sectas gnósticas que como un gran lazo de unidad, cuya importancia minusvalora mientras que ve en el conflicto de las sectas un signo de debilidad. El cristianismo le parece lo suficientemente importante como para despertar su deseo de ganar a sus adherentes y cierra su obra no como la empezó (i. 1), con la acusación de asociación ilegal y secreta, sino con la esperanza de que se pueda alcanzar un entendimiento.
Historia posterior de su obra.
El libro no tuvo influencia sobre la actitud del gobierno romano, pudiendo encontrarse escasas huellas del mismo en la literatura clásica. Tales huellas se aprecian en Minucio Félix y en el Apologeticum de Tertuliano, aunque Orígenes fue el primero en llamar la atención general sobre las mismas. Los controversistas neoplatónicos naturalmente echaron mano de la obra, reapareciendo ciertos pensamientos fundamentales en Porfirio, a quien Juliano sigue, y los Discursos de los amantes de la verdad de Hierocles lo señalan ya en el título mismo. Mientras tanto, el canon del Nuevo Testamento se había completado, convirtiéndose los ataques contra el cristianismo en ataques contra sus escritos sagrados. Más tarde, la antigüedad cristiana percibió el ataque literario típico del lado pagano no en Celso sino en Porfirio. Teodosio II ordenó quemar los libros de Porfirio, no los de Celso o Juliano, en el año 448. Según el relato de Orígenes, los principales cargos de Celso contra el cristianismo fueron los siguientes: Los cristianos son miembros de una asociación ilegal secreta, lo cual les era necesario mantener ya que sufrirían la muerte si sus prácticas eran conocidas; el origen del cristianismo se deriva de fuentes secundarias, algunas de ellas bárbaras, habiendo Moisés tomado de otros las ordenanzas que promulgó; la supuesta divinidad de Jesús no puede probarse por sus milagros, pues fueron trampas de un embaucador, mientras que las indicaciones de su vida y carácter están igualmente en contra de la doctrina; los judíos convertidos al cristianismo eran ipso facto renegados, ya que la nueva religión no era una mejora de la antigua; las religiones cristiana y judía eran rebeldes contra el Estado; las pretendidas teofanías eran en realidad apariciones de demonios y la escatología cristiana es irracional e increíble.