Historia

CIRILO DE JERUSALÉN († 386)

Cirilo de Jerusalén, distinguido teólogo de la Iglesia antigua, murió en el año 386. Poco se sabe de su vida antes de que fuera obispo y aunque la fecha de su nacimiento se sitúa en el 316 es pura conjetura.

Vida y carácter.
Parece que fue ordenado diácono por el obispo Macario de Jerusalén hacia el 335 y sacerdote diez años más tarde por Máximo. Inclinado por naturaleza a pacificar y reconciliar, tomó al principio una posición moderada, distintivamente reacia al arrianismo, pero no dispuesta a aceptar el término homoousios. Separándose de su metropolitano, Acacio de Cesarea, partidario de Arrio, Cirilo se puso del lado de los eusebianos, el 'ala derecha' de la facción conciliatoria post-nicena, entrando de esa manera en dificultades con su superior, que fueron en aumento por los celos de Acacio a causa de la importancia dada a la sede de Cirilo por el concilio de Nicea. Un concilio celebrado bajo la influencia de Acacio en el año 358 desposeyó a Cirilo y le obligó a retirarse a Tarso. Por otro lado, el conciliador concilio de Seleucia al año siguiente, en el que Cirilo estuvo presente, desposeyó a Acacio. En el 360 el proceso se invirtió, por la influencia del metropolitano en la corte, sufriendo Cirilo otro año de exilio fuera de Jerusalén, hasta que la ascensión de Juliano le permitió regresar. El emperador arriano Valente, le desterró una vez más en el 367, tras lo cual pudo vivir en paz hasta su muerte, siendo su jurisdicción expresamente confirmada por el segundo concilio de Nicea (381), en el que estuvo presente.

Posición teológica.
Aunque su teología fue al principio algo indefinida en terminología, indudablemente dio su plena adhesión a la ortodoxia nicena. Aunque evita el término homoousios, expresa su sentido en muchos pasajes, que excluyen el patripasianismo, sabelianismo y la fórmula arriana 'Hubo un tiempo en que el Hijo no era'. En otros aspectos asume el fundamento ordinario de los Padres orientales, como el énfasis sobre el libre albedrío, la autexousion, y su imperfecta comprensión del factor tan fuertemente señalado en el occidente: el pecado. Para él, el pecado es consecuencia de la libertad, no una condición natural. El cuerpo no es la causa, sino el instrumento del pecado, siendo el remedio el arrepentimiento. Como muchos de los Padres orientales tiene una concepción moralista del cristianismo. Su doctrina de la resurrección no es tan realista como la de otros Padres, pero su concepción de la Iglesia es decididamente empírica, siendo la Iglesia católica la verdadera, la esposa de Cristo y culminación del Antiguo Testamento. Su doctrina de la eucaristía es notoria. Si en ocasiones parece inclinarse hacia la idea simbólica, en otras está muy cerca de la doctrina de la presencia real. El pan y el vino no son meros elementos, sino el cuerpo y la sangre de Cristo.

Lecturas catequéticas.
Sus famosas veintitrés lecciones catequéticas, que pronunció mientras todavía era presbítero en el 347 o 348, contienen instrucciones sobre los principales temas de la fe y práctica cristiana, más en forma popular que técnica, llenas de calurosos avisos pastorales y de atención por los catecúmenos a quienes iban dirigidas. Cada lección está basada en un texto de la Escritura, habiendo una abundancia de citas bíblicas por todas ellas. Tras una introducción general, hay dieciocho lecciones para los competentes y las cinco restantes para los recién bautizados, que se preparan para la recepción de la comunión. Junto a la exposición del credo, tal como fue recibido en la iglesia de Jerusalén, hay vigorosas polémicas contra los errores paganos, judíos y heréticos. Son de gran importancia por la luz que arrojan sobre el método de instrucción usual en esa época, así como de las prácticas litúrgicas que exponen plenamente.

El siguiente pasaje muestra la aclaración que Cirilo de Jerusalén hace respecto a la generación del Hijo por parte del Padre:

'Siendo engendrado por el Padre, es Hijo de Dios por naturaleza, no por adopción... Ahora bien, cuando oigas hablar de que Dios engendra, no empieces a pensar en términos corpóreos ni te pongas en peligro de blasfemar, imaginando una generación corruptible. «Dios es espíritu» (Dios es espíritu, y los que le adoran deben adorarle en espíritu y en verdad.[…]Juan 4:24). La generación divina es espiritual. Los cuerpos son engendrados por los cuerpos y necesitan un intervalo de tiempo para perfeccionarse. En cambio, el tiempo no entra en la generación del Hijo por el Padre. Los cuerpos son engendrados en estado imperfecto, mas el Hijo de Dios fue engendrado perfecto. Lo que es ahora, fue engendrado eternamente desde el principio. Nosotros somos engendrados de forma que nos vamos desarrollando desde la infancia hasta el uso de razón. Siendo como eres hombre, tu primer estado es imperfecto y tu progreso es por etapas. Pero no imagines nada de esto en la generación divina, ni atribuyas falta de poder al Padre. En efecto, atribuirías falta de poder al Padre si es que el Engendrado al principio fue imperfecto y luego, con el tiempo, alcanzó la perfección, es decir, si es que el Engendrador no le concedió desde el principio lo que se le otorgó, según hipótesis, después de cierto lapso de tiempo.
No pienses, pues, en términos de generación humana, como cuando Abraham engendró a Isaac. Porque Abraham engendró en verdad a Isaac; pero lo que él engendró no era producto de su voluntad, sino lo que otro le diera. En cambio, cuando Dios Padre engendró, no lo hizo como desconociendo lo que sería o sólo después de deliberarlo algún tiempo. Sería una enorme blasfemia decir que Dios no sabía a quién iba a engendrar, y no sería menor blasfemia el afirmar que el Padre se hizo Padre después de deliberarlo. Pues que Dios no fue primeramente sin Hijo, y luego, después de cierto tiempo, vino a ser Padre, sino que tuvo a su Hijo desde toda la eternidad, pero no engendrándole como los hombres engendran a los hombres, sino como sólo sabe quien le engendró, verdadero Dios antes de todos los tiempos. Siendo el Padre Dios verdadero, engendró a su Hijo semejante a él, Dios verdadero.'
(Catequesis, 11)
Mapa de los Padres de la Iglesia - Cirilo de Jerusalén