Historia
CISNEROS, FRANCISCO JIMÉNEZ DE (1436-1517)
- Vida hasta 1492
- Confesor, arzobispo, reformador y evangelizador
- Canciller y promotor del saber
- Soldado e Inquisidor
- Últimos años

Fotografía de Wenceslao Calvo
Vida hasta 1492.
Vivió en un periodo de importancia trascendental para España, cuando los pequeños reinos fueron unificados, los musulmanes finalmente vencidos o expulsados, América descubierta y el poder real consolidado. La Iglesia católica, que estaba estrechamente unida a la nacionalidad española, compartió esos episodios en un grado profundo. En la historia de este periodo Cisneros tuvo un gran papel, ayudando a crear la nueva España que se distinguió por su absolutismo eclesiástico y político, algo que él hizo no en un espíritu egocéntrico sino como un patriota y leal hijo de la Iglesia, según entendía su deber. Su familia no era la famosa Cisneros, sino de inferior aunque noble dignidad, recibiendo su nombre de la ciudad donde sus miembros habían vivido anteriormente. Su padre fue un recaudador real de contribuciones para la guerra contra los musulmanes. Estudió en Alcalá y Salamanca, donde se licenció en 1456 en derecho civil y canónico, antes de ingresar en la orden franciscana, donde tomó el nombre de Francisco, pues su nombre de pila era Gonzalo. Durante los seis años siguientes estuvo en Roma, volviendo a España a la muerte de su padre. En seguida fue llamado por el cardenal Mendoza, obispo de Sigüenza, para que sirviera como vicario de la diócesis, donde su administración fue todo un éxito. Contra los deseos de sus amigos resolvió entrar como novicio en la orden franciscana en el monasterio de los observantes de Toledo. Aquí su fama creció como predicador y confesor, pero dejó lo que prometía más fama para retirarse a la soledad en una choza que se construyó, viviendo así tres años como un anacoreta. Guiado por sus superiores ingresó en un claustro en Salpeda, donde al poco tiempo era supervisor.
Confesor, arzobispo, reformador y evangelizador.
Su vida dio un giro en 1492, cuando fue escogido confesor de la reina, lo que hizo que su influencia creciera enormemente, ya que Isabel le consultaba sobre asuntos de Estado y de la Iglesia. Mendoza, que ya era cardenal y arzobispo de Toledo, persuadió a Cisneros para que aceptara la responsabilidad, aunque le impuso la condición de que permanecería en su orden y en el monasterio, cuando sus deberes no se lo impidieran, siendo escogido también provincial de Castilla dos años más tarde. En esta función comenzó a corregir las laxas prácticas que prevalecían en todas las instituciones, obteniendo por medio de la reina una orden que le dio un poder ilimitado para efectuar tales reformas. En 1495 murió el cardenal Mendoza, quedando el nombramiento para la sede vacante en manos de la reina. Aunque el rey deseaba que su hijo natural fuera el designado, la reina nombró a Cisneros para el puesto. Se trataba del más alto, eclesiásticamente, de España, con ingresos enormes. Cisneros se resistió a aceptarlo, haciéndolo finalmente solo por mandato expreso del papa. No hubo cambio en su forma de vivir, mientras que los ingresos se usaban para obras filantrópicas. Fue necesario un breve del papa para que adaptara su casa más acorde con su posición. Su primer interés fue la reforma del clero secular, lo que levantó una fuerte oposición que con la ayuda de la reina fue vencida. El canónigo Albornoz, a quien sus colegas habían enviado a Roma para quejarse ante el papa contra Cisneros, fue capturado al desembarcar en Ostia y enviado de regreso a España, siendo encarcelado durante veintidós meses. En la reforma de las órdenes, especialmente la suya, halló oposición, retirándose más de mil frailes, que dejaron la orden para evitar las nuevas reglas. El papa retiró una bula hostil y su nuncio tuvo que trabajar con Cisneros. El arzobispo estaba igualmente deseoso de la conversión de los musulmanes, lo cual era también el propósito de Fray Hernando de Talavera, arzobispo de Granada. Pero como las Capitulaciones de 1491 contenían una cláusula de libertad de religión, Talavera tuvo que usar métodos amistosos, aprendiendo árabe para dirigirse a ellos y haciendo su clero lo mismo. Publicó en árabe un libro de enseñanza, un catecismo y selecciones de los evangelios, siendo estas medidas eficaces para ganar a muchos. Pero había fanáticos que pensaban que estos métodos eran demasiado suaves y Cisneros era uno de ellos. Se dice que logró bautizar a tres mil musulmanes en un día. Pero la oposición de éstos crecía, por lo que Cisneros se vio obligado a usar nuevas medidas. Bajo tortura, el erudito Zegrí, afirmó haber aceptado el cristianismo por mandato de Allāh, produciéndose una nueva masa de conversiones. Cisneros reunió un gran número de obras arábigas y las quemó en la plaza pública. Finalmente, los musulmanes se vieron en la disyuntiva de aceptar el cristianismo o exiliarse. Muchos decidieron quedarse.
Canciller y promotor del saber.
Como canciller de Castilla su actividad estuvo caracterizada por la filantropía. Quiso erradicar la opresión de los pobres y la malversación en los cargos, inaugurando así una nueva etapa. Aunque por la muerte de la reina en 1504 él había perdido a su protectora suprema, sin embargo contra los pronósticos que hacían suponer la merma de influencia de su protegido, Cisneros supo ponerse del lado que a la postre resultaría vencedor en el enfrentamiento que personificaron el viudo de Isabel, Fernando, y su yerno Felipe el Hermoso por la corona de Castilla. Como resultado, Fernando nombró a Cisneros cardenal e Inquisidor General del reino. A la muerte de Fernando, Cisneros sería la clave para sacar adelante, frente a las maniobras que buscaban otras alternativas, la candidatura de Carlos, el nieto de Isabel y Fernando, como rey de España. El siguiente proyecto en que se ocupó fue la nueva universidad de Alcalá de Henares (la antigua Complutum). Ya había escogido el lugar y puesto la primera piedra (1498, 1500) y en 1508 el edificio, incluyendo un hospital, estaba terminado. Había cuarenta y dos cátedras: seis de teología, seis de derecho canónico, cuatro de medicina, una de anatomía, una de cirugía, ocho de filosofía, una de filosofía moral, una de matemáticas, cuatro de griego y hebreo, cuatro de retórica y seis de gramática. Pronto contó con siete mil estudiantes. Entre sus proyectos estaba la elaboración de la Políglota Complutense, dividiendo los trabajos para la obra entre eruditos, incluyendo a uno griego y otro judío entre ellos. La Biblia se terminó en 1517, aunque no fue publicada hasta 1520. Al cardenal se debe el principal mérito de la obra, no porque él fuera distinguido por su saber sino porque supo apreciar el valor de un trabajo de tal categoría. Del prólogo a la Políglota es el siguiente texto:
'Son muchas las razones... que nos han llevado a imprimir en las lenguas de los textos originales... Las palabras tienen su propio carácter, y ninguna traducción... aunque completa, puede enteramente expresar su justo significado... Las Escrituras traducidas están inevitablemente... repletas de... verdades sublimes que no se pueden comprender... Donde quiera que haya diferencias entre los manuscritos latinos o la sospecha de una lectura corrupta (...cuán frecuentemente esto sucede por ignorancia o negligencia de los copistas), es necesario regresar a las fuentes originales de las Escrituras... Así, para que todo estudiante... pueda tener... los textos originales... y ser capaz de apagar su sed en las mismas fuentes que fluyen hacia la vida eterna... hemos ordenado que se impriman las Escrituras en sus lenguas originales... acompañadas de su traducción... para lo cual [hemos usado] los manuscritos más exactos y antiguos.'
Entre los proyectos que Cisneros acarició estuvo la renovación de las cruzadas al servicio de la Iglesia y el reino. Pero por motivos prácticos dirigió su deseo contra los musulmanes de África, que periódicamente atacaban las costas meridionales de España en represalias por haber sido expulsados. Al no tener el rey fondos, Cisneros ofreció los suyos propios y guió personalmente a las fuerzas militares en la conquista de Orán, donde estaba el refugio de los piratas. Otra de las actividades de este prelado estadista fue su papel como Gran Inquisidor de Castilla. Esta institución ya había sido creada en España doce años antes de que él llegara a la corte. Cuando asumió el oficio proporcionó instrucciones para la conversión de judíos y musulmanes, de manera que no cayeran bajo sospecha de apostasía. También limitó los poderes de los oficiales inferiores de la Inquisición para impedir la persecución, destituyendo a los oficiales indignos de ocupar el cargo. Protegió a los que habían sido acusados injustamente, como Antonio de Nebrija. Pero por otro lado se opuso tenazmente a que los nombres de los delatores e informadores de los apóstatas fueran publicados, ya que su vidas no podían, bajo tales condiciones, quedar aseguradas. Bajo Cisneros la Inquisición se introdujo en Orán, islas Canarias y América, siendo su propósito exaltar el poder de la Iglesia católica. Aunque no pudo asistir al V concilio de Letrán, apoyó al papa mediante cartas y publicó los resultados de sus deliberaciones en su diócesis, incluso antes de que terminara. Modificó las condiciones para ingresar al sacerdocio, sustituyendo por cinco años de enseñanza en filosofía una parte del curso en teología. Apoyó los planes de León X para mejorar el calendario juliano, pero se opuso a la proclamación de la indulgencia por el papa para levantar fondos a fin de construir San Pedro.
Últimos años.
El pináculo de la grandeza de Cisneros llegó cuando Fernando le designó regente de Castilla durante la minoría y ausencia de Carlos, tras la muerte de Fernando. Aunque contaba con ochenta años de edad, ejerció su tarea con energía y gran sabiduría. Si bien el papa Adriano VI decía tener un documento de Fernando señalándolo a él como regente, el futuro emperador Carlos apoyó a Cisneros, incluso contra los manejos de los que pretendían que dicho cargo fuera a parar a manos del infante Fernando. No obstante, Carlos demostró ser desagradecido con Cisneros, tratando de limitar su poder y escribiéndole finalmente una carta indigna, que se afirma que no le fue entregada debido al estado de abatimiento del cardenal. Sus últimos años estuvieron llenos de tristezas por causa de aquellos a quienes más había beneficiado.
Los siguientes son dos textos del cardenal Cisneros, que ilustran dos vertientes de su labor: La reformista y la erudita.
'La Orden de San Francisco es la que tiene más necesidad de reformación porque... de tantos frailes como somos, sólo cuatro provincias tienen la observancia, con muy pocos conventos, que viven perseguidos por los Padres conventuales, de su poder y persecución: todos los demás son claustrales. A éstos siguen los conventos de monjas, que, sin exceptuar ninguno, son todos conventuales... ni muchos de ellos tienen clausura... La causa de esta relajación ha sido que después de algunos cuarenta años de la fundación desta Santa Orden... con sus no religiosas costumbres han admitido tener haciendas, rentas, tierras y heredades... y la propiedad en ellas es en común y en particular... con breves y bulas que han obtenido para ello... Y siguióse una tibieza tan grande, una tan llorada destrucción de la pobreza evangélica... La general peste pasada que se extendió por toda Europa y acabó y asoló a las religiones; viendo, pues, los prelados que sus conventos quedaban desiertos, dieron hábitos a todo género de gente... sin atender a las calidades que merece la religión.'
(Consulta a los Reyes Católicos)
'Son muchas las razones... que nos han llevado a imprimir en las lenguas de los textos originales... Las palabras tienen su propio carácter, y ninguna traducción... aunque completa, puede enteramente expresar su justo significado... Las Escrituras traducidas están inevitablemente... repletas de... verdades sublimes que no se pueden comprender... Donde quiera que haya diferencias entre los manuscritos latinos o la sospecha de una lectura corrupta (...cuán frecuentemente esto sucede por ignorancia o negligencia de los copistas), es necesario regresar a las fuentes originales de las Escrituras... Así, para que todo estudiante... pueda tener... los textos originales... y ser capaz de apagar su sed en las mismas fuentes que fluyen hacia la vida eterna... hemos ordenado que se impriman las Escrituras en sus lenguas originales... acompañadas de su traducción... para lo cual [hemos usado] los manuscritos más exactos y antiguos.'
(Cardenal Jiménez de Cisneros, Prólogo a la Biblia Políglota Complutense)
Bibliografía:
K. Benrath, The New Schaff-Herzog Encyclopedia of Religious Knowledge; la fuente principal de la vida de Cisneros es la obra de Álvaro Gómez de Castro, profesor de literatura clásica en Salamanca, Toledo y Alcalá: De rebus gestis a Francisco Ximenio Cisnerio, Alcalá, 1569, reeditada en Rerum Hispaniæ scriptores aliquot, Frankfort, 1581, y en A. Schottus, Hispanice Illustrator, vol. L, Frankfort, 1603. Como fuentes se puede hacer referencia a las Cartas de Jiménez, Madrid, 1874, y Cartas de los Secretarios de Cisneros, 2 volúmenes, ib. 1874-75. La mejor biografía para propósitos generales es C. J. Hefele Der Cardinal Ximenes und die kirchliche Zustände Spaniens am Ende des 15. und Anfang des 16. Jahrhunderts, Tubinga, 1844. Consultar además, M. Baudier, Hist. de l'administration du Cardinal Ximenez, París, 1635; B. Barrett, Life of Cardinal Ximenez, Londres, 1813; S. A. Dunham, Hist. of Spain and Portugal, 5 volúmenes, ib. 1832; F. X. von Havemann, Francisco Ximenes, Gottinga 1848; W. Jrving, Chronicles of the Conquest of Granada (accesible en ediciones de Works, e.g., Nueva York, 1902-03); W. H. Prescott, Hist. of the Reign of Ferdinand and Isabella; E. F. A. Rosseau-St. Hilaire, Hist. d'Espaqne, vol. vi., París, 1852; C. Navarro y Rodrigo, El Cardenal Cisneros, Madrid, 1869; W. Mauren-brecher, Studien und Skitzen, páginas 114 eqq., Leipzig, 1874; W. Ulrich, Ximenez der grosse Kardinal and Reichsverweser Spaniens, Langensalza, 1883; F. J. Simonet, El Cardenal Ximenez de Cisneros y los manuscritos arábigo-granadinos, Granada, 1885; H. C. Lea, Chapters from the Religious Hist., of Spain, Filadelfia, 1890; idem, Hist. of the Inquisition of Spain, passim, 4 volúmenes, Nueva York, 1906-07; idem, The Inquisition in the Spanish Dependencies, ib. 1908; Huidobro, Hist. del Cardenal Fray Jiménez de Cisneros, Santander, 1901; Pastor, Popes, volúmenes, v.-viii.