Historia
CLARKSON, DAVID (1622-1686)

Publicó: The Practical Divinity of the Papists proved destructive to Christianity, &c. (1672), Calamy recomienda esta obra como una de las mejores de su clase; Animadversions upon the Speeches of the Five Jesuits (1679); No evidence for Diocesan Churches or any Bishops without the Choice or Consent of the People in the Primitive Times (1681) en réplica a Stillingfleet; Diocesan Churches not yet discovered in the Primitive Times (1682). Son obras póstumas: A Discourse of the saving Grace of God (1688); Primitive Episcopacy (1688); A Discourse concerning Liturgies (1689); Sermons and Dicourses on several Divine Subjects (1696); Funeral Sermon for John Owen, D. D. (1720). Clarkson también contribuyó a Morning Exercise at Cripplegate (1651) de Samuel Annesley y Morning Exercise against Popery de Nathaniel Vincent (1675). Select Works de Clarkson fue editada para Wycliffe Society por Cooper y Blackburn (1846).
El siguiente extracto procede de Soul Idolatry Excludes Men out of Heaven:
"Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios" (1 Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados; 2 y andad en amor, así como también Cristo os amó y se dio a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios, como fragante aroma. 3 Pero que la inmoralidad, y toda impureza o avaricia, ni siquier[…]Efesios 5 5).'El avaro, al igual que cada uno mencionado en nuestro texto, es un idólatra. No solo el avaro, sino que también el inmundo es idólatra. Porque el apóstol, que cataloga a la avaricia como idolatría, incluye también como idólatra al que solo piensa en lo terrenal, que hace del vientre su dios (cuyo fin es perdición, cuyo dios es su apetito y cuya gloria está en su vergüenza, los cuales piensan sólo en las cosas terrenales.[…]Filipenses 3:19). De hecho, cada lascivia reinante es un ídolo, y cada persona en la que reina, es un idólatra. "Los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida", es decir los placeres, las riquezas y los honores que recibe son la trinidad del hombre carnal, los tres grandes ídolos del hombre mundano, ante los cuales postra su alma. Y al darles aquello que corresponde solo a Dios, se hacen culpables de idolatría. Para hacer más claro el hecho de que la avaricia, la inmundicia y demás deseos de la carne son idolatría, consideremos qué es y las formas como se manifiesta.
Idolatría es darle el honor y la adoración a la criatura que le corresponde únicamente a Dios (porque cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en lugar del Creador, que es bendito por los siglos. Amén.[…]Romanos 1:25). Ahora bien, cuando esta adoración se hace común y se adoran otras cosas, sean lo que sean, hacemos de ellas ídolos y por ende cometemos idolatría. Sucede que esta adoración debida solo a Dios no es algo que hacen únicamente los paganos al adorar a sus dioses; los papistas a los ángeles, santos, imágenes, etc., sino también el hombre carnal a sus deseos. Porque hay una adoración doble que se debe rendir solo a Dios:
1. Externa, que consiste de actos y lenguaje corporal. Cuando el hombre se inclina o se postra ante algo, esto es adoración del cuerpo. Y cuando alguien se inclina o se postra ante algo o alguien, no por un respeto común sino religioso, con intención de honrar a algo considerándolo divino, entonces esto es adoración debida solo a Dios.
2. Interna, que consiste de actos del alma y acciones que responden a ella. Cuando la mente está dominada por un objeto y el corazón y los afectos se concentran en él, esto es adoración del alma; y esta adoración le corresponde solo a Dios. Porque siendo él el mejor bien y lo máximo entre las criaturas inteligentes, es a quien le corresponde, y es la correcta cuando brota del alma y se dirige únicamente a él. La verdadera adoración es darle solo a Dios el primer y más elevado lugar en nuestro pensamiento, corazón y acciones.
Ahora bien, según esta distinción en la adoración existen dos clases de idolatría:
1. Idolatría abierta, externa, cuando los hombres, por respeto religioso se inclinan o se postran ante algo o alguien aparte de Dios. Esta es la idolatría de los paganos y parte de la idolatría de los papistas.
2. Idolatría secreta y del alma, cuando la mente y el corazón se dirigen a cualquier otra cosa o persona aparte de Dios; cuando cualquier cosa se valora más y se quiere más; cualquier objeto o persona en que se confía más, se ama más o cuando nuestros empeños son para algo o alguien que no es Dios. Entonces esa es adoración del alma que es debida solo a Dios.
Por lo tanto, los idólatras secretos no tendrán herencia en el reino de Dios. Tanto la idolatría del alma como la idolatría externa excluyen al hombre del cielo. El que satisface sus concupiscencias es tan inepto para el cielo como el que sirve y adora a ídolos de madera o de piedra.
Antes de pasar a confirmar y aplicar esta verdad, será mejor exponer con más claridad esta idolatría secreta. Para hacerlo, consideremos que hay trece actos de adoración del alma:
1. Estima. Convertimos en dios a aquello que más valoramos, porque la estima es un acto de adoración del alma. Adoración es la estima mental de algo que es de gran excelencia. De hecho, el Señor considera la estima más alta un acto de honra y adoración debido solo a él. Por lo tanto, tener una alta estima por otras cosas, mientras estimamos menos a Dios, es idolatría. Tener una alta opinión de nosotros mismos, de nuestro papel y logros, de nuestras relaciones y nuestros placeres, de nuestras riquezas y honores, es idolatría. Cuando exaltamos a aquellos que son ricos y honorables o le damos gran valor a cualquier cosa semejante, a la vez que valoramos menos a Dios. Cuando ponemos estas cosas en lugar de Dios, haciendo de ellas ídolos por darles el honor y la adoración debida solo a la Majestad divina estamos practicando idolatría. Convertimos en nuestro Dios a lo que más estimamos, o sea que si usted estima más a otras cosas o personas, es idólatra (Y dicen a Dios: "¡Apártate de nosotros! No deseamos el conocimiento de tus caminos.[…]Job 21:14).
2. Predisposición. Convertimos en nuestro dios a aquello por lo cual tenemos mayor inclinación. Lo que más ocupa nuestra mente, aquello en lo que más pensamos movidos por nuestra predisposición, es adoración que corresponde a Dios, y que él el mismo declara que se le debe rendir únicamente a él (Acuérdate, pues, de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y se acerquen los años en que digas: No tengo en ellos placer;[…]Eclesiastés 12:1). Podemos tener inclinación hacia otras cosas, pero si nos inclinamos más hacia ellas que a Dios, es idolatría; al ser humano se le manda adorar a Dios. Puede haber inclinación por otras cosas, pero si hay más inclinación por ellas que por Dios, es idolatría; la adoración a Dios es dirigida a la criatura antes que al Creador. Cuando nos prestamos más atención a nosotros mismos, a nuestras propiedades e intereses, a nuestras ganancias o placeres más que a Dios, erigimos estas cosas como nuestros dioses dándoles el lugar de Dios. Cuando ese tiempo, que debiera estar saturado de pensamientos acerca de Dios, está copado por pensamientos hacia otras cosas, es idolatría. Cuando Dios no está en todos nuestros pensamientos, o cuando lo está pero en menor grado, o cuando no pensamos en él para nada, lo cual deberíamos hacer cotidianamente con seriedad, pero en cambio voluntariamente en lugar de pensar en Dios enfocamos nuestros pensamientos en otras cosas, caemos en idolatría.
Si usted no piensa en Dios o piensa de él algo diferente de lo que es; si piensa que es todo misericordia, olvidando su justicia; si piensa que es todo misericordia y compasión, y no tiene en cuenta su pureza y santidad; si piensa en su fidelidad en cumplir sus promesas, olvidando que también cumple sus amenazas; si lo cree todo amor, dejando de lado su soberanía, entonces tiene un ídolo en lugar de Dios. Pensar en él de una mantera distinta de la que se ha revelado y dedicar sus afectos a otras cosas tanto o más que a Dios, es idolatría.
3. Intención. Convertimos en nuestro dios a aquello que más tenemos intención de hacer, porque lo que es prioritario en nuestras intenciones es un acto de adoración que debiéramos rendir solo al Dios verdadero. Siendo él el principal bien, debe ser también la meta final de nuestras intenciones. Ahora bien, lograr nuestra meta final tiene que ser también nuestra finalidad principal; es decir, hemos de apuntar a esa meta por sí misma, y todo lo demás que queremos lograr debe sujetarse a ella.
Ahora bien, cuando hacemos de otras cosas nuestra meta principal, las estamos colocando en lugar de Dios y las convertimos en ídolos. Cuando nuestra intención principal es llegar a ser ricos, grandes, famosos o poderosos; cuando nuestro gran propósito es lograr nuestro propio confort o placer, obtener reconocimientos, ganancias o beneficios; cuando nuestra meta o intención principal es otra que glorificar y disfrutar de Dios, caemos en la idolatría del alma.
4. Determinación. Convertimos en nuestro dios aquello que más determinamos hacer. La determinación de poner a Dios sobre todas las cosas es un acto de adoración que este nos exige como algo debido solo a él. Suplantar eso por otras cosas es darles a estas la adoración que corresponde a Dios y por ende, convertirlos en dioses. Lo hacemos cuando seguimos con determinación otros intereses debido a nuestras concupiscencias, antojos, ventajas externas, mientras que apenas si seguimos a Dios, sus caminos, su honra y su servicio.
Hacemos determinaciones idólatras cuando optamos por otras cosas y dejamos a Dios para otro momento: "Déjenme disfrutar ahora plenamente del mundo, de lo que me place, de mis concupiscencias; pensaré en Dios en el futuro, cuando sea anciano, esté enfermo y en mi lecho de muerte".
Dejamos a Dios de lado; las criaturas y nuestros deseos carnales ocupan el lugar de Dios, y damos a estos la honra debida solo a él.
5. Amor. Convertimos en nuestro Dios aquello que más amamos, porque el amor es un acto de adoración del alma. A veces amar y adorar son sinónimos. Lo que uno ama, eso adora. Es indudable que si nuestra intención es amar algo superlativo pero que no es Dios, amar aquello por sobre todas las cosas es idolatría porque amar es un acto de honra, adoración, que el Señor declara que se debe rendir a él exclusivamente (Amarás al SEÑOR tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza.[…]Deuteronomio 6:5). El Señor Jesús resumió en Y El le dijo: AMARAS AL SEÑOR TU DIOS CON TODO TU CORAZON, Y CON TODA TU ALMA, Y CON TODA TU MENTE.[…]Mateo 22:37 toda la adoración requerida del hombre. Podemos amar otras cosas, pero él debe ser amado por sobre todas ellas. Ha de ser amado transcendental y absolutamente por quién él es. Todas las cosas deben ser amadas en él y por él. Él considera que no lo estamos adorando en absoluto, que no lo estamos considerando el único Dios cuando amamos a otras cosas más que a él, o tanto como a él (No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.[…]1 Juan 2:15). El amor, cuando es desmedido, es un afecto idólatra.
6. Confianza. Convertimos en nuestro Dios aquello en que más confiamos, porque confianza y dependencia es un acto de adoración que el Señor proclama le debemos rendir solo a él. ¿Y qué acto de adoración existe que el Señor más requiere que esta dependencia del alma solo de él? "Fíate de Jehová de todo tu corazón" (Confía en el SEÑOR con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento.[…]Proverbios 3:5). Confiar en las riquezas: Job lo rechaza y cuenta entre los actos idólatras que eran juzgados como una maldad (Si he puesto en el oro mi confianza, y he dicho al oro fino: Tú eres mi seguridad;[…]Job 31:24). David se suma a esto y lo considera como un rechazo a Dios (Tú, SEÑOR, los guardarás; de esta generación los preservarás para siempre.[…]Salmo 12:7); y nuestro Apóstol, quien llama idolatría a la avaricia, aconseja no poner la confianza en las riquezas en lugar de ponerla en Dios (A los ricos en este mundo, enséñales que no sean altaneros ni pongan su esperanza en la incertidumbre de las riquezas, sino en Dios, el cual nos da abundantemente todas las cosas para que las disfrutemos.[…]1 Timoteo 6:17). Confiar en los amigos aunque sean muchos y poderosos. Condena esto porque significa apartarse de Dios, renunciar a Dios, y dar más fuerza a lo que confiamos en lugar de Dios (No confiéis en príncipes, ni en hijo de hombre en quien no hay salvación.[…]Salmo 146:3). 8 Es mejor refugiarse en el SEÑOR que confiar en el hombre. 9 Es mejor refugiarse en el SEÑOR que confiar en príncipes. […]Salmo 118:8-9 afirma: "Mejor es confiar en Jehová que confiar en el hombre. Mejor es confiar en Jehová que confiar en príncipes". La idolatría que significa esta confianza equivocada, es que el verdadero Dios es olvidado. Confiar en la criatura en lugar del Creador siempre es idolatría.
7. Temor. Convertimos en nuestro dios aquello a lo que más tememos, porque el temor es un acto de adoración. Ciertamente que el que teme, adora a lo que teme, cuando lo que teme es trascendente. Las Escrituras definen a menudo la adoración total a Dios con esta sola palabra: temor (Entonces Jesús le dijo*: ¡Vete, Satanás! Porque escrito está: "AL SEÑOR TU DIOS ADORARAS, Y SOLO A EL SERVIRAS."[…]Mateo 4:10; Temerás sólo al SEÑOR tu Dios; y a El adorarás, y jurarás por su nombre.[…]Deuteronomio 6:13); y el Señor impugna esta adoración, o sea ese temor que es debido solo a él (Yo, yo soy vuestro consolador. ¿Quién eres tú que temes al hombre mortal, y al hijo del hombre que como hierba es tratado?[…]Isaías 51:12, 19). Nuestro dios es ese temor que nos domina (4 Y yo os digo, amigos míos: no temáis a los que matan el cuerpo, y después de esto no tienen más nada que puedan hacer. 5 Pero yo os mostraré a quién debéis temer: temed al que, después de matar, tiene poder para arrojar al infierno; sí, os digo: a […]Lucas 12:4,5). Si tememos otras cosas más que a él, estamos rindiendo a ellas el culto que corresponde solo a Dios, y eso es, simple y llanamente, idolatría.
8. Esperanza. Convertimos en nuestro dios a aquello en que ciframos nuestra esperanza, porque tener esperanza en algo o alguien es un acto de adoración... y la adoración corresponde solo a Dios. Es su prerrogativa ser la esperanza de su pueblo (Oh SEÑOR, esperanza de Israel, todos los que te abandonan serán avergonzados. Los que se apartan de ti serán escritos en el polvo, porque abandonaron al SEÑOR, fuente de aguas vivas.[…]Jeremías 17:13; Y el Dios de la esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo.[…]Romanos 15:13). Cuando ciframos en otras cosas nuestra esperanza, les rendimos el honor que le corresponde solo a Dios; es dejar al Señor, la Fuente, y remplazarlo con cisternas rotas (Porque dos males ha hecho mi pueblo: me han abandonado a mí, fuente de aguas vivas, y han cavado para sí cisternas, cisternas agrietadas que no retienen el agua.[…]Jeremías 2:13), adorándolas como si fueran Dios. Esto hacen abiertamente los papistas cuando ponen su esperanza en María, la cruz de madera y los santos difuntos. Y lo mismo hacen otros entre nosotros que ponen su esperanza en sus oraciones, su dolor por su pecado, sus obras de caridad, o cualquier otro acto religioso o de justicia y cuando esperan satisfacer la justicia, pacificar el desagrado de Dios, con el fin de comprarse el cielo. Nada puede comprarlo sino aquello que es infinito: la justicia de Dios. Y esta la obtenemos solo en y de Cristo. Por lo tanto la Palabra lo llama nuestra esperanza (Pablo, apóstol de Cristo Jesús por mandato de Dios nuestro Salvador, y de Cristo Jesús nuestra esperanza,[…]1 Timoteo 1:1) y "nuestra esperanza de gloria" (a quienes Dios quiso dar a conocer cuáles son las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles, que es Cristo en vosotros, la esperanza de la gloria.[…]Colosenses 1:27).Los que hacen de su propia justicia el fundamento de su esperanza, la exaltan en lugar de Cristo y la honran en lugar de Dios.
9. Anhelos. Convertimos en nuestro dios a aquello que más anhelamos, porque uno anhela lo que considera de más valor, de hecho, por eso es que lo anhela tanto. Y lo que considera de más valor, se convierte en su dios. Anhelar es un acto de adoración... y eso que más se anhela es justamente esa adoración, esa honra debida solo a Dios. Anhelar cualquier cosa más o tanto como anhelar a Dios es idolatrarla, es postrar el corazón ante ella y adorarla como solo Dios debe ser adorado. Solo él debe ser el objeto anhelado por sobre todas las cosas como lo fue para David (Una cosa he pedido al SEÑOR, y ésa buscaré: que habite yo en la casa del SEÑOR todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del SEÑOR, y para meditar en su templo.[…]Salmo 27:4).
10. Deleite. Convertimos en nuestro dios a aquello que más nos deleita y más alegría nos produce, porque el deleite trascendente es un acto de adoración del cual solo Dios es digno. Y este sentimiento, en toda su plenitud, se llama glorificar. Nos gloriamos en aquello que nos deleitamos por sobre todas las cosas; y es esa es una prerrogativa que el Señor impugna (Porque ya que en la sabiduría de Dios el mundo no conoció a Dios por medio de su propia sabiduría, agradó a Dios, mediante la necedad de la predicación, salvar a los que creen.[…]1 Corintios 1:21; 23 Así dice el SEÑOR: No se gloríe el sabio de su sabiduría, ni se gloríe el poderoso de su poder, ni el rico se gloríe de su riqueza; 24 mas el que se gloríe, gloríese de esto: de que me entiende y me conoce, pues yo soy el SEÑOR que hago misericord[…]Jeremías 9:23,24). Alegrarnos en nuestra sabiduría, fuerza y riqueza más que en el Señor, es idolatría. Deleitarnos más en nuestras relaciones, cónyuge o hijos, en conforts y comodidades externas en lugar de hacerlo en Dios es adorarlos tal como deberíamos adorar solo a Dios. Deleitarnos en cualquier tipo de pecado, inmundicia, intemperancia y actividad terrenal que en los caminos de Dios, que en esos servicios espirituales y celestiales en que podemos disfrutar de Dios, es idolatría.
11. Celo. Convertimos en nuestro Dios aquello por lo cual sentimos más celo, porque tal celo es un acto de adoración del cual solo Dios es digno. Por lo tanto, es idólatra ser más celosos de nuestras propias cosas que de las cosas de Dios, ser entusiastas por nuestras propias causas e indiferentes a la causa de Dios, ser más ardientes por nuestros propios méritos, intereses y logros que por las verdades, los caminos y la honra de Dios, ser fervientes en espíritu, persiguiendo nuestros propios intereses, promoviendo nuestros designios, pero tibios e indiferentes en el servicio de Dios; considerar intolerables los reproches, las calumnias e injurias de las que somos objeto pero no demostrar nada de indignación cuando Dios es deshonrado, cuando su nombre, su Día, su adoración son profanados y cuando sus verdades, caminos y pueblo son injuriados.
12. Gratitud. Convertimos en nuestro dios a aquello por lo cual sentimos más gratitud; porque la gratitud es un acto de adoración. Adoramos aquello por lo cual estamos más agradecidos. Podemos sentir agradecimiento por otras personas, podemos reconocer la ayuda que significan tantos medios e instrumentos; pero si allí nos quedamos y no nos elevamos más allá de nuestra gratitud y reconocimiento; si el Señor no es recordado como aquel sin quien nada es posible, es idolatría. El Señor acusa de idólatras a los que hacen esto (5 pues su madre se prostituyó; la que los concibió se deshonró, porque dijo: "Iré tras mis amantes, que me dan mi pan y mi agua, mi lana y mi lino, mi aceite y mi bebida." 8 Pues ella no sabía que era yo el que le daba el trigo, el mosto y el aceite,[…]Oseas 2:5,8). Por lo tanto, cuando atribuimos nuestra prosperidad y riquezas a nuestro propio esfuerzo y trabajo; nuestro éxito a nuestro propio discernimiento y diligencia cometemos idolatría. Cuando adjudicamos la solución de nuestros problemas a nuestro amigos, medios y recursos, sin mirar más allá, o no tanto a Dios como a estos, los estamos idolatrando y ofreciendo sacrificios a ellos, tal como lo expresa el profeta (por eso ofrece sacrificio a su red y quema incienso a su malla, pues gracias a ellas su pesca es abundante, y suculenta su comida.[…]Habacuc 1:16). Atribuir aquello que proviene de Dios a las criaturas, es colocar lo creado en el lugar del Creador, y eso es idolatría (porque cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en lugar del Creador, que es bendito por los siglos. Amén.[…]Romanos 1:25).
13. Cuando nos interesamos y desvelamos más por otras cosas que por Dios caemos en la idolatría. Nadie puede servir a dos señores. No podemos servir a Dios y a las riquezas, ni a Dios y nuestras concupiscencias al mismo tiempo, porque servirnos a nosotros mismos y servir al mundo monopoliza los intereses, desvelos y esfuerzos que obligadamente deben ser consagrados al Señor si hemos de servirle como nuestro Dios. Y cuando estos son para el mundo y nuestras concupiscencias, les estamos sirviendo como deberíamos servir a Dios, y entonces los convertimos en nuestros dioses. Cuando nos preocupamos y desvelamos más por complacernos a nosotros mismos y complacer a los demás que por complacer a Dios, nos ocupamos más de nosotros mismos y de nuestra posteridad que de ser más útiles a Dios, cometemos idolatría. Cuando estamos más interesados en lo que comemos, bebemos o vestimos, que por honrar y disfrutar a Dios, o de satisfacer las necesidades de la carne y sus deseos, que satisfacer la voluntad de Dios, somos idólatras. Cuando nos desvelamos más por promover nuestros propios intereses que los designios de Dios; por ser ricos, grandes o respetados entre los hombres que por el hecho que Dios sea honrado y dado a conocer en el mundo, estamos formando dioses ajenos y alejándonos de Dios. Cuando estamos más interesados en cómo obtener logros del mundo que en cómo emplearlos para Dios; levantarnos temprano, acostarnos tarde, ser hacendosos para prosperar materialmente, mientras la causa, los caminos y los intereses de Cristo son objeto de poco o ningún esfuerzo de nuestra parte, es idolatrar al mundo, a nosotros mismos, nuestras concupiscencias y nuestra relaciones mientras que descuidados al Dios del cielo. Por todos estos intereses humanos la adoración y el servicio que se le deben tributar solo a él son consagrados idolátricamente a otras cosas.
Aquel que por fin encuentra a Cristo y hace de él su meta principal aquietará su corazón, falte lo que le falte y pierda lo que pierda. Lo considera como su recompensa perfecta por todas sus lágrimas, oraciones, inquietudes, esperas y esfuerzos.'